Novedades cofrades S.A.: familia y juventud

El avisado lector no debe preocuparse en exceso. No estamos ante la apertura de una nueva tienda de penitentillos, pasos de Semana Santa en miniatura, medallas variopintas e inciensos de múltiples precios, procedencias y olores. A todo lo externo de la Semana Santa le sobran aspectos puramente formales y le faltan honduras interiores.


Justa y cabalmente, tanto nuestro nuevo obispo, don Francisco Jesús Orozco Mengíbar, como yo mismo, por él nombrado Delegado Diocesano de Piedad Popular Hermandades y Cofradías, es a estos aspectos más profundos a los que queremos declarar como los más importantes, tanto para las hermandades de gloria y patronales, como para las sacramentales y de Semana Santa: ¡todos, por fin, a una! Para ello, se propone la creación de tres centros cofrades en la Diócesis, en Huéscar, Baza y Guadix, que cumplan dos finalidades importantísimas: la dinamización espiritual de las cofradías por medio de unas capillas capaces de albergar la adoración continua del Santísimo Sacramento y, paralelamente, unas aulas donde puedan impartirse cursos reglados, coordinados desde Instituto de Fundamentos Cristianos y talleres especializados para las el funcionamiento de las hermandades. Vayamos por partes.
Las capillas de adoración continua del Santísimo Sacramento, con Jesucristo vivo en la Custodia, vendrán a ser un reclamo sobrenatural de vida interior para todos. Es algo así como declarar sacramentales a todas las hermandades de la Diócesis y llevarlas, poco a poco, desde la veneración de las imágenes a la adoración de Cristo vivo, viviente y vivificador. Venerar es un camino que nos lleva a adorar: imaginemos a alguien que besa, limpia, cuida y embellece continuamente el retrato de sus padres, pero nunca, o casi nunca, besa y abraza a las personas que los retratos representan. La contradicción es manifiesta: ¿por qué veneras tanto la fotografía materna en vez de abrazar y besar a tu madre? ¿No te parece que te conformas con el símbolo y descuidas la realidad? El culmen de toda la evangelización es la Eucaristía. De ella hemos de nacer como de nuestra fuente y a ella hemos de tender como nuestro fin. Cristo en la Eucaristía nos convoca a dejarnos amar y a amarle. El culto a las imágenes es un medio, y el culto eucarístico un fin en sí mismo que anticipa la vida eterna. A cualquiera que me conozca no se le oculta que yo, ante todo, soy el “Cura de las Cuevas”, pues bien, me honra sobremanera suceder a San Pedro Poveda, verdadera cumbre martirial de nuestro presbiterio diocesano. Poveda, al llegar a la Cueva Santa de la Virgen de Gracia, lo primero que hizo fue colocar la Divina Eucaristía en el altar. Dijo: "el fundamento de la educación y la base de todo progreso moral y material es Jesucristo”. No confío en el éxito de estos centros cofrades si se les ahorra este cimiento. Que nadie me diga que ya hay iglesias para adorar, pues es necesaria una pedagogía activa que lleve a nuestros cofrades a centrarse en lo más hondo de la profundidad cristiana, de manera concreta y práctica. Sin las capillas, estos centros serían meros medios formativos y participativos, ¡Pero no orantes!.
Por otra parte, los cursos reglados habrán de entenderse como radicalmente imprescindibles para el acceso a cargos cofrades, ya sea por ocuparlos en la actualidad, ya para pretenderlos legítimamente en el futuro. Son muchas las diócesis españolas y andaluzas en particular, que proveen este servicio formativo para los cargos cofrades. Téngase en cuenta que los oficios principales de la cofradía son plenamente representativos de la Iglesia, pues no en balde las corporaciones cofrades son entidades de derecho público eclesiástico. Ello hace imprescindible que el desempeño de estos oficios esté sustentado en una formación algo más que básica. Además, las vocalías cofrades necesitan, por su propia naturaleza un impulso lleno de especialización. Don Francisco Jesús nos impulsa a crear las vocalías de familia y juventud en cada hermandad. Ello convierte a esta iniciativa en algo que, lejos