Romance sobre el martirio del beato Manuel Medina Olmos

 

Martirio del obispo Manuel Medina Olmos
(de Romancero cristiano)

En el barranco de Vícar,
últimos del mes de agosto,
por dispersar las ovejas
hieren al pastor los lobos.



Relincha el tren de Almería
como un desbocado potro;
jinete lleva impedido
a Manuel Medina Olmos.
Es su gala, su rebaño;
la valentía, su adorno;
la fidelidad, su cíngulo;
su nombre, Dios con nosotros.
A su caridad ardiente
y a su perdón amoroso,
una lógica de fuego
y una justicia de plomo.
Alacranes por su espalda
abren granates redondos;
hachas de viento menudo
muerden y tumban su tronco.
¡Cómo se postraba el cielo
al ver declinar sus ojos,
la muerte entrando a presión,
la vida saliendo a chorros!
A cada tiro en el cráneo
golpeaba el mar sus globos
en la playa de Aguadulce
contra su pecho rocoso.
La catedral de Guadix,
capricho de barro undoso,
era, derramando sangre,
un gigante cáliz roto.
Y al grito de los fusiles
su alma soltó en un soplo
y se volvió cielo azul
quien rojo cayó en el polvo.

Niña del cielo nocturno,
salió la luna de pronto
a lavar con plata virgen
sus mil heridas de oro.
Invisibles campesinos,
ángeles por los rastrojos
iban recogiendo en cestos
su alma esparcida en trozos.
Cuatro mártires antiguos
la portan sobre sus hombros
desde el infierno a lo alto
y la sientan en un trono.
Desde allí, como un zagal,
divisa, lleno de asombro,
un paraíso que eterna
primavera es sin otoño:
prado que brinda suaves
caricias de azules tonos
y las notas de las flores
canto son del abejorro;
espliego, jara, romero
que pellico son al soto;
y el azahar y la nieve
dilatan lácteos arroyos;
del leopardo y del cordero
juegan juntos los cachorros
y duermen acurrucados
los conejos con los zorros.

Mas los cristianos, en lucha
los unos contra los otros,
al mismo Caín desmienten
con sacrificios de odio:
sacerdotes por sus fieles
lidiados como los toros;
monjas sus senos cortadas
como dulces en el torno;
los padres contra los hijos
y Bellido contra Dolfos.
¡Cómo triunfa dividido
Satanás contra el demonio!

Y el alma de don Manuel,
presente en cuerpo remoto,
por los collados celestes
es un vulnerado corzo.

Pablo Rodríguez Cantos
Darro, 30 de septiembre de 2020