Domingo I de Adviento. Ciclo B. 3 de diciembre de 2023

Comenzamos con el tiempo litúrgico del Adviento, en el que nos unimos a la espera que vive la Iglesia aguardando la venida del Señor y del Reino de Dios. Este relato del evangelista Marcos, que recoge el final de un discurso de Jesús, que se inicia al comienzo de este capítulo 13 y que concluye con esta parábola, subraya que esta espera no es cuestión de tiempo, ni de cálculos ni previsiones, pues ni sabemos el día ni la hora, sino que es cuestión de actitud: estar vigilantes.

Se parte de una certeza, la de que Jesús va a venir. Su venida ya es sorprendente por sí: porque nadie espera que Dios baje de los cielos para vivir entre nosotros como uno más; y nadie conoce el momento exacto de esta venida.

Estar en vela es estar preparados. Y nada nos mantiene tan preparados como la vivencia del Evangelio cada día y en nuestro presente, algo que no podemos delegar en otros. Estar en vela es lucha y vencimiento de las tentaciones de la comodidad, la pasividad, la indiferencia y la superficialidad. Hay que estar despiertos, activos, sin bajar la guardia ni relajarnos.

Quien no sabe vivir la vida no tiene un futuro, una meta y unos deseos firmes. También vive de una manera triste y aburrida, porque la vida se le hace monótona, sin aportarle nada y sintiendo un vacío. Un estado así, se convierte en una crisis de la que podemos querer evadirnos con un “mundo feliz”, que conseguimos a cambio de vivir esclavizados de todo tipo de drogas y vicios. Por eso, prepararse es liberarse y centrarse en Cristo.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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