Juan Carlos Valle pregonó la Navidad en Baza

La Asociación Belenista la "Encarnación", de Baza,  organizó un año más el pregón de Navidad que, en esta ocasión, ha estado a cargo de Juan Carlos Valle Plaza, profesor de Religión en Baza y administrador de la web www.semanasantadebaza.com . El pregonero destacó la importancia de vivir la Navidad cristianamente y la necesidad de implicar a los niños en la elaboración de los belenes. También mostró su gratitud a los miembros de la Asociación Belenista por su trabajo y esfuerzo en la realización del "Gran Belén" de la ciudad bastetana, que es expuesto cada año en la iglesia Mayor.

Durante su pregón, Juan Carlos explicó el significado de algunos de los personajes que aparecen en el belén, así como su historia y el valor catequizador que tienen estas representaciones.

También recordó cómo se vive la Navidad en Baza y sus recuerdos de infancia. Y terminó con este consejo: "cuando estéis frente a un belén no lo miréis simplemente, sino que os toméis vuestro tiempo, observando todas las escenas y personajes que aparecen en él, que aun estando quietas dan vida a quienes con mirada limpia contemplan el Misterio de Dios".

El acto tuvo lugar en la iglesia Mayor de Baza y contó con la presencia del párroco, José Díaz; el vicario parroquial, Rafael Tenonio; el Alcalde de Baza, Pedro Fernández; la Concejala de Cultura, Yolanda Fernández; la senadora bastetana, María José Martín y miembros de la Corporación Municipal. Al pregonero le acompañó su familia y un buen número de personas que llenaron el templo parroquial.

Manuel Gea, presidente de la Asociación Belenista "La Encarnación" reconoció públicamente el magnífico pregón que ha realizado Juan Carlos Valle y que, a su juicio, ha sido del agrado de todos los presentes. En reconocimiento a su labor como pregonero le entregó una placa de Ramón Salarich con la silueta de la torre de la Iglesia Mayor y una representación del Nacimiento.

Tras la lectura del pregón, el coro rociero "Gotas de Andalucía" realizó un alegre y participativo concierto de villancicos. Terminó el acto con la bendición del belén, el "Gran Belén" de la ciudad bastetana, realizada por el párroco de la Iglesia Mayor. 

www.semanasantadebaza.com

TEXTO DEL PREGÓN DE NAVIDAD

V Pregón de Navidad de Baza

Carlos Valle Plaza 6 de diciembre de 2014

En primer lugar, me quiero encomendar a la Santísima Virgen de la Piedad y a Santa Bárbara, patronas de esta ciudad y al Santísimo Cristo de los Méndez al cual profeso gran devoción.

Buenas noches. Un saludo especial a todos los que hoy os congregáis en esta Iglesia Mayor, a los sacerdotes aquí presentes y en su nombre a D. José Díaz; al Sr. Alcalde, Pedro Fernández; a la Concejala de Cultura, Yolanda Fernández; a nuestra senadora bastetana, María José Martín y a las autoridades civiles también invitadas a este pregón de Navidad.

Un pregón sencillo, escrito con mucha ilusión y dirigido y pensado a todas las personas amantes de los belenes.

Mis primeras palabras son de agradecimiento a Manolo Gea y por ende a toda la Asociación Belenista "La Encarnación" por la confianza puesta en mi persona para pregonar la Navidad en la ciudad de Baza.

Una ciudad que me acogió hace 14 años cuando me destinaron para dar clase de Religión Católica en el IES José de Mora, después en el IES Alcrebite y en la actualidad el IES Jiménez Montoya.

Una ciudad donde encontré el amor de mi vida y la madre de mis dos hijos, mis dos tesoros, mis dos motivos por los cuales día a día le doy gracias a Dios por hacerme el hombre más feliz del mundo.

Una ciudad donde me siento parte activa en esta Iglesia bastetana llena de posibilidades y para la cual me hago partícipe en todo aquello que se me pide.

Por tanto, aun no siendo bastetano de nacimiento me considero uno más que quiere lo mejor para esta ciudad.

