Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Ciclo A. 26 de noviembre de 2023

El cristiano tiene preocupación por la salvación cuando entiende que con ella vendrá el tiempo de poder gozar del Reino de Dios, tan anunciado por Jesús, de una manera definitiva.

 

La cuestión está en saber quién se salvará y quién no, puesto que Jesús ha dejado claro que en el futuro habrá un juicio que consistirá en la selección de dos grupos: los bendecidos, para entrar y gozar del Reino de Dios, y los maldecidos, que serán excluidos y no gozarán del Reino de Dios, más bien sufrirán por ello.

En ese juicio final y universal, lo único que le importará a Dios serán nuestras actitudes y obras de caridad fraternas, especialmente con los pobres, los hambrientos, los desnudos, extranjeros, encarcelados, enfermos… No quiere decir que lo demás no importe ni que Dios no lo vaya a tener en cuenta, sino que lo que Jesús nos dice es que sin esas obras de caridad fraterna hacia los más pequeños, lo demás será invalidado.

DESARROLLO

Celebramos la solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO, culmen del año litúrgico y proyección del final de la Historia de la Salvación en la que Cristo triunfará y su Reino se hará manifiesto, con todo su esplendor, en toda la Creación, especialmente para todos los hombres de todas las razas y de todos los tiempos. Así pues, el final consistirá en un juicio universal y definitivo para determinar quiénes se salvan y quienes no. Todo esto aparece recogido a modo de catequesis en este relato de Mateo, una parábola profética con la que culmina su evangelio.

En todo ser humano creyente y desde siempre hay un anhelo profundo de ver y conocer a Dios, al mismo tiempo, y sólo desde la fe, hay una preocupación e interés por salvarse. Jesús nos enseña que la salvación consiste en entrar y gozar del Reino de manera total y definitiva. De ahí surge la pregunta y la necesidad de querer saber quién se salvará o no, y, sobre todo, cuál será el criterio de Dios Padre en ese juicio que presidirá el Hijo. 

La respuesta está en las palabras de Jesús que nos anticipa y hace comprensible ese momento del juicio, pero no nos confirma la fecha concreta en la que sucederá. Lo que más le interesa es dejarnos claro quién es un verdadero discípulo y seguidor de Jesús y quién no lo es. 

También nos clarifica que el juicio será universal (para todas las naciones), de separación y definitivo; y la sentencia se pronuncia como una bendición para quienes hereden el Reino o como una maldición para quienes sean arrojados al fuego eterno, es decir, alejados de Dios para siempre. 

El criterio de Dios es sorprendente y no importa saberlo o no, sino que lo que cuenta es la actitud de amor o de indiferencia hacia cualquier ser humano necesitado, porque lo que se nos revela es que lo que hacemos con uno de los más pequeños, lo hacemos con Dios. Mateo por eso insiste que hay que estar alertas, activos y con la mirada puesta en el rostro de cada ser humano necesitado para actuar con misericordia. Lo que hacemos a los pobres, a los pequeños, a los hambrientos, enfermos, desnudos, extranjeros, encarcelados…, es lo que hemos hecho a Dios y es lo que a Él realmente le importa. 

Llamativamente observamos que no se menciona la oración, la vida comunitaria, ni el culto, ni la Eucaristía…, y ni siquiera la fe en Jesucristo. Y no es porque todo eso no sea importante o necesario. Pero de lo que se trata es de dejarnos claro que donde nos jugamos nuestro seguimiento, nuestro ser cristiano y nuestra salvación es en nuestras formas de tratar a los más desfavorecidos, los pobres; y en nuestro apoyo social y político, o no, a estructuras que promuevan la libertad, la igualdad y el amor fraterno entre todos nosotros.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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