Baza despidió a la Virgen de la Soledad para ser restaurada

El sábado 7 de octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario, Baza quiso despedir a la Virgen de la Soledad, una talla especialmente querida, que procesiona el Miércoles de la Semana Santa bastetana. También se realiza ante ella el Pésame de todos los Sábados Santos, una cita que todos, sean cofrades o no, no pueden perderse. Ahora, no podían faltar los bastetanos a esta despedida a la Imagen de la Soledad para ser restaurada. Todos los fieles y devotos pudieron pasar este sábado ante la Imagen, instalada en el presbiterio de la Iglesia de la Merced, donde tiene su sede canónica.

LA PARÁBOLA DE LA VIÑA

Después, ya por la tarde, llegó la despedida tras la Santa Misa, celebrada por el párroco de San Juan y rector de la iglesia de la Piedad, Emilio Fernández, que es también consiliario de esta Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia, María Santísima de la Soledad y Resucitado. En su homilía glosó la parábola del evangelista Mateo (Mateo 21, 33-43). Nos habla de una viña que un propietario había plantado, cercado y protegido. Después de tomarse ese trabajo, la arrendó a unos labradores, que se apropiaron de ella y de sus frutos, apaleando y matando a los criados que el propietario envía, y hasta al propio hijo de éste. Un relato con ricos simbolismos y unas grandes enseñanzas, que Emilio nos fue descubriendo. La viña es el pueblo de Israel y su continuación, la Iglesia de Cristo. Los criados son los profetas y ese hijo del dueño de la viña es Nuestro Señor. “Una parábola que refleja- nos dijo Emilio- la historia de la salvación, que se repite en la historia de la Iglesia y en cada comunidad creyente y humana”.   Destacó también la actualidad de la parábola. “También despreciamos a Dios, a ese dueño de la viña, -dijo- cuando no le correspondemos con nuestro amor, cuando nos apropiamos de todos los dones que nos regala en gratuidad, los usamos mal o no se los devolvemos agradecidos en frutos”. Emilio quiso recordarnos a todos la necesidad de volver a Cristo, de ser constantes en la oración para renovar nuestro compromiso cristiano. “Muchas veces dedicamos al Señor migajas de nuestro tiempo, y a veces ni eso”, afirmó el sacerdote. “Otras somos nosotros homicidas con nuestras críticas destructivas contra aquellos que no soportamos por envidia, los celos y la soberbia. También hemos dejado de ser profetas que denuncien las injusticias, incluso arriesgando nuestras propias vidas, por ponerse del lado de los oprimidos y los vulnerables”. Muchos, entre otros el que esto escribe, se quedó sin aliento. Golpeado en lo más profundo de su alma, un tanto adormecida y tibia

Después de esta Misa, se cantó la Salve, con toda la Cofradía de la Soledad al completo y un gran número de fieles, que quisieron despedirse de la Imagen, que durante tres meses estará en un taller de Fiñana (Almería). En su altar, y mientras dure la restauración, se ha instalado un bonito toldo con la Imagen de la Soledad

EL PAÑUELO DE LA VIRGEN

La talla de esta Virgen fue creada por el escultor e imaginero José Sánchez Lozano en el año 1942, y es una de rasgos murcianos, siendo copia exacta de la Soledad de Salzillo. La imagen tiene estilo propio por ir con la cara despejada y levantada hacia arriba, teniendo su vestimenta, como el paso completo, un estilo personal. En sus manos lleva un rosario, que es una llamada a rezarlo, hoy más que nunca. El Rosario es la mejor síntesis del Evangelio. La mejor forma de conocer y amar a Jesús, por esa razón, la Virgen María nos lo ofrece a ti, lector que me lees. La Virgen de la Soledad también lleva un pañuelo limpísimo como su virginidad maternal. Un pañuelo, sí, donde enjugar sus lágrimas por la Pasión y Muerte de su divino Hijo, esas lágrimas que recorren por su rostro y que tanto nos emocionan y nos sobrecogen. Hay mucho más. La Virgen también nos quiere regalar ese pañuelo para que también lloremos por nuestros pecados, sufrimientos y penas, y así ofrecérselos Ella al Señor para que sean purificados. Qué grandes lecciones nos da Nuestra Señora de la Soledad

José Gabriel Concepción

Baza