Semana Santa 2019 y Estaciones de Penitencia de las Hermandades en la catedral de Guadix

Desde la llegada a nuestra diócesis de don Francisco Jesús Orozco Mengíbar, se vino expresando la posibilidad y conveniencia, tanto por parte del prelado como de los cofrades, acerca de la entrada de las cofradías en la Santa y Apostólica Iglesia Catedral, para hacer estación de penitencia durante las procesiones de Semana Santa. Enterado el Cabildo de la Catedral, sometió el asunto al criterio y votación de los Señores Capitulares, resultando aprobada la propuesta, tal y como se expresa en el Libro de Actas.

Así pues, las cofradías penitenciales han vivido la experiencia, preciosamente organizada por su Federación y por cada hermandad, de enriquecer su espiritualidad con esta muestra eficaz de adhesión a la Iglesia madre diocesana. Tanto el señor Obispo como los sacerdotes del Cabildo y consiliarios de las hermandades, han dirigido mensajes de oración, alabanza, súplica y gratitud, a Jesucristo Sacramentado, y a las venerables imágenes que cada corporación cofrade ha traído a la Catedral con rigor y seriedad.

Para que todo ello fuere posible, se debe destacar la organización propuesta por la Federación de Cofradías, tanto en lo que se refiere al orden interior del acto, concebido como un acontecimiento íntimo de la hermandad, como a lo referente a la organización externa: el hecho de que las bandas de música esperen fuera del templo, el apagado anterior de las velas portadas por los hermanos, la acreditación de un solo fotógrafo en cada procesión, y la acreditación, también previa, de los fieles que podían acceder al interior del recinto catedralicio.

La hermosura del marco de la portada principal que da a la plaza, bellamente adornada de colgaduras y sillas dispuestas al efecto, ha otorgado a las entradas y salidas de cada paso de Semana Santa una singularidad llena de belleza. Dios, que nunca desaprovecha ninguna ocasión para introducirse dentro de nuestra alma, ha conseguido, a través de los sentidos, la razón y la doctrina evangélica, enviarnos su amor por medio de nuestros bellos pasos de Semana Santa.

El orden seguido en la celebración de las estaciones de penitencia, ha sido el que a continuación se copia íntegramente para futura memoria de las cosas.

ESTACIÓN DE PENITENCIA DE LAS COFRADÍAS EN LA SANTA Y APOSTÓLICA IGLESIA CATEDRAL

Credo

   Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso, y desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

A la entrada de Cristo en Jerusalén

Como esa paz que ansía mi corazón

vienes, clamor de los olivos, por los huertos

y te mueve entero una única razón:

resucitar la muerte de los muertos.

Hoy Guadix es provincia de Judea,

Jerusalén de la Accitania es parte,

también aquí la gente se recrea

al contemplar tu paso y aclamarte.

¡Cuantas veces, Señor, te bendecimos

por costumbre y sin profundidad,

pero al pecado pronto nos rendimos!.

Como entonces, un día te aclamamos

pero el sol pronto se vuelve oscuridad

y de espinas tus sienes coronamos.

                                                            

                                                   Ayúdame Señor, pues eres bueno,

                                                  a no trocar la palma de victoria

                                                    por la espina feroz y su veneno.

A Jesús del Prendimiento

De tu amor por mi prendido

te dejaste apresar en noche oscura.

Mas que apresarte el beso del amigo,

signo fatal de la traición más dura,

fue tu ansia de mí, Judas perdido,

quien puso luz al huerto y su negrura.

Ahora también, cuando vivo en pecado

v traiciono tu beso y tu amistad,

soy por ti, Señor mío, saludado

con salud salvadora en la verdad.

Sálvame siempre, Señor de la Salud,

de todas mis bajezas y traiciones,

dame tu amor, tu paz, tu luz

que destierren traidoras tentaciones.

A la Virgen de la Estrella

“Estrella pura de la mañana,

rosa temprana,

vara de nardo de rico olor

dulce esperanza del pecador”.