Y aquí estoy, pregonado su Navidad. Una Navidad que en Baza tiene nombre propio y es el "Gran Belén" que en unos minutos se va a bendecir y que servirá como antesala para la celebración del Nacimiento de Cristo.

No obstante,  desde hace unas semanas otros pregoneros ya están anunciado la Navidad. Una Navidad "descafeinada", "desnatada", "descristianizada". Aquí la Estrella que sirvió como guía para unos Magos venidos de Oriente, ahora es sustituida por los medios de comunicación cuya misión es anunciar el nacimiento del dios "consumo".

Un nacimiento adelantado al mes de noviembre, y cuyo portal no es frío ni oscuro sino que acontece en grandes centros comerciales o en los corazones endurecidos por un consumismo desorbitado.

Y aquí está la paradoja de la Navidad, unos la celebran sin Dios y otros intentamos que Dios esté presente en nuestras vidas.

 

Navidad en Baza

Desde este atril estoy pregonando la Navidad, pero no una Navidad cualquiera, sino la Navidad de Baza.

Hablar de Navidad en Baza, es hablar de villancicos. Siempre me ha llamado la atención los numerosos conciertos que con motivo a estas fiestas ofrecen los coros polifónicos, los coros rocieros, la Banda Municipal de Música o el propio Conservatorio Profesional. Y es que la música es una de las mejores maneras de alabar a Dios y los villancicos expresan con un lenguaje sencillo pero profundo el misterio del Dios hecho hombre. En este sentido, merece una mención especial el certamen de villancicos que ya va por su decimosexta edición, o la misa cantada por la cuadrilla de ánima en la iglesia de Santiago.

Hablar de Navidad en Baza, es hablar de los belenes. Una tradición que poco a poco va cobrando el protagonismo que nunca debió perder. Hay belenes en las iglesias, comercios, instituciones... y hasta tenemos un belén viviente que durante semanas preparan todos los años la comunidad educativa del colegio del Divino Maestro.

Hablar de Navidad en Baza, es hablar de solidaridad. Una palabra que estos días suena mucho y que en ocasiones olvidamos durante los demás meses del año. Pese a todo, son muchas la iniciativas caritativas las que surgen para dar alimento a tantas familias necesitadas o entregar esos juguetes que muchos niños dejarían de tener si no es por la generosidad del pueblo bastetano.

Hablar de Navidad en Baza, es hablar de olores. Olores tan característicos en estas fechas como el que produce la leña quemada venidos esas chimeneas del casco histórico y que se expande por las callejuelas de San Juan o Santiago. O el que desprenden las numerosas panaderías bastetanas que nos transportan a los dulces navideños que antaño hacían nuestras abuelas.

Hablar de Navidad en Baza es hablar también de fe. Una fe que se expresa en la Misa del Gallo o la propia del 25 de diciembre, donde el Niño Jesús es expuesto para ser besado y familias enteras acuden a celebrar la Natividad del Señor.

Hablar de Navidad en Baza es hablar de sentimientos muchas veces encontrados, donde la felicidad de los niños de la Plaza Mayor se mezclan con la tristeza y nostalgia de muchas personas que solas pasarán la Nochebuena con la sola compañía del recuerdo de quienes en su día fueron su familia.

Hablar de Navidad en Baza es hablar de los detalles. Detalles que hacen visible el espíritu navideño como son la colgaduras en balcones y ventanas con la imagen del Niño Jesús o de la Sagrada Familia o esos escaparates bellamente adornaos al son de los villancicos que proceden de algunos comercios. Me viene también a la cabeza los detalles que entregan los Magos de Oriente en la Plaza Mayor a esos niños llenos de inocencia, la misma que tienen los mayores del asilo cuando los hermanos cofrades de la Esperanza los visitan para desearles unas felices pascuas.

Sin duda la Navidad ofrece la cara más amable de esta ciudad centenaria que año tras año mantiene su esencia en sus calles, plazas, iglesias y hogares.

