“Guadix: Iglesia martirial que mira con esperanza al futuro”, Carta Pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix

 

GUADIX: IGLESIA MARTIRIAL QUE MIRA CON ESPERANZA AL FUTURO

En el Jubileo del Beato Manuel Medina Olmos, Obispo mártir de Guadix

Carta pastoral de Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

 CURSO 2019-2020

(Se puede descargar la Carta pastoral en pdf aquí)

Queridos hermanos, queridos hijos:

Al inicio del nuevo curso pastoral 2019-20 os saludo a todos y os muestro mi alegría por la oportunidad que me ofrece el Señor de vivir con vosotros este regalo de un nuevo curso pastoral. Acercarse a las raíces apostólicas y de testigos mártires de la Iglesia de Guadix es sentir el orgullo de pertenecer a esta historia martirial y es también hoy, mirar al futuro viviendo con pasión el presente. Acojamos en Iglesia, que vive la comunión querida por el Señor que salva en la historia por medio de los acontecimientos, vivir juntos su amor en los días, trabajos y en la peregrinación durante este nuevo curso, en nuestra querida Diócesis de Guadix.

 

1.- «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres» (Salmo 125). La alegría del esposo con su esposa

 

Hace nueve meses era consagrado Obispo en nuestra Iglesia madre, la Catedral de Ntra. Sra. de la Encarnación. He recibido muchas felicitaciones por la celebración tan hermosa y bien preparada litúrgicamente. Todos quedaron encantados de nuestra bonita Catedral. Los medios de comunicación y la retransmisión televisiva de la consagración hizo posible que muchos españoles e incluso televidentes residentes fuera de nuestro país, pudieran contemplar la hermosura de tan gran monumento. ¡Qué orgullosos hemos de sentirnos de nuestra Catedral! Pido al Señor que todas las felicitaciones que nos lleguen sean porque la hermosura del primer templo de la Diócesis expresa la belleza y vida interior de quienes formamos parte de esta iglesia diocesana.

He recibido de manos de la Iglesia, por medio de la sucesión apostólica, el regalo de una esposa: la Diócesis de Guadix. Agradezco a todos los Eminentísimos Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos que me acompañaron e impusieron sus manos sobre mi cabeza, su presencia para sellar la verdad de la sucesión apostólica. Desde entonces, he podido ir conociendo con alegría una Iglesia viva que por medio de buenos sacerdotes, consagrados y laicos, me llama a servir y a amar con toda mi vida a quienes el Señor ha querido regalarme como el don más precioso de mi ministerio episcopal. Me gustaría agradecer a todos los que el pasado 22 de diciembre me acompañasteis con vuestra presencia física en la Catedral, a todas las comunidades parroquiales, miembros de movimientos, consagrados, asociaciones, grupos eclesiales, autoridades civiles, militares, judiciales y culturales, amigos y a todos los que espiritualmente me encomendasteis y rezasteis por mí y mi ministerio episcopal entre vosotros. Especialmente agradezco a tantos enfermos que me han hecho llegar su cercanía espiritual y su oración.

Reitero lo que os dije el día en que se hizo público mi elección como Obispo electo de Guadix: «Me consta que esta buena tierra de nieves y de bellísimos paisajes naturales al pie de Sierra Nevada, está llena de gente aun más maravillosa cuyo patrimonio humano y espiritual son ya un verdadero regalo para mi vida cristiana. ¡Qué suerte que el Señor haya querido que pueda aprender de vosotros y con vosotros a quererlo más y a seguir construyendo la Iglesia!».

 

Se cumple aquel deseo que exponía aquel día: «Decía S. Agustín en uno de sus sermones: «Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros». Qué ganas tengo de estar con vosotros y para vosotros compartiendo físicamente la fe que nos une y nuestra mirada en el Señor y en los regalos que nos hará».

 

Os sigo pidiendo lo mismo que aquel primer día: «Rezad para que pueda ser el Obispo que merecéis y que el Señor quiere para vosotros. Como habéis pedido en una oración durante estos meses de sede vacante, que sea un Pastor según el corazón de Dios, que agrade al Señor por su santidad y por su vigilante dedicación pastoral, un Pastor amigo de los pobres, sencillos y más pequeños, que con la Palabra del Señor y la Eucaristía conduzca a las fuentes de la gracia, de la verdad y de la vida, con espíritu misionero, dispuesto a escribir, con vosotros, un tramo más de la historia gloriosa de esa Iglesia particular accitana, ilustre por su historia de fe y por la santidad de tantos accitanos, los mejores hijos de esa Iglesia que de todas las épocas supieron mostrar en sus vidas la belleza más bella de la Iglesia. Esta es vuestra oración que se convierte en mi petición y deseo ante el Señor».

«Tus heridas nos han curado». Pido al Señor que mi ministerio y presencia entre vosotros sea, como reza mi lema episcopal, una verdadera medicina de presencia del Señor que por medio de mi pobreza, pero con su Fuerza en mi ministerio, quiera seguir curando las heridas de la lejanía de Dios en nuestra sociedad y calmando con el consuelo de su misericordia y su Amor tantas heridas que el pecado quiere abrir en nuestra vida.

He recibido una gran herencia por la que doy gracias al Señor. La Diócesis de Guadix es una Iglesia viva que expresa el buen servicio de tantos buenos servidores que desde San Torcuato, pasando por el beato Manuel Medina Olmos hasta llegar a mi antecesor, nuestro querido D. Ginés, han hecho una historia viva y grande de fe. El Señor bendecirá el cielo de estos magníficos servidores.

Quiero destacar el gran servicio de todos a la Iglesia que camina en Guadix durante los meses de sede vacante. Cuando en un hogar se ausenta un padre por un periodo largo de tiempo, si los hijos tienen conciencia de la importancia de la familia, redoblarán todos sus esfuerzos para que la casa siga siendo un hogar y la ausencia del padre sea menos agresiva para todos. Así ha ocurrido en nuestra Diócesis. Agradezco el servicio impagable a nuestro actual Vicario General, que durante la vacante episcopal fue nominado Administrador Diocesano por el colegio de consultores de nuestra Diócesis, a quienes también agradezco su buen servicio diocesano. El Administrador Diocesano, durante ocho meses de sede vacante, ha sabido servir con acierto, entrega, buen hacer y generosidad a nuestra Iglesia diocesana. Bien conozco que también ha sabido silenciosamente sufrir por esta Iglesia local y ha ofrecido grandes sacrificios para serviros a todos, fortalecido siempre y sostenido por la Gracia del Señor. El Señor sabrá pagar su entrega y disponibilidad en este servicio que el Señor le pedía en su Iglesia y que ha sabido ejercer con delicadeza, humildad y tesón en la nunca fácil toma de decisiones en el gobierno diocesano, como último responsable y primer servidor. Gracias, querido D. José Francisco, en nombre de la Diócesis y de la Iglesia.

Y doy gracias al Señor por todos los sacerdotes: ¡Me he encontrado con un clero admirable! Sacerdotes entregados que en medio de muchas dificultades y –en ciertas ocasiones- incom-prensiones, inmersos en tareas a veces no reconocidas, saben servir y entregar en el silencio de los días y en la dureza del ministerio, su vida. El Obispo valora y agradece vuestra generosidad.

Gracias a todos los consagrados que sabéis, en la humildad de vuestra entrega, seguir construyendo Iglesia y ayudándonos a todos a crecer en la comunión de una Iglesia única, rica en carismas y matices.

Gracias a tantos buenos seglares que en sus comunidades saben servir y apoyar el crecimiento y la misión de la Iglesia. Ellos son el verdadero tesoro para seguir llevando a las realidades temporales de nuestro mundo la cercanía, la misericordia y el amor del Señor.

Os pido a todos oración para que pueda ser el Pastor que el Señor quiere de mí y que la Diócesis de Guadix necesita. El Papa Francisco, al inicio de su pontificado, en un encuentro con los nuncios y delegados pontificios, nos ofrecía a los obispos de hoy, en cuatro notas bien concretas, algunos de los rasgos identificativos de nuestra tarea en la Iglesia1. Pido al Señor poder vivirlos en mi recién estrenado ministerio y lo pido también para ser vivido por vosotros en la vocación recibida del Señor:

1.- Que los obispos sean pastores cercanos a la gente, padres y hermanos, que sean amables, pacientes y misericordiosos.

2.- Que amen la pobreza, tanto la interior, que hace libres para el Señor, como la exterior, que es sencillez y austeridad de vida.

3.- Que no tengan una psicología de príncipes.

4.- Que sean pastores con olor a oveja, que se alejen del «carrerismo fácil» y sean «humildes, mansos y estén al servicio del pueblo, para que «no se conviertan en lobos rapaces».

Hago mías, igualmente, las palabras del Papa emérito Benedicto XVI, «me han elegido a mí, un sencillo, humilde, trabajador de la viña del Señor. Me consuela que el Señor sepa trabajar con instrumentos insuficientes y me entrego a vuestras oraciones. En la alegría del Señor y con su ayuda permanente, trabajaremos, y con María, su madre, que está de nuestra parte».

El Santo Papa Juan Pablo II describía la misión de los obispos: «ser obreros en la mies de la historia del mundo con la tarea de curar abriendo las puertas del mundo al señorío de Dios, a fin de que se haga la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Y nuestro ministerio se describe como cooperación a la misión de Jesucristo, como participación en el don del Espíritu Santo, que se le dio a Él en cuanto Mesías, el Hijo ungido de Dios»2. El ministerio episcopal sólo se comprende a partir de Cristo, la fuente del único y supremo sacerdocio, del que el obispo es partícipe. Por tanto, el obispo, decía el Santo Pastor, «se esforzará en adoptar un estilo de vida que imite la kénosis de Cristo siervo, pobre y humilde, de manera que el ejercicio de su ministerio pastoral sea un reflejo coherente de Jesús, Siervo de Dios, y lo lleve a ser, como él, cercano a todos, desde el más grande al más pequeño»3.

2.-Guadix: Iglesia diocesana siempre en misión

 

«Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar…»4. La Iglesia ha sido fundada y querida por Jesucristo para llevar a todos la frescura y la actualidad del Amor y de la Misericordia, la cercanía escandalosa de Dios que nunca abandona y siempre llena la vida de sentido. Existe sólo para esto y sin esta verdad misionera la Iglesia corre el riesgo de convertirse en una empresa humana, en una ONG, en un sindicato o en un club de amigos que desarrollan una serie de actividades para mantenerse o mantener la institución. La Iglesia no es esto, aunque algunas voces interesadas intenten encerrarla en políticas humanas alejadas de la fuerza del Espíritu Santo. Existe para evangelizar y es enviada en nombre de Cristo, que la sostiene y la sustenta con su Gracia. La naturaleza de la Iglesia es vivir la llamada universal a esta identidad constitutiva misionera.

Es la tarea y única misión de toda la Iglesia que existe para evangelizar5. San Juan Pablo II nos recordaba en su primera encíclica programática, algo que nunca hemos de olvidar, cuando afirmaba que «La Iglesia desea servir a este único fin: que todo hombre pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida»6.

Esta es nuestra tarea, nuestra misión y nuestra vocación: encontrarnos con Cristo y ayudar a los demás a vivir este encuentro que cambia la vida. El Papa emérito Benedicto XVI afirma que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»7.

Y el Señor quiere hacer su obra en nuestra Diócesis, en la pastoral ordinaria donde cada día se forja la tarea de la evangelización y de la santidad para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia. Experimentemos la alegría de haber sido llamados a trabajar en la viña del Señor, cada uno con los dones que ha recibido y con la responsabilidad de que todos los carismas recibidos contribuyan al bien común de todo el cuerpo eclesial.

El Papa Francisco nos ha recordado en muchas ocasiones que «la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos. Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial»8.

 Sería muy triste y queda lejos de lo que el Señor quiere hoy para nuestra Diócesis, dedicarnos sólo a mantener lo que ya tenemos. No somos una Iglesia de mantenimiento que trabaja sólo ni prioritariamente para conservar. La Iglesia no ha nacido para ser desierto sino oasis. Ante las dificultades que presenta hoy la inculturación del Evangelio en nuestro mundo, en ambientes ideologizados, tantas veces agresivos y contrarios a la fe y a la presencia de Cristo en la cultura y en la sociedad, podemos caer en el error de intentar resguardarnos en una especie de microclima o burbuja eclesial donde experimentamos la seguridad de lo que nos protege y ya está construido, sin pensar que sólo cerrando el paraguas de la propia confianza podemos recibir la frescura y la vida del agua del Espíritu Santo que nos llama a ser misioneros, a aceptar los retos de caminar fiándonos de la Palabra del Señor y a no llevar nuestro propio bastón, nuestra alforja, nuestro pan, nuestra plata y hasta una túnica de repuesto9.

«Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio»10. A menudo nos puede pasar como aquel siervo del Evangelio que había recibido un talento y al ser preguntado por su Señor, «le dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Mas su Señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes»11.

 Hemos de creer que la Iglesia crece cuando sale de sí misma y es fiel al mandato misionero de Jesús: «Id y haced discípulos…» (Mt 28,19). Nos dice el Papa Francisco, excelente pregonero de este talante misionero de la Iglesia de nuestros días, que «el bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9,16)»12.

Con el Papa Francisco hemos de acoger esta llamada a salir de nosotros mismos, descentrarnos de nuestras seguridades, dejar de vivir en el «ombliguismo», centrarnos en Cristo y salir al encuentro de los que sufren, reconociendo en ellos a Cristo y ayudándoles a experimentar la Misericordia. «La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad»13.

Guadix ha sido siempre una Iglesia en misión, que ha sabido desde su primer misionero y evangelizador, San Torcuato, llevar a cada rincón de la Diócesis y a cada persona a «Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre». Desde el Varón apostólico mártir, pasando por tantos misioneros, hoy la antorcha llega hasta nosotros para llevar la luz a todas las oscuridades de nuestro mundo.

Que nadie en la Diócesis de Guadix viva en la oscuridad del dolor o de la desesperanza porque nunca se ha encontrado con quien le haya señalado con su vida donde está la fuente de la Vida, a Jesucristo y a la Iglesia. Que nos duela, como una verdadera desgracia, que haya hermanos nuestros que carecen de los sacramentos de la Iglesia o que no han encontrado en ellos el verdadero alimento necesario para la dura peregrinación de la existencia humana. Que nos duela que haya hermanos nuestros que no conocen la riqueza de la Palabra de Dios, que no hayan experimentado su consuelo y su Vida.

Una Iglesia diocesana misionera es una Iglesia que constantemente está estimulando su imaginación para que a nadie le falten los medios ordinarios para alimentar su encuentro personal y comunitario con Cristo, alimentando su vida espiritual. Agradezco tantas iniciativas en nuestra Diócesis que constantemente expresan esta preocupación por llegar a todos y llevarles la cercanía de Dios en sus vidas. Recuerdo con gratitud al Señor, iniciativas tan bellas como la realizada en Baza por Cáritas y los profesores de religión, «Jóvenes con corazón», que ha implicado a las generaciones más nuevas para llevar el Amor de Cristo a quienes más solos están. Recuerdo también los cursos de formación en la sede de Cáritas diocesana donde muchos han podido experimentar la belleza de una Iglesia siempre cercana que siembra futuro. Y como ésta, otras muchas iniciativas en nuestras parroquias, movimientos, hermandades y cofradías, comunidades religiosas e instituciones eclesiales. Sigamos por este camino que siembra futuro y a Cristo en el corazón de nuestros hermanos.

Respetando siempre la libertad del anuncio, de una Iglesia que ofrece y no impone, no dejemos de llegar a todos los que no han rechazado a Cristo pero no se han encontrado con quienes les presenten, por encima de clichés y etiquetas interesadas, la verdadera belleza de la fe en Jesucristo y poder vivirlo en la Iglesia. En un ambiente de vieja cristiandad, muchos no han descubierto la gran alegría de poder vivir la vida de los sacramentos, que no suelen considerar necesarios para sus vidas. ¿No hemos de cuestio-narnos, personal y eclesialmente, por no haber sido verdaderos misioneros atractivos para todos?

Como toda la Iglesia, desde el inicio de la evangelización, nuestra Diócesis de Guadix ha de ponerse en estado de misión: cada persona, cada parroquia, cada grupo o comunidad debe hacer camino misionero para llevar a sus coetáneos el anuncio del Evangelio hoy. Que a todos, especialmente los que más sufren, les llegue el Evangelio porque todos somos misioneros de la alegría del Evangelio. Esa será la verdad de nuestra fe: nuestro encuentro con Cristo nos lleva siempre a vivir la comunión eclesial y nos lanza a ser apóstoles en la común misión de llevar a todos los hombres a Jesucristo.

  

3.- Octubre, mes misionero extraordinario: Bautizados y enviados. La Iglesia de Cristo en misión en el mundo

 

El 30 de noviembre de 2019 se cumple el centenario de la promulgación de la Carta Apostólica Maximum illud, con la que Benedicto XV quiso dar un nuevo impulso al compromiso misionero de anunciar el Evangelio. Con este motivo, acogemos con alegría el mes misionero extraordinario, el próximo octubre, que el Papa ha querido promulgar para toda la Iglesia: «El mes misionero extraordinario sea un tiempo de gracia intensa y fecunda para promover iniciativas e intensificar de manera especial la oración – alma de toda misión-, el anuncio del Evangelio, la reflexión bíblica y teológica sobre la misión, las obras de caridad cristiana y las acciones concretas de colaboración y de solidaridad entre las Iglesias, de modo que se avive el entusiasmo misionero y nunca nos lo roben».

El Papa ha encomendado a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales Pontificias, la animación de este evento. Después de una amplia consulta a las Iglesias locales, se ha realizado una Guía para preparar y vivir el Mes Misionero Extraordinario Octubre 2019. Es un subsidio realizado con los aportes provenientes de cristianos de todo el mundo. El delegado diocesano de misiones os irá acercando a todos, desde la página web de la Diócesis, los textos que nos ayudarán a inspirar la creatividad en nuestra Iglesia local y la de los fieles cristianos para afrontar los desafíos inherentes a la evangelización, a partir de la misio ad gentes y del propio contexto.

Nuestra delegación diocesana nos ayudará a vivir durante todo el año las dimensiones espirituales que el Papa Francisco quiere incentivar convocando este Mes Extraordinario: el encuentro personal con Jesucristo vivo en la Iglesia, el testimonio de los santos y de los mártires de la misión, la formación catequética para la misión y la caridad misionera.

Quiera el Señor que podamos acoger y trabajar en nuestras comunidades este regalo que el Señor nos hace por medio del Papa Francisco. Como nos ha indicado el Cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y Presidente del Comité Supremo de las Obras Misionales Pontificias, en una carta dirigida a todos los Obispos ordinarios, «la finalidad espiritual, pastoral y teológica de este Mes Misionero Extraordinario consiste en reconocer, vivir y convencernos de que la misión es y debe ser cada vez más el paradigma de la vida y de la obra de toda la Iglesia y, por lo tanto, de todo cristiano. Convirtiendo nuestros corazones y nuestras mentes en discípulos misioneros, el Espíritu nos empuja a salir al mundo para anunciar a Cristo crucificado y resucitado. Volver a poner la misio ad gentes- en sus diversos aspectos- en el centro de la vida de la Iglesia y reconocer la misión de Jesús como corazón e identidad de la Iglesia nos hace redescubrir la genuina y desafiante relación que Dios tiende con el mundo amado, creado y redimido por Él (cf Jn 17; Ef 1)».

En nuestra Diócesis de Guadix, además de otras actividades a nivel parroquial, la delegación de misiones preparará una celebración eucarística, a nivel diocesano, que celebraremos el domingo de la Jornada Mundial de las Misiones y animará a las parroquias a celebrar vigilias misioneras, al rezo familiar del santo rosario por las intenciones misioneras -en contacto con la delegación diocesana de familia y vida-, actividades misioneras con los jóvenes -en contacto con el delegado diocesano de juventud y pastoral vocacional-. La celebración misionera extraordinaria que nos pide el Papa será una orientación pastoral transversal para todas nuestras actividades diocesanas durante el curso que iniciamos y nos ayudará a fortalecer la identidad misionera de toda la Iglesia y de nuestra vida diocesana, más allá de la celebración de este evento extraordinario.

 

4.-Visita pastoral del Obispo a la Diócesis: todos en misión

 

En el contexto de una Iglesia misionera y en salida, deseo iniciar con alegría, en este curso, la visita pastoral a cada uno de los arciprestazgos y a todas las comunidades parroquiales, a cada una de las instituciones eclesiales de nuestra Diócesis14. No es un acto puramente administrativo, sino que su naturaleza es eminentemente pastoral. «Es la Visita del Pastor que corrige, anima, constata las dificultades de la comunidad parroquial, ayuda a buscar unos caminos comunes de evangelización, estimula a crecer en el amor a Jesucristo y conoce la labor apostólica de los laicos y sacerdotes» 15. La norma canónica, al hablar de la Visita Pastoral, la declara como necesaria y obligatoria.

Anhelo y quiero, no sólo por cumplir prescripciones canónicas necesarias, hacer la visita pastoral. Quiero llevar a Jesucristo en mi ministerio a todos los que formamos esta bella Iglesia diocesana. Visitar todas las parroquias; tener tiempo amplio para estar con los sacerdotes; ver y valorar su trabajo; conocer directamente sus dificultades; compartir sus preocupaciones; acoger sus peticiones; encontrarme con todos los fieles en los diferentes grupos donde viven su fe, celebrando juntos la vida cristiana; visitando a los enfermos en sus hogares; saludando y mostrando mis respetos a las autoridades locales en los diferentes Ayuntamientos, mostrándoles mi plena disponibilidad para trabajar por el bien común; visitar también los centros de trabajo (fábricas, empresas, oficinas, talleres, etc.).

El Obispo quiere estar en todos los lugares donde esté presente la realidad diocesana, las personas que formamos la Diócesis. El Papa Francisco es un gran espejo para poder gastar mis mejores energías en este servicio. Constantemente, el Papa nos alienta a salir al encuentro de todos, a ir a donde está la gente, a no esperar a que vengan, a tener un corazón misionero y evangelizador, para llevar a todos la cercanía de Jesús. Y quiero ser misionero que se canse en este servicio precioso de estar con los demás.

La visita pastoral es una de las principales tareas del Obispo en su servicio de gobierno, un tiempo auténtico de gracia y un momento único para el encuentro y el diálogo del Obispo con los fieles16. La Visita Pastoral es una de las instituciones más antiguas en la vida de la Iglesia, cuyos precedentes nos llevan a la época apostólica, con plena vigencia en la época patrística y potenciada y consolidada en todas las épocas posteriores. Está presente en los grandes concilios de la Iglesia y fue considerada como un instrumento clave en el Concilio de Trento en sus planes de reforma. Está recogida en el CIC de 1917, así como en el CIC de 1983. Asimismo, está presente, con un párrafo en el capítulo V, en la exhortación postsinodal Pastores gregis de 2001 y se recoge en el nuevo Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos de 2004, Apostolorum successores, donde cuenta con toda una sección en el capítulo VIII. El Concilio Vaticano II la menciona en el Decreto Christus Dominus, donde sitúa esta visita entre las tareas en las que el Obispo puede «realizar sus funciones pontificales y llevar a cabo convenientemente las vistas pastorales, dirigir y coordinar adecuadamente todas las obras de apostolado de la Diócesis, sobre todo conocer a sus sacerdotes y a los religiosos y laicos que participan de algún modo en las tareas diocesanas»17.

Es un momento, igualmente privilegiado, para que el Obispo pueda escuchar con tranquilidad y reanimar «las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos»18. Se convierte en una verdadera herramienta para la dinamización pastoral y el incremento de la vida cristiana.

Por la importancia de este evento pastoral en nuestra Diócesis, se nos invita a una verdadera preparación pastoral y espiritual. A partir del material que se facilitará a las parroquias, cabe organizar un ciclo de catequesis específicas sobre la naturaleza de la Iglesia, la comunión jerárquica y el episcopado, y sobre el significado y finalidad de la Visita para reuniones de grupos apostólicos, clases de Religión, homilía de los domingos previos, etc. Pero, sobre todo, conscientes de que la oración es el alma de toda pastoral, hay que encomendar al Señor el fruto de la Visita desde las propias comunidades y encomendarlo a la oración de nuestras hermanas contemplativas, etc. Asimismo, las parroquias tendrán a su disposición unas estampas con la oración por los frutos de la Visita y carteles para anunciar los días de la Visita Pastoral en los templos y otros lugares públicos de la feligresía.

