Oficina de Comunicación

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El obispo de Guadix ha visitado en estos días al sacerdote Francisco Domingo Lorén, jubilado, y el delegado para el clero ha hecho lo mismo con otros dos sacerdotes mayores que han pasado por el quirófano, José Díaz y Cayetano Rosel

La situación de pandemia que estamos viviendo hace que no se puedan realizar todas las visitas que se quisieran a los sacerdotes mayores y enfermos que están en las residencias o en sus domicilios particulares. Hay que ser muy cuidadosos y respetar todas las indicaciones que las autoridades socio-sanitarias van indicando. Pero lo que no podemos olvidar es que ellos forman parte del presbiterio diocesano, y el obispo está continuamente interesándose por ellos.

Después de un año entero, nuestro mundo sigue afrontando la lucha contra la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias, auténtico drama que ha afectado a casi todas las dimensiones de la vida de las personas.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos recuerda que la pandemia también ha influido en la vida litúrgica de la Iglesia, y que “las normas y directrices contenidas en los libros litúrgicos, concebidas para tiempos normales, no son enteramente aplicables en tiempos excepcionales de crisis como estos”[1].

De cara a las celebraciones de la Semana Santa y del Triduo Pascual, en este año 2021, que por segunda vez se desarrollan estas circunstancias difíciles, la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Española quiere acoger las indicaciones de la Congregación para dichas celebraciones, publicadas en la Nota para los Obispos y las conferencias episcopales sobre la Semana Santa 2021, del pasado 17 de febrero.

Coincidiendo con el 76ª aniversario de la fundación de la primera casa de la congregación en Baza, las hermanas Misioneras del Divino Maestro organizan una mesa redonda para reflexionar sobre el sentido de la Vida Consagrada en esta sociedad del siglo XXI. El acto tendrá lugar el próximo miércoles 10 de marzo y será retransmitido en directo a través de YouTube YouTube.

 

Hemos vivido un gran contraste, que nos sitúa en las grandes claves de la cuaresma cristiana, en el camino de la muerte a la Vida, del pecado a la Gracia, de la noche al amanecer Pascual:

1.- Entre las sombras que han cubierto a la humanidad, tenemos la experiencia radical de la vulnerabilidad y experiencia de límite: el miércoles de ceniza volvemos a oír la llamada a la conversión – “conviértete y cree en el Evangelio”, “polvo eres y en polvo te convertirás”-, a recordar que somos barro y que la memoria de la muerte nos devuelve a la experiencia de sentirnos limitados, necesitados y muy frágiles. Hemos experimentando la “injusticia” de tantas muertes “solas”, viendo, en el rostro de muchas personas, tambalearse el sentido de la existencia humana, la búsqueda de la comprensión del dolor y la mirada “cara a cara” de la experiencia de la finitud de la vida ante la cercanía del final de la existencia en la tierra. Sin duda que el miedo y la incertidumbre han hecho diana en el corazón del ser humano y de la convivencia. Me vienen a la mente aquellas palabras de San Juan Pablo II, que transmitían al mundo la esperanza de Cristo resucitado, que ha vencido la muerte: “No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo”. Frente a la convivencia con el miedo, tan ajena al espíritu cristiano, recuperemos la esperanza siempre en la prudencia. Es bueno recordar aquellas palabras de San Pablo que nos incrustan en el mismo Corazón de Cristo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; como está escrito: Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Pero en todo esto vencemos de sobra Gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8 35-39). El Señor Jesús ha venido para destruir nuestros miedos y hacernos vivir en la libertad de los Hijos de Dios (cf. Mt 14,27).

Un grupo de jóvenes, que combinan cuaresma y Camino Mozárabe, recorrieron la etapa entre Huéneja y Alquife

El sábado 27 de febrero un grupo de jóvenes y algunas familias procedentes de distintas realidades eclesiales de la diócesis de Granada, acompañados por un sacerdote, fueron recibidos como peregrinos en la parroquia de Ntra. Sra. de la Anunciación, de Alquife, por su párroco Joaquín Caler, el cual los acogió con gran amabilidad y generosidad. Estos jóvenes pusieron en marcha una iniciativa que durará toda la cuaresma y que se llevará a cabo cada sábado.