 

Historia del Belén

Cuando en clase explico las grandes religiones que existen en el mundo, insisto a mis alumnos que la grandeza de nuestro Dios es que ha decidido ser uno de nosotros, nacer como un hombre cualquiera y encarnarse tomando forma humana en un niño indefenso.

El nacimiento de Cristo rompe completamente con las antiguas mitologías cuyos dioses venían con poder y majestad. Aquí el guión es otro, la humildad es la carta de presentación de este nacimiento divino cuyo testigos son únicamente una buey y una mula, menudos animales, pues el buey era castrado y la mula por ser híbrida no podía tener descendencia. Es sin duda la iconografía más bella jamás contada del nacimiento de un Dios. Un Dios de los pobres, de los humildes, de los apartados de la sociedad...

Por eso no me extraña que el origen del belén esté precisamente en San Francisco de Asís, el santo de los pobres y los humildes. En el año 1223 tiene la genial idea de escenificar el nacimiento de Cristo y es presentar a un Dios cercano, afable en armonía con el mundo y la naturaleza.

Los Dominicos años más tarde, siguieron con la tradición y fueron añadiendo más escenas y personajes con una carga simbólica que por desgracia hemos dejado de comprender. 

Por ejemplo, la lavandera, que todos la ponemos en el belén sin saber cuál es su significado, es la imagen del cristiano que lava el pecado en el río de la vida; o el molinero, que en sus manos tiene la masa para hacer el pan, una clara alusión al pan que en la misa se convertirá en el Cuerpo de Cristo. 

Los Jesuitas darán un paso en la tradición belenista al introducir la ornamentación en el belén con piezas de gran valor y bien trabajadas. En su deriva continuada surgirá el llamado belén napolitano convertido en una auténtica obra de arte y de orfebrería.

 

El "Gran Belén"

Nuestro belén no sé si es franciscano, dominico, jesuita o napolitano. Es sin duda bastetano, uno de los mejores que hay en la provincia de Granada y debemos de estar orgullosos de él.

Me consta que desde el mes de febrero se empieza a trabajar, teniendo como directora a Marisol Castillo, un sol de mujer, que dirige magistralmente a un grupo de mujeres y hombres que son el alma de esta Asociación Belenista "La Encarnación".

Sobra decirlo, pero a veces damos las cosas por hecho y no valoramos el buen hacer, sacrificio y trabajo de este grupo de personas que una tarde si y otra también, acuden a este magnífico templo para dar forma y vida a los pasajes evangélicos que cuentan el nacimiento de Cristo.

Gracias en nombre del pueblo de Baza y de las miles de personas que visitarán un año más este Nacimiento por ofrecernos una auténtica catequesis plasmada en un espacio de 60 metros cuadrados con cientos de figuras, casas y paisajes que cada Navidad varían y cambian.

Sin amor esto es imposible de sostenerse en el tiempo, ese amor que profesáis a la Navidad, pero no por ser Navidad, sino porque sois verdaderos creyentes que amáis de corazón a Dios, a vuestra iglesia y a vuestra ciudad. 

 

Nacimiento según los Evangelios canónicos y apócrifos

Las escenas que dais vida a este "Gran Belén" tienen su origen en el Evangelio de San Lucas y San Mateo y que se apropia de tradiciones de otros evangelios no incluidos en la Biblia que poseen una carga simbólica y llena de matices interesantes que la Iglesia ha ido incorporando en la iconografía belenista.

Estoy hablando de los llamados Evangelios Apócrifos, textos escritos durante los primeros siglos del Cristianismo y cuya autenticidad es muy cuestionada. No obstante, a mí personalmente me encantan estos libros pues descubro en ellos aspectos llamativos y profundos sobre el nacimiento de Cristo y que en muchos belenes aparecen incluidos.

Por ejemplo, en el Evangelio Armenio de la Infancia, aparece el nombre de los Magos de Oriente allá por el siglo VI o la versión de que José y María se cobijaron en una gruta, en una cueva (por cierto, este año nuestro Gran Belén se apropia esta tradición) y tres días después, se trasladaron a un establo y pusieron al niño en un pesebre, sitio en donde fue adorado por el asno y el buey.