Guadix por siglos te aclama

con este cantar de amor

y ahora en las Cuevas declara

que lágrimas y dolor

por Jesús, nuestra Salud,

han de trocarse en favor

vestido en blanco y azul.

Favorece, Madre bella,

cuando aceche la tormenta

de la violenta querella,

la palabra que me alienta

a poner rumbo a tu estrella.

Y sea mi norte, Señora,

tu resplandor de hermosura

en todo momento y hora:

¡Tú, la Virgen siempre pura

y Estrella corredentora!

Al Señor de la Obediencia

Bajo la Cruz , obediente,

por mis pecados Señor,

callado, pero doliente,

caminas tras de mi amor.

Tu tesón y mi dureza

te ponen en este trance:

tú me buscas con presteza

y yo retardo el alcance.

Mueve tú mi voluntad

a rendirte mi obediencia,

y guía mi libertad

sembrándote en mi conciencia.

Caminemos bien unidos

el uno del otro en pos:

tú tras de mi amor perdido

y yo detrás de tu amor.

Al Cristo de la Misericordia

Del fuego y resplandor de la Alcazaba,

signo de Cristo luz y fortaleza,

desciende a la ciudad que le esperaba

en fuego de colores y belleza.

Yo te subo a la cruz de mi discordia

de mi egoísmo bajo y bien rastrero,

tú, a cambio, sólo por misericordia

llenas de luz mi noche por entero.

No eres buen mercader y comerciante

Cristo del amor misericordioso,

pues para que yo gane pierdes todo:

En tu negocio va siempre delante

el bien que consideras más precioso:

limpiarme, con tu sangre, de mi lodo.

                                         Mientras suene Señor trompeta pura,

                                        ablanda el corazón con tu ternura.

Al Cristo de la Flagelación

En tu espalda, Señor,

jirones hecha,

por amor de mi amor,

en cada brecha

mi pecado y su horror

con nombre y fecha,

arrancan tu dolor.

Me empeño en ser flagelo

que hiere tu inocencia,

e ignoro tu desvelo

porque aprenda la ciencia

que cambie en alegrías este duelo;

tú, la brutal paliza recibiendo

y yo buscando mi consuelo

en los pecados que te están hiriendo.

Triste de mí, si con amor no miras

al que te tiene en la columna atado:

soy látigo lleno de mentiras

¡Pero tú estás de mí, enamorado!

A la Virgen del Refugio

Refugio busca en la Madre

el niño cuando despierta

¿a quién habrá que no cuadre

tener a la madre alerta?

Cuando el hielo del rencor

el corazón atenaza:

¿A quién habrá que no cuadre

Tener refugio en la madre?

Si el peligro del dinero

acecha mi corazón,

y cierro el bolsillo entero

al pobre y a su razón.

¿A quién habrá que no cuadre

tener refugio en la madre?

Y si busco en mi placer

ensuciado en la bajeza,

un nacer y renacer

que me mata de torpeza.

¿A quién habrá que no cuadre

tener refugio en la madre?

En tus brazos refugiarme

quiero Madre al despertar,

gracias, por no preguntarme

si me volveré a alejar.

¿A quién habrá que no cuadre

tener refugio en la madre?

A la Virgen de la Esperanza

La vida, la dulzura y la esperanza

en tu verdor dorado se nos muestra

eres de nuestro amor Madre y Maestra,

cubierta por tu palio de alabanza.

No hay dolor que tu rostro no refleje,

ni pena que tu cara no transmita

y mis penas se van, Madre bendita,

con amor que tu amor en mi entreteje.

La catedral se abre en primavera

y un olor de esperanza nos renueva

al proclamar nuestra verdad entera:

si anclas mi corazón en firme puerto,

anclado quedará, sin que rechace

tu esperanza de amor cuando está yerto.

A Jesús de la Sentencia

A muerte injusta eres sentenciado

en público festín de odio insano,

cuando bastaba un gesto de tu mano

para haberte, de tal sentencia, liberado.

