Décimo tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 30 de junio de 2019

NO ESTAMOS DE REBAJAS

En determinados meses del año, vivimos la locura comercial de las rebajas, donde muchísima gente espera para comprarse alguna cosilla que les hace falta, porque ahora está más asequible a la economía particular. La verdad que, también, mucha gente entra en la euforia de las rebajas y compra hasta aquello que no le hace falta, por el simple hecho de que está rebajado y vale menos de su precio habitual; así, cuando llegan a casa, descubren que han comprado un montón de cosas, pero que, posiblemente, poca falta le hacen. Bueno, ¡son rebajas! y esto lo justifica todo.


Quizás en el seguimiento de Jesús, en la vivencia de la fe, algunas personas estén esperando alguna rebaja por el hecho de que llega el verano y estemos de vacaciones –que son sagradas-. Pues creo que si pensamos así, estamos equivocados y muy lejos de entender lo que es ser cristiano, máxime después de leer las lecturas de este domingo.
Empezando por la primera lectura, descubrimos que seguir a Jesús es mucho más que una euforia del momento; es una exigencia de cada día que no admite rebajas. Ponerse en camino exige dejarlo todo y comenzar una nueva vida en la que se descubre que el Señor es nuestro Dios y nuestro bien como proclama el salmista: “Tú, Señor, eres el lote de mi heredad, mi suerte está en tu mano” (Sal 15).
Ponerse en camino significa, también, andar según el Espíritu que implica libertad como un don irrenunciable de nuestro ser en Cristo. “Hermanos: para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado” (Gal 4,31-5,1.13-18). Una libertad que lleva a amar al prójimo como a uno mismo, como expresión suprema de que Cristo nos ha liberado de toda esclavitud y nos pone en condiciones de amar por encima de todo.
Pero, ponerse en camino, significa no mirar atrás una vez emprendido el camino, como nos narra el evangelio de hoy (Lc 9,51-62). Es lo que le ocurrió a Jesús en su camino hacia Jerusalén trenzado de tensiones y cuestionamiento, pero no por ello dejó de plantear el seguimiento con dureza y radicalidad ni dejó de andar el camino. Aquí no hay rebajas, sino que se exige prontitud y decisión irrevocable, porque uno se va a encontrar con algo nuevo que mueve todo y compromete toda tu persona. Porque la libertad, la madurez, la lucidez y la realización personal dependen de este tipo de decisiones tan vitales que uno empeña la vida entera e invierte todo lo que tiene en ese proyecto de vida porque se encuentra ahí la felicidad y quiere que dure toda la vida.
Destacamos que, este viaje de Jesús hacia Jerusalén, en el Evangelio de Lucas, es una parte muy original cuyo interés es teológico y no histórico. “Es una sección dominada por la perspectiva de la Pascua, comprendida a la luz del Mesías sufriente, y por el interés de Jesús en preparar a sus discípulos para la misión. Es, pues, una instrucción catecumenal dirigida a los creyentes de todos los tiempos”, cosa que descubrimos en el texto, porque no se nombra a los que les pide que le sigan. Ahí podemos encontrarnos nosotros y tener que tomar decisiones. En el fondo de todo esto está el sentido de la vida, como camino de todo discípulo y persona que quiere seguir a Jesús y gozar del Reino. Por eso, en el seguimiento de Jesús, la intolerancia y el fanatismo no son actitudes con las que se construye el Reino; ni tampoco filtrar el mensaje de Jesús según mis conveniencias.
Seguir a Jesús es cuestión de prioridades (pobreza y opción por los pobres, no violencia, tolerancia, humildad, misericordia…); es una actitud generosa de renuncia personal y de fidelidad, sin fisuras, por la causa del Reino de Dios, porque en ello encontramos el verdadero sentido de nuestra vida y la vivimos con gozo y entusiasmo, ya que merece la pena apostar por ello. Esto es lo que yo siento y vivo en estos 28 años de sacerdocio, no exentos de dificultades y contrariedades, en medio de nuestro mundo. Seguro que, también vosotros y vosotras, lo sentís en este seguir a Jesús yendo de camino y no permaneciendo indiferentes ante los acontecimientos que nos rodean, pues ellos nos interpelan y exigen de nosotros una toma de decisiones y posicionamiento. La fe inunda todas las facetas de mi vida, tanto dentro como fuera del templo, tanto si voy a la Eucaristía como cuando salgo de ella.
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos
PREGUNTAS:
1. ¿Qué excusas pongo para no seguir a Jesús?
2. ¿En dónde y cómo encuentro sentido a mi vida?
3. ¿Qué prioridades tengo en mi seguimiento de Jesús?

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.