V Domingo del Tiempo ordinario. 9 de febrero de 2020

 

Seguimos con la reflexión de Palabra de Dios que nos regala la liturgia dominical y ya, nos adentramos en el quinto Domingo del tiempo ordinario...

Si hay alguna frase que pueda resumir esa Palabra de hoy, es la invitación de Jesús en el Evangelio: “Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo”.

San Mateo, después de las bienaventuranzas, aterriza rápidamente en el obrar. Y, con imágenes de la vida cotidiana, nos indica que ser cristiano implica una tarea especial: Ser sal y luz en el mundo. El problema, como casi en todo en la vida, es el cómo: ¿Cómo ser sal y luz del mundo?

La sal es la que da sabor y conserva los alimentos; la luz es la que da calor e ilumina; pero, lo importante, y es un detalle que no puede pasar inadvertido, es que ni la una ni la otra, están hechas para sí mismas, sino que están llamadas darse a los otros para poder ser quienes son.

Con lo que ya podemos ir perfilando un poco ese cómo ser sal y luz: en la medida en que nos damos a los demás, en la medida en que nos desgastamos por los otros.

Pero Isaías, en la primera lectura, concreta aún más ese cómo afirmando, a sus contemporáneos, que la reconstrucción de una sociedad pasa por no olvidar la dimensión social; pasa porque “partas tu pan con el hambriento, hospedes a los pobres sin techo, que vistas al desnudo y que no te cierres a tu propia carne”.

Vivimos en un mundo lleno de grandes promesas y palabras bellas que nos muestra, también, su cara más oscura: el crecimiento de la insolidaridad, el ansia de la acumulación, el individualismo. Facetas, estas, que van construyendo una sociedad basada en la anti-fraternidad y en el “sálvese quien pueda”, es decir, en el egoísmo puro y duro… Pero la Palabra es clara: Toda construcción de una sociedad sana y fuerte, vendrá cuando el creyente colabore en la restauración de su hermano porque el querer a Dios es un liberarse del egoísmo humano para ofrecerse, como don, a los demás socorriéndolo en sus necesidades.

¿Soy capaz de ver y socorrer la necesidad del otro? ¿Lo reconozco como hermano? ¿Me importa el que tengo al lado? ¿Contribuyo con mi vida a construir una sociedad más justa? O… ¿lo importante soy yo? 

De aquí se desprende la importancia de la caridad hecha a base de obras concretas; la importancia del testimonio donde fe y obras van de la mano. Porque es la caridad donde se hace palpable nuestra fe.

 A nuestro lado hay hombres que padecen auténtica necesidad; unos viven en la soledad, otros, la enfermedad, otros, la desesperanza. Un día sí y otro también, saltan nuevos casos de corrupción y fraudes escandalosos. Se produce, en el mundo, un 10% más de los alimentos que necesitamos para vivir y, sin embargo, mueren de hambre 35.000 niños cada día y otros tantos adultos desnutridos; la injusticia no es un asunto de otra galaxia, sino que es una triste realidad entre nosotros. Y no es que haya brotado de manera espontánea, sino que es el resultado de no haber cimentado, de manera buena, la moderna sociedad democrática.

¿Puede tener futuro un mundo así? ¿Qué podemos hacer como Iglesia? ¿Cómo reaccionar? ¿Qué está haciendo? ¿Qué estamos haciendo?

Muchos piensan que la solución es vender el Vaticano o las posesiones de la Iglesia. Pero, ¿no será eso pan para hoy y hambre para mañana? Pienso que hay una solución más factible y real: ¿Por qué no empezamos por nosotros mismos? ¿Por qué no comienzo por ver qué es lo que yo puedo hacer para que la situación sea más llevadera? Y, no podemos excusarnos en la actuación de los demás para justificar, a veces, nuestra mediocridad; o no podemos exigir que sean los otros quienes pongan remedio. Comencemos por nosotros y comencemos por pensar en lo cercano… Todos tenemos un radio de acción en el que ser sal y luz.

Y, puede que haya cosas que no nos gusten: el cómo va la sociedad, el ritmo de los jóvenes, la corrupción creciente… Comienza por ti; comienza por cambiar tú. Sólo así, como dice el evangelio: “daremos gloria a nuestro padre que estás en los cielos”. ¡No puede soñarse un premio mejor!

Antonio Travé

MisiTiraCómica2020 11Web