Hace unos años, observando un belén descubrí que junto a la Sagrada Familia había una mujer con el "brazo escayolado". Años más tarde, descubrí que en uno de estos Evangelios Apócrifos se cuenta que José salió a buscar ayuda de una comadrona, al llegar al portal encontraron un luz intensa en el interior de la gruta y al Niño ya nacido envuelto en pañales. Ante la incredulidad de la partera que se negó a aceptar que María hubiese alumbrado sin ninguna ayuda, la comadrona se acercó al vientre de la Virgen y al tocarlo se le secó el brazo. (Curiosa manera de anticiparse a la incredulidad de Santo Tomás). Al final su mano quedó sanada con la misma agua con la que lavaron al Niño Jesús, y de igual modo este dato prefigura el bautismo del Señor.

Pero sin duda, el texto que más me impresiona es cuando se afirma que en el mismo momento del nacimiento de Cristo el mundo se paralizó por unos segundos y todo permaneció quieto e inmóvil: el viento, los pájaros, los pastores, el agua, las ovejas. Y aquí está la capacidad de la Navidad de detener el tiempo y hacer que todas las cosas una sola.

 

Recuerdos de la Navidad

Hay un dicho popular que dice:

"En Nochebuena y en Navidad, la brasa calienta más".

Y que mejor manera de pasar estos días en familia, al amparo de tus seres queridos, aquellas personas que en las noches frías son las que calientan las brasas cuando el frío intenso se mete en tu corazón. La Navidad es y debe ser familiar. Y no porque lo diga yo, sino porque el mismo Dios quiso nacer en el seno de una familia en Navidad.

De pequeño, al igual que ahora, estaba deseando que llegaran estos días. Yo era el encargado de montar el belén en casa. Un belén venido y adquirido en Menorca por mi hermana María Nieves, cuando con tan solo 18 años se fue a la isla en busca de un porvenir.

La costumbre en casa de mis padres y la misma que mantengo aquí en Baza, era montar el Belén durante la mañana del día 22 de diciembre, con ese sonido de fondo tan característico de los Niños de San Idelfonso que marca el inicio de estas fiestas y vacaciones de Navidad.

En lo alto del armario de mi habitación, se encontraban las cajas que contenían las figuras que horas más tarde darían vida a un Belén sencillo pero lleno de cariño y ternura. Antes, y con la ayuda de mis hermanos, convertíamos por arte de magia un puñado de sal en agua y buscábamos el musgo en esas frías mañanas para ser puesto en el pueblo de Belén.

Todo estaba preparado para ir colocando con sumo cuidado las casas, las montañas, el establo, los pastores, los Magos de Oriente, el Ángel, la Estrella y llegaba el momento culminante... colocar la Sagrada Familia. Una familia incompleta, pues el Niño Jesús no era puesto en su cuna hasta el 24 de diciembre.

Me acuerdo perfectamente que cada noche, cuando mis seis hermanos se acostaban, yo me sentaba frente al belén y contemplaba las escenas en un silencio hecho oración. Apagaba las luces del salón, solo quedaba encendida una pequeña luz en el interior del pesebre y mi imaginación me transportaba al siglo primero donde un chico, también hijo de un pastor, presenciaba la escena del nacimiento de Cristo. A veces cansado me quedaba dormido en el sofá y mi madre cogía una manta ya preparada para la ocasión y me cubría con ese cariño y calor que solo una madre puede dar a su hijo.

Había otro momento esperado y deseado por todos mis hermanos, y era cuando mi padre volvía a casa por la noche tras estar todo el día al cuidado de las ovejas. Siempre y sin avisar, nos sorprendía portando unas cuantas ramas de pino, las mismas que después darían forma al árbol de Navidad.