En estos primeros meses ya he podido palpar el gran trabajo y servicio precioso de sacerdotes, consagrados y laicos en nuestra Iglesia diocesana. Estoy seguro que la Visita Pastoral me ayudará para seguir dando gracias al Señor y admirar el trabajo entregado de los presbíteros, la magnífica colaboración de los seglares, el permanente trabajo por transmitir la fe en la catequesis, en la formación de los diferentes grupos, la vida y colaboración de las hermandades y cofradías. Estas últimas son un tesoro en nuestra Diócesis, verdadero dique contra la secularización. Su labor es muy importante en la realidad diocesana. En comunión con el párroco, llevan adelante el culto a sus sagrados titulares, celebran intensamente la Semana Santa en cada parroquia y las fiestas de gloria, así como las romerías y fiestas patronales.

En el marco de la Visita Pastoral, en contacto con la delegada de enseñanza de la Diócesis y los profesores de religión, estudiaremos la posibilidad de poder acercarme a los diferentes centros educativos, siempre observando las leyes actuales y las disposiciones internas de los centros educativos, pudiéndome acercar a muchos niños y jóvenes que tienen el derecho de conocer de cerca al Obispo. Y donde haya presencia religiosa o personas consagradas, bendición para las parroquias y nuestra Iglesia diocesana, el Obispo querrá agradecerles su servicio y fecundidad en la vida de las comunidades eclesiales.

La Visita Pastoral también nos ayudará a actualizar el inventario de bienes muebles e inmuebles, así como a inventariar todos los objetos parroquiales. Pediré al delegado episcopal de patrimonio que vaya preparando la Visita Pastoral en cada una de las comunidades, ayudando a los sacerdotes y preparando a laicos competentes para hacer un buen inventario actualizado. Será el mejor archivo patrimonial que quedará en nuestro Archivo diocesano para la historia y que podemos legar también a las generaciones posteriores. La Visita Pastoral será momento, asimismo, para poner a punto el archivo parroquial, la contabilidad y economía parroquial, así como ocasión propicia para aclarar situaciones ambiguas en cuanto a propiedades y catastro.

Toda la Diócesis hace junto al Obispo la Visita Pastoral. Todos nos ponemos en oración y en camino para acompañar al Pastor y a cada comunidad cristiana, que viven este momento especial de Gracia apostólica y eclesial.

Cada parroquia elevará peticiones y sostendrá con la oración y los bienes espirituales que la Iglesia tiene como verdadero patrimonio, al Obispo y a la Diócesis en este acontecimiento de la misericordia del Señor. La Curia diocesana se pondrá al servicio de esta tarea, cada uno desde su campo, porque es tarea diocesana prioritaria y la Curia está para servir a la Diócesis y ayudar al Obispo en esta misión y servicio: acercarse a su pueblo y que el pueblo de Dios conozca de cerca a su Pastor, para estímulo de fe de todos.

Quiero organizar la Visita Pastoral para que en tres años pueda haber recorrido toda la Diócesis. Con la ayuda de Dios, este curso, iniciando en el segundo trimestre, haré la Visita Pastoral a los arciprestazgos del Marquesado y Fardes-Los Montes.

En el primer trimestre me reuniré con los arciprestazgos que recibirán la Visita Pastoral del Obispo en este curso y podremos programarla juntos. Pediré a los sacerdotes que, para ayudarme, me preparen un informe parroquial sencillo, en el que se detalle la situación de la parroquia a todos los niveles. Esto nos permitirá tener una relación actualizada de la situación pastoral de cada parroquia. Pediré también a los Arciprestes que hagan, en el libro de las Visitas Pastorales de la Diócesis, una crónica, una vez realizada la Visita, que pasará también al Archivo diocesano.

En los Lineamenta de la X Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos del año 2001, dedicada precisamente al ministerio episcopal, se decía que «mediante la visita pastoral, el Obispo se presenta concretamente como principio visible y fundamento de la unidad de la Iglesia particular y ella «refleja de alguna manera la imagen de aquella singularísima y totalmente maravillosa visita, por medio de la cual el sumo Pastor (1 Ped 5,4), el Obispo de nuestras almas (cf. 1 Ped 2,25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo» (cf. Lc 1,68)»19.

Los fines fundamentales de la Visita son: la revitalización de las comunidades cristianas, el impulso a la pastoral de la santidad, el incremento de la comunión eclesial y la reanimación de las energías de los agentes de la pastoral parroquial, agradeciéndoles, felicitándoles, animándoles y estimulándoles, en orden a una acción apostólica más intensa20.

La Visita Pastoral es expresión de la imagen del Pastor que está cerca de su pueblo y que el Papa Francisco describe con tanto realismo y claridad: «Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan «psicología de príncipes». Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos»21.

Os animo a todos a hacer de esta experiencia pastoral un verdadero momento de comunión, de adhesión eclesial y de crecimiento en la fe.

 

5.- Guadix: Iglesia martirial que mira con Esperanza al futuro

 

La historia de la Iglesia está inundada de mártires, es decir, personas dispuestas a jugarse la vida por Jesucristo y su Evangelio. Y al jugarse la vida, la han perdido, la han entregado voluntariamente, ganando de esta manera la vida eterna que Cristo nos ha prometido. «Si alguno quiere venir en pos de mi, que se niegue a sí mismo, tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lc 9,23-24). A lo largo de la historia de la Iglesia, desde san Esteban, el primer cristiano que sufrió el martirio, miles, millones de cristianos han sido asesinados a causa de su fe. Este hecho, con el paso del tiempo, no ha disminuido, sino que ha ido aumentando, hasta el punto que se puede decir que nunca ha habido tantos mártires como en el siglo XX. Lo afirma, en su cuenta de Twitter22, el Santo Padre, donde dijo que «actualmente hay muchos cristianos asesinados y perseguidos por el amor a Cristo». «Dan su vida en silencio, porque su martirio no es noticia: pero hoy, hay más mártires cristianos que en los primeros siglos».

Más aún, nuestra época es fecunda en mártires por todas las latitudes del orbe católico. El siglo XX es el siglo de los mártires. Y a día de hoy, la religión cristiana continúa siendo la más perseguida en todo el mundo. La ideología marxista, que pretende borrar a Dios de los corazones y de la historia, las posturas totalitarias de cualquier signo, los fundamen-talismos religiosos, el aplastamiento de las minorías religiosas por parte del poder, etc. han generado muchedumbre de testigos de Cristo hasta el extremo de sellar ese amor con su propia sangre.

También en España, también en nuestra Diócesis de Guadix, la muchedumbre de mártires es incontable y contamos entre nuestros mejores hijos con una legión de mártires de todos los tiempos. En la época romana, en la visigoda, en la época musulmana, en todas las épocas ha habido cristianos de Guadix que se han jugado la vida por Jesucristo y la han perdido, ganándola para la vida eterna. El recuerdo emocionado de estas vidas es un estímulo permanente para los discípulos de Cristo de todos los tiempos.

Son historias que proclaman que el amor del testigo es más fuerte que el odio del verdugo, que el poder de la fe y del amor a Cristo triunfa sobre la muerte, que el perdón ha prevalecido sobre la ofensa. La última palabra la tiene el amor, que vencerá todas las miserias humanas. Y por todo ello damos gracias a Dios, porque «la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos» (Tertuliano).

El Papa, en su discurso a la Curia Romana por la fiestas de la pasada Navidad, denuncia los terribles casos de persecución y exterminio de los cristianos, la minoría religiosa más sacrificada del mundo. En muchos  países los cristianos son perseguidos hasta la marginación social, exilio o muerte. En este sentido afirma el Papa Francisco: «Cuántos cristianos, en tantas partes del mundo, viven todavía hoy bajo el peso de la persecución, la marginación, la discriminación  y la injusticia. Qué difícil es vivir hoy libremente la fe en tantas partes del mundo donde no hay libertad religiosa y libertad de conciencia.  Cuánta sangre inocente se derrama cada día. Cuánta inhumanidad y brutalidad nos rodea por todas partes. Vivimos en realidad una nueva era de los mártires, parece  que la persecución cruel y atroz del imperio romano no tiene fin. Continuamente nacen nuevos nerones para oprimir a los creyentes, solo por su fe en Cristo. Nuevos grupos extremistas se multiplican, tomando como punto de mira iglesias, lugares de culto, ministros y simples fieles. Viejos y nuevos círculos y conciliábulos viven alimentándose del odio y de la hostilidad hacia Cristo, la Iglesia y los creyentes»23.

Hoy la libertad religiosa es uno de los derechos fundamentales del hombre, pero este derecho es conculcado en muchas regiones del mundo, dándose la circunstancia que tres de cada cuatro creyentes perseguidos, son cristianos. Todo ello viene a decirnos que una parte importante de la Iglesia, del Cuerpo místico de Cristo al que todos pertenecemos, sigue siendo perseguido y crucificado en muchos lugares. Vivimos en una época de mártires.

El martirio cristiano no es buscado en sí mismo, pero cuando llega normalmente viene a avalar una coherencia entre fe y vida. Está siempre animado por una fe y esperanza muy sólidas, por una ardiente caridad y en él se hace visible la virtud de la fortaleza. El mártir es un hombre o mujer de una fe consolidada y que a la hora del martirio muchas veces expresa su confianza absoluta en que Dios le socorre y cumplirá en él las promesas de vida eterna. El martirio es así el testimonio más alto de fe cristiana al que se llega por amor a Dios y al prójimo. Ello queda patente en que los enemigos o verdugos son siempre los primeros abrazados por los mártires, pues siempre mueren otorgándoles su perdón y rogando por su salvación.

Así, en el martirio, la entrega por amor, que es el distintivo de los cristianos de todos los tiempos, se radicaliza, en una especie de santa y misteriosa compensación de la radicalización del mal y del odio a la fe de los que los cristianos son víctimas inocentes. Lo meritorio del martirio no es tanto la muerte en sí, sino la caridad, que es lo que da valor y hace agradable a Dios cualquier sacrificio o acto humano.

Para la Iglesia el martirio de sus hijos es evidentemente un hecho cruel e injustificable causado actualmente por el terrorismo o por otros poderes perseguidores, antireligiosos o anticristianos. Pero también es un don, una gracia que Dios hace a algunos o a muchos de dar el supremo testimonio, y en el que Dios es glorificado.

El martirio cristiano tiene que ver con la unión que en Cristo tenemos los unos con los otros. Sucede en la Iglesia, con la Iglesia y por la Iglesia. En el martirio de sus hijos la Iglesia entera ve reforzada su identidad y acrecentado su impulso misionero.

¡No olvidemos a nuestros mártires!, a los que pueden estar muriendo por Cristo en este momento, a sus familias y a los que padecerán el martirio. Su muerte por estar unida a la de Cristo, es fuente constante de gracia y de vida divina para todos nosotros. Por ello, aunque los medios de comunicación pasen de puntillas sobre estos acontecimientos, nosotros sabemos que en las categorías del Reino de Dios, ellos son los primeros y deben estar siempre presentes en nuestras oraciones y pensamientos, como lo estaban en los de las primeras comunidades cristianas que hallaban en su recuerdo permanente motivación para reavivar el fuego de su amor a Cristo y permanecer firmes en su fe.

En el martirio, los cristianos dan la vida por Cristo y se configuran profundamente con Él. Cristo es el primer mártir y su modelo. En los mártires la semejanza con Cristo llega a su punto más álgido, dándose en ellos la plenitud de la gracia del Bautismo. Como Él, son perseguidos y experimentan los sufrimientos, consecuencia de la misión de anunciar a través de sus palabras y de sus vidas, todo cuanto el Padre ha querido revelar en la persona de su Hijo para la salvación de los hombres.

 La Diócesis de Guadix está construida en la sangre de los mártires, es tierra de martirio. Los mártires son los mejores hijos de nuestra Iglesia que siguiendo a Jesucristo, el primer mártir y quien da sentido al martirio en la vida de la Iglesia, supieron entregar sus vidas sin vacilaciones en nombre de Jesucristo y perdonando a quienes los martirizaban.

Entre quienes son la gloria de nuestra historia martirial están San Torcuato, primer mártir, fundador y patrón de la Diócesis; San Fandila, muy querido en el barrio de San Miguel de Guadix; Santas Alodía y Nunilón, mártires, patronas de Huéscar y Puebla de Don Fadrique; San Francisco Serrano, Patrón de Huéneja; Santo (Beato) Marcos Criado, trinitario, de gran devoción en La Peza, lugar de su martirio; San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana y cuya devoción está muy arraigada en la identidad de la Iglesia de Guadix; Beato Manuel Medina Olmos, muy querido en Lanteira, su pueblo natal y en todo Guadix donde era Obispo en el momento de su martirio; Beato Fortunato Arias, con mucha devoción en Almaciles, su pueblo natal, y en Puebla de Don Fadrique; al igual que todos los mártires de la Diócesis que fueron beatificados en la Iglesia hermana de Almería.

El día en que se hacía público mi nombramiento como Obispo electo de Guadix os decía algo que ahora voy ratificando en mi conocimiento directo de la realidad de esta Iglesia local: «Guadix tiene una rica e intensa historia de fe: un verdadero patrimonio espiritual que arranca en los albores del cristianismo, en el siglo I. Considerada la Diócesis más antigua de España, tiene en su Patrón, primer evangelizador de Acci y primer Obispo del rico episcopologio, San Torcuato, un verdadero espejo para que un sucesor de los apóstoles encuentre, en su martirio, la verdadera medida de la entrega que el Señor hoy nos sigue pidiendo. El varón apostólico que con el Apóstol Santiago hizo florecer el evangelio en España, encienda y proteja nuestros deseos de seguir evangelizando. Pronto podré venerar su santo brazo y ante sus reliquias pedir para que los accitanos encontréis en mi lo que el Buen Pastor quiere para vosotros: proseguir la tarea evangelizadora, santificadora y de gobierno, continuando la larga serie de pastores que han servido a esta venerable Iglesia de Guadix. En la rica historia de los santos y mártires accitanos, San Torcuato, San Francisco Serrano -dominico y natural de esta diócesis-, San Pedro Poveda, el Beato Manuel Medina y los mártires de todos los tiempos, quiero poner mi ministerio episcopal y mi vida entre vosotros».

5.1 Causa de los mártires de la guerra civil

Hemos iniciado hace unos meses, con varias reuniones con los expertos, el preludio de lo que será la fase diocesana del Proceso de Canonización de los Mártires del siglo XX, que ha de animarnos a todos a vivir hoy nuestro testimonio de fe.

Los mártires que la Iglesia nos propone como ejemplo no son caídos de la guerra. No estaban en el frente, y una bala les alcanzó produciéndoles la muerte en la contienda bélica. No. Fueron buscados en sus casas y en sus conventos, en la parroquia o el círculo católico sencillamente porque eran curas, seminaristas, monjas o seglares de Acción Católica o de la Adoración Nocturna. Fueron buscados por ser cristianos, para arrancar a Dios del corazón y de la historia de los hombres, y ellos resistieron firmes en la fe. Todos estos mártires han muerto dando la cara, bendiciendo y perdonando a quienes los ejecutaban, como hizo Cristo desde la Cruz: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Los mártires, por tanto, son factores de reconciliación y de paz para la convivencia. No reivindican ningún partidismo, sino que vienen a ofrecernos el testimonio limpio de su fe. Ellos nos enseñan lo más puro del Evangelio: el perdón a los enemigos, por encima de los colores políticos y de las barbaridades inventadas para hacerlos claudicar.

Siguiendo la exhortación de San Juan Pablo II al inicio del Tercer Milenio: «Es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible para no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio»24. Nuestra Iglesia de Guadix, que ha sido regada en la persecución religiosa del sigo XX con la sangre de mártires, quiere y debe ser memoria viva del precioso testimonio de estos discípulos del Señor Jesús: 17 sacerdotes hermanos nuestros en el presbiterio que nos precedieron en el servicio al pueblo de Dios y 16 jóvenes seglares que sentían la alegría de ser cristianos en el corazón de la Iglesia y en el mundo, quienes nos hablan de la importancia del laicado asociado que vive su vocación en los variados ambientes de la sociedad.

A la cabeza de este grupo de mártires está el sacerdote Andrés Avelino Aguilera Huertas, párroco de Benalúa, que, a la edad de 62 años, culminaba su ministerio sacerdotal inmolado por odio a la fe. Junto con él, otros 16 sacerdotes, de toda la geografía diocesana y de diversas edades, como los jóvenes presbíteros Pedro José Máximo Vico Martínez, de 24 años, recién ordenado; Justo Cabrera Gutiérrez, párroco de Charches, de 27 años; Eduardo González Liria, coadjutor de Orce, de 28 años; Antonio Rafael Huete Caballero, coadjutor de Castril, de 29 años; y Nicolás García Alcalde, coadjutor de Huéneja, de 30 años.

Compañeros mártires fueron también sacerdotes beneméritos de larga andadura en la cura pastoral como Francisco Molero Muñoz, beneficiado de la Catedral, de 68 años; Adrián González Castillo, párroco de Almaciles, de 66 años; y Pedro Castillo Martínez, párroco de Santiago de Baza, de 63 años. También otros 8 sacerdotes, de entre 37 y 59 años, algunos de los cuales lograron agrupar a un buen número de jóvenes en la Acción Católica, decididos a vivir su compromiso bautismal hasta sus últimas consecuencias. No fueron cobardes ni pusilánimes los 13 muchachos que sacrificaron sus vidas por Cristo en tan pronta edad, como fue el caso de Ángel Lozano Ruiz, accitano de 21 años; Javier Molina Martínez, bastetano de 23 años; o los ocho jóvenes de Acción Católica de Huéscar.

Contamos también con un mártir seminarista, Zacarías Carvajal Herrera, natural de Huéneja y de 22 años, así como un joven esposo y padre de familia, Fernando Villalobos Jiménez, abogado de 30 años, natural de Orce.

El presbiterio de Guadix junto con su Obispo está constituido en parte actora de la causa de canonización de estos mártires. El 5 de mayo de 2019 se formó la Comisión Histórica con personal competente con el fin de reconstruir sus biografías completas y poderlas presentar a los obispos de la provincia eclesiástica y a la Santa Sede para recabar el Nihil Obstat y poder así abrir oficialmente el proceso diocesano de canonización.

También por parte de los párrocos, donde nacieron, ejercieron su ministerio o murieron estos mártires, se están recopilando testimonios de sus muertes y su fama de martirio, con la certeza de que el conocimiento y la consideración del admirable sacrificio de sus vidas por amor a Cristo y a su Iglesia, nos propiciará un impulso evangelizador y un nuevo despertar de la fe y del vigor cristiano en nuestra acrisolada tierra, en los pueblos y parroquias de nuestra Diócesis de Guadix.

5.2 Beato Medina Olmos: año jubilar diocesano, concedido por el Papa a Guadix

 Guadix viste sus mejores galas este curso para celebrar una gran efeméride que toca el corazón de nuestra noble y martirial historia: el 150 aniversario del nacimiento del Obispo mártir, Manuel Medina Olmos, y el XXV aniversario de ser proclamado beato. El pasado 10 de octubre de 2018 se cumplían 25 años de que San Juan Pablo II lo proponía como modelo de santidad para toda la Iglesia. Para nuestra Diócesis de Guadix es un altísimo honor recibir esta gracia de uno de sus presbíteros Obispo. Es una ocasión diocesana para reconocer la deuda histórica que tenemos con este hermano nuestro, cuya memoria ha sabido guardar celosamente la Diócesis a la que sirvió como Obispo y en la que recibió la gracia del martirio.

El año jubilar que nos ha concedido el Papa Francisco se prolongará desde el 30 de agosto de 2019 hasta el 30 de agosto de 2020. Un año para la fiesta, para la celebración, para la catequesis, para crecer en la fe y el impulso misionero que nuestro Obispo mártir es hoy para toda la Iglesia y, especialmente, para todos los que peregrinamos en la Diócesis de Guadix.

¡Todos a Lanteira, su pueblo natal¡ ¡Todos a la Catedral¡, sede desde la que sirvió a la Diócesis de Guadix! Durante este año, desde la Diócesis, desde las delegaciones y secretariados diocesanos y desde la misma parroquia de Ntra. Sra. de la Anunciación, os iremos ofreciendo e informando puntualmente de la posibilidad de peregrinaciones, encuentros, momentos de oración y celebraciones, tanto en su pueblo natal como en nuestra S.A.I. Catedral.

Agradezco al Párroco de Lanteira la buena disposición y la alegría con la que ha acogido este proyecto diocesano y en el que tanto se ha implicado. Soñamos con recuperar la casa natal del Beato y poder convertirla en testigo histórico de la vida de quien supo amar hasta el extremo y morir consecuentemente a como había vivido, en la fuerza de la Gracia, porque el martirio siempre es un don. En el mismo Guadix estamos también trabajando para tener un lugar expositivo que ayude a todos los que nos visitan a conocer la vida y el testamento espiritual del Beato. Igualmente podremos peregrinar juntos a los lugares donde el Beato Manuel Medina Olmos ejerció su ministerio sacerdotal y episcopal. Un momento privilegiado será la peregrinación diocesana al Sacromonte de Granada, donde fue Rector de su insigne Colegio. En colaboración con los arciprestes, la Vicaría General elaborará un calendario para que cada arciprestazgo pueda peregrinar a los lugares santos del Obispo mártir: Lanteira y la Catedral. También cada parroquia, cada grupo, cada comunidad e institución, al habla con el párroco de Lanteira y con el Deán de la Catedral, podrán organizar visitas y actividades pastorales.

Con este motivo, el pasado 30 de agosto abrimos con una solemne Eucaristía en Lanteira, localidad natal del Beato mártir, el año jubilar diocesano en el que podamos celebrar en nuestra Iglesia local el júbilo por el regalo de este mártir Obispo, que nacido en nuestra tierra, es elevado a los altares y propuesto como espejo de santidad para toda la Iglesia. Será un año de gracia abundante para la Iglesia universal, y una ocasión privilegiada para animarnos a poner los medios necesarios para afrontar con nuevo ardor, nuevo entusiasmo y nuevos métodos la nueva evangelización a la que se nos envía y que es tan urgente en nuestra época.

El Jubileo es un tiempo de gracia destinado a promover la santidad de vida. Ha sido instituido para consolidar la fe, favorecer las obras de solidaridad y la comunión fraterna en el seno de la Iglesia y en la sociedad, en definitiva para recordar y remover a los creyentes a una profesión de fe más sincera y más coherente en Cristo Salvador. Es una invitación abierta a todos los cristianos y también a los que se encuentran distantes en la fe y desean volver de nuevo a la vida cristiana. Durante el Año Jubilar la Iglesia concede la indulgencia plenaria, que es una gracia que ayuda al cristiano a hacer camino con la voluntad de convertirnos y reconciliarnos con Dios. Esta gracia también puede ser aplicada a los difuntos como signo de amor hacia ellos.

Nuestro Obispo, beato y mártir, nació en Lanteira (Granada) Diócesis de Guadix, en 186925. Inició sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Guadix y tras recibir el sacerdocio a los veintidós años, obtuvo el doctorado en Sagrada Teología y las licenciaturas en Derecho y Filosofía y Letras. La tesis doctoral versó sobre la obra del Padre Suárez.

En la Colegiata del Sacromonte de Granada fue Rector de su insigne Colegio. Allí conoció al joven alumno Diego Ventaja de quien fue tutor y maestro. Tuvo gran vinculación con Don Andrés Manjón, fundador del Ave María, de quien fue nombrado albacea testamentario. Es notable la redacción de numerosísimas obras de teatro infantil, como recurso pedagógico para los niños de las escuelas Avemarianas. Lo que hoy llamaríamos pedagogía activa y dramatización, lo inauguran en España los pedagogos granadinos: Manjón, Medina y Poveda.

