Domingo XII del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 25 de junio de 2023

 

Tras la misión, Jesús anuncia un tiempo difícil y de persecución para quienes evangelizan en un mundo hostil para la fe. Sin embargo, es la fe la que nos hace fuertes frente al miedo que acobarda y paraliza, porque ella nos da la certeza de que Dios no nos abandona ni desatiende nuestras necesidades cuando perdimos su ayuda.
Para el Padre valemos más de lo que nos imaginamos por ser sus hijos, aunque a nosotros en más de una ocasión nos quede la duda. La providencia divina lo controla todo y nada se le escapa.
No tengamos miedo, porque cuando nosotros lo arriesgamos todo en esta vida por Jesús y por su reino, él nos recompensará poniéndose de nuestra parte cuando nos presentemos ante el Padre una vez dejemos este mundo y esta vida.
 
DESARROLLO
Este relato forma parte del discurso de la misión que reflexionamos la semana pasada. Ahora Jesús advierte y no oculta a sus discípulos la otra cara que suele acompañar la mayoría de las veces a la tarea evangelizadora de la Iglesia: la persecución.
Los discípulos ya han sido testigos tanto del éxito como del fracaso de Jesús, que pasó de ser vitoreado por las multitudes a terminar coronado de espinas y asesinado en una cruz, como un anticipo de que el destino del discípulo no iba a ser mejor que el del Maestro. De ahí las palabras consoladoras y de ánimo de Jesús a una Iglesia que desde sus comienzos hasta nuestra actualidad ha sentido la persecución, los ataques y el desprecio. 
“No tengáis miedo” es la frase repetitiva en este discurso que Jesús dirige, y con el que Mateo quiere calmar y estimular, a unas comunidades que podían sentirse asustadas y acobardadas ante la muerte de los primeros mártires. Y lo hace transmitiendo la idea de que el Evangelio que van a anunciar, si se transmite con convicción y libertad, tiene una fuerza incontenible que nadie podrá frenar. Para lo cual hay que aprovechar todas las ocasiones y lugares, es decir, todas las azoteas. Otra razón es la entereza interior que se tiene cuando entendemos que esta vida presente no vale tanto como la vida futura, la vida eterna. Y la última razón es la providencia de Dios en favor de los suyos, que no los abandona y en quien han de confiar siempre, pues, cuando solicitamos la ayuda del Padre, él responde de la manera más inesperada. 
Para una mayor ilustración de lo anterior, Jesús pone como ejemplo comparativo el cuidado del Padre sobre los pájaros más pequeños e insignificantes; y así resaltar la certeza que hemos de tener del amor que siente y del cuidado que tiene con sus hijos, que somos nosotros.
Nada hay que temer cuando tú has elegido en esta vida estar de parte de Jesús y hasta estás dispuesto a darla por él, porque entonces serás correspondido en el momento del juicio, en donde Jesús estará de tu parte delante del Padre.
El que tiene miedos no arriesga por no perder su situación social, su dinero, su pequeña felicidad, su trabajo, sus amistades… por el temor a la soledad, a hacer el ridículo, al rechazo… En nuestra sociedad vivimos tiempos difíciles y hay mucho miedo a un futuro incierto. El mejor antídoto contra el miedo es la fe, pues es la que nos da razones para vivir y confianza para morir.
 
Emilio J. Fernández, sacerdote
 

 

Modificado por última vez enDomingo, 25 Junio 2023 06:46