¿Qué te movió, Señor, a no librarte,

entre tanta injusticia y cobardía?

¿Qué te hizo resistir con tanta hombría

callando en el sufrir sin desatarte?

"Tu vivir, tu morir y tu pecado

sólo tú -me respondes- tú tan sólo

eres en mi sentencia perdonado.

Tu recibo de amor está pagado,

yo cargo con tu cuenta y con tu deuda:

y en mi sentencia, tú eres amnistiado".

Al Cristo de los Favores

Crucificado de suerte

que, en tu amor

y en tu dolor,

no se comprende tu muerte

si no es don de tu favor.

Favorece al alma mía

que busque tu gloria entera:

¡ ya el corazón me decía

que tú amas de tal manera

que resistir no podría!.

Al verte crucificado

ya no te pido favores:

te pido que mi pecado

no me llene de temores.

Pues soy pecador amado

remedia tú mis temblores

y tenme siempre abrazado:

i que has muerto por mis amores!

Crucificado de suerte

que, en tu amor

y en tu dolor,

no se comprende tu muerte

si no es don de tu favor.

A la Virgen de la Humildad

Torcuato había de llamarse

quien tu rostro fabricara,

para que Guadix llorase

al contemplar esa cara.

Humilde Ruiz del Peral

artista de cuerpo entero,

logró en ti el pedestal

de su arte noble y certero.

Su gubia hizo cumbre tal

de tallista y carpintero,

que la madera al tallar

pensaba en el costalero

que te había de portar.

Lo vio diestro en el callar,

humilde bajo el costero,

y para dejarle hablar

a ti te esculpió un puchero

de madre que ama al llorar.

Torcuato había de llamarse

quien tu rostro fabricara

para que Guadix gozase

al contemplar esa cara.

Al Soberano Poder

No pudo caber más llaga

ya no cupo más herida,

no hay amor más consumado

que el de la sangre vertida

por el pecador amado:

¿Qué quieres Señor que haga

al verte tan lacerado?.

Ante ti arrodillado

con el alma en carne viva,

tu respuesta se ha escuchado:

“Tú que pasas, mírame

y contempla bien mis llagas

y verás cómo me pagas

la sangre que derramé”.

No puedo pagarte nada

ni hay precio que sea capaz

de poner tasa a tu amor:

pues siendo yo pecador,

tus heridas me han curado

y tu cuerpo lacerado,

mis pecados ha comprado:

al perderte me has ganado.

Si amor con amor se paga

toma mi amor entregado

y sé, “Ecce Homo” soberano,

quien me tome de la mano

para amar más a mi hermano.

A la Virgen de las Lágrimas

La noche viste azul sereno y bello

y el rocío de tus lágrimas desgrana.

Envidiando tu plata y su destello

las estrellas se asoman con tal gana

que dijéranse locas de afición

por contemplarte limpia, noble, hermosa

azul y blanca en Pura Concepción

Inmaculada Virgen primorosa.

Danos Señora, pues nos quieres tanto,

amor para sentirnos más hermanos

limpiados del pecado por tu llanto.

Porque tu templo se ha reconstruido

restaura tú, a través de nuestras manos,

al pobre, al que sufre y al herido.

A Jesús Nazareno “El Llavero”

Tienes la llave en tu mano

por librar del enemigo

a las monjas del convento.

Ábreme para el hermano

mientras tu llave bendigo,

el alma en cada momento.

Que al enemigo perdone,

que no cierre el corazón

y la cruz sepa aceptar.

Que la fe nunca abandone

y que sepa dar razón

de tu evangelio al hablar.

Porque tú eres mi "Llavero

en el cerrar y el abrir,

yo quiero ser el primero

después de ti, para ir,

con paso de costalero

viviendo tras tú vivir.

Pues hay que reconocer

que en la cruz y en el costero

yo a ti no te se mecer,

y eres tú mi costalero

que me sabe sostener.

Llavero" del alma mía,

cargando, noble y sereno,

mi capataz y mi guía

Jesucristo Nazareno!

