Domingo IV de Pascua. Ciclo B. 21 de abril de 2024

La figura del pastor está muy presente en la Sagrada Escritura, porque en la antigüedad era un oficio muy común y la ganadería era una de las principales bases de la economía. Pronto se identificó a Dios, de manera alegórica, como el pastor de su pueblo; y al pueblo, como su rebaño.

 

Para entender el relato del buen pastor del evangelista Juan, que abarca todo el capítulo 10, tenemos que ver los antecedentes, es decir, lo que ocurre en el capítulo precedente en el que Jesús cura a un ciego de nacimiento. Este gesto de bondad realizado por Jesús, le lleva al enfrentamiento con los líderes religiosos judíos del momento, especialmente con los fariseos. Y esa tensión y conflicto entre Jesús y éstos, está en el trasfondo de la perícopa del buen pastor, como una crítica de Jesús hacia los falsos y malos pastores, en referencia a los dirigentes religiosos a los que también considerará ciegos espiritualmente.

Hablar de pastores y ovejas en la mentalidad de nuestra cultura actual puede crear confusión y malestar, porque un grupo humano que se considere un rebaño de ovejas es interpretado como un grupo que no tiene libertad, que obedece ciegamente y que es manipulado por sus responsables.

El pueblo de Dios aparece simbólicamente designado en la Biblia como "el rebaño que camina sin pastor", de forma dispersa y expuesto a perderse. Los cristianos en ocasiones identificamos la figura del buen pastor de este relato con los obispos, párrocos, catequistas, etc., cuando están al cargo de una comunidad. Pero en la comunidad cristiana todos somos hermanos y a todos nos incumbe la responsabilidad, exigiendo que los que tienen alguna responsabilidad sean auténticos pastores. Sin embargo, este relato se refiere a Jesús como el Buen Pastor, y no hay otro, porque él nos conoce, nos defiende, da la vida por nosotros, nos reúne en torno a él y no nos recluye. Es un pastor que ama a sus ovejas y las considera de su propiedad. Por eso las hace sus preferidas y se desvive por ellas. Jesús para los primeros cristianos es el pastor que puede dar vida, el único que puede ser guía y nuestro principal referente. Ser sus ovejas es seguirle en libertad y confianza, asumiendo las actitudes fundamentales que él vivió y continuando la tarea de construir el reino de Dios que él comenzó.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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