Domingo XXXI del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 5 de noviembre de 2023

El evangelista Mateo busca siempre un mejor comportamiento de los cristianos, como manera de testimoniar la fe, que también es una forma de vida. Por eso los cristianos hemos de ser reconocidos y valorados porque actuamos como Jesús lo hizo, por lo que hemos de hacer de sus denuncias nuestras propias denuncias.

Jesús hace un discurso para definir el comportamiento de un cristiano y rechazar otros comportamientos que él ha observado y experimentado en los dirigentes religiosos de su época, escribas y fariseos, que siendo muchos unos creyentes judíos comprometidos con el cumplimiento de los preceptos religiosos, sin embargo, otros, actúan desde la soberbia, la hipocresía, la doble moral y la exhibición de sí mismos para que los demás les den más importancia de la que les corresponde.

Para el cristiano, Jesús ha de ser lo central, porque sólo él se merece todos los honores y reconocimientos. Nosotros seremos más grandes cuando más se incremente nuestra humildad.

DESARROLLO

El relato de hoy pone en evidencia una vez más la confrontación que había entre Jesús y los líderes religiosos judíos de su tiempo, especialmente escribas y fariseos. Pero además, el evangelista Mateo ha pretendido reflejar, en esta introducción de un largo discurso de Jesús hacia dichos jefes religiosos de Israel, el enfrentamiento duradero entre la comunidad cristiana primitiva y el judaísmo en la Palestina de finales del siglo I. Por lo tanto, nos encontramos con una situación que no es del pasado sino contemporánea a Mateo.

La intención del autor no es sólo denunciar la conducta de los escribas y fariseos de su tiempo, sino también la de desenmascarar las actitudes de algunos miembros de las comunidades cristianas de su época que son muy parecidas a la de los que vivían la religión desde el postureo.

Mateo, en la primera parte de este texto sagrado, hace una crítica a la incoherencia, que consiste en pensar de una manera y obrar de otra; a la doble moral de quienes exigen a los demás lo que ellos no cumplen; a la hipocresía de quienes intenta aparentar lo que realmente no son; y la vana ostentación de ambicionar los primeros puestos y de querer recibir un trato que les haga sentirse mejor que los demás.

En contraposición, en la segunda parte de este texto sagrado, hay una llamada de Jesús a la igualdad fraterna entre todos los cristianos, donde nadie debe ser tratado como superior de los demás con títulos que en realidad sólo le corresponden a Dios y a él, porque el único importante es el Padre y el único Maestro es Jesús, pues para los cristianos nuestro centro es el Hijo de Dios, de ahí que el más grande ha de ser el servidor de los demás, porque la grandeza de los ministerios no está en ser una autoridad sino en el servicio a los hermanos y hermanas.

Jesús quieres que nosotros seamos reconocidos por lo que hacemos y por la forma en la que lo realizamos, por lo que no insiste en las teorías, que a veces suenan muy bien, sino en llevar a la práctica aquello en lo que creemos.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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