Dispensa del ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo, si no se puede guardar

 

El obispo de Guadix ha dispensado del ayuno y la abstinencia del Viernes santo si no se puede observar, pero recomienda otras prácticas de penitencia como la limosna u otros gestos de solidaridad, …

 

Se acerca uno de los días más grandes de la Semana Santa y de todo el año litúrgico: el Viernes Santo. Es un día que nos habla de entrega, de sacrificio, de salvación, y que apunta, gracias a Dios, hacia el Domingo de Resurrección. Es el Misterio Pascual, en el que celebramos que Cristo murió en la cruz por nosotros, para nuestra redención, para salvarnos, para resucitarnos con Él.

Sí, sabemos que es una muerte para resucitar. Pero, a pesar de todo, la Iglesia vive el sufrimiento de Cristo en la cruz con recogimiento, con mucha fe y un sentimiento de dolor profundo por todas las muertes injustas que ocurren aún en nuestro mundo y por el sufrimiento de tantos inocentes. Por eso, el Viernes Santo viene acompañado por una llamada a vivirlo con ayuno y abstinencia. Son prácticas que la Iglesia ha mantenido durante siglos porque nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y, además, sirven como penitencia por nuestros pecados, que nos dispone mejor para una auténtica conversión.

La abstinencia, es decir, no comer carne, es lo que se ha hecho en otros viernes de Cuaresma. El ayuno, - que solo se exige dos veces en el año: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo- , consiste en no tomar alimento en el inicio del día, para acompañar a Cristo en su sufrimiento, para expresar el dolor que siente la Iglesia y toda la humanidad, y para recordar que a Jesús se le sigue si somos capaces de esforzarnos y de ayunar a todo lo que nos pueda alejar de Él y de los hermanos. También nos recuerda que el Viernes Santo es día de penitencia y de oración.

A pesar de todo, no siempre es posible o fácil vivir este ayuno y la abstinencia, en estos días que son de fiesta o de procesiones para muchos. Así, para quienes no puedan cumplir con esta norma, el obispo ha publicado un decreto por el que se “dispensa del ayuno y abstinencia del Viernes Santo a todos los fieles a los que no sea posible observar esta ley sin grave incomodo”.

Sin embargo, se recomienda que, si no se puede guardar el ayuno y abstinencia, se sustituya esta penitencia por otras prácticas, como la “lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales”, recuerda el obispo en el decreto publicado y que se puede consultar aquí:

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

La Santa Madre Iglesia convoca a todos sus hijos durante la Cuaresma y, especialmente el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para vivir comunitariamente un tiempo especial de penitencia y conversión. Para que todos, y cada uno a su modo, «se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (can. 1249 del Código de Derecho Canónico). En la Iglesia universal, «son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (can. 1250), de manera que «todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (can. 1251). La ley de la abstinencia obliga a los fieles «que han cumplido catorce años; la del ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (can. 1252).

El ayuno y la abstinencia el Viernes Santo tienen una particular importancia y significado, ya que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión. Y así lo ha querido presentar y conservar la Iglesia, a lo largo de los siglos.

Las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia de la abstinencia y el ayuno.

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del can. 87, D i s p e n s o del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incomodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a veinticinco de marzo de dos mil veinticuatro.

            +Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix