Familias católicas recluidas en casa por el Covid-19 unidas en: “#YoMeQuedoEncasaEnCompañíaDelSeñor”

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 FAMILIAS CATÓLICAS RECLUIDAS EN CASA POR EL COVID-19 UNIDAS EN: “#YoMeQuedoEncasaEnCompañíaDelSeñor”

El aislamiento preventivo para evitar el contagio de coronavirus puede transformarse en una oportunidad única para compartir más tiempo con los hijos y la familia, enseñar habilidades y crear memorias que serán atesoradas toda la vida.

Hay que ver esta situación cómo una bendición del don del tiempo y la oportunidad de volver a convertirnos en educadores primarios de nuestros hijos.

Familia, SANTUARIO de vida. Que este tiempo de confinamiento sea tiempo para vivir espiritualidad familiar.

Recluidos por el coronavirus y unidos en familia, aprovechemos para aumentar nuestra fe.

Es tiempo de entender que lo importante no es tratar de ser importantes sino hacer cosas que importen.

La familia está llamada a vivir, irradiar y manifestar al mundo el amor de Cristo.

Que nuestro hogar sea casa de acogida para Jesucristo Vivo, inculquemos a nuestra familia que Jesús debe ser el centro de nuestro hogar. Os invitamos a renovar la consagración de vuestra familia al Corazón de Jesús.

Oración, pilar fundamental en tiempos de crisis: Que el reclutamiento sea tiempo para vivir “Espiritualidad Familiar”, para orar en familia. Debemos buscar tiempo diario de oración en familia, en el que se pueda comentar el evangelio del día, en la que se de gracias por todo lo bueno que se ha vivido, ayudando a los hijos a descubrir al Señor, presente en cada detalle, cada momento, cada acción, en definitiva presente en toda nuestra vida y todo nuestro ser. También es momento de fomentar el rezo del santo rosario (explicando a los niños que se trata del arma más poderosa con la que contamos los cristianos, espiritualmente hablando); podemos comenzar poco a poco, con un misterio diario. Inculcarles la importancia de la misa dominical, haciendo la comunión espiritual en casa. Os aconsejamos realizar estos momentos de oración distribuidos a lo largo del día y no convertirlo en una obligación, sino una experiencia enriquecedora que al final se convertirá en un mayor disfrute para toda la familia.

Aprovechemos todo el material que nos llega por las redes sociales, tanto de ámbitos eclesiales como de laicos comprometidos con la iglesia.

Aprendamos a dar GRACIAS: que veamos en familia este tiempo de estar juntos en casa cómo un tiempo de gracia a la luz del Señor; juntos demos gracias por lo que somos y tenemos. Demos gracias a Dios por el regalo de la vida y de cada nuevo día.

DIÁLOGO con nuestros hijos y diálogo conyugal: es una ocasión única para estar con ellos, conocer sus inquietudes, necesidades, comprenderlos, ponernos en su lugar; “hacer nuestras” sus preocupaciones y necesidades, hacerles ver que somos su mayor apoyo, vamos a escucharles de verdad, con amor y paciencia, no se nos puede olvidar que los niños necesitan que pasemos tiempo junto a ellos, compartir juegos y charlas y sobre todo que se les escuche.

No olvidemos el diálogo conyugal, ahora más que nunca. Busquemos un momento a lo largo del día o de la semana para sentarnos con nuestro esposo/a en presencia del Señor para tratar todos aquellos asuntos que nos preocupan, nos inquietan, nos alegran, nos dan fuerzas y por qué no, para dar gracias a Dios.

Os invitamos a que, dando cumplimiento al sacramento del matrimonio, os cuideis con amor, delicadeza, dulzura y respeto; esa será la mayor ESCUELA para vuestros hijos y el mejor legado. Lo que los hijos esperan de sus padres es un testimonio de valor que los guiará el resto de sus vidas.

RECORDAR a los familiares que están lejos o que ya no están entre nosotros, especialmente a los abuelos, los grandes pilares de la familia de hoy. Aprovechar este tiempo de confinamiento para hablarles a nuestros hijos de sus abuelos y demás familiares fallecidos, o que están lejos y la distancia imposibilita una convivencia fraterna; en muchos casos, nuestros hijos no han conocido a sus abuelos, por eso nos encontramos ante una oportunidad única para recordarlos y que los conozcan mejor, enseñándoles fotografías y videos, explicándoles cómo eran, a qué se dedicaban, el amor que derrochaban por sus seres queridos y cómo nos inculcaron el amor de Dios. No perdamos esta ocasión para rememorar cuales son nuestras raíces, no rompamos los eslabones de la cadena familiar, que sepan nuestros más pequeños y no tan pequeños el origen de nuestra familia y los esfuerzos que tuvieron que hacer nuestros mayores para llegar a ser lo que hoy somos y estar donde estamos (ellos no lo tuvieron tan fácil como nosotros).

Aprovechar las nuevas tecnologías para poder hablar, mantener videoconferencias, enviar videos, audios, etc. a nuestros seres queridos que se encuentran lejos o muy cerca de nosotros pero confinados en sus casas. Para ellos es un chorro de aire fresco, un hilo de esperanza y un balón de oxígeno para seguir “resistiendo”. Por ello, debemos comunicarnos al menos una vez al día con estos familiares, y si es posible varias veces a lo largo del día, el saludo de la mañana, a la hora de la comida o sobremesa y antes de irnos a dormir.

VALORAR el trabajo de los niños. Debemos apoyar ahora más que nunca el trabajo de nuestros hijos en el colegio, institutos, conservatorio, universidad. Son tiempos difíciles al que tienen que enfrentarse, sobre todo los más pequeños, al cambiar drásticamente la forma de enseñanza (online, vía telemática), por ello los padres, en la medida de sus posibilidades, deben ayudarles a comprender la nueva forma de trabajo, ayudarles a organizarse diariamente: nos vamos a convertir por un tiempo en “escuelas en familia o escuelas domésticas” (homeschooling). Debemos hacer hincapié en valorar el trabajo y gran esfuerzo que realizan diariamente nuestros hijos, enseñarles a sentir “la satisfacción del trabajo bien hecho”, sin dejar de lado, claro está, la exigencia de realizar todo el trabajo que les sea encomendado desde los colegios y de la mejor forma posible.

CUIDAR el uso de las tecnologías de la información, sobre todo televisión y de internet. El gran error y la gran TENTACIÓN es dejar a los niños para que no molesten, enchufados a la televisión o conectados a internet o juegos virtuales. Controlemos los contenidos a los que acceden y poner límites de tiempo. Inculcar en este tiempo la lectura. Las redes sociales mal utilizadas son el demonio silencioso que puede dañar tanto al ser individual como a toda la familia, separándola y haciendo peligrar el diálogo conyugal y familiar, la oración, la unidad y cohesión familiar y tantos otros valores familiares que desgraciadamente poco a poco van desapareciendo.

Que no se nos olvide: Exigencia+cariño+tiempo=Éxito en la educación.

ORGANIZACIÓN del día: debemos organizarnos el día, tanto padres cómo hijos, haremos un planning con las tareas a desempeñar: aseo, estudio, juegos, reunión familiar para diálogo, oración personal y en familia, y lo más importante de todo, hacerlo todo teniendo en cuenta al Señor. Fijaremos un horario, ya que, según recomendaciones de profesionales sanitarios, para que la familia no vaya a la deriva en estos días, es bueno que se plantee un horario en el que se combinen tiempos de ocio y cumplimiento de obligaciones.

Lectura familiar, cada día de un tema diferente y elegido por cada miembro de la familia, seguida de un breve diálogo y análisis del tema tratado.

Actividades de ocio en familia: juegos de mesa, ejercicio físico (tipo aerobic), sencillas representaciones teatrales (incluso, por qué no, sobre pasajes bíblicos), cuentos, cantos y bailes, etc.

Delegación de Pastoral de Familia y Vida