Domingo IV del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 29 de enero de 2023

Como mensaje principal de Jesús y como el núcleo del propio Evangelio, Mateo sitúa a Jesús en la montaña donde proclama las nueve bienaventuranzas, con un paralelismo con Moisés, que, también en una montaña, recibió los diez mandamientos en las llamadas tablas de la Ley.


Las bienaventuranzas definen las actitudes que ha de tener todo creyente en el Reino de Dios y se refieren también a las situaciones humanas que cambiarán con su llegada e implantación, porque Dios promete la felicidad a aquellos que son pobres, lloran, etc.
El también conocido como sermón del monte anuncian la llegada del tiempo mesiánico y de que este es para todos, poniendo de manifiesto que el amor de Dios tiene por destinatarios a todos los discípulos de Jesús.
Las bienaventuranzas, también conocidas como el sermón del monte, es una síntesis de la vida cristiana. Mateo nos sitúa a Jesús en la montaña, lugar emblemático de la manifestación de Dios, como ocurriera con Moisés cuando recibe las tablas de la Ley o Decálogo (los diez mandamientos) en el monte Sinaí.
Jesús proclama las bienaventuranzas de una manera solemne, sentado como Maestro que transmite de manera novedosa su enseñanza.
Este texto de las bienaventuranzas es la obertura de un gran discurso posterior de Jesús que detalla el estilo de vida que surge con la llegada del Reino de Dios y que da las pistas de lo que conduce a la verdadera felicidad como recompensa por haber vivido estas actitudes.
Estas nueve bienaventuranzas, a diferencia de las que aparecen en el evangelio de Lucas que son cuatro, están sometidas cada una de ellas a una tensión entre el presente y lo que está por venir, subrayando así que la actual situación nos es la querida por Dios ni la definitiva, y por eso prometen un cambio.
A las personas que socialmente se considerarían desgraciadas o malditas Jesús las llama dichosas, porque alcanza la felicidad interior sintiéndose verdaderos discípulos del Señor que asumió y vivió en su vida todas las bienaventuranzas, haciéndolas visibles en su actividad y especialmente en el árbol de la cruz. Por eso este mensaje es para motivar y animar a los cristianos de todos los tiempos a permanecer fieles al Evangelio a pesar de todas las contrariedades, dificultades y sufrimientos humanos.
En las bienaventuranzas se nos deja claro de quién está de parte Dios: de los pobres, de los hambrientos, y de los que sufren. Dios no es ajeno al sufrimiento humano. Las personas que no tienen sitio en el corazón de los hombres sí que lo tienen en el corazón de Dios. En un mundo cada vez más insensible al dolor del prójimo, Cristo nos enseña que el amor cristiano nos ha de sacar de nuestro individualismo.
Hay momentos en que nos encontramos perdidos en la vida buscando la felicidad, a veces centrándonos en lo material y en los valores del mundo. Las bienaventuranzas son la propuesta de Jesús para alcanzar dicha felicidad poniendo en práctica el Evangelio y los valores del Reino de Dios.

Emilio José Fernández, sacerdote
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