La parroquia de san Miguel de Guadix también celebró una vigilia de oración por la paz

El 17 de octubre, martes, la parroquia de San Miguel celebró una vigilia de oración desde las nueve a las doce de la noche. Nos unimos, así, a toda la Iglesia , como pidió el papa Francisco, en oración y penitencia para implorar el don de la paz y la conversión de los que provocan las guerras en Tierra Santa y otros lugares del mundo. La convocatoria la hizo el grupo de oración Congregación Servita, al que se unió toda la parroquia. Se comenzó con una reflexión sobre el don de la paz, dirigido por el párroco Antonio Fajardo. Durante las tres horas de la vigilia se intercalaron en el silencio junto al Señor Sacramentado, oraciones cantos y meditaciones.


Reflexionamos sobre nuestro compromiso por un mundo evangelizado, donde reine el amor y la justicia. Porque la paz es un don, pero también nuestra tarea.
Se pidió también por la paz entre Ucrania y Rusia y en las otras naciones del mundo que se encuentran en guerra. Pedimos por la conversión de los dirigentes, para que no provoquen guerras que nacen del odio de sus corazones y que matan solo a los inocentes. Rezamos para que Cristo, Rey de la paz, nos ayude a tener un corazón como el suyo: manso y humilde.
La violencia siempre es gratuita, porque genera más violencia, lo estropea todo, no arregla nada, y causa sufrimiento, sobre todo, en los más vulnerables. Además, como nos recordó el párroco, en las guerras siempre mueren los inocentes, porque los dirigentes que las provocan están al resguardo de las armas, de la muerte y la miseria.
Pedimos al Señor por aquella tierra que él pisó, donde él nació, donde acontecieron los misterios de nuestra fe, desde donde partió al cielo en su gloriosa Asunción, la tierra de María Santísima, la tierra de los apóstoles, la tierra de la primera Iglesia, la tierra que es madre de todas las iglesias del mundo.
Que el Señor nos conceda también la paz en cada uno de nuestros corazones, para que nunca nos dejemos llevar por la soberbia que engendra el odio e implica siempre la muerte.

Francisco Javier Ariza
Parroquia de san Miguel, de Guadix