de ser optativo, se transforma en la pletórica majestad de lo unánimemente asumido. Los católicos creemos en la “Iglesia apostólica”, según rezamos en el credo. Por tanto, cuando el sucesor de los apóstoles hace una llamada a la creación de vocalías de juventud y de familia… “cathedra locuta, causa finita”, esto es, todos a una a trabajar con los jóvenes y las familias, amen, amen. Esta prioridad es prioritaria. Se nos ha convocado a todas y cada una de las hermandades a primar nuestra formación, acción e incluso ilusión, respecto de la familia y de la juventud, en comunión con el plan diocesano de pastoral y con la relevancia que el señor Obispo otorga a estos dos campos pastorales. Si nuestro plan pastoral se centra en la familia, la juventud y las vocaciones, toda nuestra pastoral cofrade está convocada a incidir en los mismos campos. No pasará mucho tiempo sin que puedan y deban ser convocados los cofrades responsables de juventud y de familia de cada hermandad. Téngase en cuenta que también los últimos papas, en su magisterio más reciente y solemne, llaman a toda la Iglesia a transitar por los caminos de estas prioridades. Nuestro Obispo, repitió al principio, en el durante y al final de nuestro encuentro del día 24 de marzo: “¡las cofradías sois Iglesia, los cofrades sois Iglesia!”. Esta es la directriz episcopal clave de nuestro encuentro y de nuestra pastoral diocesana.
Otros son también los talleres necesarios, por ejemplo, para cumplir con las leyes canónicas y civiles. Los secretarios serán servidos con talleres de aprendizaje de su oficio, según los cánones eclesiásticos y la ley civil de protección de datos; los tesoreros habrán de conocer cómo presentar presupuestos y cuentas telemáticamente, según los acuerdos de trasparencia de la Conferencia Episcopal Española; los vocales de formación y de caridad, habrán de conocer las posibilidades de los cursos reglados formativos y la naturaleza de Cáritas, Manos Unidas o Ayuda a la Iglesia Necesitada, respectivamente; los priostes, camareras y mayordomos, habrán de ser formados para el cuidado de los tejidos ricos, la orfebrería o la guarda y custodia de las tallas estofadas en pan de oro…; incluso los músicos podrán participar en talleres para que las marchas de nuestras bandas durante los desfiles procesionales, se alejen de lo circense y ayuden a la hondura espiritual… Estos centros cofrades, alentados desde esta Delegación Diocesana, impulsarán todas las posibilidades de renovación de la vida de nuestras hermandades atendiendo más a la hondura que a lo formal, más a la espiritualidad que a la materialidad, más al alma que a los sentidos. Es evidente que lo externo tiene una soberana importancia en la religiosidad popular, pero el cuidado primordial habrá de ser el de la piedad como virtud auxiliar de la fe, la esperanza y la caridad. Estas tres virtudes teologales se nos infunden como dones bautismales y han de ser complementadas de manera abundante por toda otra serie de actitudes, que ayuden a edificar la virtud y erradicar el vicio. Esto es doctrina segura.
Reconozco, tras no pequeña experiencia en varias diócesis y tras haber participado como ponente en una docena de encuentros cofrades por toda España, que estas grandes verdades, referidas al culto, la formación y la caridad, han de ser solemnizadas con una continua reiteración de lo obvio. Esto es así. Espero que estas “novedades cofrades” no se constituyan en una mera S.A. (Sociedad Anónima), sino en un impulso asociado que lleve todos nuestros nombres, sin excluir ninguno. Si construimos la pastoral cofrade sobre otras bases, fracasaremos estrepitosamente. Por tanto, recibiendo el impulso de nuestro obispo, os animo a todos, cofrades, consiliarios y fieles en general, a unir nuestros esfuerzos para caminar juntos por las sendas indicadas: aprenderemos a equivocarnos unidos, en la espera de que el Señor de todo acierto nos empape con su Gracia Santificante. A Santa María, Madre de la Divina Gracia, nos confiamos.

Manuel Amezcua Morillas.
Delegado Diocesano de Piedad Popular, HH. y CC.