Al Cristo de la Luz

Eres la luz sembrando claridades:

en medio de la noche y su negrura

es tu cuerpo santísimo, figura

que siembra en mí pacíficas bondades.

Silencio que habla de mis vanidades,

tan sereno, tan lleno de hermosura

tan solemne y mecido con mesura

que al mirarte conozco mis verdades:

Poco hay en mí, Señor, de verdadero

que no sean las tinieblas del pecado

y de mi desamor vil y rastrero.

Pero hay una verdad más soberana:

siendo yo pecador, tú me has amado

luz que cambias mi noche por mañana!

A la Virgen de la Amargura

Parroquia de Santiago:

¡Orgullo puedes tener!,

pues te anticipas a mayo

en el bello florecer,

y quien florece es abril

por las calles de Guadix.

Al pie de Sierra Nevada

no hay mayor hermosura

que la Madre más amada:

¡La Virgen de la Amargura!.

Luz y amargura se nombra

y titula tu hermandad,

pues de tu amargo dolor

recibe luz nuestro amor,

para aprender caridad

con un resplandor que asombra.

A San Juan Evangelista

"Madre, aquí tienes a tu hijo,

hijo, ahí tienes a tu Madre".

Cuando todos corrieron

y no estaban,

los cobardes huyeron,

se ausentaban..

uno entre la docena

de amigos del Amigo,

para sufrir la pena

se quedó contigo.

Uno bastó entre todos

para aceptar el magno testamento

que, desde aquel momento,

nos limpia nuestros lodos:

Cristo, desde su madero

por entregar a su Madre,

hizo de ti "el Heredero".

Juan, contigo estaba yo

recibiendo aquella herencia

porque, muriendo, me amó

con tal extremo y tal ciencia

que a su madre me legó.

Gracias al joven discípulo

y a su honra y valentía

puedo, sin ningún escrúpulo,

llamar ¡mi Madre ! a María.

De todos seas alabado

en tu recia condición

por valiente y por amado,

recibe Juan mi oración

pues por ti, se nos ha dado

Madre de tal bendición,

y en tu valor soy honrado

con tal alta filiación.

Al Cristo del Descendimiento

No entiende el entendimiento

cual fue la razón de amor

para verte descendiendo

al abismo del dolor.

Cristo del Descendimiento

al mirar tu cuerpo yerto,

no se si alcanzo y entiendo

por qué tú, inocente, has muerto.

Si el culpable yo soy

de tanta guerra y pecado,

y no se si vengo o voy

por mis odios agobiado:

¿Qué te mueve a ser mi amigo,

si a mí, con mi independencia

me estorba el estar contigo

en mi loca suficiencia?

¿Por qué te empeñas, Señor

en restaurar con afectos

toda mi ira y rencor,

mi soberbia y mis defectos?

Sólo encuentro una razón

y argumento suficiente

tú, tienes un corazón

que me ama infinitamente.

A la Virgen de los Dolores

Virgen de los Dolores

siete espadas

como siete amores

llevas atravesadas.

Como siete tambores

de marchas redobladas,

como siete temblores

de ansias renovadas

en los nuevos temores.

Sin embargo, María

en medio de la desatada

furia, cuando latía

el alma perforada,

aceptaste ser mía:

mi madre, traspasada.

Siete veces te quiero,

ante tu amor postrado:

siete veces prefiero

rendirme enamorado.

Todo el dolor del mundo

en cada lágrima tuya

se esconde, en un fecundo

esperar de vida y aleluya.

¡Porque te quiero tanto!

sin modo ni medida,

que al contemplar tu llanto

vengo, con alma herida,

a esconderme debajo de tu manto.

Al Santo Sepulcro

Cuando el olor del incienso

envuelve tu cuerpo santo,

miro en mi interior, y pienso

por qué me querrás tú tanto.

Señor, yo valgo bien poco,

soy egoísta y rastrero,

el placer me vuelve loco

y atesoro el vil dinero.