Preconizado obispo auxiliar de Granada, recibió la consagración episcopal el 26 de mayo de 1926. A los dos años, el 12 de octubre de 1928, era nombrado obispo de Guadix. En varios documentos y cartas pastorales acepta el nuevo régimen republicano, sin que ello fuera óbice para su martirio. Aquí le sorprendería el alzamiento militar y el desbordamiento de la revolución. La semana desde el 20 de julio de 1936 fue de continuos sobresaltos. La Guardia Civil se sublevó, pero pronto fue bloqueada en el cuartel, inmediato al Palacio Episcopal, por las milicias revolucionarias a las que el Gobernador había entregado armas.

Unos días antes del 18 de julio, don Manuel, predicando en la Catedral, había dicho: «Yo he ofrecido a Dios mi vida por la salvación de España y el Señor ha aceptado». A todos los que estaban con él en palacio les aconsejó, el 24 de julio, que se confesaran. A quien le preguntó por qué no se había quedado en Granada, respondió: «porque tengo que estar en mi sitio». Y «daría con gusto mi vida por las ovejas, como el Buen Pastor, y consideraría una suerte ser mártir».

La víspera de Santiago, monseñor Medina recomendó a los que estaban con él en el colegio de la Divina Infantita, situado al lado del Palacio, que hiciesen confesión general, dando ejemplo él mismo. Le brindaron oportunidad de marchar a su pueblo de Lanteira, a lo que se negó por considerar que constituía dejación de sus funciones abandonar el puesto en momentos de peligro.

A las diez de la mañana del 27 de julio, el alcalde de Guadix con dos cabos, dos carabineros y unos paisanos, practican un registro en Palacio, cacheando al obispo y obligándole con violencia a entregar todo lo que estimaron valioso. Se le despojó de la birreta, del anillo pastoral y de la cruz pectoral. Junto a los sacerdotes Domingo Arce Manjón, Pérez López y Vargas Roda, los hicieron entrar en un automóvil para ser conducidos a la estación del ferrocarril de Guadix. Allí subieron a los demás a un vagón de transporte para ganado, que iba a llevarlos a Almería.

El día 27 de julio, al atardecer, el gobernador civil de Almería telefoneaba a Mons. Ventaja, Obispo de Almería, para preguntarle si tenía dificultad en recibir en la casa donde estaba al obispo de Guadix. Don Diego aceptó gustoso. Unos minutos después llegaba un automóvil a la puerta de la casa del vicario Ortega. Los expulsos de Guadix bajaron destrozados. Don Diego y don Manuel se abrazaron emocionados. La Providencia, que los había unido en vida en todos sus ministerios pastorales, los iba a unir definitivamente a la hora del testimonio final.

Se acomodaron como pudieron. El 5 de agosto, fiesta de Ntra. Sra. de las Nieves, se presentaron los milicianos y les llevaron a la comisaría. Los dos obispos iban de sotana y don Diego llevaba su pectoral. Por el camino tuvieron que escuchar toda clase de amenazas y blasfemias. Les interrogaron y les devolvieron a casa. Había sido un amago.

Pero el 12 de agosto por la mañana llegó un coche de la policía y se llevó a los dos obispos y a los cuatro sacerdotes. Se dirigieron a la prisión que habían instalado en el Convento de las Adoratrices, después de desmantelarlo y echar a las religiosas. En las paredes se podía leer aún: «Alabado sea el Santísimo Sacramento». Los trasladaron a la sala grande del convento, atestada de sacerdotes, religiosos y católicos. Allí, don Diego tuvo el consuelo de encontrarse con el jesuita P. Luque, su confesor y director espiritual durante el año de su pontificado, y aprovechó la oportunidad para confesarse. Los obispos, ya vestidos de seglar, rezaban con los presos el santo rosario.

Pasaron días de constantes sobresaltos, escuchando noche tras noche la lectura de interminables listas de presos -lo que llamaban la «saca»-, bien para trasladarlos al barco, bien para darles el conocido «paseo».

En la mañana del 28 de agosto los dos obispos y los sacerdotes ingresados con ellos en las Adoratrices, junto a más de otros 40 sacerdotes y paisanos, fueron subidos a unos camiones que les bajaron al barco carbonero prisión Astoy-Mendi.

 Allí les recibieron con un griterío impresionante. María Salinas testimonia que acudiendo a las Adoratrices como cada día con la cesta de comida para los presos, al verlos salir, preguntó a Luis Fernández, jefe de aquella prisión: «¿A dónde los llevan, por favor?». Él respondió: «Ya estarán fregando la cubierta del Astoy-Mendi en el nombre del Sagrado Corazón, de la Santísima Trinidad y de todos los Santos». El Astoy-Mendi, carguero de mineral, no tenía más respiración en su bodega que la misma entrada de la escotilla. A la derecha de la escalera se acomodaron, como pudieron, los dos obispos. Desde el primer momento tuvieron que vestir, como todos los presos, calzón corto azul y camiseta.

La primera tarde fueron llevados al acorazado Jaime I, fondeado también en el puerto para palear carbón desde las carboneras a la boca del horno. Tras el agotador trabajo, fueron devueltos al Astoy-Mendi, cursando el capitán de que todos los que fueren sacerdotes o profesores se tenían que inscribir en una lista para ser devueltos a la prisión de las Adoratrices. Los presos recibieron un trato brutal en el Astoy-Mendi, al que se unía el calor asfixiante de la bodega del barco, sin luz y sin ventilación.

La noche del día 30 de agosto, mientras los presos se hacinaban en la bodega, en el Comité Central y en el Comité de Presos confeccionaban las listas para el próximo «paseo». Las «sacas» se hacían entre las doce y las dos de la mañana.

Las ráfagas de luz del faro del espigón largo del puerto iluminaban al grupo. Se detuvo junto a la escalerilla del Astoy-Mendi una camioneta conducida por Joaquín Solvas, a quien algunos testigos se refieren como Diego García «el Cura». Con él venían varios milicianos armados con fusiles y pistolas. Fueron subiendo a los presos a empujones, entre insultos y amenazas. Se cerró el portalón, y los milicianos se situaron apuntando en las cuatro esquinas del cajón. Emprendieron la marcha y, a unos seiscientos metros antes del kilómetro 92 de la carretera, muy cerca de la venta del Cosario, se pararon junto al barranco «del Chisme». La camioneta se adentró unos metros fuera de la carretera.

Serían sobre las cuatro de la mañana. Los milicianos formaron el pelotón de ejecución, y al parecer se habían sorteado los presos que cada uno debía asesinar. Les ordenaron situarse sobre el pequeño altozano de la ladera este del barranco.

Antonio del Castillo, cobrador del coche Alsina que hacía servicio a la ciudad de Berja, declara que los milicianos lo pararon para pedirle gasolina para quemar los cadáveres, y que se la dio el conductor. Él se apeó y como a unos cincuenta metros de la carretera, vio «un montón de cadáveres apilados, a los que iban a pegar fuego, tal vez por segunda vez, pues estaban ya ennegrecidos. A poca distancia se veían dos cadáveres cruzados, uno encima de otro, y acercándome reconocí a don Diego Ventaja en el que estaba debajo y encima a don Manuel Medina».

El declarante describió con todo detalle como ambos cadáveres no llevaban más indumentaria que un pequeño pantalón azul. «El cadáver de don Manuel presentaba en el lado izquierdo del pecho una herida como de tres dedos, por la que aún manaba sangre, y por el costado y diversas partes del tronco, otras heridas producidas, al parecer, por gruesas cañas, de las que aún se veían alrededor algunas manchadas de sangre».

Los cadáveres, quemados con gasolina para que no fueran reconocidos, calcinados, quedaron insepultos unos días, hasta que piadosas manos de vecinos los enterraron en el cementerio.

El 10 de octubre de 1993, Juan Pablo II beatificaba en la plaza de San Pedro del Vaticano a Mons. D. Diego Ventaja Milán, Obispo de Almería, y a Mons. D. Manuel Medina Olmo, Obispo de Guadix-Baza. Ese día, en la solemne Eucaristía de la beatificación, el ahora San Juan Pablo II se refería a los Obispos mártires destacando su entrega:

«A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos». Con estas palabras de san Pablo, –queridos Hermanos en el Episcopado, dignísimas Autoridades y amadísimos fieles –, se nos hacen presentes los mártires de la Iglesia de España, a los cuales hemos aclamado con gran gozo al ser elevados al honor de los altares. Todos ellos, fieles servidores del Señor, fueron como los enviados del rey, según hemos escuchado en la parábola del Evangelio, a quienes también «maltrataron hasta matarlos». Estos enviados fueron los dos Obispos y siete Hermanos de las Escuelas Cristianas, que en Almería recibieron la palma del martirio. Don Diego Ventaja Milán, Obispo de Almería, y Don Manuel Medina Olmos, Obispo de Guadix, fueron, ante todo, la imagen viva del Buen Pastor que ama a las ovejas, que no las abandona en el momento del peligro y que, finalmente, da la vida por ellas. Y ellos la dieron, siguiendo el ejemplo de Cristo, perdonando a los propios verdugos. Como relataron testigos presenciales, Monseñor Ventaja dijo a los que iban a matarlo: «Que Dios os perdone como yo os perdono de todo corazón, y que ésta sea la última sangre que derraméis 26»».

Año Jubilar para mirarnos en la vida del Beato Manuel Medina Olmos, testimonio cercano y nítido del Amor de Dios para Guadix. Es necesario, para que esta celebración sea un verdadero impulso para la evangelización, que en cada parroquia, grupo, comunidad o movimiento, en la catequesis, homilías y en otras iniciativas, demos a conocer a todos, niños, jóvenes y adultos quien es nuestro Obispo mártir de Guadix y por qué fue elevado a los altares por San Juan Pablo II. El delegado diocesano de catequesis enviará unas catequesis sencillas para conocer mejor al Beato y vivir su herencia espiritual, que nos servirán para la formación en los diferentes grupos.

Dentro de este año de celebración, bendeciremos en la Catedral un relicario sencillo con reliquias del Beato Manuel Medina Olmos que podrá recorrer, el próximo curso, las distintas parroquias, colegios y casas religiosas. Es el Beato Obispo que hace visita pastoral a su Diócesis, a todos los diocesanos, a los que quiere bendecir con toda clase de favores desde el cielo. Especialmente sería una fuente de bendición que este relicario pudiese visitar a todos los enfermos que atendemos desde las parroquias para que experimenten, en medio de sus limitaciones y debilidades físicas, la fuerza de la Gracia y la primacía del espíritu para poder vivir la enfermedad a la luz de la cruz de Cristo y del testimonio de quien el Señor hizo fuerte en su debilidad. Será un año de gracia en cada parroquia, lugar u hogar que reciba el relicario así como en cada grupo de peregrinos que lleguen hasta Lanteira o la Catedral donde se podrá rezar y ganar las gracias del jubileo, vividas las debidas condiciones que propone la Iglesia.

Al abrir el año jubilar propuse como obra social realizar una colecta diocesana para recaudar fondos que nos ayuden a construir una pequeña capilla en tierra de misión que lleve el título de «Beato Manuel Medina Olmos». Tener un lugar digno para celebrar los sacramentos y poder rezar ante un Sagrario, para recibir la catequesis y vivir la alegría de la comunidad, se convierte en una obra social digna de este año jubilar. He pedido a D. Patricio que nos asesore en este proyecto en tierras hondureñas donde la presencia de nuestra Diócesis es significativa desde hace años, por el servicio de nuestros misioneros diocesanos.

5.3 Beato Marcos Criado: 450 aniversario de su martirio en La Peza

En este contexto misionero y martirial, hemos igualmente de celebrar el 450 aniversario del martirio del Beato Marcos Criado en La Peza. Es una fecha que no puede pasar desapercibida para la historia de nuestra Diócesis y nuestro agradecimiento al Beato. Se trata del único Beato reconocido de todos los presuntos mártires de la guerra contra los moriscos. Como sabéis, el Arzobispo de Granada está trabajando con mucho ahínco y buen hacer en esta causa de los mártires de las Alpujarras. Pidamos al Señor, Mártir de los mártires, que pronto veamos realizada esta intención de la Iglesia de reconocer públicamente la entrega martirial de estos gigantes alpujarreños de la fe.

El Patrón de La Peza es San Marcos Evangelista.27 Se une la otra gran devoción al Beato, a quien para distinguirlo del Patrón lo llaman «Santo Marcos» y lo hacen desde tiempos muy anteriores al reconocimiento de «beato» por el Papa León XIII, el 24 de julio de 1899. Se acaba de cumplir el 120 aniversario de esta proclamación oficial por parte de la Iglesia. Desde estas páginas, el recuerdo agradecido al Obispo de Guadix, Domínguez Valdecañas, cuyos trabajos y servicio fueron decisivos en el proceso de beatificación del Beato Marcos Criado.

La fama de santidad y el culto que se le tributó dilatan las fronteras de nuestra Diócesis de Guadix. En muchos otros lugares de España, Italia y Portugal se le tiene devoción, los años ya posteriores a su martirio, y recibía el aplauso de los devotos que reconocía un «culto inmemorial», argumento probado por el que fue reconocido como beato.

Marcos Criado nació en Andújar, Diócesis de Jaén, el 25 de abril de 1522. Junto a datos con carácter legendario sobre su infancia, el Padre Trinitario Fray Antonio Ventura del Prado nos da por ciertos los siguientes datos biográficos: su peregrinación al lugar santuario de la Virgen de la Cabeza, en el cerro del Cabezo en Andújar, su tierra natal. En la misma ciudad será su toma de hábito en el convento trinitario de la localidad; fue predicador mayor en los conventos de Jaén y Úbeda, de donde será enviado para Guadix. El entonces Obispo lo destinará a La Peza, población que aparece en la época como la de más afluencia censada de moriscos.

Su martirio es consecuencia de sus trabajos apostólicos. Suspendido por una soga por debajo de los brazos al tronco de una encina, apedreado, murió al tercer día, pues viendo los moriscos que no moría, le sacaron con un puñal el corazón, en el que estaba inscrito, según la tradición, el nombre de Jesús. Ocurría el 24 de septiembre de 1569. El martirio se produce a las afueras de La Peza junto a la fuente de Belchite. Allí hay una ermita desde finales del siglo XIX.

En 2016 se publicó una reedición de la biografía del Padre Ventura del Prado, con un anexo de informaciones nuevas, incorporadas por quien preparó la reedición y es el mejor conocedor en nuestra Diócesis del Beato. Me refiero al historiador D. Juan Sáez, a quien agradezco toda la información requerida para conocer mejor la vida del Beato Marcos. Quiera el Señor que podamos animar la causa de canonización de tan gran testigo de la fe martirial en nuestra Diócesis de Guadix. Debemos seguir fortaleciendo los lazos con la orden Trinitaria, pues compartimos este gran tesoro que lo es para toda la Iglesia.

Andújar guarda su memoria y la proclama pública en el monumento alzado en una de sus plazas emblemáticas. Igualmente podemos venerarlo en la imagen presente en el Santuario de la Virgen de la Cabeza o en la que ha sido colocada en el coro de la Catedral de Guadix, con motivo de su restauración. La Diócesis de Guadix guarda memoria de la solemne Eucaristía celebrada en La Peza, con asistencia de la comunidad trinitaria de Granada, con motivo del centenario de la beatificación.

La Peza guarda memoria agradecida del «Santo Marcos» y cuentan los mayores la pasión que siempre hubo entre ellos por descubrir el cuerpo y de la gran veneración de la reliquia del corazón, que era llevada por las casas para curar a los enfermos, hasta que desapareció.

Venerar a los mártires y recuperar siempre su memoria, en nuestras vidas y celebraciones, es un incentivo para vivir la fe hoy y aprender a ofrecer las contradicciones inherentes a la evangelización. En «Santo Marcos», Beato Marcos Criado, aprendamos los grandes pilares que le ayudaron a entregarse sin reservas a la misión y que le llevaron a no considerar ni siquiera la propia vida más importante que el amor a Dios. El Beato Marcos nos enseña la devoción a la Virgen en el discernimiento vocacional. Desde la Madre podía vivir en obediencia la misión que le situaba en un continuo peligro de muerte. Estos pilares le convirtieron en un testigo humilde de la fe y le avalan como un gran predicador. Ojalá sean estos los pilares de nuestra fe y testimonio cristiano.

 

6.- Los jóvenes: la Iglesia es joven28. Guadix cree y espera en los jóvenes

 

«Ustedes, queridos jóvenes, ustedes son el presente.. no son el futuro, ustedes, jóvenes son el ahora de Dios»29. Con estas palabras, el Santo Padre animaba a toda la Iglesia a creer en el protagonismo de los jóvenes en el momento presente. Y nuestra Diócesis de Guadix quiere hacer a los jóvenes protagonistas de este momento de la Iglesia y de la nueva Evangelización, acogiendo las interpelaciones del Papa Francisco. La Diócesis de Guadix cree y espera en los jóvenes. Frente a tantas definiciones negativas de la realidad juvenil, la Iglesia pone en los jóvenes su esperanza y los propone como verdaderos testigos del Evangelio y misioneros de sus coetáneos30. La Diócesis de Guadix quiere reconocer la voz de Jesús, el Señor, en la voz y en la vida de los jóvenes.

Son muchos los jóvenes que en nuestra Diócesis viven la fe en las diferentes comunidades parroquiales, movimientos eclesiales, grupos relacionados con los diferentes carismas consagrados, hermandades y cofradías, etc. En muchas ocasiones, podemos creer que somos pocos porque nos remitimos a nuestro grupo sin conexión con el resto de los jóvenes. La pastoral juvenil quiere acompañar personalmente a cada uno, en cada contexto y en su propia realidad, con reuniones y encuentros de formación, siempre integrados en el resto de la comunidad y aportando la sabia joven al cuerpo parroquial o eclesial. Agradezco a todos los sacerdotes y laicos que acompañan y caminan con los jóvenes para vivir la fe, sus desvelos, dedicación y sacrificios. Suele ser un trabajo no lucido, pero muy eficaz a medio y largo plazo. En estos meses ya he podido comprobar con alegría los numerosos grupos de nuestra Diócesis, casi siempre con motivo de la preparación al sacramento de la Confirmación.

Siendo este primer nivel de origen el fundamental para suscitar, acompañar y fortalecer la fe de nuestros jóvenes, la Diócesis ha de favorecer cada vez más la comunión eclesial y la relación de todos los jóvenes. Somos parte de la Iglesia universal que se construye desde el ámbito local pero que ha de abrirse, para recibir y dar, a otros niveles: diocesano, nacional, universal. Necesitamos compartir el don de la fe, celebrarla juntos, formarnos y caminar en las mismas coordenadas, testimoniarla en Iglesia. Y desde esta comunión diocesana, estar abiertos a todas las iniciativas que la Iglesia universal nos proponga para ser los heraldos de la fe en el momento presente. ¡Cuánto ayuda a nuestros jóvenes saber que no están solos, que «la fe se fortalece dándola»31, que somos muchos, que creer en Jesucristo no pasa de moda, que ser Iglesia es el regalo más bello que nos ha legado el Señor para vivir juntos su Amor! Los jóvenes hoy son capaces de entusiasmarse con Jesucristo y su Evangelio. Y son capaces de construir sobre la Roca firme, proyectos a largo plazo que les invitan a vivir en la fidelidad y en la metafísica de unos valores que no cambian con las modas ni con el cambio de generación.

Acompañemos a nuestros jóvenes al encuentro personal con Cristo32, que nunca defrauda y siempre llena la vida. Jesucristo ha venido a encontrarse con los jóvenes en la Iglesia y ellos, al encontrarse con Él, se entusiasman con Aquel que tiene palabras de vida eterna. A nuestros jóvenes les hace un bien inmenso sentir que pertenecen a una familia más amplia, que dilata el horizonte de sus vidas y les hace universales. Eso es la Iglesia católica, que significa universal. Todos hemos sido testigos de la gran alegría que experimentan los jóvenes cuando se reúnen para vivir y compartir la vida y la fe33. En esta línea, la Acción católica general será una buena ayuda para la interconexión de todos, así como de sus actividades y proyectos. Iremos dando pasos en este camino en el próximo curso.

La familia, la parroquia, el ámbito educativo y laboral, se convierten en areópagos privilegiados para estar y acompañar a los jóvenes. Al hablar de comunión eclesial en estos ámbitos personales, me refiero a la unión afectiva y efectiva de todos en torno a los ejes principales de nuestra vida cristiana: Jesucristo y la Santísima Virgen, vividos en los sacramentos y en la vida de la Iglesia, especialmente en torno a la Eucaristía, acogiendo y siguiendo las enseñanzas y disciplina del Papa y en torno también al Obispo de la Diócesis en la que nos encontramos y que asegura la apostolicidad universal de la Iglesia en su ministerio.

Hay muchos jóvenes que viven su juventud limpiamente, llenos de alegría y decididos a trabajar en su propia formación para servir mejor a los demás el día de mañana. Hay muchos jóvenes que trabajan, estudian, rezan, son modernos y son cristianos, van a misa y se preocupan por los demás. Conoce a estos jóvenes, únete tú también a ellos.

En tu parroquia y en tu colegio, en tu grupo apostólico y entre tus amigos hay muchos jóvenes que piensan que la vida cristiana no es para ellos. Acércate y diles que también para ellos ha venido Jesús, que también ellos son hijos de María la Virgen, que se sientan miembros de la Iglesia. Diles que la felicidad no está en el alcohol, la droga y el sexo, en las modas pasajeras o en la improvisación de las relaciones. Diles que hay una felicidad más duradera, la que brota de una vida cristiana de verdad.

No quiero idolatrar a los jóvenes. Confío ciertamente en ellos, la Iglesia lo hace y lo quiere así, pero les animo a dejarse también acompañar por los adultos, a integrarse en las parroquias y comunidades, a dejarse orientar e incluso corregir en la humildad de la corrección fraterna, cuando fuera necesario. Lo más bello en una orquesta es la armonía por la buena comunión de todos los que la forman. Eso quiere el Señor de todos nosotros, comunión y aceptación de nuestros límites y servirnos los unos a los otros trabajando para aportar al cuerpo eclesial la mejor savia de nuestras almas.

Queridos jóvenes, no tengáis miedo de dejaros acompañar por la Iglesia, de caminar junto a los que antes que vosotros soñaron con la civilización del Amor, que sólo es posible en Jesucristo, presente y vivo en su Iglesia.

6.1 Sínodo de los jóvenes: Christus vivit. Guadix y los jóvenes, Iglesia sinodal

La Iglesia, con el Sínodo convocado por el Papa Francisco el pasado octubre, muestra a todos la prioridad del protagonismo de los jóvenes en la evangelización. Esta es la hora de los jóvenes: «Hagan lío»34. El Sínodo ha querido escuchar a los jóvenes: a todos, a los de dentro y a los de fuera. Es la maternidad de la Iglesia que quiere ayudar a los jóvenes a que sus esperanzas se transformen en ideales, que quiere animarles ante la pobreza de la debilidad, la fragilidad y el pecado que nunca puede llevar a perder la confianza en sí mismos, ni en la capacidad de transformar nuestra sociedad de la mano del Señor. El Papa Francisco lo repite y nosotros lo gritamos también: La Iglesia y el mundo tienen deseo del entusiasmo de los jóvenes.

Y uno de los frutos preciosos del Sínodo es la Exhortación Apostólica Postsinodal Christus vivit, firmada el pasado 25 de marzo en Loreto, que el Papa Francisco ha regalado a toda la Iglesia, especialmente a los jóvenes, recogiendo las conclusiones del Sínodo: «A todos los jóvenes cristianos les escribo con cariño esta Exhortación apostólica, es decir, una carta que recuerda algunas convicciones de nuestra fe y que al mismo tiempo alienta a crecer en la santidad y en el compromiso con la propia vocación. Pero puesto que es un hito dentro de un camino sinodal, me dirijo al mismo tiempo a todo el Pueblo de Dios, a sus pastores y a sus fieles, porque la reflexión sobre los jóvenes nos convoca y nos estimula a todos»35.

 La Exhortación está dividida en nueve capítulos y recoge en sus 299 puntos todo un tesoro del Magisterio eclesial para animar y vivir la pastoral «de y con» los jóvenes. Os invito a todos a trabajarla y a llevarla a la oración, para vivirla y testimoniarla. Recogiendo sinodalmente las preocupaciones, interpelaciones y mirada de los jóvenes al mundo y a la Iglesia, el Papa les anima a vivir siempre en Cristo. Tras exponer lo que la Palabra de Dios dice sobre los jóvenes, el Papa les recuerda que Jesucristo es siempre joven y que esta juventud se prolonga en su Cuerpo, la Iglesia. Les recuerda lo que ya les dijera también en la JMJ de Panamá, que los jóvenes son el ahora de Dios. Analizando el mundo en crisis en el que viven hoy los jóvenes les anima, en el capítulo cuarto, a acoger el gran anuncio de que Dios es Amor y que nos salva en Cristo, que está vivo y en el Espíritu nos transmite su Vida resucitada. Continúa el Papa dibujando, en el capítulo quinto, los caminos de juventud para animar a los jóvenes a ser misioneros valientes y a ser jóvenes con raíces que arriesguen juntos. Los tres últimos capítulos son un precioso testamento sobre la pastoral de los jóvenes, la vocación y el discernimiento. Termina el Papa con un bello deseo: «Queridos jóvenes, seré feliz viéndolos correr más rápido que los lentos y temerosos. Corran «atraídos» por ese Rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reco-nocemos en la carne del hermano sufriente. El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia delante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. ¡Nos hacen falta! Y cuando lleguen donde nosotros todavía no hemos llegado, tengan paciencia para esperarnos»36.

 6.2 Misión diocesana de los jóvenes: delegación de juventud. Estudio del documento y año de celebraciones

La delegación diocesana de juventud, con su nuevo delegado al frente, recogiendo los frutos del hermoso y eficaz trabajo del delegado anterior, tiene la preciosa tarea de propiciar la pertenencia a la Iglesia desde la Diócesis y dilatar nuestra mirada a la comunión con toda la Iglesia, ofrecer espacios y momentos de encuentro diocesano o arciprestal, la de proporcionar materiales para el acompañamiento, la formación, el discernimiento vocacional. Una tarea importante, al servicio de todos, es informarnos, a través de nuestra página web diocesana o por los medios que crea oportuno, de todo lo que se está haciendo con los jóvenes, para que todos puedan unirse y participar. Las redes sociales ayudan a este objetivo y ayudarán a los jóvenes, verdaderos nativos digitales, a estar interconectados e informados para hacer más eficaz la misión37.

Le he pedido al delegado diocesano de juventud y pastoral vocacional38 que tenga conocimiento personal de todas las realidades juveniles de nuestra Diócesis. Ayudaría mucho y haría más eficaz la pastoral con los jóvenes si todos se sienten representados y pueden tener reuniones periódicas, al estilo de un sínodo, donde puedan hablar y ser escuchados, donde puedan oír y participar directamente en el desarrollo de la pastoral juvenil en nuestra Iglesia diocesana. A los jóvenes les gusta ser oídos y que se les delegue responsabilidades en la Iglesia. Trabajaremos para establecer una red capilar de contactos de responsables en cada arciprestazgo e incluso en cada parroquia, tener representantes en los consejos diocesanos de pastoral y de laicos, tener reuniones instituidas con los representantes de todo el territorio diocesano y de todos los ámbitos de pastoral juvenil (parroquias, colegios, movimientos, comunidades, cofradías, grupos de confirmación, etc.). Se trata de ir configurando una especie de Consejo Diocesano de Juventud, con un equipo que ayude más directamente al Delegado a la coordinación, información, organización de actividades, formación, ejercicios espirituales, retiros, convivencias, etc. Una buena ayuda para la formación será seguir trabajando el Youcat, que tantos frutos ha dado desde su publicación. Igualmente os invito a releer todas las intervenciones del Papa Francisco en sus encuentros con los jóvenes, especialmente todo lo que ha dicho a la juventud católica en la JMJ de Panamá 2019.

El mandato misionero se dirige especialmente a los jóvenes. Los dos cursos pastorales que quedan para vivir la próxima Jornada Mundial de la Juventud se presentan como propicios para una misión diocesana de jóvenes, que iniciaremos al clausurar la I Peregrinación diocesana de jóvenes al Santuario de Ntra. Sra. de la Presentación en Huéneja, el próximo octubre. Desde allí iniciaremos un camino misionero que nos llevará hasta Lisboa 2022 y que será una senda privilegiada para fortalecer la pastoral juvenil en nuestra Diócesis de Guadix.

En este curso 2019-20 trabajaremos a fondo, en el primer año de esta misión juvenil, la Exhortación Apostólica Postsinodal, Christus vivit, que el Papa Francisco ha regalado a toda la Iglesia y que ha de ser estudiada, orada y conocida, especialmente por nuestros jóvenes. He pedido al delegado de Catequesis que prepare una fichas catequéticas, recogiendo los principales latidos de la exhortación, que ayudarán a todos nuestros jóvenes a conocer lo que el Papa les quiere decir y a ponerlo en práctica. Es el mejor camino para afianzarnos juntos en el camino del protagonismo de los jóvenes en la evangelización.

Durante este curso 2019-20, para celebrar juntos el primer año de la misión juvenil, tendremos también la posibilidad de encontrarnos por arciprestazgos, a través de convocatorias que la delegación de pastoral juvenil preparará y de la que nos dará información a su debido tiempo. Sobre todo, tendremos dos momentos importantes de encuentro todos juntos: al inicio de curso, con una peregrinación diocesana, y a final de curso con una celebración-vigilia de Pentecostés.

En el curso 2020-21 podremos vivir el segundo año de la misión diocesana de jóvenes. En este año, después de haber trabajado la exhortación del Papa Francisco, será el momento de encontrarnos de nuevo por arciprestazgos, en cinco encuentros de jóvenes que nos ayuden a celebrar la fe. Culminaremos este segundo año de misión con un gran encuentro celebrativo con los jóvenes de cada uno de los arciprestazgos y con una solemne Eucaristía en nuestra Catedral, que nos llevará después a un encuentro festivo.

Estos dos años de misión nos ayudarán a poner los mejores cimientos para vivir con entusiasmo la JMJ de Lisboa 2022 y para seguir creyendo en el protagonismo de los jóvenes en este momento de la Iglesia en Guadix. En los cimientos del acompañamiento de los jóvenes está el único objetivo: acercarlos a Jesucristo que transforma y llena la vida, y que puedan vivir y actualizar este encuentro en la Iglesia junto a otros muchos jóvenes. Desde esa experiencia personal y comunitaria, serán los misioneros de sus amigos y coetáneos en este momento de la historia.

En estos dos años de misión, desde la delegación diocesana de jóvenes estudiaremos la posibilidad de hacer misiones, pascuas juveniles y experiencias de talleres de verano en los pueblos de nuestra Diócesis, pilotada por los propios jóvenes, coordinados con el párroco de la comunidad elegida y contando con la ayuda de los adultos. También los jóvenes han de acoger la llamada del Papa Francisco a salir a las periferias, a salir de su circuito de amigos para encontrarse directamente con los más pobres y necesitados39. Entre estas posibles misiones, podremos coordinar con Cáritas otras formas de ayudar y hacerse presentes, como jóvenes, en las realidades más pobres de nuestra Diócesis. Los seminaristas participarán también de lleno en estas actividades pastorales, que sin duda son una verdadera escuela de formación.

La Delegación de jóvenes irá preparando todos estos eventos durante el curso: I Peregrinación de jóvenes a Huéneja (18-20 octubre de 2019); Vigilia de la Inmaculada (Catedral, 7 de Diciembre); las actividades del primer año de la misión juvenil; una jornada de todos los confirmandos del curso y un encuentro de jóvenes en Lanteira para celebrar el jubileo por el 150 aniversario del nacimiento del Obispo mártir Manuel Medina Olmos, buen faro para vivir la fe en la edad juvenil.

Igualmente, durante el año, iremos preparando todas las actividades de tiempo libre. Es muy importante evangelizar el ocio y el tiempo libre para que nuestros adolescentes y jóvenes encuentren verdaderos espacios donde gozan de estar con los demás, sabiendo llenar de contenido cristiano todos los momentos de su vida: campamentos, convivencias, acampadas, rutas campestres, cursos de monitores de tiempo libre, etc. Os pido a los sacerdotes, parroquias y a las familias que trabajemos para evangelizar este camino, donde muchos jóvenes han sido captados y atrapados por vicios que han destrozado sus vidas y las de quienes les aman. Si nosotros no lo hacemos, otros con intereses muy diferentes a los nuestros, lo harán.

En el nivel educativo, especial atención hemos de mostrar para acompañar a nuestros jóvenes universitarios40. Que se experimenten parte de nuestra Diócesis, aunque tengan que salir fuera a estudiar. Y muy importante es también la coordinación de la delegación de juventud y la delegación de enseñanza con los profesores de religión en la escuela pública y concertada, especialmente en los niveles de secundaria y bachiller. Trabajemos juntos, sin dispersión. Una pastoral conjunta nos ayudará a forjar jóvenes con una clara identidad eclesial y diocesana, que sepan compartir iniciativas comunes. Pido a los profesores de religión que se integren en la pastoral de jóvenes. Ellos han de ser los Bautistas, que anuncian con su dedo y vida a todos sus alumnos los encuentros y actividades programadas, los ilusionan para poder compartir estas experiencias eclesiales. Esta llamada la hago extensiva a los colegios religiosos de la Diócesis, pues son parte muy importante en la vida diocesana y sus alumnos son fieles de la Diócesis de Guadix. La relación con sus coetáneos servirá siempre para el enriquecimiento mutuo, aportando, al bien de todos, los matices del propio carisma religioso donde se educan. Así se ha hecho y hemos de seguir haciendo. Felicito a las congregaciones religiosas, con pastoral educativa en nuestra Diócesis, y les animo a seguir trabajando siempre en comunión afectiva y efectiva.

Atención especial en la pastoral juvenil merecen los jóvenes que pertenecen a las hermandades y cofradías, uno de los potenciales juveniles más significativos en nuestra Diócesis. Pido a todas las hermandades y cofradías que no la tuvieran, que instituyan la vocalía de juventud para que a través de ellas podamos coordinarnos y trabajar juntos con los jóvenes en coordinación con la delegación de juventud.

6.3 I Peregrinación diocesana de jóvenes a la Virgen de la Presentación de Huéneja: 18-20 octubre 2019

La peregrinaciones en la Iglesia han sido siempre un cauce precioso para fortalecer la fe y vivir nuestra pertenencia a la Iglesia, recordándonos nuestra condición peregrina. Por este motivo, sabiendo de la alegría que experimentan los jóvenes al compartir, acogiendo el deseo del Papa Francisco en Laudato si de reconocer en la creación el lenguaje y la presencia de Dios, propongo a todos los jóvenes de la Diócesis de Guadix, acompañados por los sacerdotes y consagrados, así como de quienes les acompañan en su vida y en la pastoral ordinaria, la I Peregrinación diocesana de jóvenes, que podremos realizar del 18 al 20 de octubre del presente curso y que será preparada por la delegación de juventud. Desde Guadix, pasando por Exfiliana, Alcudia, Jérez del Marquesado, Lanteira, Alquife, La Calahorra, Ferreira, Dólar, llegando hasta Huéneja, podremos vivir dos días peregrinos en torno a María, el mejor icono para llegar a Cristo.

Hemos pensado una ruta que nos ayudará a vivir todos los elementos que encierra una peregrinación. Iremos desde Guadix hasta la ermita de la Virgen de la Presentación, Patrona de Huéneja. Como sabéis, su devoción data del siglo XVI e incluso los pueblos circundantes también la veneran y participan de su devoción. Que el culto y devoción de la Virgen de la Presentación va más allá de los límites geográficos del término municipal de Huéneja, queda reflejado en los numerosos «anus» de acuerdo con los inventarios de 1750, 1754, 1757 y 1762, así como en las abundantes estampas costeadas por devotos particulares. Por estos datos, los investigadores datan la imagen anterior al siglo XVII41. Desde Guadix, podremos también en nuestra peregrinación, al pasar por los pueblos donde se veneran, rezar ante las imágenes de la Virgen de la Cabeza y la Tizná. La Virgen de la Presentación acogerá nuestros ruegos y le pediremos que, como hiciera con San Francisco Serrano, también nos enseñe a nosotros el camino y el deseo de ser santos. Según Rivas Hernández, paisano de Huéneja, «la datación de esta imagen se basa en el hecho de tratarse de una Virgen niña, modelo tradicional de la escuela granadina, así como no figurar en el archivo parroquial donde las constantes referencias a mandas y limosnas se remontan a los orígenes mismos de la ermita y su cofradía en 1601. No aparece ningún dato relativo a la adquisición de nueva imagen con esta advocación y sí su restauración en 1878»42. Con estos datos, quiero destacar la devoción centenaria a esta imagen en la que podremos clausurar nuestra peregrinación diocesana de jóvenes.

Se trata de alimentar la llama del amor, permaneciendo firmes en la fe y arraigados en Cristo, con una meta clara en el horizonte: María, madre de la Iglesia, la mujer en la que Dios ha realizado ya lo que en nosotros va gestándose. Se trata de vivir la realidad de la Iglesia, que se hace palpable en momentos como éste. La dureza del camino ayuda a profundizar en las motivaciones. Y superado el esfuerzo y tendiendo una mano al que cojea, uno se siente crecido.

 Nuestra Diócesis de Guadix, y los jóvenes dentro de ella, necesitan este camino común a lo largo de todo el año, en el que todos aportemos lo mejor para edificar la Iglesia en nuestra Diócesis. En el campo de los jóvenes, sobre todo, no podemos ir cada uno por su cuenta, con su grupito y a su manera. Eso no tiene futuro. Somos convocados todos a un proyecto común, a un proyecto de Iglesia diocesana, en el que se enganchan parroquias, movimientos, comunidades, grupos cristianos de todo tipo, colegios de la Iglesia, congregaciones religiosas. Los jóvenes necesitan «ver» la Iglesia, y más todavía en un mundo que se la presenta distorsionada. No podemos permitirnos el lujo de hacer nuestra capilla paralela. Es la hora de la unidad, que respeta la riqueza de cada uno y las integra a todas en la comunión eclesial, bajo la guía del Obispo diocesano. El sínodo de los jóvenes nos ha abierto los ojos acerca de la urgencia de este camino común, que la Iglesia diocesana quiere ofrecer a todos, acogiendo a todos, impulsando a todos. El camino a Huéneja es una parábola de este proyecto, que ponemos con confianza a los pies de la Virgen.

Os espero a todos en la I Peregrinación diocesana de jóvenes, por la que rezo y pido muchos frutos al Señor y a su Madre santísima.

6.4 Todos los jóvenes de Guadix a Lisboa: JMJ 2022

Ante 700.000 jóvenes presentes en el Campo San Juan Pablo II, el Presidente del Dicasterio para los laicos, la Familia y la Vida, el Cardenal Kevin Farrell, anunciaba en Ciudad de Panamá, en enero de 2019, en la clausura de las JMJ de Panamá: «La próxima Jornada Mundial de la Juventud será en Portugal». Será la segunda ocasión que el Papa Francisco visite Portugal. Su primera visita, como bien recordamos, fue al Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en el centenario de las apariciones. Y allí iremos con los jóvenes de Guadix.

«Las Jornadas Mundiales de la Juventud no son fuegos artificiales»43. Desde que San Juan Pablo II las instituyera hace 32 años, para todos los jóvenes han constituido un cauce precioso para la evangelización, siempre que se trabajen previamente bien en las diócesis y haya también un seguimiento posterior que ayude a concretar lo vivido. Con las JMJ, el querido Papa Juan Pablo II pretendía que los jóvenes fueran evangelizadores de los demás jóvenes, porque la fe se fortalece dándola. En la transmisión de la fe, todos tenemos un papel precioso: los abuelos con sus nietos, los padres con los hijos, los hermanos entre sí. La familia es un lugar privilegiado para la transmisión de la fe. Los sacerdotes en su ministerio buscan ese objetivo. Los religiosos/as y demás consagrados han donado su vida al Señor para esta tarea. Todos en la Iglesia tenemos un papel importante en la evangelización. En Lisboa 2022 muchos, muchísimos jóvenes, se encontrarán de verdad con Jesucristo y otros afianzarán y fortalecerán lo que ya viven en la Iglesia. Es lo mejor que puede sucederles para toda su vida. Muchos encontrarán su vocación y su futuro en estas Jornadas.

Todos los que hemos participado en estas Jornadas hemos visto muy de cerca los buenos frutos en nuestras diócesis y en la Iglesia universal. Tanto los días de acogida en las diferentes diócesis del país que acoge las Jornada, como los días de la Jornada en la ciudad designada, son momentos muy religiosos, juveniles, muy profundos, alegres y festivos. Los jóvenes que participan en estas jornadas refuerzan su identidad cristiana, se alegran de ser la Iglesia y desean ser mejores cristianos, al sentirse parte de una gran familia de jóvenes que rompen el muro del pasotismo o de la indiferencia. ¡Cuántas vocaciones sacerdotales, consagradas y misioneras han nacido en estas JMJ!44 Muchos jóvenes han encontrado en estos encuentros el plan que Dios tenía para ellos, ya sea en el matrimonio como en una vocación de especial consagración. En estas Jornadas se experimentan muy cerca y muy de verdad, la alegría de ser cristiano y la belleza de la verdad de la Iglesia: Esta y así es la Iglesia. Frente a ciertas ideologías que presentan una imagen falsa del cristianismo y de la Iglesia, con reduccionismos interesados, con mentiras sobre la verdad del ser humano y su vida; ante el intento de presentar a las generaciones jóvenes una Iglesia irreal, en estos encuentros los mismos jóvenes viven la verdad de la Iglesia, tienen experiencia directa de la alegría del Evangelio y quedan cautivados para toda su vida.

Los jóvenes de Guadix ya han participado en algunas de estas convocatorias. Aún queda el recuerdo, en forma de numerosos y magníficos frutos pastorales, de las celebradas en Madrid, donde un grupo numerosos de jóvenes de la Diócesis estuvieron presentes. ¡Cuántas cosas bonitas y buenas he podido oír de los jóvenes que participasteis en esta aventura! Ahora toca ponernos ya en camino para Lisboa.

Las Jornadas del 2022 empiezan ya en nuestra Diócesis, iniciando los caminos pastorales y espirituales para preparar este acontecimiento importante para los jóvenes. La delegación diocesana de jóvenes irá ayudándonos en este camino que nos invita a preparar y, sobre todo, a prepararnos interiormente para vivir con profundidad Lisboa 2022. Os invito a todos a calzarnos ya las zapatillas de peregrinos adecuadas para la ocasión: oración, encuentros y celebraciones. Bajo la luz y la guía del Papa y sus delegados, de la Conferencia Episcopal Española y su sección de jóvenes, y nuestras orientaciones diocesanas se nos abrirán los mejores caminos para esta preparación previa.

 

7.- Los laicos y su misión en la Iglesia: Guadix, rica en compromiso con las realidades temporales

 

Los laicos están llamados por el bautismo a la santidad y son misioneros por naturaleza. Los seglares son la Iglesia presente en el mundo y tienen la tarea de ser la presencia benéfica del mundo en la Iglesia45. La familia, la cultura, las cofradías, los jóvenes, los adultos, el mundo del trabajo, la vida pública, la política, etc. El mundo es el campo propio para la misión de los laicos46, es el apostolado de los seglares, es su carisma propio.

El Concilio Vaticano II prestó gran atención al papel de los fieles laicos, dedicándoles todo un capítulo, el cuarto, de la constitución Lumen Gentium, que os invito a todos a releer y trabajar para no olvidar nunca el papel protagonista, por propio derecho, en el ser y en la construcción de la Iglesia. La vocación y la misión de los laicos están arraigadas en el Bautismo y la Confirmación, orientadas a buscar el Reino de Dios y ordenar, según Dios, los asuntos temporales47.

El Decreto del Vaticano II, Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, nos ayudará también a profundizar en la vocación de los laicos al apostolado, así como los fines propios de la misión laical y los campos propios para el apostolado.

No podemos olvidar la Exhortación de San Juan Pablo II, Christi fideles laici (1989), donde se sienta doctrina, recogiendo el impulso del Vaticano II, al papel de los laicos en la Iglesia y en el mundo, y se describe la presencia y el realismo pastoral del papel de los laicos en medio del mundo y en la construcción de la sociedad, a imagen de Jesucristo.

La Diócesis de Guadix es rica en laicos comprometidos que son verdaderos misioneros. En estos primeros meses de mi servicio a la Iglesia de Guadix los he podido encontrar por las parroquias y en las diferentes celebraciones en las que he estado presente. Muchos de ellos han entregado toda su vida y esfuerzos en la construcción y servicio en la Iglesia y a través de las tareas temporales. He podido ver con alegría como otros más jóvenes se van comprometiendo y van cogiendo el testigo de los más veteranos, aportando la savia nueva de la Iglesia. Muchos de ellos están comprometidos en tareas de catequesis y otros servicios tan necesarios en las parroquias y comunidades cristianas, pero otros muchos saben llevar el evangelio a la vida civil, insertos en el mundo a manera de fermento, que es lugar propio de su compromiso seglar.

Una buena ayuda para la formación de nuestros seglares será conocer el sentir de la Iglesia, en su Doctrina Social48, que les ayudará a dar la verdadera orientación a sus trabajos y misión como levadura en medio de la masa.

Encomiendo a la nueva delegada de Apostolado Seglar trabajar en esta dirección. Un laicado bien formado en el Magisterio de la Iglesia, conocedores de la Escritura, familiarizados con el Catecismo de la Iglesia y del sentido eclesial acerca del ser y del papel de los laicos en la Iglesia y en el mundo, especialmente, como os decía anteriormente, experimentados en el conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, que hay que encarnar en las realidades temporales.

En esta tarea de formación para  los seglares, será una ayuda magnífica el Centro de Formación Teológico-Pastoral «San Torcuato», con sede principal en Guadix (junto a Cáritas diocesana) y con sedes anexas en Baza, Cúllar y Huéscar, donde, a través de clases presenciales,  nuestros laicos irán creciendo en la formación y  se fortalecerán para la misión. En este centro de formación diocesano, afiliados a la Universidad Católica de San Dámaso en Madrid, invitamos a todos los interesados a matricularse en unos estudios reglados universitarios. Podrán realizar el bachillerato en ciencias religiosas, así como obtener la Deca para Primaria y Secundaria. Quienes lo deseen pueden asistir sólo para una formación con reconocimiento diocesano.  A todas las juntas de gobierno de las hermandades y cofradías y a  quienes se presenten para este servicio eclesial, les propongo hacer estos cursos de formación que nos ayudarán a todos a vivir la misma misión, en el sentir de la Iglesia y con un espíritu sinodal de corresponsabilidad en todas las tareas eclesiales. Quienes lo deseen pueden asistir como oyentes para fortalecer su formación y poder servir mejor. Durante el mes de septiembre se abrirá el plazo de matrícula para iniciar este camino sinodal de formación en la fe. 

Otro reto importante que tenemos en la Diócesis de Guadix y que ha de pilotar la delegación de Apostolado Seglar es el conocimiento mutuo de todas las realidades laicales. Es un sueño con el que quiero trabajar con todas las fuerzas pastorales de la Diócesis y la nueva delegada: ser y servir como cauce de comunión para todos. El Obispo ha de ser mediador de comunión que sepa aunar los diferentes carismas, respetando la idiosincrasia particular e invitando a todos a trabajar por el bien común. Un servicio constitutivo al ministerio apostólico es el de la comunión: trabajar para que todos se quieran en sus diferencias y busquen la unidad por encima de lo que nos pueda separar. Que todos se conozcan mutuamente y se valoren recíprocamente. Todos somos una familia, una gran familia que es la Iglesia, en esta Diócesis amada de Guadix, donde vive y camina la única Iglesia universal de Cristo, bajo la guía del Obispo, sucesor de los Apóstoles, indigno servidor vuestro.

Pidamos al Espíritu Santo que haga este milagro en nuestra Diócesis y que podamos celebrarlo muchas veces juntos. La Gracia es eficaz si encuentra buena disposición y lo es mucho más si hay colaboración activa. El Espíritu Santo nos ilumine para trabajar en este camino de comunión. Iniciemos pidiendo, trabajando y esperando en el Señor.

Qué bello es poder conocerse, saber qué se hace y cómo se vive la fe. Dar testimonio del propio carisma y de los dones con los que ha agraciado el Señor, es una forma de fortalecer la identidad en la pluralidad rica del ser eclesial. Los miles y miles de seglares, jóvenes y adultos, tienen que estar conectados, no pueden estar desarticulados viviendo la fe sólo en el nivel más íntimo. Trabajemos para construir con todas las piezas, la única armonía de la Iglesia. Unidos en la comunión eclesial, conocernos recíprocamente, respetando los distintos carismas, será una fuerza invencible para la evangelización de nuestro mundo hoy. Donde prima la división, la sospecha, el enfrentamiento, etc., el Espíritu no puede hacer su obra49. Sepan todos en la Diócesis que trabajaré para que nadie se sienta fuera y gastaré mis energías en la comunión querida por el Señor para su Iglesia.

Trabajar juntos en nuestra Iglesia diocesana de Guadix nos ayudará a estar muy pendientes de esos peligros que amenazan siempre al misionero, al cristiano evangelizador, en medio del mundo y en la Iglesia. El Papa Francisco los ha descrito con realismo: «Menciono sólo algunas actitudes que configuran una Iglesia «tentada». Se trata de conocer ciertas propuestas actuales que pueden mimetizarse en la dinámica del discipulado misionero y detener, hasta hacer fracasar, el proceso de Conversión Pastoral.

  1. La ideologización del mensaje evangélico. Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de «ver, juzgar, actuar» (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un «ver» totalmente aséptico, un «ver» neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad? Aparecida respondió: Con mirada de discípulo. Así se entienden los números 20 al 32. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Menciono sólo algunas:
  2. a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista.
  3. b) La ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el «encuentro con Jesucristo» y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, de misionariedad.
  4. c) La propuesta gnóstica. Bastante ligada a la tentación anterior. Suele darse en grupos de élites con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada, que termina por desembarcar en posturas pastorales de «quaestiones disputatae». Fue la primera desviación de la comunidad primitiva y reaparece, a lo largo de la historia de la Iglesia, en ediciones corregidas y renovadas. Vulgarmente se los denomina «católicos ilustrados» (por ser actualmente herederos de la Ilustración).
  5. d) La propuesta pelagiana. Aparece fundamen-talmente bajo la forma de restauracionismo. Ante los males de la Iglesia se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias exageradas a la «seguridad» doctrinal o disciplinaria. Fundamentalmente es estática, si bien puede prometerse una dinámica hacia adentro: involuciona. Busca «recuperar» el pasado perdido.
  6. El funcionalismo. Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la «hoja de ruta». La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de «teología de la prosperidad» en lo organizativo de la pastoral.
  7. El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical»50.

 Este diagnóstico del Papa, hecho para la realidad de Latinoamérica, no deja de ser un análisis apto para toda la vida de la Iglesia, para todos los que viviendo la fe están llamados a conocer los peligros en los que podemos hundir la belleza de la vida y del testimonio cristiano.

Pido al Señor por todos los seglares de nuestra Diócesis: que alimentados por la fe y la vida de la Iglesia, encuentren siempre las mediaciones adecuadas para purificar, sanar y consolidar al único y verdadero Jesucristo que la Iglesia ha de seguir llevando a los hombres de cada etapa histórica.

7.1 Congreso Nacional de Laicos: Pueblo de Dios en salida

La Conferencia Episcopal Española, entre los años 2016-2020, está siguiendo un Plan Pastoral bajo el título «Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo».

Este Plan está inspirado en la llamada a la conversión misionera que el Papa Francisco ha propuesto a la Iglesia, en continuidad con el magisterio de los últimos pontífices, siguiendo la ruta trazada en el Concilio Vaticano II.

«Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera… En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma» (EG 30).

 En este camino es donde se inserta el Congreso Nacional de Laicos el próximo 14 de febrero de 2020. El objetivo general es impulsar la conversión pastoral y misionera del laicado en el Pueblo de Dios, como signo e instrumento del anuncio del Evangelio de la esperanza y de la alegría, para acompañar a los hombres y mujeres en sus anhelos y necesidades, en su camino hacia una vida más plena.

Como claves de fondo: 1.- Dar voz al laicado asociado y no asociado, en tanto que somos auténticos protagonistas de este proceso. Se trata, por tanto, de desarrollar una actitud de escucha, de aspiraciones y de experiencias. 2.- Vivir la sinodalidad y la corresponsabilidad laical. Somos miembros del pueblo de Dios, llamados, junto con nuestros Pastores, a una misión en la Iglesia y en el mundo. 3.- Ejercitar el discernimiento a la luz de la Palabra que transmite y vive la Iglesia. 4.- Promover una cultura del encuentro frente a la cultura del descarte, en clave misionera. 5.- Impulsar un laicado en salida y alegre. Tenemos como Iglesia un mensaje positivo y de servicio que deseamos ofrecer, desde la sencillez, a la sociedad actual, descubriendo también los signos de la presencia de Dios que hay en el mundo de hoy.

Este Congreso, en el que os invito a estar implicados todos los laicos desde nuestras Diócesis, tiene tres momentos:

Pre-congreso: Nos encontramos en la fase previa de preparación del Congreso de Laicos, donde deseamos escuchar al laicado, sus inquietudes, sus dificultades, sus retos y desafíos. Para llevar a cabo este proceso de escucha se ha elaborado un Documento-Cuestionario, que es muy importante que se trabaje en grupos de reflexión, a nivel diocesano, y en Movimientos y Asociaciones. La intención es que el Documento-Cuestionario llegue al mayor número de personas y para eso se ha facilitado el acceso a su contenido, a través de la página web de la CEE. La nueva delegada de Apostolado seglar ya os mandó por correo postal este cuestionario y está a la espera de vuestras respuestas para enviarlas a la secretaría nacional del Congreso de Laicos. Se propone desde la CEE trabajar en las diversas comunidades la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Gaudete et exsultate. Junto al cuestionario, el estudio de este documento ayudará a recoger todas las sugerencias diocesanas para el Congreso nacional. Igualmente, tendremos un encuentro diocesano que nos ayude a conocer a todos las aportaciones de los diferentes ámbitos de nuestra Diócesis.

Congreso: Los destinatarios principales del Congreso son los laicos no asociados, es decir, los de la parroquia, que son la inmensa mayoría, los laicos presentes en los diversos ámbitos parroquiales y diocesanos, como son la familia, juventud, personas mayores, enseñanza, universidad, catequesis, Cáritas, hermandades y cofradías, etc. Igualmente, también están convocados los laicos asociados, es decir, los seglares miembros de movimientos y asociaciones presentes en nuestras Diócesis y a nivel nacional. El Congreso también se dirige a todos los bautizados que no se han incorporado a la vida y dinámica pastoral de nuestras parroquias, movimientos y asociaciones. A estos últimos el Congreso en todas sus fases les puede ayudar para una mejor incorporación a la Iglesia.

Post-Congreso: En esta fase se trata de potenciar la recepción de las propuestas en las diócesis y la asignación de su desarrollo a quienes a nivel diocesano puedan vehicularlo. Se nos propone también en este momento, celebrar con carácter periódico un congreso diocesano y, en el futuro, algún congreso nacional que siga ayudando a todas las diócesis al desarrollo de las líneas marcadas. Se nos invita también a continuar, desde la Diócesis, ofreciendo instrumentos para reforzar la vivencia de la vocación y la misión de los laicos.

Pido al Señor que en nuestra Diócesis de Guadix nos impliquemos en este camino que reforzará el excelente trabajo y la bella misión de tantos seglares en los diferentes campos donde desarrollan su misión en el mundo y en la Iglesia.

Animo a la delegada de Apostolado seglar a trabajar en esta línea y a formar un equipo diocesano que nos ayude a agilizar y a llegar a más laicos, para servir mejor a los hombres de nuestra época llevándoles el único Evangelio que salva y que quiere encarnarse en todas las realidades temporales. Como decían los Santos Padres en los primeros siglos de la Iglesia, «Todo lo que ha sido asumido, ha sido redimido». Todo lo que tiene que ver con el hombre, es ámbito propio de los laicos que tienen la tarea de inculturizar en sus ambientes el único Evangelio que es Cristo.

 

8.- La familia en la Iglesia: prioridad pastoral

 

El Papa Francisco nos ha mostrado, con dos convocatorias del Sínodo de los Obispos teniendo como centro a la familia, la prioridad de la pastoral de la familia y la vida en la Iglesia universal.

El Sínodo de los obispos sobre la familia, en sus dos momentos, ha sido un acontecimiento de gracia que ha reunido obispos de todo el mundo, expertos y matrimonios, para afrontar el inmenso campo de la familia según el plan de Dios. Se trata de tomar la luz que nos viene de la Palabra de Dios y que en Cristo adquiere su plenitud para iluminar los problemas de nuestro tiempo. La Iglesia es rica en experiencia, es rica en humanidad, sabe bien cuáles son la posibilidades a las que el hombre y la mujer pueden llegar con la ayuda de la Gracia, y conoce por dentro el corazón del hombre y de la mujer, débil, frágil, pecador en ocasiones. A este hombre concreto de hoy, tal como es, Dios le ofrece su amistad para llevarlo a la cumbre de la santidad.

El Sínodo ha descrito ese anhelo que anida en el corazón de toda persona humana de vivir en familia y de encontrar en la familia el calor y el aliento para el camino de la vida. Ese anhelo Dios lo satisface con creces en Cristo, por el camino del matrimonio y de los hijos. Tocamos de esta manera el núcleo de la sociedad y de la Iglesia. Y ese núcleo presenta hoy dificultades nuevas, situaciones nuevas, de las que la Iglesia no quiere desentenderse, sino al contrario, quiere salir al encuentro de cada persona para acompañarla y ofrecerle el bálsamo que cure sus heridas y fortalezca su debilidad, presentando al mismo tiempo el testimonio real de tantas familias que viven el gozo del plan de Dios en sus vidas.

El 19 de marzo de 2016, el Papa Francisco nos regalaba la Exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia. Es necesario, después de tantas polémicas, estudiar y profundizar en la integridad el documento que, recogiendo la doctrina sobre el matrimonio, la familia y la vida del magisterio precedente, quiere ser un instrumento válido para el momento presente. Y ahí veremos la gran riqueza de la Iglesia Madre que quiere acercarse hoy a todos para darles la redención de Cristo.

Y a todos nos da plena garantía saber que estamos «cum Petro et sub Petro», esto es, con el Papa, principio y fundamento de la unidad de la Iglesia y garante principal de la verdad y del amor de Dios para el hombre de nuestro tiempo. En esta línea hemos de seguir conociendo el extenso magisterio de la Iglesia que tanto ha profundizado en la pastoral familiar. Quiero destacar varios documentos que unidos a Amoris Laetitia, nos ayudarán a dar pasos en la formación de una pastoral familiar diocesana recia que recoja el trabajo diocesano eficaz anterior: en 1981, San Juan Pablo II nos regalaba la Exhortación apostólica Familiaris consortio, sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual. Nos ayudarán, igualmente, documentos como los emanados por la Conferencia Episcopal Española, La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar (2012), que completa documentos anteriores, que han de ser también referencia, como son La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (2001). Y el documento emanado de la LXXXI Asamblea plenaria de la CEE, Directorio de la pastoral familiar de la Iglesia en España, publicado el 21 de noviembre de 2003.

Los nuevos delegados diocesanos de familia y vida nos ayudarán a conocer y a formarnos en todos los proyectos con los que la Iglesia hoy quiere estar cerca de la realidad familiar. Nos irán acercando las instituciones, organismos eclesiales, asociacio-nes, etc. que ayudan a las familias, según la visión antropológica de la fe cristiana, y nos darán información de aquellas que, en el ámbito familiar y de la vida, están trabajando en España y ayudando a muchas familias a vivir lo que la Iglesia ama. De esta forma, la delegación de familia y vida será un estímulo para consolidar y acompañar esta institución primera y fundamental de la Iglesia y de la sociedad. Sería muy eficaz tener una especie de directorio con direcciones y teléfonos para poder acompañar a las personas y a las familias heridas. Qué gran regalo es que cuando hay un problema puede haber una puerta donde llamar y donde nos abrirán para acompañarnos.

Les he pedido que vayan configurando un consejo diocesano de familia, donde matrimonios que representen a cada arciprestazgo y a cada movimiento y realidad pastoral de nuestra Diócesis, nos podamos reunir para agilizar y encarnar mejor la pastoral familiar diocesana a nivel de formación, información, actividades pastorales y celebraciones.

Pido al Señor que cada año podamos celebrar una jornada o semana de la familia, donde podamos diocesanamente mirar juntos las urgencias en este ámbito y nos ayudemos en una formación recia en la verdad de la Iglesia.

Son muchas las heridas que intentan enfermar y trepar a la familia, por eso hemos de ser, como nos indica en su feliz expresión el Papa Francisco, hospital de campaña donde podamos ayudar a curar. Hemos de reabrir en la Diócesis –con sede en Guadix y sucursales en los diferentes arciprestazgos- y poner en funcionamiento el COF (Centro diocesano de Orientación Familiar) donde expertos en temas familiares y bioética puedan reunirse con los matrimonios en crisis, o con parejas que viven dificultades en cualquier ámbito o nivel de su relación. Busquemos los expertos cristianos (familias, psicólogos, abogados, matrimonios expertos que puedan acompañar, sacerdotes etc.) que estén bien preparados y quieran colaborar en esta misión principal hoy de la Iglesia. Las crisis de pareja, rupturas matrimoniales, divorciados en situaciones irregulares, aborto, conocimiento de la fertilidad, métodos naturales, naprotecnología, cursillos prematrimoniales, acompañamiento de familias en situaciones difíciles, prostitución, ideología de género, educación de los hijos, adolescencia, igual dignidad en la diferencia biológica del hombre y la mujer, educación afectiva y sexual, eutanasia, acompañamiento de los mayores, etc., son algunos de los temas que requieren respuestas y acompañamiento por parte de la Iglesia en la realidad familiar de nuestro tiempo. Y la Iglesia, que es Madre y Maestra, experta en humanidad, quiere estar allí donde la familia vive, sufre y anhela esperanza. Y la Diócesis de Guadix quiere ser Cristo encarnado en la familia, en sus gozos y sus sombras. Apoyemos a la familia. Anunciemos juntos el Evangelio del matrimonio, la familia y la vida.

Pidamos a algunos matrimonios que se preparen mediante el máster en matrimonio y familia del Instituto Juan Pablo II o los cursos de monitores de Teen Start, para poder apoyar a nivel diocesano la urgencia de acompañar a las familias cristianas en todos sus miembros y en todos sus matices.

Afirmaba San Juan Pablo II que «la nueva evangelización pasa por la familia»52. La familia tiene como base fundamental el matrimonio abierto a la vida que bendice la unión del varón y la mujer, bendecida por Dios en el sacramento del Matrimonio. La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, ha recibido de Dios la capacidad de generar la vida en el don recíproco de los esposos. El amor humano se ilumina a la luz del Verbo encarnado y adquiere su sentido pleno en el Evangelio de Cristo.

Familia, escuela y parroquia han de saber coordinarse y trabajar juntos para educar en el amor a nuestros jóvenes y a las generaciones futuras. Una cultura cristiana, como lo es en nuestra Diócesis de Guadix, tiene que crear ámbitos donde la verdad sobre la vida y el matrimonio en el sentir de la Iglesia no sea extraña. Frente a los ataques, cada vez más agresivos por ciertas ideologías interesadas en definir al ser humano lejos de la verdad del evangelio, hemos de saber transmitir y testimoniar la antropología, la fe y la moral cristiana, es decir, la vida de la Iglesia, que tiene mucho que decir sobre el sentido y la verdad del hombre, de sus relaciones, del cuerpo, de la sexualidad y del amor humano. Nadie como la Iglesia tiene un mensaje tan positivo y tan integrador para hacer feliz al hombre, cuya vocación es el amor.

Pido a los padres que no renuncien nunca a ser los primeros responsables en la educación de las conciencias de sus hijos y de su felicidad. Los interpelo a seguir formándose para poder ayudar mejor a sus hijos y a los jóvenes, ante los retos difíciles que vive nuestra sociedad y que termina haciendo de las generaciones más jóvenes sujetos de consumo, sin mirar las consecuencias para sus vidas. Pidamos al Señor que pronto tengamos en varias zonas de la Diócesis escuelas de padres que sean un apoyo y un estímulo, donde se vean acompañados y encuentren luz en los valores del Evangelio y en la pedagogía de la Iglesia, para la bella pero difícil tarea y misión primera de ser educadores de las conciencias de sus hijos.

La familia y la vida son una urgencia en la vida de la Iglesia y en nuestra pastoral diocesana. Trabajemos por transmitir transversalmente el magisterio de la familia y la vida. No esperemos a los cursillos prematrimoniales para educar en el amor cristiano. En las catequesis infantiles hemos de empezar a educar la verdad sobre la persona y su felicidad en el amor.

Una atención especial nos lleva a acompañar a los novios cristianos, familias del futuro y verdaderos heraldos de los valores en las próximas generaciones. Pido a todos los sacerdotes que en nuestras parroquias tengamos cursos de novios en los que los jóvenes, aún sin tener fecha de boda, puedan recibir la buena nueva del Evangelio de la familia y la vida. Con los delegados de Familia y Vida ofreceremos a todas las parroquias materiales, itinerarios catequéticos, que sirvan de apoyo y referencia para estos encuentros. Tendremos la oportunidad de poder encontrarnos con todos los que estáis impartiendo cursillos prematrimoniales en la Diócesis para poder hablar y programar con realismo. Eso es la sinodalidad de la Iglesia a la que nos invita constantemente el Papa Francisco.

Invito también a las parroquias a implantar el Teen Start, curso de educación afectivo-sexual para adolescentes y jóvenes, que tantos frutos ha dado en la Iglesia y ha sido tan eficaz en otras Iglesias locales. Sería muy provechoso poderlo ofrecer a todos los jóvenes que se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación en nuestra Diócesis. Pediré a la delegada de enseñanza que los profesores de religión puedan tener conocimiento y formación en este itinerario pedagógico para poder informar y formar a los jóvenes y adolescentes que educan. Hablaré con los colegios religiosos de nuestra Diócesis para poder introducir este elemento formativo e incluso, deseo que se pueda hacer extensivo donde las asociaciones de padres crean oportuno.

La familia está en el corazón de todos nuestros desvelos pastorales. Hemos de trabajar juntos para que siga siendo el verdadero vivero donde todos sus miembros maduran en el amor gratuito, que aprendido y recibido de Cristo, les envía a testimoniarlo y a ser misioneros en medio del mundo.

 

9.- Instituciones diocesanas: promoción de la sinodalidad y de la comunión en la Iglesia

 

Todas las instituciones existen en la Iglesia para dinamizar la vida diocesana y ayudarnos a todos a caminar juntos en la comunión. En este sentido, quisiera destacar algunas de ellas que nos ayudan y expresan la unidad de la Iglesia, animando a todos a elegir estas sendas eclesiales.

9.1 El presbiterio diocesano

Los sacerdotes, con el Obispo a la cabeza, forman un único Presbiterio. Son los responsables de la vida cristiana en la Diócesis, pues son la sucesión apostólica de los Apóstoles que se participa en plenitud en el ministerio episcopal y, en segundo grado en el ministerio sacerdotal, siempre en comunión con el Obispo y con el Papa. El Presbiterio garantiza que la Iglesia continúe y como rezamos en el Credo, sea en la Diócesis de Guadix una, santa, católica y apostólica.

Quiero dar gracias a cada uno de los sacerdotes que conforman unidos nuestro Presbiterio diocesano. Sin vosotros sería imposible la vida de la Iglesia que tiene como momento culmen y pleno, la Presencia real de Cristo en la Eucaristía y que es posible sólo por medio de las manos y las palabras de los sacerdotes. Le pido prestadas al Papa Francisco unas bellas palabras para todos los sacerdotes de nuestra Diócesis: «Hermanos, gracias por vuestra fidelidad a los compromisos contraídos. Es todo un signo que, en una sociedad y una cultura que convirtió «lo gaseoso» en valor, existan personas que apuesten y busquen asumir compromisos que exigen toda la vida. Sustancialmente estamos diciendo que seguimos creyendo en Dios que jamás ha quebrantado su alianza, inclusive cuando nosotros la hemos quebrantado incontablemente. Esto nos invita a celebrar la fidelidad de Dios que no deja de confiar, creer y apostar a pesar de nuestros límites y pecados, y nos invita a hacer lo mismo. Conscientes de llevar un tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7), sabemos que el Señor triunfa en la debilidad (cf. 2 Co 12,9), no deja de sostenernos y llamarnos, dándonos el ciento por uno (cf. Mc 10,29-30) porque «eterna es su misericordia».

 Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas, mostrando un corazón que con los años luchó y lucha para no volverse estrecho y amargo y ser, por el contrario, cotidianamente ensanchado por el amor a Dios y a su pueblo; un corazón que, como al buen vino, el tiempo no lo ha agriado, sino que le dio una calidad cada vez más exquisita; porque «eterna es su misericordia»».53

 Me siento muy unido a esa letanía de «gracias» que el Papa Francisco dirige a todos los sacerdotes del mundo en la carta que ha querido dirigirles el pasado 4 de agosto, con motivo del 160 aniversario de la muerte del Santo cura de Ars, patrono de todos los párrocos del mundo54, y que yo acabo de pedirlas prestadas para los sacerdotes buenos de nuestra Diócesis. Os doy las gracias por vuestra entrega y por ser hombres de oración y vida interior para sobrevivir en medio de tantas inclemencias medioambientales actuales. Sigamos, como nos dice el Papa en su carta, fortaleciendo nuestros vínculos fraternales en el sacerdocio por medio de la unión íntima con el Único Sacerdote, Cristo, y con el amor al pueblo que se nos ha encomendado.

En estos tiempos difíciles, en nombre del clero de Guadix, me adhiero plenamente al deseo del Papa Francisco de caminos de conversión y purificación, de tolerancia cero con la lacra de abusos que tanto daño hace a toda la Iglesia. Ciertamente, un caso ya es un gravísimo atentado mortal contra la verdad de todo el cuerpo eclesial y denigra la misión del presbítero en medio del mundo.

«En estos últimos tiempos hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual por parte de ministros ordenados. Sin lugar a dudas es un tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios.

 Como Ustedes saben estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse. No es tarea fácil y de corto plazo, reclama el compromiso de todos. Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano»55. Nuestra Diócesis acoge con prontitud todas las directrices que emanan de la Santa Sede y ya estamos trabajando poniendo en marcha todos los protocolos de prevención y de acompañamiento a las posibles víctimas que, ojalá, nunca sean una realidad en nuestra Diócesis. Siempre estaremos dispuestos a colaborar con la justicia civil para mostrar nuestro absoluto rechazo a todo tipo de abuso. Trabajaremos y pondremos en marcha todos los protocolos de prevención y formación necesarios para que los menores y adultos vulnerables estén siempre protegidos y seguros en la Iglesia y en todas nuestras instituciones. Abriremos en el Obispado la oficina de protección del menor donde podremos ir trabajando en este camino.

