Finalizaron los Rosarios de la Aurora en Huéscar, distintos por causa de la pandemia

Que estamos atravesando por unos tiempos recios, como diría Santa Teresa, es algo que todos vemos. Seguimos inmersos en una situación de pandemia que comenzó en marzo. Por eso tenemos que seguir aplicando medidas para contener esta enfermedad, siguiendo las recomendaciones que desde nuestra diócesis y desde las autoridades sanitarias nos van indicando.
Esta “nueva normalidad” supone para todos un esfuerzo y una dificultad. Hemos tenido que hacer cambios en nuestra vida cotidiana y también en nuestra vida espiritual. Pero, como no las podemos dejar a un lado, hemos tenido que reinventar muchas de nuestras costumbres, que le daban frescura a nuestra fe.


Esto se ha visto reflejado en las muchas iniciativas que han surgido en las parroquias para seguir sacando adelante tantas y tantas tradiciones, que no se están pudiendo realizar con la belleza que antes se hacían. Y todo esto ha sido posible gracias a la generosidad y entrega de las distintas hermandades, que han colaborado para que este año, aunque de una forma totalmente diferente, se hayan rezado de nuevo en la parroquia los tradicionales Rosarios de la Aurora
Han sido durante los 4 domingos que este año tenía el mes de octubre, El primero de ellos corrió a cargo de la Hermandad de la Soledad Coronada. Continuó el domingo siguiente la Hermandad de San Juan. En los días de las fiestas en honor a nuestras Patronas, que este año no se han podido celebrar, fue el turno de la Santísima Hermandad de la Virgen de la Cabeza y el último fue organizado por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración. Cada una de las hermandades trajo su “banderola”, a la vez que montó un pequeño altar con un cuadro de su sagrada imagen. Los fieles rezaron el Santo Rosario desde su sitio. En ninguno de ellos faltaron los tradicionales cantos que se realizan en torno a esta bonita oración.
No lo podemos olvidar, nuestra fe es una fe que transmite esperanza, una esperanza viva y creadora que fortalece nuestra fe. Esta esperanza nos ayudará a reinventar nuestra pastoral, para seguir alimentando la fe y la caridad.
José Antonio Martínez
Párroco de Santa María, de Huéscar