Temo al trabajo y sus penas

y de fugaz diversión

tengo tantas horas llenas,

que mi gozo es mi pasión.

Con asco y repulsa miro

al pobre y a su penar

y mi bolsillo retiro

si la limosna he de dar.

I Tus heridas me han curado,

tu dolor me ha redimido!

Porque mucho me has amado

cuando vagaba perdido.

Tú, que por mí estás muerto,

dame tu amor y tu vida:

por tu cuerpo santo y yerto

apresura tu venida

a mi corazón abierto.

A la Virgen de la Soledad Coronada

Quinientos años del más cumplido gozo

tras de siglos de amor bien ofrecidos,

nos traen ante tu rostro, más que hermoso,

para mirar tus ojos doloridos.

“Esos tus ojos misericordiosos”

vuelve a nosotros, ante ti postrados

como hijos devotos y amorosos

y cofrades en tu mirar prendados:

pues no existe desolación y duelo

que, tras una sencilla Avemaría,

no encuentre en ti su paz y su consuelo.

Nadie está sólo en ti, Soledad nuestra,

pues eres tú la suave compañía

en que el Divino Amigo se nos muestra.

                                                    La corona canónica ofrecida,

                                                     te ensalza como la Madre y Maestra

                                                     de cada primavera florecida.

Al Cristo Resucitado y la Virgen de la Victoria

Vida de vida viviente

y de amor resucitado

que has vencido a la muerte

y estás de mi enamorado:

plenitud de vida eterna

que enciendes en mi tu fuego,

cirio, antorcha y lucerna

que iluminas mi sendero.

Te quiero porque le das

muerte al pecado primero

porque, luego, me has

llenado de vida entero.

Te quiero, porque te quiero

sin más causa ni razón,

te quiero más que al dinero,

lo digo, de corazón.

Me da la gana quererte,

llenarme de tu ilusión

y acudir para verte,

Cristo de Resurrección,

triunfante sobre lo inerte

en gloriosa procesión.

Pues gracias a mi bautismo

que me ha sembrado en tu amor

puedo vencer mi egoísmo

y superar mi dolor.

Y tu primera Victoria

es la Virgen, Madre mía,

el reflejo de tu gloria,

cenit de sabiduría,

elogio de la memoria,

colmo de toda alegría.

Oración final

Señor, venimos en procesión, caminando juntos.

Y hacemos Estación de Penitencia,

parándonos en esta Santa y Apostólica Iglesia Catedral.

Nuestras imágenes sagradas nos ayudan,

a través de la veneración, para llegar a la adoración.

Te adoramos, Señor, en el Santísimo Sacramento del Altar,

en este lugar santo que representa el cielo en la tierra.

Aquí cada día tiene lugar la alabanza divina

y el amor fraterno propios del Padre Nuestro:

“que se haga tu voluntad aquí en la tierra

como ya se hace en el cielo”.

Nuestra hermandad te proclama,

Señor de nuestros sentidos,

para que nos ayudes a que tanta belleza se nos meta dentro;

Señor de nuestra razón,

para que tanta verdad nos haga cada vez más libres

y Señor que nos habla a través de su palabra,

por medio del arte sagrado,

para que experimentemos las maravillas de tu amor.

Ayuda a nuestra cofradía para que experimente todo el año tu hermosura, como lo hace en este momento,

y crezcamos en el amor a ti y en el amor al prójimo. Amen

(Textos poéticos: Manuel Amezcua Morillas.)

Al paso de cada cofradía por las naves, como en la “parada” ante el Santísimo Sacramento, bien en la capilla del sagrario, bien el Jueves Santo en el Monumento, las hermandades han “parado” (Statio) su procesión (Processio). Es decir, han vivido un momento de intimidad orante, en el transcurrir de su caminar en común. Todos nos felicitamos de esta novedad que ha de suponer un hito en la historia de esta ciudad, tan implicada en la vida cofrade y de estas cofradías, tan señeras en la vida de nuestra Iglesia.

 

Manuel Amezcua