Quiero recoger dos párrafos del Papa Francisco, en la carta mencionada a los sacerdotes con motivo del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, donde sitúa el problema en su verdadera y justa dimensión: «Sin negar y repudiar el daño causado por algunos hermanos nuestros sería injusto no reconocer a tantos sacerdotes que, de manera constante y honesta, entregan todo lo que son y tienen por el bien de los demás (cf. 2 Co 12,15) y llevan adelante una paternidad espiritual capaz de llorar con los que lloran; son innumerables los sacerdotes que hacen de su vida una obra de misericordia en regiones o situaciones tantas veces inhóspitas, alejadas o abandonadas incluso a riesgo de la propia vida. Reconozco y agradezco vuestro valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio. Estoy convencido de que, en la medida en que seamos fieles a la voluntad de Dios, los tiempos de purificación eclesial que vivimos nos harán más alegres y sencillos y serán, en un futuro no lejano, muy fecundos. «¡No nos desanimemos! El Señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a Sí. Nos permite experimentar la prueba para que entendamos que sin Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía y de la espiritualidad de las apariencias. Está soplando su Espíritu para devolver la belleza a su Esposa sorprendida en flagrante adulterio. Nos hará bien leer hoy el capítulo 16 de Ezequiel. Esa es la historia de la Iglesia. Esa es mi historia, puede decir alguno de nosotros. Y, al final, a través de tu vergüenza, seguirás siendo un pastor. Nuestro humilde arrepentimiento, que permanece en silencio, en lágrimas ante la monstruosidad del pecado y la insondable grandeza del perdón de Dios, es el comienzo renovado de nuestra santidad»».56

La Diócesis de Guadix tiene muy buenos sacerdotes que viven el gozo de la fraternidad sacerdotal y que consolidan su sacerdocio participando de forma, casi plena, en todo lo que se programa para el clero: retiros mensuales, formación permanente, reuniones de arciprestazgo, jornadas de formación en algún tema de actualidad, etc. Os pido, queridos sacerdotes, que cuidemos siempre la gracia recibida por la imposición de manos. El peligro de la mediocridad siempre nos acecha en el mundo de la comodidad y de la superficialidad y «como león rugiente, ronda a quien devorar»57. Es el verdadero cáncer que adormece y contagia, con una gran metástasis, toda la vida del sacerdote. Acojamos la interpelación del apóstol: «Resistidles fuertes en la fe»58. Tenemos medios más que suficientes en nuestra vida ordinaria, en la caridad pastoral y en los medios que se nos proponen desde la Diócesis para fortalecer las rodillas, tantas veces vacilantes, de nuestro ardor sacerdotal. En este camino, este año iniciaremos un acompañamiento más intenso a los sacerdotes ordenados en los últimos ocho años. Tendremos reuniones quincenales en el seminario donde podremos convivir una mañana, rezar y vivir un proceso de formación permanente. Los sacerdotes mayores, que han entregado su vida en el ministerio, merecen todo nuestro respeto y la prioridad de todos nuestros esfuerzos para su bienestar. En este curso abriremos definitivamente la casa sacerdotal donde, a todos los presbíteros mayores y enfermos que lo deseen, les podremos ofrecer el hogar que ellos merecen. Todos los sacerdotes debemos hacer de la casa sacerdotal nuestra propia casa, donde nuestro paso constante haga experimentar a nuestros hermanos mayores que son la verdadera joya de nuestra Diócesis. Con ellos podemos expresar la encarnación de un verdadero presbiterio unido, donde los más vulnerables están en el centro de todos nuestros desvelos. Que ningún sacerdote se sienta solo después de haber dado su vida por todos en el sacerdocio. Invito a las comunidades cristianas a ser muy generosas con los sacerdotes mayores visitándolos y agasajándolos como ellos merecen.

Pido encarecidamente a todos los sacerdotes que no dejen de hacer cada año los Ejercicios Espirituales, que tanto nos ayudan a ponernos siempre de nuevo en la órbita de Cristo. Que no nos engañe la desgana o el «mañaneo», dejando de hacer las cosas más importantes que fortalecen y ayudan a vivir la verdad de nuestro sacerdocio. Que nunca dejemos de celebrar un día la Eucaristía ni de rezar la Liturgia de las Horas, celebrar frecuentemente el sacramento de la Penitencia, rezar el santo Rosario como verdadera atalaya mariana contra el desencanto ministerial. La Iglesia te ha hecho sacerdote para que nunca en tu vida un día dejes de celebrar el Santo Sacrificio del altar que necesita toda la Iglesia, incluso en el día que estés de descanso. Como un padre y una madre que en el descanso no olvidan a su prole, así nosotros, los sacerdotes. Que nunca la Misa sea un trabajo añadido del que podamos prescindir, sino el centro de nuestra vida sacerdotal, lo que de verdad da sentido a cada jornada. Es lo más importante que un sacerdote ha de hacer cada día en este mundo, incluso en el tiempo de vacación. Si no tenemos comunidad, celebremos a solas, pues toda la Iglesia está allí con el sacerdote oferente. Queridos sacerdotes, que no haya día sin Eucaristía.

Una buena ayuda para vivir todo lo que la Iglesia espera de un sacerdote y el motivo por el que Cristo nos ha configurado «Alter Christus» podemos profundizarlo en el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros59, que os invito a seguir convirtiendo en pauta de vida.

Contemos con la colaboración inestimable de tantos consagrados y seglares, con los movimientos presentes en nuestra Diócesis, colaboradores que nos ayudarán a vivir una verdadera pastoral misionera. Gracias a Dios, su presencia es numerosa entre nosotros y quiero agradecer a cada uno su trabajo por la unidad en la comunión, en el respeto siempre del propio carisma. La lista de esta presencia, se convierte, sin duda, en una acción de gracias al Señor:

COMUNIDADES RELIGIOSAS Y MOVIMIENTOS DE SEGLARES

- Franciscanos de Cruz Blanca, Huéneja.

- Hermanos Fossores de la Misericordia, Guadix. Fundador Fray José María de Jesús Crucificado. Se fundó en Guadix aunque el fundador era de La Zubia (Granada).

- Religiosas Dominicas, Baza.

- RR. Esclavas de la Inmaculada Niña (Divina Infantita), Guadix. Fundador Federico Salvador Ramón. Sacerdote de Almería, Canónigo de Guadix. Trabajó intensamente en las cuevas de Guadix llevando la luz eléctrica para poder estudiar de noche. Fundó en México.

- RR. Franciscanas de la Purísima, Cúllar.

- RR. Fraternidad Reparadora, Orce.

- RR. Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, Zújar.

- RR. Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Guadix y Baza.

- RR. Hijas de María, Madre de la Iglesia, Guadix.

- RR. Misioneras de Cristo Sacerdote, Guadix. Fue fundada en Huéscar por M. Mª Dolores Segarra y D. Sebastián Carrasco. Ella de Melilla y él fue Vicario de esa ciudad.

- RR. Misioneras del Divino Maestro, Baza. La primera casa de la congregación se abre en Baza. El fundador es el Obispo Francisco Blanco Nájera, amigo del obispo de Guadix D. Rafael Álvarez Lara.

- RR. de la Presentación de la Virgen María de Granada, Guadix y Baza. Fundador Maximiano Fernández del Rincón y Soto de Ávila, Obispo de Guadix (1894-1907). La fundación se hizo en 1880 en Granada.

SEGLARES

- Activas del Apostolado Social.

- Institución Teresiana. San Pedro Poveda, ordenado sacerdote en Guadix. Natural de Linares.

- Comunidad Nueva Alianza. Llegados hace un año a Baza.

MOVIMIENTOS

- Camino Neocatecumenal, Baza y Purullena.

- Vida Ascendente.

- Cursillos de Cristiandad.

- Equipos de Nuestra Señora.

- Grupos de matrimonios en algunas parroquias.

- Asociación de la Medalla Milagrosa, Guadix y Baza.

- Fraternidad Dominicana, Huéscar.

- Terciarios franciscanos, Guadix.

- Asociación de Cooperadores Seglares del Divino Maestro, Baza.

- Escuela de Cristo, Puebla de Don Fadrique.

- Hermandades y Cofradías de todo tipo, unas noventa en más o menos actividad.

Demos gracias al Señor por este tesoro generoso de carismas y realidades presentes en nuestra Diócesis que hablan de una Iglesia viva con mucha historia y con mucho futuro pues está bendecida con los dones y carismas del Espíritu Santo.

En este nivel del Presbiterio diocesano tenemos el Consejo Presbiteral, una representación del presbiterio diocesano que va a ser de nuevo constituido y que se reúne en varias ocasiones durante el curso para tratar los asuntos más relevantes en la marcha de la Diócesis y para que el Obispo pueda oírles y pedirles concejo, viviendo la comunión eclesial y compartiendo inquietudes para remar juntos en la misma dirección, que es la única misión de toda la Iglesia. Esta institución puede ser considerada como el senado del Obispo para su tarea de servir a toda la Diócesis.

De entre los miembros del Consejo Presbiteral, el Obispo designa el Colegio de Consultores, un grupo estable de 6 a 12 personas, a los que el Obispo recurre en las ocasiones que marca el Derecho. Como sabéis es el organismo que asume el gobierno en la Diócesis al quedar ésta vacante, cuando la Santa Sede Apostólica no prevé un administrador apostólico u otro camino para el gobierno en sede vacante.

9.2 El Seminario, el futuro presbiterio

 Hablar del seminario es dar gracias al Señor por la vida y el ministerio de los sacerdotes que, en todas partes, especialmente en la Eucaristía, hacen presente a Jesucristo. Necesitamos creernos que sin sacerdotes la Iglesia no puede existir pues el sacerdote es el mismo Cristo y sin Cristo la Iglesia, que es su Cuerpo, no tiene razón de ser. No se trata de «clericalizar» la Iglesia, sino de asumir que Cristo ha fundado su Iglesia sobre el cimiento de los Apóstoles, que se hace presente por medio de sus sucesores, los Obispos, que tienen como colaboradores a los presbíteros para servir al Pueblo de Dios. «Saben los Pastores que no han sido instituidos por Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia en el mundo»60, pero en comunión con todo el Pueblo santo de Dios hemos de tomar conciencia de que ellos son insustituibles para que la Iglesia exista, crezca y en ella esté realmente presente Cristo por medio de los sacramentos.

El sacerdote y el Obispo, como el primero que preside el presbiterio, tienen como tarea prioritaria velar, fomentar las vocaciones al sacerdocio, así como el resto de vocaciones de especial consagración.

 La Pastoral y el trabajo de las vocaciones no puede reducirse al delegado diocesano ni a los formadores del seminario. Así como un sacerdote sirve a todos y se ordena para llevar a todas las realidades a Jesucristo en su ministerio, así todos hemos de sentirnos implicados generosamente en la promoción de las vocaciones al sacerdocio y hacerlo como una tarea prioritaria en la Iglesia. «Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9,38).

Todos hemos de pedir al Dueño de la mies que nunca falten jóvenes generosos que quieran seguir al Señor desde el ministerio sacerdotal, que nunca falten sacerdotes en nuestra Diócesis de Guadix. Especialmente en este servicio vocacional deben estar en íntima comunión la familia –que es el primer seminario e Iglesia doméstica donde se aprende a escuchar y a seguir la llamada del Señor-, la escuela –donde los profesores de religión además de transmitir conocimientos educan la docilidad a la escucha-, y la parroquia -ámbito privilegiado para descubrir y alimentar toda vocación cristiana, también la vocación sacerdotal-. Los sacerdotes que necesita nuestra Diócesis para atender a todos y a la Iglesia universal, han de salir de entre los niños y jóvenes de nuestras familias, que se educan en nuestros colegios, que asisten a las clases de religión y viven la fe en nuestras parroquias. Todos hemos de crear el clima propicio para que la buena semilla que cae en la tierra no se vea frustrada por las malas hierbas o por el frío del ambiente, que termina secando la planta. Todos hemos de ponernos en estado de misión y oración permanente por las vocaciones de especial consagración.

Ya sabéis como uno de los dramas que hemos vivido en los últimos años en nuestra querida Diócesis es ver como muchas casas religiosas y congregaciones no han podido continuar entre nosotros y han cerrado sus casas. Dolor que se hace más intenso si miramos la vida contemplativa, que sólo tiene presencia en la Diócesis con una comunidad de Dominicas en Baza. Hemos de rezar, trabajar y sacrificarnos mucho por las vocaciones de especial consagración, a las que hemos de apoyar y promocionar desde todas nuestras instituciones diocesanas. Que ninguna Congregación deje nuestra Diócesis por falta de vocaciones y que muchas casas religiosas quieran venir con nosotros y ayudarnos a seguir construyendo la única Iglesia de Cristo. Si Dios quiere, pronto vendrán tres familias religiosas a trabajar con nosotros en varios campos del servicio diocesano. Doy gracias al Señor por este regalo inmerecido que concede a Guadix. A su tiempo os iré informando debidamente.

Doy gracias por nuestro seminario mayor y menor de San Torcuato. Agradezco al rector, a los formadores y a los bienhechores, todos sus trabajos y desvelos por dinamizar este servicio a la Iglesia. Hemos de mirar agradecidos la historia de nuestro Seminario diocesano en todas sus fases pues ha sido realmente un vivero de sacerdotes bien preparados y formados para atender nuestra Diócesis y, como en el caso de nuestros misioneros en Honduras, para colaborar en las necesidades de la Iglesia universal.

Como sabéis, este curso, después de haber consultado a las instituciones que aconsejan y ayudan al Obispo en el gobierno, nuestro seminario lo trasladamos del edificio de Granada y vuelve a Guadix, a las instalaciones que estamos preparando –gracias a la generosa aportación del Cabildo de la Catedral de Córdoba- en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, donde ya estuvo en alguna ocasión. Será una ventaja para todos tener a nuestros seminaristas cerca, en la Diócesis, insertos en la realidad a la que están llamados a servir como sacerdotes. El amor a la Diócesis se aprende en la realidad misma a la que hemos de servir. La amistad y el amor requieren presencia, cercanía y conocimiento directo. Ellos serán los mejores embajadores de las vocaciones en nuestras parroquias, grupos, movimientos y en todas las realidades diocesanas.

Tenemos la gran alegría de tener un diácono que el próximo 28 de septiembre recibirá la ordenación de presbítero. El día 7 de Diciembre serán tres seminaristas los que reciban en nuestra S.A.I. Catedral el diaconado. Son un regalo que hemos de vivir con entusiasmo y dar gracias al Señor. Una Iglesia sin seminaristas, sin ordenaciones, es una Iglesia que agoniza y que languidece en la esperanza. Gracias, queridos seminaristas por vuestro «Sí» al Señor. Felicito a vuestros padres y a vuestras familias que han sabido ser generosas. Él colmará vuestra vida y ministerio de todas sus bendiciones. La Diócesis os acompañará y pediremos para que seáis fieles a este don inmerecido que habéis recibido de Jesucristo.

Necesitamos vocaciones, jóvenes generosos que quieran seguir al Señor desde el sacerdocio. Tenemos, para formar a los más jóvenes, el seminario menor, y para los más mayores, después de aprobar selectividad, el seminario donde realizarán los estudios filosóficos y teológicos. El seminario es el lugar propicio para educar al sacerdocio a través de las dimensiones que cubren el desarrollo integral de los candidatos: espiritual, humana, intelectual, comunitaria y pastoral.

Este curso, seminaristas, diáconos y formadores, iniciaremos el mes de la vocación por los diferentes arciprestazgos y nuestro seminario tendrá la ocasión de poder acercarse a los jóvenes y a los niños de nuestras parroquias, movimientos, colegios, familias, cofradías e instituciones diocesanas, para poderles testimoniar la alegría de la llamada al sacerdocio. Damos gracias a Dios por cada uno de estos jóvenes seminaristas, y pedimos a Dios que envíe más y más trabajadores a su viña, y que mantenga fieles en su servicio a todos los llamados. Necesitamos muchos más, y por eso le pedimos a Dios continuamente por las vocaciones sacerdotales, porque Dios quiere atender nuestra súplica, para que a su Iglesia no le falten nunca sacerdotes, no le falte nunca la Eucaristía.

En este sentido acojamos las palabras del Papa Francisco que nos marca el camino y el método para este trabajo vocacional: «Cuando hablamos de vocaciones, muchas cosas me vienen a la mente, muchas cosas que decir, que se pueden pensar o hacer, planes apostólicos o propuestas... Pero antes que nada me gustaría aclarar una cosa: que el trabajo para las vocaciones, con las vocaciones, no debe ser, no es proselitismo. No es «buscar nuevos socios para este club». No. Debe moverse a lo largo de la línea de crecimiento que Benedicto XVI nos indicó tan claramente: el crecimiento de la Iglesia es por atracción, no por proselitismo. Así. Nos lo dijo también a nosotros [obispos latinoamericanos] en Aparecida. No se trata de buscar dónde encontrar gente... como aquellas monjitas que iban a Filipinas en los años 90. No tenían casas en Filipinas, pero iban allí y traían a las chicas aquí. Y recuerdo que en el Sínodo de 1994 salió en el periódico: «La trata de novicias». La Conferencia episcopal de Filipinas dijo: «No. En primer lugar, nadie viene aquí para pescar vocaciones, no». Y las hermanas que tengan casas en Filipinas, que hagan la primera parte de la formación en Filipinas. Esto evita algunas deformaciones. Quería aclarar esto, porque el espíritu del proselitismo nos hace daño»61.

Nuestra tarea vocacional es acercar a Jesucristo, porque la vocación es una llamada de Dios, de la que el hombre se fía y le responde. Fortalecer la vida cristiana, unirnos más a Jesucristo en la Iglesia, situarnos y ayudar a poner a todos en la sintonía de la oración, será el mejor trabajo para la promoción vocacional. «Ayudar a un joven o a una joven a elegir la vocación de su vida, ya sea como laico, laica, sacerdote o religiosa, es ayudar a asegurar que encuentre el diálogo con el Señor. Que aprenda a preguntarle al Señor: «¿Qué quieres de mí?» Esto es importante, no es una convicción intelectual, no: la elección de una vocación debe nacer del diálogo con el Señor, cualquiera que sea la vocación. El Señor me inspira a seguir una vida así, a lo largo de este camino. Y eso significa un buen trabajo para vosotros: ayudar al diálogo. Se entiende que, si no dialogáis con el Señor, será bastante difícil enseñar a otros a hablar. Diálogo con el Señor»62.

El seminario ha de ser para toda la Diócesis la prioridad en forma de esperanza para el futuro. La Diócesis de Guadix podrá mirar al futuro con esperanza teniendo un buen plantel de curas y seminaristas que aseguran la vida pastoral a largo plazo y eso, como os decía anteriormente, depende de todos: contemplativas que rezan y se sacrifican, familias generosas que son las primeras en apoyar y fomentar la vocación sacerdotal y de especial consagración entre sus hijos, incluso en edad temprana; profesores de religión que se saben embajadores de las vocaciones en su trato con los niños, adolescentes y jóvenes; bienhechores que rezan y apoyan económicamente al Seminario diocesano y a los seminaristas, creando y aportando becas para que nadie decline la llamada por no tener medios económicos. Sobre todo, agradezco e invito a los sacerdotes a dedicar tiempo a esta tarea. Cuando un sacerdote ama su sacerdocio, trabaja por las vocaciones porque no quiere que nadie deje de tener lo que él mismo entrega en su ministerio: a Jesucristo. El testimonio y la vida entregada de un buen sacerdote es semilla de vocaciones.

Queridos sacerdotes, acompañad y cuidad mucho a los monaguillos. Este año nace la Escuela diocesana de monaguillos en el seminario San Torcuato de Guadix. Y su éxito depende de vosotros, queridos sacerdotes. Traed a los monaguillos para ayudarles a discernir la llamada que el Señor les puede estar haciendo. Al menos una vez al mes habrá encuentros de un día, preferiblemente sábado, para acompañarlos y animarlos en las posibles vocaciones al sacerdocio. Así iremos también preparando las colonias vocacionales o campamentos que podremos realizar a inicios del próximo verano y que nos ayudarán en el discernimiento vocacional de futuros candidatos al presbiterado.

Cuidad mucho a los jóvenes e integrarlos en la pastoral juvenil de la Diócesis para que puedan ver que seguir a Jesucristo y decir «Sí» a la llamada a una especial consagración no es algo raro o pasado de moda. Los monaguillos, los niños de catequesis, los jóvenes, si encuentran un buen cura, les será más fácil reconocer su vocación sacerdotal. Hay sacerdotes admirables en este campo que tienen un don especial para atraer vocaciones sacerdotales. No sería mal compromiso personal, que al menos cada sacerdote hayamos llevado un sucesor al seminario.

La atención personal a quienes muestran indicios de vocación sacerdotal o religiosa ha de hacerse como algo prioritario y requiere cansarnos y dedicarle mucho tiempo.

Quiero felicitar, especialmente, a los sacerdotes y comunidades que habéis sido bendecidas con alguna vocación, fruto de una verdadera vida en el Señor. Recemos todos para ayudar en esta tarea, pidamos por la fidelidad de nuestros seminaristas y la generosidad de los jóvenes y colaboremos todos para que la Iglesia de Guadix tenga muchos y santos sacerdotes según el Corazón de Cristo.

Estimados todos: preocuparnos por la pastoral vocacional es preocuparnos por el futuro de la Iglesia y de nuestra Diócesis de Guadix.

9.3 El Consejo Diocesano de Pastoral

 El Papa Francisco invita constantemente a vivir en la Iglesia el dinamismo de comunión que inspira las decisiones eclesiales. La Iglesia se fortalece cuando en todos los ámbitos de su misión vive la comunión de las sinergias.

 Es fácil el deseo de caminar juntos, pero no lo es tanto vivir esta verdad en la Iglesia. El Papa nos invita a vivir, acogiendo la eclesiología del Concilio Vaticano II : «Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia de que escuchar es más que oír. Es una escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el «Espíritu de verdad» (Jn 14,17), para conocer lo que él «dice a las Iglesias» (Ap 2,7)»63.

 Entre otras muchas ocasiones, en la conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos, el Papa Francisco decía que «lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra «Sínodo». Caminar juntos —laicos, pastores, Obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica.

 Después de haber reafirmado que el Pueblo de Dios está constituido por todos los bautizados, «consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo», el Concilio Vaticano II proclama que «la totalidad de los fieles que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27) no puede equivocarse en la fe. Se manifiesta esta propiedad suya, tan peculiar, en el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo: cuando «desde los obispos hasta el último de los laicos cristianos» muestran estar totalmente de acuerdo en cuestiones de fe y de moral. Aquel famoso infalibile «in credendo»».

 En la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium he subrayado como «el Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible «in credendo», agregando que «cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. El sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens y Ecclesia dicens, ya que también la grey tiene su «olfato» para encontrar nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia»64.

En este discurso emblemático el Papa explicó que el camino sinodal «empieza escuchando al pueblo», prosigue «escuchando a los pastores» y finalmente «culmina en la escucha del obispo de Roma, llamado a pronunciarse como Pastor y Doctor de todos los cristianos», pero «no a partir de sus convicciones personales». El hecho de que el sínodo actúe siempre cum Petro et sub Petro [con Pedro y bajo Pedro] no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad.

«La sinodalidad, como dimensión constitutiva de la Iglesia, nos ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprender el mismo ministerio jerárquico»65, añadió: «Para los discípulos de Jesús, ayer, hoy y siempre, la única autoridad es la autoridad del servicio, el único poder es el poder de la cruz66».

En este curso vamos a constituir el nuevo Consejo Diocesano de Pastoral. Desde estas claves, en nuestra Diócesis vamos a fortalecer el órgano que expresa la comunión de todos en torno al Obispo para vivir y afrontar juntos el reto de la nueva evangelización, de la misión de la Iglesia. Obispo, presbíteros, consagrados y laicos, estamos juntos llamados a diagnosticar, sugerir e intercambiar puntos de vista para que la acción de la Iglesia sea más eficaz hoy, aquí y ahora.

El Consejo Diocesano de Pastoral, formado por miembros que representan cada uno a un amplio sector de la Iglesia diocesana, es un lugar institucional y sinodal de encuentro, para reflexionar juntos mirando hacia el mismo lugar, con matices que enriquecen la visión y nos ayudan a vivir la experiencia de una verdadera comunión, en la única misión de la Iglesia.

