Un loco enamorado de Cristo y su Iglesia, que se ha dejado moldear por el Señor: Guillermo Parra, diácono en Guadix

Guillermo Pablo nació con la Transición, justo un año antes de la aprobación de la Constitución. En los últimos años ha ejercido de profesor de religión en Castril y La Puebla de don Fadrique, mientras concluía sus estudios en el Seminario de Guadix. Un profesor más, como el millar de docentes que imparten esta asignatura en Andalucía. Guillermo conoce a sus alumnos y se preocupa por sus progresos y sus conocimientos. Está pendiente de ellos. Si se manchan la ropa o escriben con dificultad, apoyándose distraídos sobre un montón de cuadernos y libros, que son la pesadilla de los padres. Lo hace con tanto amor que apenas se nota la corrección. Tiene a su cargo a 35 alumnos en Castril, y 60, en La Puebla. “Les he visto crecer y madurar”, nos dice con orgullo. El día 2 de julio será ordenado diácono en la Catedral de Guadix. “Mi felicidad es entregarme al Señor y servir a la Iglesia lo mejor que pueda”, nos dice entre clase y clase.

Entre los bastidores de los conventos

Su vocación, esa llamada poderosa del Señor, comenzó a manifestarse, siendo muy pequeño, en el Colegio de los padres escolapios de Granada. “Mi familia era muy practicante, de misa diaria. Ahí empezó todo”, nos asegura. Nos habla con admiración de su abuela Agustina, que bordaba mantillas y trabajaba para los conventos. “El Señor empezó a tocar así mi corazón, sirviéndose de mi abuela. Mi vocación empezó entre los bastidores de los conventos de clausura”. No todo fue fácil. Su vida es como un carrusel, donde el Señor le fue modelando y preparando poco a poco para esa entrega total y generosa al orden sacerdotal. En la adolescencia quiso entrar en el seminario, pero no era “todavía” el momento. Se quedó huérfano de padre. Era además hijo único. Gerardo Martínez, el rector del seminario de Granada, le tranquilizó. “Si tienes una verdadera vocación, el Señor te irá mostrando el cómo, el cuándo y hasta el dónde”. Guillermo aprueba unas oposiciones a pedagogo. Un giro en su vida, que le llevará, primero a Madrid y después a Guadalajara. Allí el Señor volverá a encontrarse en su camino.

La espiritualidad del Císter

Guillermo empezó a visitar los grandes conventos de La Alcarria. Un día se topó con el monasterio de la Santa Cruz, en Casarrubios del Monte. Allí conoció a una joven postulanta, de Motril. Así descubrió la espiritualidad del Císter, un poderoso movimiento espiritual que inspiró esas catedrales ingrávidas del gótico, que parecen tocar el Cielo. El Señor volvía a llamarle otra vez. Le pedía una renuncia total, para dejarse llenar de esa luz divina. Como esas catedrales que se elevan sobre la Tierra. “En una peregrinación a Guadalupe, el pulso que estaba echando al Señor lo perdí”. Guillermo cerró así 9 años de su vida en la enseñanza. El Señor tenía otros planes, que poco a poco fue descubriendo.

Me tacharon de loco

“En Toledo – nos dice- presenté mi renuncia a una plaza fija en la Educación. Allí me tacharon de loco”. Guillermo lo recuerda todavía, pese al tiempo transcurrido, seis años, los mismos que ha dedicado al seminario y a dar clases de religión. “Es el primer caso- le dijeron en la Delegación- que nos ocurre, que una persona deje una plaza fija para ser sacerdote”. La respuesta de Guillermo fue inmediata al incrédulo funcionario que le atendía.” El Señor da ciento por uno. Mi felicidad es entregarme por completo a Él”. ¿Se imaginan la sorpresa y hasta la admiración de todos los que escucharon esta contestación? Guillermo volvió a Granada. Empezaba de cero. Se puso de rodillas ante la patrona, la Virgen de las Angustias. Se confesó después ante el primer confesionario libre, sin saber que detrás de la reja estaba el sacerdote, que siendo casi un niño intuyó su vocación. Era Gerardo Martínez, que le reconoció en seguida. El círculo se cerraba. “Don Gerardo ha sido un padre para mí”, nos dice con satisfacción y hasta orgullo, pues ha sido su director espiritual en el seminario. En Granada conoció también a don Ginés, el obispo accitano, que facilitó su entrada en el seminario de San Torcuato de Guadix.

La Escuela de Monaguillos de Huéscar.

Cuatro años en el seminario, y dos, de trabajo pastoral. En el sexto año le mandaron a Huéscar, donde impulsó una escuela de monaguillos. Una revolución espiritual, que ha arrastrado a los jóvenes y también a sus progenitores. “Hay padres que rezan ya con sus hijos por la noche, o que, tras la Misa, dan gracias al Señor. Hasta hay un monaguillo que, tras la misa dominical, recorre todas las capillas de Santa María la Mayor de Huéscar, mientras su padre espera en el banco. Su petición es siempre la misma, que sus padres, abuelos y hasta sus amigos no dejen de acudir a la Santa Misa”. Hay 28 alumnos en esa Escuela de Monaguillos, de todas las edades. Empiezan por lo general después de la primera Comunión. La continuidad está asegurada pues hay un pequeño grupo de formadores, en la que están implicadas también las Misioneras de Cristo Sacerdote. Y por si esto no fuera suficiente, hay un retiro de oración al mes, que empezó con 20 personas y ahora reúne a 200, adorando al Señor. “Todos, chicos y grandes, se sienten atraídos por el Amor de Dios, y dejan así que Cristo sea el centro de sus vidas” “Hoy, más que nunca, nos dice, debemos dar testimonio de aquello que creemos, aunque te señalen” “El primer seminario, la primera Iglesia, es la familia, donde el niño empieza a caminar y a encontrarse con Cristo”, nos dice con énfasis. A los jóvenes les pide que no tengan miedo. “Que tengan -afirma- sus parabólicas abiertas al mundo, pero también a la llamada del Señor, que siempre toca su corazón”.

Cáritas, más presente que nunca

Guillermo sigue abierto a esas sorpresas de Dios. Al servicio de su obispo, don Francisco. Con fidelidad al carisma diaconal, que, en la primitiva iglesia, atendía a los más pobres y en especial a las viudas. En tiempos de Jesús eran abandonadas. Morían muchas de inanición. Nos piden a los hombres y mujeres de Cáritas que seamos fieles, como los diáconos, a esa vocación de servicio a los más desfavorecidos, a los descartados, que dice el Papa. “Caritas está más presente que nunca. Vosotros estáis más presentes. La gente os necesita. Necesita de ese ayuda, de ese amor que desplegáis, como Cristo hacía con los más pobres. Rezo por vosotros para que nunca os rindáis. Que vuestro” si “generoso -nos pide- sea también el sí generoso de los jóvenes para que puedan involucrarse en Cáritas”. Y con estas últimas palabras le dejamos a este loco, enamorado de Cristo y su Iglesia.

José Gabriel Concepción

Voluntario de Cáritas Baza

Artículo Publicado en Caritas Interparroquial de Baza