Elementos filtrados por fecha: Miércoles, 03 Marzo 2021

 

Hemos vivido un gran contraste, que nos sitúa en las grandes claves de la cuaresma cristiana, en el camino de la muerte a la Vida, del pecado a la Gracia, de la noche al amanecer Pascual:

1.- Entre las sombras que han cubierto a la humanidad, tenemos la experiencia radical de la vulnerabilidad y experiencia de límite: el miércoles de ceniza volvemos a oír la llamada a la conversión – “conviértete y cree en el Evangelio”, “polvo eres y en polvo te convertirás”-, a recordar que somos barro y que la memoria de la muerte nos devuelve a la experiencia de sentirnos limitados, necesitados y muy frágiles. Hemos experimentando la “injusticia” de tantas muertes “solas”, viendo, en el rostro de muchas personas, tambalearse el sentido de la existencia humana, la búsqueda de la comprensión del dolor y la mirada “cara a cara” de la experiencia de la finitud de la vida ante la cercanía del final de la existencia en la tierra. Sin duda que el miedo y la incertidumbre han hecho diana en el corazón del ser humano y de la convivencia. Me vienen a la mente aquellas palabras de San Juan Pablo II, que transmitían al mundo la esperanza de Cristo resucitado, que ha vencido la muerte: “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo”. Frente a la convivencia con el miedo, tan ajena al espíritu cristiano, recuperemos la esperanza siempre en la prudencia. Es bueno recordar aquellas palabras de San Pablo que nos incrustan en el mismo Corazón de Cristo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Pero en todo esto vencemos de sobra Gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8 35-39). El Señor Jesús ha venido para destruir nuestros miedos y hacernos vivir en la libertad de los Hijos de Dios (cf. Mt 14,27).

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