Cuarto Domingo de Adviento. Ciclo C. 23 de diciembre de 2018

¡YA ESTÁ AQUÍ! NOS ACOMPAÑA A VIVIR

Cercana ya la Noche Buena -¡ya está aquí!, ¡preparados, listos, ya! decíamos al inicio del adviento- aún nos quedan tres signos que atender para sentir al Señor que viene. Viene para todos los pueblos; el niño Jesús es la luz que iluminará a los paganos (tema importante en San Lucas); todos los hombres y mujeres verán la salvación de Dios y en sus vidas reinará la alegría que transforma todo. El evangelio de hoy forma parte de los “Evangelios de la infancia”, donde se relatan los primeros episodios de la vida de Jesús, (Lc 1,5-2,52) y se expresa en un género literario más catequético que biográfico, incluyendo narraciones en la que la luz de la fe pascual se proyecta sobre la figura de Jesús niño.


“Pero tú, Belén de Éfrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel” (Miq 5,1-4a), es el primer signo que nos anuncia la llegada del Mesías. Llegará a Belén, “y éste será nuestra paz” como ya veníamos viviendo desde el inicio del Adviento. “Danos vida, para que invoquemos tu nombre” (Salmo 79) proclamamos con entusiasmo en cada momento. El segundo signo es que, Jesús encarnándose, entra en el mundo para hacer la voluntad de Dios, “aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hb 10,5-10), como el Siervo doliente del Señor en su condición de luz de los gentiles. Y el tercer signo es: dos mujeres-madres (Isabel y María) que esperan con gozo el nacimiento de sus hijos, se encuentran y se alegran por ello: “se llenó Isabel de Espíritu Santo y dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!” (Lc 1,39-45). Es la alegría -para San Lucas- el sentimiento que embarga a los que experimentan la salvación, porque Dios mismo encarnado en Jesús nos visita. Será María, modelo de creyente, la portadora de buenas noticias y la mensajera de la alegría. Isabel proclama la alegría por la llegada del Mesías, reconociéndose indigna de que la madre de su Señor venga a visitarla. Ellas anticipan la misión de sus respectivos hijos y la relación que ambos mantendrán durante su vida pública. También nosotros estamos llamados a continuar esta misión.
La presencia constante del Espíritu Santo en el Evangelio de Lucas nos va guiando y revelando el secreto escondido desde el origen de los tiempos. El adviento llega a su plenitud y los signos que le acompañan son camino, visita y servicio, como vemos en los personajes que los realizan. María, en camino va a casa de Isabel; el camino planificado por Dios conduce a su Hijo hacia los hombres y mujeres. María visita a su prima generosamente y el Señor nos visita. La madre del Señor ayuda y sirve humildemente a Isabel, y Jesús “no vino a ser servido, sino a servir” (Mc 10,45). María acude hacia la que está necesitando su presencia y convierte este gesto en uno de los rasgos más característicos de la fe en Dios, porque acompaña a vivir a quien se encuentra en dificultad. Así, nuestra fe, se concreta cuando acompañamos a vivir a quienes están excluidos por la droga o atrapados por la enfermedad, la vejez, o hundidos en la soledad, deprimidos, parados, desahuciados, marginados, refugiados, vacíos de toda alegría y esperanza de vida, “descaminados”.
Nos dejamos y nos complicamos la vida porque creemos en la encarnación de un Dios que ha querido compartir nuestra vida y acompañarnos en nuestra indigencia sintiéndonos llamados a vivir de otra forma. Es ponerse en camino y preparar día a día el camino del Señor. Es salir al encuentro y bendecir (bien-decir) a toda persona que nos encontremos. Es alabar a Dios por lo que hace con y por nosotros desde su eterna misericordia. Todo ello, son imágenes dinámicas que pueden servir muy bien para expresar la misión actual de la Iglesia. Una Iglesia cercana, en marcha, “en salida”, por los caminos de los hombres y mujeres, para llevar a Alguien (“aquello por lo que se deja llevar”, dice V. Baltasar).

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos

PREGUNTAS:
1. ¿Te sientes feliz de ser creyente? ¿En qué aspectos la fe de María puede ser modelo para tu fe? ¿Por qué?
2. ¿Dónde encontramos hoy la visita del Señor?
3. ¿Qué nos enseña la disponibilidad de María para nuestro compromiso cristiano?

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.