El pasado sábado 27 de febrero, en nuestra parroquia cuevera de Ntra. Sra. del Rosario de Fátima, tuvo lugar, al término de la Santa Misa, la primera charla cuaresmal enmarcada dentro de la formación parroquial programada para este curso pastoral, bajo el título: Jesús amando a los suyos, los amó hasta el extremo.

A las 6 de la tarde daba comienzo la Santa Misa del II Domingo de Cuaresma en la capilla de la Virgen de la Estrella, celebración en la que participó un nutrido grupo de fieles y que contó, como todos los sábados, con la colaboración del coro parroquial, compuesto por algunos jóvenes de la Hermandad de la Estrella, junto con nuestras monjas y algunos laicos. Una vez concluyó la celebración, y en la misma capilla, tuvo lugar la charla a cargo del párroco, Alfonso José García, que habló sobre dos ideas fundamentales: en primer lugar, la Cuaresma, con base en la Carta Pastoral para este tiempo de nuestro obispo D. Francisco Jesús Orozco; y en segundo lugar, algunas nociones de la Santa Misa, como núcleo de nuestra vida cristiana, centrándonos en la triple donación de Cristo hacia nosotros: Cristo se nos da como Víctima, como Pan de Vida y como Compañero de camino.

 

En este domingo pasamos del desierto a la montaña, como escenarios de una enorme carga espiritual. Jesús reúne a un grupo reducido de sus discípulos, que podríamos considerar el círculo más íntimo y de confianza del Señor, y los lleva con él a lo alto de una montaña.
La montaña en la Biblia no es sólo una elevación geográfica del terreno, porque la montaña es un lugar espiritual, que, por su altura, está más próximo al cielo. Por eso, subir a la montaña es recogerse y distanciarse de las distracciones del mundo, es ponerse en la presencia de Dios, es ese momento de encuentro en el silencio y en la intimidad con Él: la oración. La montaña, al igual que la oración, es un momento de revelación, en el que Dios nos muestra sus misterios y se nos da a conocer en su profundidad.

En este domingo pasamos del desierto a la montaña, como escenarios de una enorme carga espiritual. Jesús reúne a un grupo reducido de sus discípulos, que podríamos considerar el círculo más íntimo y de confianza del Señor, y los lleva con él a lo alto de una montaña.
La montaña en la Biblia no es sólo una elevación geográfica del terreno, porque la montaña es un lugar espiritual, que, por su altura, está más próximo al cielo. Por eso, subir a la montaña es recogerse y distanciarse de las distracciones del mundo, es ponerse en la presencia de Dios, es ese momento de encuentro en el silencio y en la intimidad con Él: la oración. La montaña, al igual que la oración, es un momento de revelación, en el que Dios nos muestra sus misterios y se nos da a conocer en su profundidad.

Como viene sucediendo desde ya casi un año, la actual situación de crisis sanitaria a causa del coronavirus, sigue marcando las agendas en todos los aspectos de la vida, y la Cuaresma, que dio comienzo el pasado Miércoles de Ceniza, no iba a ser menos. Aunque esto no quita que la distintas hermandades puedan celebrar sus cultos siguiendo todas las medidas que se nos indican.
Es por ello que todas las celebraciones han estado condicionadas por las normas de seguridad y distancia social que limitan el aforo del templo al 30%.

 

El 20 de febrero hemos celebrado nuestra llegada a la Diócesis de Guadix. Un motivo de mucha alegría y gratitud por la posibilidad que se nos brinda de poder servir a esta Iglesia desde nuestro carisma, como Hermanas Obreras del Corazón de Jesús.

Sí, después de que el Señor Obispo nos pidiera la apertura de una comunidad, nos sentimos muy ilusionadas con este proyecto que comprendía varias misiones: la atención del albergue diocesano, la colaboración en la sacristía de la catedral y hacer presencia en alguna de las parroquias. Con esta propuesta llegamos a Guadix el 20 de febrero de 2020 y, aunque el año que hemos vivido ha sido difícil y extraño, al igual que para todos, aquí estamos, con los mismos deseos y ganas de seguir sirviendo a la Iglesia en lo que esté a nuestro alcance y podamos.