Es importante que cada parroquia, si no lo tiene, vaya creando su Consejo Pastoral Parroquial, viviendo a nivel de comunidad más local la sinodalidad de toda la Iglesia. El Consejo Pastoral Parroquial ni sustituye al párroco ni va contra él, intentando mostrar que aquí todos tenemos la misma autoridad. Eso sería un mal enfoque pues el Consejo en vez de ayudar a resolver los posibles problemas que la parroquia tuviera, sería un foco y escuela de conflictos y luchas de poder. Todo eso es ajeno a la Iglesia. Hemos de dejar de vivir en las sospechas y susceptibilidades heridas para acoger el verdadero espíritu eclesial de fraternidad, escucha y comunión real, cada uno según el carisma recibido y el ministerio que le ha sido dado para la construcción del bien común. Tampoco se trata de un democratísimo radical que se mete en la Iglesia y rompe la estructura jerárquica que el mismo Cristo ha instituido y querido para la Iglesia fundada por Él. Se trata de coincidir todos en la comunión eclesial, respetando el lugar y vocación que cada uno tiene y contribuyendo con la aportación de lo propio al misterio universal de la Iglesia que se enriquece con cada carisma.

El Consejo Diocesano de Pastoral como los Consejos Pastorales Parroquiales nos ayudan a encarnar una verdad fundamental: todos formamos el único Cuerpo de Cristo. Nos ayudará a traer toda la realidad pastoral y a rumiarla en el encuentro y en la oración, para llevar las iniciativas y nuevos latidos a toda la Diócesis. Nuestras propuestas siempre serán para sumar y nunca para restar ni herir el Cuerpo. Estamos agradecidos por poder ofrecer nuestras pobrezas y colaborar en la edificación de la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica y nunca como pretenden algunas rancias teologías, un club de amigos o una ONG de solidaridad que se construye desde el asambleísmo. La comunión y la sinodalidad son otra cosa muy diferente.

9.4 Consejo Diocesano de Laicos

 He hecho, anteriormente en esta carta, referencia al protagonismo y la misión a la evangelización constitutiva de los laicos en la Iglesia y en nuestra realidad diocesana. Os invitaba a todos, en coordinación con la delegación diocesana de apostolado seglar, a suscitar caminos de conocimiento mutuo y trabajo en comunión de todos los seglares de la Diócesis.

Para articular todo el laicado de la Diócesis de Guadix se va a constituir el Consejo Diocesano de Laicos. Estará formado por laicos, presididos por el Obispo y bajo la dirección de la delegada diocesana de apostolado seglar. Los laicos del Consejo representan a todos los territorios, arciprestazgos, parroquias, movimientos y carismas diocesanos.

Los laicos sois la presencia de la Iglesia en el mundo y los que pulsáis la situación real de la Diócesis. Vuestras sugerencias y opiniones serán un verdadero recurso para la vida de nuestra Iglesia diocesana. Por vuestra inserción en las realidades temporales podéis ofrecer a los Pastores una perspectiva directa de lo que la Diócesis necesita, colaborando en estos proyectos directamente. El Consejo Diocesano de Laicos será siempre un lugar de encuentro, de coordinación y de comunión. Como los latidos del corazón, sístole y diástole, traer y llevar los asuntos pastorales para dar vida a todo el cuerpo eclesial diocesano.

En los meses que llevo en la Diócesis he podido observar la numerosa y rica vida de los laicos insertos en todas las parroquias, comunidades, grupos, movimientos, cofradías y hermandades. Espero y sueño poder encontrarme más despacio con todos vosotros por medio de la visita pastoral. Quiero escucharos y estar con vosotros compartiendo juntos el sacramento de la unidad, la santa Eucaristía. Sois un caudal inmenso que hemos de aprovechar para regar los desiertos de tantos rincones eclesiales. Junto al Obispo y a vuestros sacerdotes, que en las parroquias y comunidades garantizan la estructura jerárquica de la Iglesia, trabajemos en una línea de comunión por medio de un laicado articulado que recoge todos los carismas y coordina la unidad. Todos necesitamos vivir este sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana, donde vive y camina la Iglesia universal.

 9.5 Una economía diocesana de comunión

 «La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era común entre ellos» (Hch4, 32).

 La Iglesia sinodal que nos invita a vivir el Papa Francisco ha de darse a todos los niveles, también en el económico. Todos somos solidarios y garantes de la vida diocesana y estamos llamados a ser co-responsables en las tareas económicas de las parroquias y de la Diócesis.

En la Diócesis vamos a constituir el Fondo común diocesano que nos ayudará a consolidar una economía diocesana de comunión, donde todas las instituciones aportan al menos el diezmo de los ingresos brutos para el sostenimiento de la economía diocesana. El dinero de la Diócesis procede de la Diócesis y es para la Diócesis. No somos ricos ni generamos ingresos que no provengan de la solidaridad y de la comunión de todos. Y así la Iglesia vive y da gracias a su Señor por la conciencia de todos de ser garantes del bien de todos.

A su vez, la Iglesia diocesana, por medio del ecónomo y la administración diocesana de la curia, asume el compromiso de presentar con toda transparencia de dónde proceden los recursos y a dónde se destinan. El portal de transparencia de nuestra página web ha de servir para dinamizar esta transparencia económica tan importante en la Diócesis. Que todos sepamos lo que la Iglesia hace con el dinero, los templos que conserva y restaura, las acciones pastorales que lleva a cabo, los pobres que atiende, etc.

El Consejo diocesano de asuntos económicos, formado por sacerdotes y laicos expertos en temas de esta índole económica y presididos por el Obispo, ayuda al Pastor en esta tarea importante de diagnóstico, gestión de recursos y busca caminos de solidaridad y comunión en la transparencia económica. Un Obispo, como un párroco, no son los dueños de lo que gestionan; no pueden decidir caprichosamente ni usar el dinero de todos de forma arbitraria.

El Derecho de la Iglesia nos obliga a que en nuestras parroquias tengamos el Consejo Económico Parroquial, presidido por el Párroco y con presencia de laicos que ayudan en todos los asuntos económicos de la parroquia. Es una ayuda y un descanso para el Párroco que hace real una verdadera economía de comunión.

Estos consejos a nivel diocesano y parroquial ayudan a la Iglesia a fortalecerse en este camino sinodal y de responsabilidad de todos en el bien común. No es sólo responsabilidad para decidir sino también responsabilidad para buscar y generar recursos para el bien de todos.

En vías de una verdadera economía de comunión transparente, es imprescindible que todos presentemos en la administración diocesana el balance económico anual. No se trata sino de ayudarnos todos a vivir en la verdad de la economía de la Diócesis, siendo muy transparentes y puntuales en la presentación de las cuentas: parroquias, movimientos, comunidades, asociaciones, hermandades y cofradías, etc. Debemos ser responsables en este nivel de corresponsabilidad como instituciones canónicas. Si el Obispado tiene la última responsabilidad legal de todos los movimientos económicos de las instituciones canónicas, tiene que tener conocimiento directo, claro y puntual de aquello de lo que es responsable.

No somos un reino de taifas, independientes y sin nada que ver los unos con los otros. Eso no es la Iglesia ni la comunión. Somos una familia, una comunidad viva, vinculados por lazos eclesiales de profunda comunión, que se expresa también en el nivel económico.

Pido al Señor que seamos sensibles en encarnar en el nivel económico esa comunión que predicamos y queremos a todos los niveles. A veces, produce un gran dolor en el corazón eclesial cuando llegados a estos temas se olvida o se acaba la verdad de la comunión. En la economía se verifica lo que somos. A veces encontramos mil razones para la dispensa, pero hemos de someterlas todas a la razón principal: soy parte de un cuerpo que me necesita, al que pertenezco, cuido y con el que colaboro. No busquemos subterfugios o exclusiones que nos alejan del hogar: tenemos derecho a recibir y responsabilidad en el compartir.

Animemos a vivir esta corresponsabilidad en una economía de comunión a todos los fieles e instituciones diocesanas. Todos somos parte de la Diócesis y esta conciencia debe estar muy viva a todos los niveles. Ayudemos a nuestros fieles a ser generosos por medio de aportaciones libres y directas, con cuotas y suscripciones, poniendo la «X» en la declaración de la Renta, con la aportación del 10 por ciento de sus ingresos brutos a la economía diocesana, con legados testamentarios a favor de la Diócesis, etc. Agradezco, en nombre propio y en el de quienes se benefician de esta comunicación de bienes, a todos los bienhechores que ya lo hacéis y sentís que es un nivel importante de pertenencia eclesial. Como sabéis, la Iglesia no es un negocio con riquezas y muchos recursos propios, sino la comunidad viva en la que todos aportan generosamente para atender las necesidades de todos, especialmente de los que menos tienen. Insisto a los sacerdotes en la transparencia: es la forma más nítida de conocer la verdad de las necesidades de la Iglesia. Invito a todos a poner en el tablón de anuncios de la parroquia, cada ejercicio, las cuentas resumidas a las que todos pueden acceder y desde la que todos pueden vivir la comunión de bienes.

A nivel sacerdotal, también hemos de instituir oficialmente, es decir, canónicamente, el Fondo de sustentación del clero, desde el que todos podemos ayudarnos solidariamente: atender a quienes no llegan al mínimo, ofrecer cauces de solidaridad fraterna entre los hermanos de un mismo presbiterio. Con la ayuda de todos, con la aportación solidaria de todos al FDSC67, el Obispo puede proveer las necesidades de todos los presbíteros, jóvenes, enfermos, jubilados, situaciones especiales, etc. Que a ningún sacerdote le falte lo necesario para vivir tranquilo, dedicándose al ministerio y a servir a los demás. Esta es también la íntima fraternidad sacramental. Cada sacerdote recibe su sustento del obispado y de su trabajo, de la institución a la que sirve. Todos hemos de sentir la obligación moral de aportar libremente lo que pueda, expresando la verdad de la fraternidad sacerdotal.

Una economía sinodal de comunión es expresión de una Iglesia diocesana que se cree y vive la comunión fraterna para el bien de todos y para una más eficaz evangelización.

 

10.- Iglesia de y para los pobres. «La esperanza de los pobres nunca se frustrará»

 

Con estas palabras del salmo 9, el Papa Francisco nos regala el mensaje para la III Jornada Mundial de los Pobres que la Iglesia celebra el próximo 17 de noviembre: «Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida»68.

 Una Iglesia pobre que sirve a los pobres es aquella que no se instala en los poderes humanos, es decir, en el tener, en el prestigio, en la estética de las bellezas superficiales y pasajeras, en el disfrute inmediato sin acoger la responsabilidad inherente, en los títulos humanos ni en la confianza absoluta en las propias cualidades. Es la Iglesia que vive como Jesús, que busca la oveja perdida y que carga a sus hombros el dolor del hermano (Cf. Lc 15,6), que se abaja para mirar a los ojos a los que más sufren, a los que están solos en las cunetas de la vida. Es una Iglesia sencilla donde los más pobres no se sienten extraños e incluso, si no están, sale a por ellos para compartir las grandes riquezas de la misericordia de Dios, el amor fraterno, los sacramentos, es decir, a Dios que sabe llenar el corazón humano y convertir cualquier pobreza en la mejor riqueza, sabe transformar el vino malo de la soledad y la marginación en el vino nuevo del hogar y la esperanza.

«La opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha» es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo están llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas. En ellas, la caridad cristiana encuentra su verificación, porque quien se compadece de sus sufrimientos con el amor de Cristo recibe fuerza y confiere vigor al anuncio del Evangelio»69.

Una Iglesia que es prolongación de Jesucristo pobre y despojado, es una Iglesia que rompe con los cánones, con los cálculos y las eficacias de un mundo en el que sólo cuenta quien es eficaz materialmente y económicamente. Quien ya no puede producir ha de ser arrinconado lejos de la vida ordinaria o en las cunetas de nuestra sociedad, lejos del calor del hogar y de la comunidad. Hagamos de nuestra Diócesis casa de acogida y de comunión, especialmente para los que más sufren, despojándonos de todo lo superfluo que ocupa el sitio que le pertenece en justicia al hermano pobre y necesitado.

No hay verdadera evangelización si los pobres no están en el centro de la vida de la Iglesia y en el corazón del cristiano. El Papa Francisco nos lo recuerda desde el inicio de su pontificado: «quiero una Iglesia para los pobres… Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia»70. El Vaticano II hablaba de una «Iglesia para los pobres». Los pobres del Evangelio, los anawin en lenguaje bíblico, son los que confían en Dios, los humildes, se reconocen pecadores indignos del amor de Dios, pero se sienten profundamente amados por Él e instauran en el mundo la civilización del amor.

No se trata de promover la lucha de clases ni batallas dialécticas en la historia (Hegel) para luchar contra los ricos y donde impera el odio y donde Dios es un estorbo y la caridad un teatro. Así no se crea sino más pobreza, distancia y desamor entre los hermanos. Huyamos de todas las ideologías que terminan encorsetando a la persona como un mero producto de consumo, medio de producción o sujeto de rentabilidad económica sin pensar en el gran misterio de su ser trascendente y en la integridad de todas sus realidades humanas y espirituales71. Conocer y llevar a la práctica la doctrina social de la Iglesia será el mejor camino para que nuestra Iglesia sea realmente una Iglesia pobre y para los pobres. «La Iglesia, estando cercana a los pobres, se reconoce como un pueblo extendido entre tantas naciones cuya vocación es la de no permitir que nadie se sienta extraño o excluido, porque implica a todos en un camino común de salvación. La condición de los pobres obliga a no distanciarse de ninguna manera del Cuerpo del Señor que sufre en ellos. Más bien, estamos llamados a tocar su carne para comprometernos en primera persona en un servicio que constituye auténtica evangelización. La promoción de los pobres, también en lo social, no es un compromiso externo al anuncio del Evangelio, por el contrario, pone de manifiesto el realismo de la fe cristiana y su validez histórica. El amor que da vida a la fe en Jesús no permite que sus discípulos se encierren en un individualismo asfixiante, soterrado en segmentos de intimidad espiritual, sin ninguna influencia en la vida social (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 183)»72.

Se trata de vivir, suscitar y hacer circular la caridad fraterna entre todos los cristianos, de forma que la realidad de la tierra, donde el 80 por ciento de los bienes están en manos del 20 por ciento de la población, se transforme de manera que nadie muera ni pase necesidad, mientras otros viven en la abundancia73. Es dilatar nuestra mirada más allá de los graneros abundantes donde vivimos para mirar a los pobres del mundo entero74. Nos obliga el amor y nuestra fe, si es auténtica. Se trata de vivir como vivió Jesús. Bastaría con esta forma de vida para que la Iglesia sea de y para los pobres. Las desigualdades sociales, las injusticias en nuestro mundo, ya sea en los países y zonas más lejanas como en los barrios, calles y casas de donde vivimos, nos llama a salir de la comodidad y de la indiferencia75.

Los pobres del mundo, las periferias, nos invitan a vivir con más ahínco el despojamiento personal de Cristo que, siendo rico se hizo pobre por nosotros76. Hay que repetirlo de nuevo: se trata de vivir y amar como amó y vivió Jesús.

 La opción preferencial por los pobres es una obligación para toda la Iglesia desde sus orígenes y forma parte de las entrañas de la fe cristiana. No se trata de una moda, ni de la identidad de algún grupo o movimiento eclesial, sino que brota de la misma misión de la Iglesia que prolonga la de Cristo77: «El Espíritu del Señor me ha ungido y me ha enviado para anunciar la salvación a los pobres» (Lc 4,18).

«¿Cómo no destacar que las bienaventuranzas, con las que Jesús inauguró la predicación del Reino de Dios, se abren con esta expresión: «Bienaventurados los pobres» (Lc 6,20)? El sentido de este anuncio paradójico es que el Reino de Dios pertenece precisamente a los pobres, porque están en condiciones de recibirlo. ¡Cuántas personas pobres encontramos cada día! A veces parece que el paso del tiempo y las conquistas de la civilización aumentan su número en vez de disminuirlo. Pasan los siglos, y la bienaventuranza evangélica parece cada vez más paradójica; los pobres son cada vez más pobres, y hoy día lo son aún más. Pero Jesús, que ha inaugurado su Reino poniendo en el centro a los pobres, quiere decirnos precisamente esto: Él ha inaugurado, pero nos ha confiado a nosotros, sus discípulos, la tarea de llevarlo adelante, asumiendo la responsabilidad de dar esperanza a los pobres. Es necesario, sobre todo en una época como la nuestra, reavivar la esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad cristiana no puede subestimar. De esto depende que sea creíble nuestro anuncio y el testimonio de los cristianos»78.

En este sentido hemos de apoyar toda la preciosa tarea de Cáritas (parroquiales, interparroquiales y diocesana) y otras instituciones eclesiales que atienden más directamente a los más pobres en nuestra Diócesis. Que no haya ninguna parroquia en nuestra Diócesis sin Cáritas, sin un grupo de cristianos comprometidos con los más pobres a quienes atienden en nombre del resto de los feligreses. Ellos son la expresión visible y concreta de la realidad eclesial siempre cercana a los más necesitados.

Gracias al Señor, he podido comprobar en estos meses que la atención a los más necesitados está muy bien organizada en las parroquias y que Cáritas constantemente se hace presente a través de comedores de caridad, obras asistenciales con los más ancianos y solos, acogida de mujeres marginadas, cursos de formación y capacitación para abrir caminos profesionales a jóvenes y adultos, atención a familias que lo pasan mal, drogodependientes, alcohólicos, experiencias de jóvenes con corazón que asisten y visitan a enfermos y mayores, etc. Quiero destacar en este campo el precioso trabajo de algunas congregaciones religiosas, así como las obras sociales de muchas hermandades y cofradías. A nivel diocesano contamos también con el albergue de transeúntes de Guadix, que siempre tiene hermanos que necesitan ese servicio y acogida.

Traigamos a nuestra memoria las palabras del Concilio Vaticano II: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual».

 Cáritas y el trabajo con los más pobres siempre es y será nuestro signo de identidad en una Iglesia que quiere ser acogida, diálogo y tienda de campaña para curar a los heridos y descartados de nuestro mundo, de nuestra Diócesis de Guadix.

  

11.- Promocionar lo nuestro y nuestra historia: el valor del Patrimonio para evangelizar

 

El Papa san Juan Pablo II, el 31 de marzo del año 2000, decía a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia:

«Los bienes culturales, en sus múltiples expresiones (iglesias, diversos monumentos, museos, archivos, bibliotecas...) constituyen un componente notable de la misión evangelizadora y de promoción humana que es propia de la Iglesia. Especialmente el arte cristiano, sigue prestando su singular servicio, comunicando con extraordinaria eficacia, a través de la belleza de las formas sensibles, la historia de la alianza entre Dios y el hombre y la riqueza del mensaje revelado. (…) Por consiguiente, al formular sus proyectos pastorales, las Iglesias particulares han de utilizar adecuadamente los propios bienes culturales. En efecto, éstos tienen una singular capacidad para ayudar a las personas a percibir más claramente los valores del espíritu y, testimoniando de diferentes modos la presencia de Dios en la historia de los hombres y en la vida de la Iglesia, disponen los corazones a acoger la novedad evangélica»79.

 Para el Papa santo el arte cristiano es un cauce privilegiado para acercar al hombre de nuestro tiempo, mordido por la duda, o víctima de la indiferencia hacia lo trascendente, a la belleza que salva; la belleza que no deja al hombre atrapado en sí misma como una tela de araña, ni lo aleja de la verdad para adentrarlo en un mundo ilusorio o irreal. No, la belleza en sí misma es la verdad. Por eso tiene la capacidad de «disponer los corazones a acoger la novedad evangélica impulsando lo absoluto, a ese «no sé qué que quedan balbuciendo», que motiva la emoción estética y que se convierte en una saeta que llaga hasta lo más profundo y recóndito del espíritu humano:

¿Por qué, pues, has llagado aqueste corazón, no le sanaste? Y, pues me le has robado, ¿por qué así le dejaste, y no tomas el robo que robaste?» (Cf. San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual).

Así, la belleza es más, mucho más que pura estética; la belleza que salva, la belleza de la que habla Fiodor Dostoyevski, (novela El idiota), no es otra que Cristo mismo, que es el más bello de los hombres como canta el salmo 44: «Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia». Pero también es el Cristo sufriente del Cántico de Isaías 53: «Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta», que acoge en sí, y sobre sí, el sufrimiento y la miseria de la humanidad entera, y que por eso mismo puede salvar. «En el Cristo sufriente también (se) aprende que la belleza de la verdad contiene la ofensa, el dolor e incluso el oscuro misterio de la muerte» (Cardenal Joseph Ratzinger).  

 El Papa Francisco, siguiendo a Benedicto XVI, ha dado especial importancia en la transmisión de la fe cristiana a la via pulchritudinis (el camino de la belleza). No basta que el mensaje sea bueno y justo. Tiene que ser bello, pues solo así llega al corazón de las personas y suscita el amor que atrae.80 La Iglesia no busca el proselitismo sino la atracción que viene de la belleza y del amor cuya característica es el esplendor.

Es por tanto necesario que tomemos conciencia de que los bienes culturales de nuestra Diócesis tienen, además de un enorme valor cultural, un inmenso potencial evangelizador que debemos desarrollar a través de nuevas y originales iniciativas que nos descubran su valor espiritual y evangelizador.

En primer lugar a la comunidad cristiana, pero también a las personas que los admiran y visitan por su carga histórica o artística. Es necesario organizar, a nivel diocesano, visitas guiadas a los principales templos de la Diócesis, elaborar guías, exposiciones, jornadas de estudios…, con un doble objetivo: vivir la comunión de los santos, somos la iglesia de Jesucristo que camina en Guadix desde tiempos apostólicos, que gozamos y nos beneficiamos de una herencia de santidad incuantificable cuyo exponente visible es el patrimonio religioso que hemos heredado, y la responsabilidad de conservarlo, no como algo muerto, cual si fueran restos arqueológicos de una cultura pretérita, en la doble finalidad para el que fue creado, y que mantiene vigente, el culto y la evangelización.

Las jornadas de estudio sobre la Catedral y Arte Sacro, que organiza el Cabildo de la Catedral de Guadix, que este año se realizan por tercera vez, son un buen ejemplo de lo expuesto. La puesta en valor del Hospital Real de la Caridad, que alberga una exposición permanente sobre la labor socio-caritativa que durante cinco siglos la Iglesia diocesana ha ejercido a favor de los enfermos, pobres y necesitados, sin más recursos que los que la Iglesia aportaba, es también un bello ejemplo de cómo el patrimonio hoy sigue evangelizando.

En este Año Jubilar del nacimiento del Beato Manuel Medina Olmos, la delegación episcopal para la Cultura, Arte Sacro y Patrimonio, ha organizado una exposición sobre el Beato en el Palacio Episcopal con objetos que testimonian su capacidad pedagógica para la formación académica, su labor evangelizadora y caritativa, además de su martirio, con el que coronó una vida fecunda llena de amor a Dios y al prójimo. También se ha organizado una visita guiada para conocer mejor a nuestro Beato. Esta visita gira en torno a la catedral, antiguo seminario, donde se formó para ser sacerdote, parroquia del Sagrario, donde fue párroco, y el Palacio Episcopal, con la opción de celebrar la Santa Misa en el altar en que nuestro mártir celebró su última Eucaristía antes de recibir la gracia del martirio con el que coronó su vida. Existe además la posibilidad de desplazarse posteriormente a Lanteira, pueblo natal de don Manuel Medina Olmos, para conocer la casa donde nació, la parroquia donde recibió los primeros sacramentos, y venerar la pila donde recibió el don del Bautismo.

 Tenemos un patrimonio que no sólo es exponente del pasado y de nuestra rica historia eclesial sino que nos lanza, en la contemplación del Misterio, a seguir mostrando a todos la belleza de la fe y de ser cristianos.

En los brazos de la Virgen

El amor a la Madre: signo de identidad en la Diócesis

Guadix tiene Madre: la Virgen de las Angustias, o de la Piedad en Baza, o la Virgen de Gracia, Patrona de las Cuevas, la de la Cabeza, la Tizná, la Virgen de la Presentación o tantas bellas advocaciones marianas que son un grito diocesano mariano de amor a la Madre Inmaculada y Virgen.

En sus brazos, en los que sostiene a Cristo, quiero poner este curso que iniciamos. En Ella pongo a todas las familias, a vuestros hijos, a los jóvenes, los ancianos e impedidos, los sacerdotes, los consagrados, los enfermos, los que más sufren en nuestra Diócesis de Guadix. A Ella le pido por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, por nuestros misioneros, por los que no tienen trabajo. Que Ella nos bendiga en este año jubilar del Beato Obispo mártir Manuel Medina Olmos, que haga de nuestra Iglesia local una comunidad que vive unida y que acoge la llamada a ser misionera del Amor y la cercanía de Jesucristo.

