Este domingo y el lunes se celebra la Jornada por la Vida

Se celebra con una Misa en la Catedral, el domingo a las 12 de la mañana, y una Vigilia de Oración, en la Catedral, el lunes a las 8 y media de la tarde, presididas ambas pro el obispo

“La vida, buena noticia” es el lema con el que se presenta la Jornada por la Vida de este 2024. Se trata de una jornada que la Iglesia celebra cada 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor, pero que este año, al coincidir ese día con el Lunes Santo, se ha trasladado al 8 de abril. Así la Jornada por la Vida se va a celebrar entre el domingo 7 de abril y el lunes día 8.y, como siempre, estará preparada por la delegación e Familia y Vida.
En la diócesis de Guadix la Jornada por la Vida se va a celebrar en dos momentos. Uno primero será la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, en la Catedral. Será el domingo 7 de abril, a las 12 de la mañana. Ese domingo, además, se celebra el Domingo de la Divina Misericordia.
Al día siguiente, el lunes 8 de marzo y solemnidad de la Anunciación, habrá una Vigilia de Oración, a las 20´30h, en la Catedral, que también estará presidida por el obispo. A ambas celebraciones estamos invitados todos.

Mensaje de los obispos
Para esta jornada por la Vida, los obispos de la subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida, de la CEE, han publicado un mensaje dirigido a todos y, de manera particular, a los creyentes. En su mensaje, los obispos plantean la vida como una buena noticia siempre. Y así, afirman, “debe ser recibida y valorada y cuidada, desde su concepción hasta su muerte natural”.

La vida no es “un derecho absoluto a la libre disposición del criterio humano” -dicen los obispos- es “un don de Dios” y este es el motivo “más profundo” para que sea considerada “una buena noticia”. El hecho de que la vida sea un don y una buena noticia “nos invita a acogerla siempre, incondicionalmente”. Por eso hay que ayudar a las madres a descubrir “que la vida que llevan en su seno realmente es una buena nueva”.

Los obispos defienden una valoración positiva de la maternidad y de la vida humana naciente que se visibilice con “ayudas efectivas integrales” para que las madres que afrontan un embarazo inesperado “puedan seguir gestando a su hijo sin apuros” y para que las familias “puedan plantearse libre y responsablemente la posibilidad de concebir un nuevo hijo”.

Que la vida sea un don también implica que “no hay un derecho absoluto a tener un hijo”. En este sentido, acogen “los avances médicos que ayuden a detectar las causas de la esterilidad, intentando remediarlas”, pero recuerdan que “no se deberá emplear la técnica para producir de manera artificial la fecundación”.

Consideran que es más grave cuando “para obtener un bebé, se acude a un vientre de alquiler”. Así, se unen a la petición del papa Francisco, en su discurso a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, para que la comunidad internacional se comprometa a prohibir universalmente la práctica de la maternidad subrogada. Una práctica “deplorable”, como señaló el Santo Padre que “ofende gravemente la dignidad de la mujer y del niño”, y que “se basa en la explotación de la situación de necesidad material de la madre”. Un hijo “es siempre un don y nunca el objeto de un contrato”.

En el transcurso de la vida
El hecho de que la vida sea un don y una buena noticia implica, durante el transcurso de la vida, “el cuidado de cada vida humana especialmente en las situaciones de fragilidad”.

Los obispos denuncian la trata de personas y la esclavitud moderna “porque son claras violaciones de la dignidad humana, ya que reducen a las personas a meros objetos de explotación económica y física”.

También piden paliar las situaciones de pobreza extrema, “porque son muchos los que no tienen acceso a recursos básicos como alimentos, agua potable, atención médica y vivienda digna”. Revisar “nuestras actitudes hacia las personas migrantes, evitando el desinterés y los prejuicios, y evitar “que haya personas en condiciones de trabajo inhumanas, con salarios injustos y falta de derechos laborales básicos, lo que priva a los trabajadores de su dignidad al tratarlos como meros instrumentos de producción en lugar de seres humanos con necesidades y aspiraciones legítimas”. En definitiva, “es necesario fomentar la coherencia en nuestro planteamiento de concebir la vida como buena noticia, porque esto no se refiere solo a algunas realidades”.

Al final de la vida
También en la ancianidad y la enfermedad terminal la vida sigue siendo una buena noticia, lo que implica “tener cuidado para no actuar según el criterio de que en esos momentos la vida ya es una carga pesada que debe eliminarse”.

Los obispos entienden que este cuidado “debe darse principalmente en el contexto de la familia” y reclaman apoyo para que las familias “puedan atender a sus mayores”.

Los obispos de la subcomisión episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida concluyen su mensaje “invitando a levantar la mirada a la vida eterna porque nuestra existencia trasciende los límites temporales de este mundo”. A través de la encarnación de Jesucristo, “Dios se hizo hombre para redimirnos y abrirnos las puertas del cielo”. La encarnación “no solo nos revela el amor infinito de Dios por cada uno de nosotros, sino que también nos ofrece la esperanza y la promesa de la vida eterna, donde encontraremos plenitud y felicidad junto a él para siempre.