Me viene a la cabeza las tortas de harina que mi madre nos hacía para la mañana de Nochebuena, los villancicos de mi tío Manolo, la cena de Nochevieja en casa de mi tía Carlota, las veladas nocturnas con todos mis primos... y la noche del 5 al 6 de enero cuando mi hermana melliza y el pequeño de mis hermanos dormíamos todos juntos en la cama para esperar el amanecer más largo del año.

Creo que todos los aquí presentes asocian la Navidad con su infancia. Con la chimenea encendida asando patatas; el sonido de la botella de anís "del mono"; la bandeja de polvorones cubierta con una servilleta de tela; los anuncios de los juguetes que aparecían en televisión; el ajetreo y trajín en las cocinas de nuestras casas; aquellas mañanas que amanecían nevadas; las historias que nos contaban nuestros abuelos y abuelas desde ese sillón que solo ellos ocupaban; la insistencia de nuestras madres en ponernos las bufandas y guantes de lana antes de salir de casa; la manzanas de caramelo, la copa de vino dulce y esas peladillas super duras; las postales de navidad venidas de Barcelona, Madrid o Mallorca; los tres vasos de leche para los Magos de Oriente y el cubo de agua para los camellos; el aguinaldo de la Nochebuena, el calcetín colgado en la chimenea y esas luces de Navidad que siempre había una bombilla fundida... Pero sobre todo, el Belén que montábamos en vísperas a la Navidad.

Personajes del Belén y en el Belén

En ese Belén hay varios personajes que han ido evolucionando a lo largo de la historia. En primer lugar me detengo en San José, casado con María y de quien espera un hijo que no es suyo. José se topa de lleno con el misterio de la virginidad de María y asume que Dios tiene un plan donde él es también participe. Por eso la tradición belenista presenta a San José como un hombre muy mayor, no porque lo fuera, sino para dejar claro que José no es el padre biológico de Jesús por tener una edad avanzada. Normalmente aparece con un manto morado, color del sufrimiento y la incomprensión que a buen seguro tuvo que padecer.

Es tal la marginación que sufrió José, que en los primeros belenes San José era apartado de la escena del nacimiento. Tuvo que ser Santa Teresa de Jesús la que colocó a José en el lugar que merecía, junto a María y el Niños Jesús. Y ya como curiosidad, basta con analizar las letras de los villancicos donde José es el protagonista, para comprobar que al pobre de San José todo le pasa: le quitan los calzones, le tiran de las barbas...

La imágenes de la Virgen María durante el parto han ido evolucionando. En los primeros tiempos, la Virgen aparecía tumbada en el suelo entre pajas o mantas haciendo alusión al cansancio de dar a luz. Después aparece María en un trono portando entre sus brazos a su hijo, que es en definitiva el Hijo de Dios. Y ya por último, la Virgen es presentada como una madre que acuna y acompaña a su pequeño con una vestimenta fija: normalmente de blanco (pureza) y azul (celestial) en actitud orante.

Y en cuanto al Niño Jesús, hay que decir que la tradición nunca lo muestra desnudo, siempre enfajado. Es a partir del s. XIII cuando comienza a representarse al niño desnudo con todos sus atributos masculinos para enfatizar el valor humano de ese Dios que ha encarnado. Otro detalle que puede pasar desapercibido es que el Niño a veces aparece con las manos cruzadas o en los belenes murcianos la cuna contiene una pequeña cruz. Y es que la cruz, con toda la carga simbólica que posee está presente también en esta tradición belenista.

Inicialmente sólo se habla de tres pastores: Yosef, Isacio y Jacob. Por cierto sus reliquias parecen que se encuentran en un pueblecito de Salamanca. Estos tres pastores simbolizan las tres edades de la humanidad. Después la iconografía va avanzando y aparece un mayor número de pastores hasta que todos los gremios están personificados en el belén. Pero nada hay al azar y todo tiene su sentido. Cuando se aproximen a un belén fíjense qué objetos llevan los pastores pues todos tienen un significado.

En cuanto a los Reyes Magos, decir que en verdad eran astrólogos que interpretaron una señal divina manifestada en el cielo. Al principio eran muchos, pues los evangelistas no nos dicen ni el número ni los nombre.