Ella, María Santísima, es la Madre de la Iglesia. Ella recibió la Palabra con corazón puro y la ha hecho carne en su seno virginal. Ella fue la primera misionera llevando a su Hijo hasta la casa de su prima Isabel. Ella, al pie de la cruz, ha sido el último gran regalo de Jesús para todos nosotros: tenemos Madre. María, acompaña a la Iglesia peregrina en esta tierra mientras somos peregrinos en el mundo. En su Asunción nos adelanta el triunfo definitivo de Cristo en nosotros: hemos nacido para el cielo. Ella acompaña cada paso de nuestra Iglesia diocesana.

La Virgen es el mejor modelo para vivir lo que Dios quiere de nosotros porque Ella es quien mejor ha vivido el Evangelio. Le pido a nuestra Madre del cielo con palabras del Papa Francisco en la tierra, en su visita a Fátima: «Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor»81.

 

A todos, mi afecto y bendición en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

                                    Guadix, 1 de septiembre de 2019

 

 

 NOTAS

1 Papa Francisco, Discurso a los participantes en las jornadas dedicadas a los representantes pontificio. Sala Clementina, Roma 21.06.2013.

2 San Juan Pablo II, Pastores gregis, 11.

3 San Juan Pablo II, Pastores gregis, 11.

4 San Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 14.

5 San Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 14: «La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: «Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades», se aplican con toda verdad a ella misma. Y por su parte ella añade de buen grado, siguiendo a San Pablo: «Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!». Con gran gozo y consuelo hemos escuchado Nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: «Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia»; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa».

6 San Juan Pablo II, Redemptor hominis, 13a.

7 Benedicto XVI, Deus caritas est, 1.

8 Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 264.

9 Cf. Lc 9, 1-6.

10 Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 20.

11 Mt 25, 29-30.

12 Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 9. Y en el número siguiente, insiste el Papa en el ser misionero de la Iglesia: «La propuesta es vivir en un nivel superior, pero no con menor intensidad: «La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás». Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión. Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo»».

13 Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 46.

14 Cf. CIC ,1983, c. 397§1: Están sujetos a la Visita episcopal ordinaria las personas, instituciones, cosas y lugares sagrados que se encuentran dentro del ámbito de la Diócesis.

15 Caeremoniale episcoporum, 1178.

16 Cf. San Juan Pablo II, Pastores gregis, 46.

17 Concilio Vaticano II, Christus Dominus, 23.

18 Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos (2004), 220-224.

19 X Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Lineamenta, 121, 2001.

20 Cf. Congregación para los obispos, Apostolorum successores, 2201.

21 Papa Francisco, Discurso a los Obispos del CELAM, Río de Janeiro, 28.07.13.

22 Papa Francisco, Twitter, lunes 27 de mayo 2019.

23 Papa Francisco, Felicitaciones navideñas de la curia romana, Sala Clementina, Roma 21.12.2018. También el Papa Francisco ha tenido un constante recuerdo para los mártires contemporáneos en las celebraciones de este Triduo Pascual 2019. En la oración con la que finalizaba el Vía Crucis en el Coliseo, los recordaba con estas bellas palabras: «En Ti, divino amor, vemos aún hoy a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe en Ti, ante nuestros ojos o con frecuencia con nuestro silencio cómplice».

24 San Juan Pablo II, Tertio Millennio Adveniente, 10.11.1994.

25 Cf. Rafael de Haro Serrano, Manuel Medina Olmos, Obispo de Guadix-Baza. Apunte biográfico, edita Miguel de Haro Serrano. Utilizo este estudio para acercarme a las notas biográficas del Beato Obispo mártir de Guadix.

26 San Juan Pablo II, Homilía en la Santa Misa por la beatificación de trece siervos de Dios, Plaza de San Pedro, Roma, 10.10.1993.

27 Cf. Fray Antonio Ventura del Prado, Vida, martirio y culto del Ilustre mártir Fray Marcos Criado, del Orden de la Santísima Trinidad, redención de cautivos, apóstol de las Alpujarras, 1878, edición preparada por D. Juan Sáez Medina, Guadix 2016.

28 Conviene recordar lo que el Concilio Vaticano II, en su Decreto Apostolicam Auctositatem 12, nos decía acerca de la importancia de los jóvenes en la misión de la Iglesia: «Los jóvenes ejercen en la sociedad moderna un influjo de gran interés. Las circunstancias de su vida, el modo de pensar e incluso las mismas relaciones con la propia familia han cambiado mucho. Muchas veces pasan demasiado rápidamente a una nueva condición social y económica. Pero en el paso que aumenta de día en día su influjo social, e incluso político, se ven como incapacitados para sobrellevar convenientemente esas nuevas cargas. Este su influjo, acrecentado en la sociedad, exige de ellos una actividad apostólica semejante, pero su misma índole natural los dispone a ella. Madurando la conciencia de la propia personalidad, impulsados por el ardor de su vida y por su energía sobreabundante, asumen la propia responsabilidad y desean tomar parte en la vida social y cultural: celo, que si está lleno del espíritu de Cristo, y se ve animado por la obediencia y el amor hacía los pastores de la Iglesia, permite esperar frutos abundantes. (Ellos deben convertirse en los primeros e inmediatos apóstoles de los jóvenes, ejerciendo el apostolado entre sí, teniendo en consideración el medio social en que viven). Procuren los adultos entablar diálogo amigable con los jóvenes, que permita a unos y a otros, superada la distancia de edad, conocerse mutuamente y comunicarse entre sí lo bueno que cada uno tiene. Los adultos estimulen hacia el apostolado a la juventud, sobre todo en el ejemplo, y cuando haya oportunidad, con consejos prudentes y auxilios eficaces. Los jóvenes, por su parte, llénense de respeto y de confianza para con los adultos, y aunque, naturalmente, se sientan inclinados hacia las novedades, aprecien sin embargo como es debido las loables tradiciones».

29 Papa Francisco, Homilia JMJ, Panamá, 27.01.2018.

30 Cf. Papa Francisco, Christus vivit, 122: «Jóvenes amados por el Señor, ¡cuánto valen ustedes si han sido redimidos por la sangre preciosa de Cristo! Jóvenes queridos, ustedes «¡no tienen precio! ¡No son piezas de subasta! Por favor, no se dejen comprar, no se dejen seducir, no se dejen esclavizar por las colonizaciones ideológicas que nos meten ideas en la cabeza y al final nos volvemos esclavos, dependientes, fracasados en la vida. Ustedes no tienen precio: deben repetirlo siempre: no estoy en una subasta, no tengo precio. ¡Soy libre, soy libre! Enamórense de esta libertad, que es la que ofrece Jesús».

31 San Juan Pablo II, Redemptoris missio, 2.

32 Papa Francisco, Christus vivit, 156: «No prives a tu juventud de esta amistad. Podrás sentirlo a tu lado no sólo cuando ores. Reconocerás que camina contigo en todo momento. Intenta descubrirlo y vivirás la bella experiencia de saberte siempre acompañado. Es lo que vivieron los discípulos de Emaús cuando, mientras caminaban y conversaban desorientados, Jesús se hizo presente y «caminaba con ellos»» .

33 Papa Francisco, Christus vivit, 169: «Propongo a los jóvenes ir más allá de los grupos de amigos y construir la «amistad social, buscar el bien común»».

34 Cf. Papa Francisco, Jornadas Mundiales de la Juventud, Rio de Janeiro 2013.

35 Papa Francisco, Christus vivit, 3.

36 Papa Francisco, Christus vivit, 299.

37 Cf. Papa Francisco, Christus vivit, 90: En este sentido, conviene recordar las palabras del Papa Francisco a los jóvenes: «La vida nueva y desbordante de los jóvenes, que empuja y busca autoafirmar la propia personalidad, se enfrenta hoy a un desafío nuevo: interactuar con un mundo real y virtual en el que se adentran solos como en un continente global desconocido. Los jóvenes de hoy son los primeros en hacer esta síntesis entre lo personal, lo propio de cada cultura, y lo global. Pero esto requiere que logren pasar del contacto virtual a una buena y sana comunicación».

38 La pastoral juvenil y universitaria es el contexto propio para las vocaciones cristianas. Las preguntas vocacionales se plantean en la adolescencia y en la juventud y es en este momento donde hemos de ayudar a encontrar las respuestas adecuadas, acompañando personal y comunitariamente a los más jóvenes: ¿Qué quiero hacer con mi vida en el futuro? ¿Qué me hace feliz? ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cómo puedo ayudar a los demás? Hemos de proponer con claridad y abiertamente la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa a nuestros jóvenes. Dios llama a quien Él desea, pero no puede pasar la juventud sin que estas preguntas se hagan, se oren y se lleven a lo profundo del corazón. Seamos todos verdaderos mediadores y acompañemos a todos los que experimentan inquietud por una vocación de especial consagración.

39 Papa Francisco, Christus vivit, 76 «¿Yo aprendí a llorar? ¿Yo aprendí a llorar cuando veo un niño con hambre, un niño drogado en la calle, un niño que no tiene casa, un niño abandonado, un niño abusado, un niño usado por una sociedad como esclavo? ¿O mi llanto es el llanto caprichoso de aquel que llora porque le gustaría tener algo más? Intenta aprender a llorar por los jóvenes que están peor que tú. La misericordia y la compasión también se expresan llorando. Si no te sale, ruega al Señor que te conceda derramar lágrimas por el sufrimiento de otros. Cuando sepas llorar, entonces sí serás capaz de hacer algo de corazón por los demás».

40 Cf. Papa Francisco, Christus vivit, 172: «Otros jóvenes participan en programas sociales orientados a la construcción de casas para los que no tienen techo, o al saneamiento de lugares contaminados, o a la recolección de ayudas para los más necesitados. Sería bueno que esa energía comunitaria se aplicara no sólo a acciones esporádicas sino de una manera estable, con objetivos claros y una buena organización que ayude a realizar una tarea más continuada y eficiente. Los universitarios pueden unirse de manera interdisciplinar para aplicar su saber a la resolución de problemas sociales, y en esta tarea pueden trabajar codo a codo con jóvenes de otras Iglesias o de otras religiones».

41 Cf. Rivas Fernández Miguel Ángel, Huéneja. Ermita y culto de Nuestra Señora de la Presentación, Huéneja, Ayuntamiento, 14.05.2004.

42 Rivas Fernández Miguel Ángel, Huéneja. Ermita y culto de Nuestra Señora de la Presentación, Huéneja, Ayuntamiento, 14.05.2004.

43 Papa Francisco, Angelus, 04.08.2013.

44 Papa Francisco, Audiencia a los participantes en un congreso de los centros nacionales para las vocaciones de las Iglesias de Europa, Sala del Consistorio, Roma 06.06.2019: «Trabajar con los jóvenes requiere mucha paciencia, mucha; mucha capacidad de escucha, porque a veces los jóvenes se repiten, se repiten... Paciencia y capacidad de escucha. Y luego rejuvenecerse: es decir, ponerse en movimiento, moverse con ellos. Hoy en día, el trabajo con los jóvenes, en general, de cualquier tipo, se realiza en movimiento. Cuando yo era joven, el trabajo con los jóvenes se hacía en círculos de reflexión. Nos reuníamos, reflexionábamos sobre ese tema, luego sobre otro, cada uno estudiaba el tema primero... Y estábamos satisfechos y hacíamos algunas obras de misericordia, visitas a hospitales, a alguna casa de retiro... Pero era más sedentario. Hoy los jóvenes están en movimiento, y hay que trabajar con ellos en movimiento, y tratar de ayudarlos a encontrar la vocación en sus vidas. Eso cansa... ¡Hay que cansarse! No se puede trabajar por las vocaciones sin cansarse. Es lo que la vida, la realidad, el Señor, y todos nos piden».

45 Cf. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 36: «A más de lo dicho, los laicos procuren coordinar sus fuerzas para sanear las estructuras y los ambientes del mundo, si en algún caso incitan al pecado, de modo que todo esto se conforme a las normas de la justicia y favorezca, más bien que impida, la práctica de las virtudes. Obrando así impregnarán de sentido moral la cultura y el trabajo humano. De esta manera se prepara a la vez y mejor el campo del mundo para la siembra de la divina palabra, y se abren de par en par a la Iglesia las puertas por las que ha de entrar en el mundo el mensaje de la paz».

46 Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 38: «Cada seglar debe ser ante el mundo testigo de la resurrección y de la vida del Señor Jesús, y señal del Dios vivo. Todos en conjunto y cada cual en particular deben alimentar al mundo con frutos espirituales (cf. Gal 5,22) e infundirle aquel espíritu del que están animados aquellos pobres, mansos y pacíficos, a quienes el Señor, en el Evangelio, proclamó bienaventurados (cf. Mt 5,3-9). En una palabra, «lo que es el alma en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo»».

47 Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 33: «Los laicos congregados en el Pueblo de Dios y constituidos en un solo Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, están llamados a ser de miembros vivos, a procurar el crecimiento de la Iglesia y su perenne santificación con todas sus fuerzas, recibidas por beneficio del Creador y gracia del Redentor. El apostolado de los laicos es la participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, a cuyo apostolado todos están llamados por el mismo Señor en razón del bautismo y de la confirmación. Por los sacramentos, especialmente por la Sagrada Eucaristía, se comunica y se nutre aquel amor hacia Dios y hacia los hombres, que es el alma de todo apostolado. Los laicos, sin embargo, están llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos. Así, pues, todo laico, por los mismos dones que le han sido conferidos, se convierte en testigo e instrumento vivo, a la vez, de la misión de la misma Iglesia «en la medida del don de Cristo» (Ef 4,7)».

48 Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la doctrina social de la Iglesia, BAC, Planeta, Madrid 2005.

49 Cf. Benedicto XVI, Los movimientos en la Iglesia, Movimiento cultural cristiano, (Voz de los sin Voz, nº 563), Madrid 2009.

50 Papa Francisco, Discurso a los Obispos del CELAM, Río de Janeiro, 28.07.13.

51 Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 11: «Habiendo establecido el Creador del mundo la sociedad conyugal como principio y fundamento de la sociedad humana, convirtiéndola por su gracia en sacramento grande... en Cristo y en la Iglesia (Cf. Ef., 5,32), el apostolado de los cónyuges y de las familias tiene una importancia trascendental tanto para la Iglesia como para la sociedad civil. Los cónyuges cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Ellos son para sus hijos los primeros predicadores de la fe y los primeros educadores; los forman con su palabra y con su ejemplo para la vida cristiana y apostólica, los ayudan con mucha prudencia en la elección de su vocación y cultivan con todo esmero la vocación sagrada que quizá han descubierto en ellos. Siempre fue deber de los cónyuges y constituye hoy parte principalísima de su apostolado, manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y la santidad del vínculo matrimonial; afirmar abiertamente el derecho y la obligación de educar cristianamente la prole, propio de los padres y tutores; defender la dignidad y legítima autonomía de la familia. Cooperen, por tanto, ellos y los demás cristianos con los hombres de buena voluntad a que se conserven incólumes estos derechos en la legislación civil; que en el gobierno de la sociedad se tengan en cuenta las necesidades familiares en cuanto se refiere a la habitación, educación de los niños, condición de trabajo, seguridad social y tributos; que se ponga enteramente a salvo la convivencia doméstica en la organización de emigraciones. Esta misión la ha recibido de Dios la familia misma para que sea la célula primera y vital de la sociedad. Cumplirá esta misión si, por la piedad mutua de sus miembros y la oración dirigida a Dios en común, se presenta como un santuario doméstico de la Iglesia; si la familia entera toma parte en el culto litúrgico de la Iglesia; si, por fin, la familia practica activamente la hospitalidad, promueve la justicia y demás obras buenas al servicio de todos los hermanos que padezcan necesidad. Entre las varias obras de apostolado familiar pueden recordarse las siguientes: adoptar como hijos a niños abandonados, recibir con gusto a los forasteros, prestar ayuda en el régimen de las escuelas, ayudar a los jóvenes con su consejo y medios económicos, ayudar a los novios a prepararse mejor para el matrimonio, prestar ayuda a la catequesis, sostener a los cónyuges y familias que están en peligro material o moral, proveer a los ancianos no sólo de los indispensable, sino procurarles los medios justos del progreso económico. Siempre y en todas partes, pero de una manera especial en las regiones en que se esparcen las primeras semillas del Evangelio, o la Iglesia está en sus principios, o se halla en algún peligro grave, las familias cristianas dan al mundo el testimonio preciosísimo de Cristo conformando toda su vida al Evangelio y dando ejemplo del matrimonio cristiano. Para lograr más fácilmente los fines de su apostolado puede ser conveniente que las familias se reúnan por grupos».

52 San Juan Pablo II, Familiaris consortio, 65.

53 Papa Francisco, Carta a los sacerdotes con ocasión del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, 04.08.2019.

54 Cf. Papa Francisco, Carta a los sacerdotes con ocasión del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, 04.08.2019: «Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con vuestro Obispo, sosteniéndose mutuamente, cuidando al que está enfermo, buscando al que se aísla, animando y aprendiendo la sabiduría del anciano, compartiendo los bienes, sabiendo reír y llorar juntos, ¡cuán necesarios son estos espacios! E inclusive siendo constantes y perseverantes cuando tuvieron que asumir alguna misión áspera o impulsar a algún hermano a asumir sus responsabilidades; porque «eterna es su misericordia». Gracias por el testimonio de perseverancia y «aguante» (hypomoné) en la entrega pastoral que tantas veces, movidos por la parresía del pastor, nos lleva a luchar con el Señor en la oración, como Moisés en aquella valiente y hasta riesgosa intercesión por el pueblo (cf. Nm 14,13-19; Ex 32,30-32; Dt 9,18-21); porque «eterna es su misericordia». Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación, sin rigorismos ni laxismos, haciéndose cargo de las personas y acompañándolas en el camino de conversión hacia la vida nueva que el Señor nos regala a todos. Sabemos que por los escalones de la misericordia podemos llegar hasta lo más bajo de nuestra condición humana —fragilidad y pecados incluidos— y, en el mismo instante, experimentar lo más alto de la perfección divina: «Sean misericordiosos como el Padre es misericordios». Y así ser «capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse»; porque «eterna es su misericordia». Gracias por ungir y anunciar a todos, con ardor, «a tiempo y a destiempo» el Evangelio de Jesucristo (cf. 2 Tm 4,2), sondeando el corazón de la propia comunidad «para buscar dónde está vivo y ardiente el deseo de Dios y también dónde ese diálogo, que era amoroso, fue sofocado o no pudo dar fruto»; porque «eterna es su misericordia». Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola (cf. Lc 10,25-37). Nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente. ¡Cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote que se acerca y no le huye a las heridas de sus hermanos!. Reflejo del corazón del pastor que aprendió el gusto espiritual de sentirse uno con su pueblo; que no se olvida que salió de él y que sólo en su servicio encontrará y podrá desplegar su más pura y plena identidad, que le hace desarrollar un estilo de vida austera y sencilla, sin aceptar privilegios que no tienen sabor a Evangelio; porque «eterna es su misericordia». Gracias demos, también por la santidad del Pueblo fiel de Dios que somos invitados a apacentar y, a través del cual, el Señor también nos apacienta y cuida con el regalo de poder contemplar a ese pueblo en esos «padres que cuidan con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante». Agradezcamos por cada uno de ellos y dejémonos socorrer y estimular por su testimonio; porque «eterna es su misericordia»».

55 Papa Francisco, Carta a los sacerdotes con ocasión del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, 04.08.2019.

56 Papa Francisco, Carta a los sacerdotes con ocasión del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, 04.08.2019.

57 1Pe, 5,8.

58 1Pe, 5,9.

59 Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, 11.02.2013. Como sabemos, es la actualización del anterior directorio publicado en 1994, Pastores dabo vobis, que ha introducido textos de San Juan Pablo II en el jubileo del 2000 y de Benedicto XVI en el año sacerdotal 2009-10.

60 Concilio Vaticano II, Lumem Gentium, 30.

61 Papa Francisco, Audiencia a los participantes en un congreso de los centros nacionales para las vocaciones de las Iglesias de Europa, Sala del Consistorio, Roma 06.06.2019.

62 Papa Francisco, Audiencia a los participantes en un congreso de los centros nacionales para las vocaciones de las Iglesias de Europa, Sala del Consistorio, Roma 06.06.2019.

63 Papa Francisco, Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del sínodo de los Obispos, Aula Pablo VI, Roma 17.10.2015.

64 Papa Francisco, Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del sínodo de los Obispos, Aula Pablo VI, Roma 17.10.2015.

65 Idem.

66 Idem.

67 Fondo de sustentación del clero.

68 Papa Francisco, Mensaje para la III Jornada Mundial de los pobres, La esperanza de los pobres nunca se frustrará, 17.09.2019.

69 Papa Francisco, Mensaje para la III Jornada Mundial de los pobres, La esperanza de los pobres nunca se frustrará, 17.09.2019.

70 Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 198. Cf. También EG 197-216, donde el Papa presenta una verdadero programa de esta prioridad por los más frágiles en la Iglesia y en nuestro servicio al mundo y a la sociedad.

71 Cf. Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia de Aparecida, 13.05.2007: «Tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas y afirmaron que éstas, una vez establecidas, funcionarían por sí mismas; afirmaron que no sólo no habrían tenido necesidad de una precedente moralidad individual, sino que ellas fomentarían la moralidad común. Y esta promesa ideológica se ha demostrado que es falsa. Los hechos lo ponen de manifiesto. El sistema marxista, donde ha gobernado, no sólo ha dejado una triste herencia de destrucciones económicas y ecológicas, sino también una dolorosa opresión de las almas. Y lo mismo vemos también en Occidente, donde crece constantemente la distancia entre pobres y ricos y se produce una inquietante degradación de la dignidad personal con la droga, el alcohol y los sutiles espejismos de felicidad…. Donde Dios está ausente —el Dios del rostro humano de Jesucristo— estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos».

72 Papa Francisco, Mensaje para la III Jornada Mundial de los pobres, La esperanza de los pobres nunca se frustrará, 17.09. 2019.

73 Cf. 2 Co 8,14.

74 Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 69: «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos. En sociedades económicamente menos desarrolladas, el destino común de los bienes está a veces en parte logrado por un conjunto de costumbres y tradiciones comunitarias que aseguran a cada miembro los bienes absolutamente necesarios. Sin embargo, elimínese el criterio de considerar como en absoluto inmutables ciertas costumbres si no responden ya a las nuevas exigencias de la época presente; pero, por otra parte, conviene no atentar imprudentemente contra costumbres honestas que, adaptadas a las circunstancias actuales, pueden resultar muy útiles. De igual manera, en las naciones de economía muy desarrollada, el conjunto de instituciones consagradas a la previsión y a la seguridad social puede contribuir, por su parte, al destino común de los bienes. Es necesario también continuar el desarrollo de los servicios familiares y sociales, principalmente de los que tienen por fin la cultura y la educación. Al organizar todas estas instituciones debe cuidarse de que los ciudadanos no vayan cayendo en una actitud de pasividad con respecto a la sociedad o de irresponsabilidad y egoísmo».

75 Cf. Lc 16, 19-31 o Mt 25, 31-46: Tanto la parábola del rico Epulón como aquella de la terrible sentencia del juicio final donde el examen será sobre el amor a los más pobres, son una interpelación constante a nuestra indiferencia y comodidad.

76 «Mirad la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por nosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» ( 2Co 8,9).

77 Papa Francisco, Mensaje para la III Jornada Mundial de los pobres, La esperanza de los pobres nunca se frustrará, 17.09.2019.

78 Papa Francisco, Mensaje para la III Jornada Mundial de los pobres, La esperanza de los pobres nunca se frustrará, 17.09.2019.

79 San Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, Roma 31.03.2000.

80 Cf. Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 167.

81 Papa Francisco, Homilía en la santa misa con el rito de canonización de los Beatos Francisco Marto y Jacinta Marto, Santuario de Fátima, 13.05.2017.