Domingo de romerías y Moros y Cristianos

Romería de la Virgen de la Cabeza en Jérez del Marquesado, en años anteriores, en la que se venera la imagen más pequeña de toda la diócesis de Guadix Romería de la Virgen de la Cabeza en Jérez del Marquesado, en años anteriores, en la que se venera la imagen más pequeña de toda la diócesis de Guadix

Este domingo 28 de abril es un día especial. Y no solo porque sea domingo de votaciones, día para ejercer la responsabilidad de elegir a los que nos van a gobernar: una responsabilidad importante porque está en ello nuestro futuro. Ya este motivo es suficiente para declarar este domingo 28 como un día especial.
Pero hay más, mucho más. Hoy es el día de la Virgen de la Cabeza, una Virgen que suele ser pequeñita en su porte -quizá por eso, para ser portada-, pero que es muy grande para muchos cristianos de los numerosos pueblos que la celebran e, incluso, la tienen como patrona. Cogollos, Exfiliana, Jérez del Marquesado, Ferreira, Zújar, Benamaurel, Cúllar,… son algunos de esos pueblos que la celebran.
Y se celebra de modos muy diversos: en unos con romerías, en otros con representaciones de Moros y Cristianos y en otros con desfiles. Por ejemplo, en Jérez del Marquesado la imagen -seguramente la más pequeña en toda la diócesis- es llevada en romería, a caballo, hasta la ermita del Zalabí. Allí es llevada, también, la imagen de la patrona de Exfiliana y juntas protagonizan un encuentro que hermana a dos pueblos. En Cogollos y en Zújar hay representación de Moros y Cristianos, con batallas y una pequeña romería a la ermita de la Virgen de la Cabeza, en lo alto de un cerro. Y, en el norte de la diócesis, son los desfiles de Motos y Cristianos los que sirven para celebrar esta fiesta, con suntuosos trajes, aunque sean de bisutería.
Termina el mes de abril con esta fiesta en torno a la Virgen, Madre de Dios y Madre de todos. En el inicio del tiempo de Pascua, en el que celebramos la resurrección de Señor y nuestra propia llamada a la resurrección, la Virgen de la Cabeza nos invita a festejar, una vez más, la fe, la alegría de creer. Y es que la fe en el Cristo vivo y resucitado solo se puede celebrar con alegría, confiados en el Dios misericordioso. Por cierto, este es otro motivo de celebración en este 28 de abril: es el domingo de la Divina Misericordia. Ahí lo dejo.
Antonio Gómez