Al cabo del tiempo se les llamó de una manera muy concreta: el anciano Melchor, el adulto Gaspar y el joven Baltasar. Los tres simbolizan los continentes que en ese momento se conocían (África, Asia y Europa) y los dones que le entregan a Jesús de igual modo están cargados de simbolismo.

 

Los niños y el belén

Montar el belén es una experiencia fantástica, llena de espiritualidad y tradición popular. 

Ahora mis hijos son los que montan el belén en casa y ayudan a poner los adornos navideños en el salón.

Yo os invito a que vuestros hijos, por muy pequeños que sean, participen en la elaboración del belén, que sean ellos también los protagonistas. A veces los adultos queremos que las figuras no se toquen, no se muevan... nuestra mentalidad cuadriculada no entiende que el Niño Jesús se vaya del portal a jugar con los pastores o San José a cuidar de las ovejas.

Los niños observan el belén con ojos cristalinos, con los ojos del corazón. Disfrutan jugando con las figuras, desarmando el belén y soñando con que los Magos de Oriente lleguen lo antes posible al pesebre... y es que la Navidad es tiempo de estar con los más pequeños, transmitirles las costumbres heredadas por nuestros padres, contarles el verdadero sentido de la Navidad que no es otro que conmemorar el nacimiento de Cristo. Y sobre todo, queridos padres, pasemos más tiempo con los hijos pues éstos crecen y vuelan dejando el nido vacío. Un nido que aguarda cada año al hijo o la hija que se fue para siempre y que vuelve por Navidad.

Qué es un belén

Los belenes son universos pequeños, fotografías del pasado que hacen presente el Misterio de Dios. El belén documenta un hecho histórico, mantiene el sabor antiguo en un mundo digital y tecnológico, acumula la sabiduría de quienes con paciencia e imaginación recrean costumbres, vestimentas, simbologías... que sin la fe quedaría en pura teatralidad.

El belén suele ocupar un espacio privilegiado en casa. Es testigo del devenir de los días navideños, observa la alegría y el trasiego de Nochebuena o la tristeza de quienes en silencio lloran la ausencia de un ser querido.

El belén simboliza en sí mismo la sociedad actual. Una sociedad donde se quiere ocultar a Dios y no hay posada para él. Donde cada día los desahucios destrozan a familias enteras que se ven obligas a vivir  como la Sagrada Familia en establos a las afueras de las ciudades.

Donde también siguen muriendo niños, no por orden de Herodes, sino por la desidia y egoísmo de quienes anteponen sus intereses a la inocencia del más débil. Donde el incienso y el oro de los Magos de Oriente son más valorados que la leche y miel de los humildes pastores.

Pero pese a todo, hay personas que como él ángel anuncian que hay esperanza, que Dios da sentido a la vida, que pese a todas la dificultades hay personas generosas como los pastores que dan lo poco y mucho que tienen: ofrecen trabajo, vivienda, comida y con su ejemplo son verdaderas estrellas que no se apagan.

 

Para terminar, me vais a permitir algunos consejos:

1. Montad el belén en casa, ya sea pequeño o grande, en vuestros negocios o lugares de trabajos... y que los más jóvenes vean en nosotros que pese a todo, aún seguimos manteniendo esta hermosa tradición para que el día del mañana hagan lo mismo con sus hijos.

2. Vivid la Navidad cristianamente, participando en todas las campañas solidarias que estos días desde Cáritas se organicen, asistid a la tradicional Misa de Nochebuena, coged la Biblia y leed los pasajes del nacimiento de Cristo y pasad más tiempo con la familia, y en medio de la fiesta y alegría acordaros del Señor.

3. Y por último, cuando estéis frente a un belén no lo miréis simplemente, sino que os toméis vuestro tiempo, observando todas las escenas y personajes que aparecen en el, que aun estando quietas dan vida a quienes con mirada limpia contemplan el Misterio de Dios.

Os deseo a todos una santa y buena Navidad.

Buenas noches.