Décimo tercer domingo del tiempo ordinario. Ciclo B. 1 de julio de 2018

JESÚS ES EL SEÑOR DE LA VIDA

“Dios no ha hecho la muerte, ni se complace destruyendo a los vivos. Él todo lo creó para que subsistiera y las criaturas del mundo son saludables… mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los de su bando” (Sab 1,13-15;2,23-24).

 

 


Me gustaría no decir mucho más sobre la Palabra de Dios de este domingo de verano, pues además de los calores propios de este momento, también estas palabras del libro de la Sabiduría suben la temperatura y me han hecho pensar en un montón de cosas al respecto. Muchas de ellas están tan metidas en nuestro pensamiento que resultan difíciles de quitar aunque escuchemos al mismo Dios que nos habla. Me refiero a eso que solemos pensar o decir en algún momento: El ser humano es malo por naturaleza, “un lobo para el hombre”, esta vida es un valle de lágrimas, nacemos y vivimos para sufrir; ¿Por qué me manda Dios a mí esto o lo otro? ¿Por qué quiere Dios que suframos? ¿Por qué ha muerto tal o cual persona? ¿Por qué…?
Se nos olvida pensar que, todo eso ocurre por la fragilidad, por la envidia y la caducidad de la condición humana, pero nada más. Dios no se desentiende de lo que ha creado, pues de lo contrario, no lo habría hecho.
Parece que no nos enteramos de que Dios no quiere la muerte ni la enfermedad ni el sufrimiento innecesario como bien vemos en el Evangelio de hoy (Mc 5,21-43) y en todo el Evangelio. Un Padre misericordioso no puede complacerse con el mal ni el sufrimiento innecesario. Como tal Padre, como cualquier padre o madre, sufre aunque no pueda hacer nada al respecto en ese momento de sufrimiento nada más que estar y acompañar.
“Dios es amigo de la vida. Es el Dios de la inmortalidad, el Dios que llama a compartir fe y bienes materiales (2Cor 8,7.9.13-15), y el Dios que se ha mostrado Señor de la vida en Jesucristo. Acogerle puede colmar de felicidad nuestra existencia”. ¿Lo vives así?
Lo vemos en el texto evangélico que nos sitúa ante dos figuras femeninas, sin nombre, a quienes les falta la vida. A la mujer judía, con una prolongada menstruación que duraba años, se le estaba escapando su realización como madre, malvivía condenada a la esterilidad y declarada impura e “intocable” por las leyes judías (Lv 11,44-45:15,19-30). Por su parte, la hija de Jairo, en edad de desposarse y generar vida, había muerto. Pero, aparece Jesús, Señor de la vida y de la muerte, saltándose toda prohibición absurda que impide tocar a las personas e inaugura un tiempo de plenitud vital que se alcanza por la fe. Lo que salva no es el simple contacto físico, sino la fe que exige siempre encuentro y diálogo personal con Jesús. Esto hay que dejarlo claro ahora y siempre, pues la fe se ha ido mezclando de gestos mágicos relacionados con imágenes, reliquias, santuarios, etc. que, a veces, nos han alejado de que lo importante en la fe es el seguimiento de nuestro Señor Jesucristo. “Sígueme” le dijo Jesús al apóstol Pedro y, hoy, también nos lo dice a nosotros con toda claridad y rotundidad.
“Por la fuerza de su fe, la mujer curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de deseos de vida plena y compartida, como si hubiera vuelto a nacer. Por la fuerza de la fe del padre, la niña se puso en pie y echó a andar, o sea, recupera la vida cuando ésta parecía que le había sido arrebatada, y resucita a una nueva vida, vida de conversión. ¿Es la fe la que te pone a ti en pie cada segundo, cada minuto, cada día de tu vida? Si es así, ¡vas por buen camino! Si no es así, pues ¡ánimo! porque cada día el Señor nos brinda una nueva oportunidad para echar a andar y desterrar de nosotros todo aquello que nos impide seguir adelante en el seguimiento del Señor y en el ser feliz hoy y siempre. Porque, no lo olvidemos, ¡hoy es el mejor día para ser feliz! Y ¿mañana?...
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán.

PREGUNTAS:
1. ¿Qué tipo de peticiones le hacemos a Dios y en qué momentos?
2. ¿Quiénes son los “impuros”, los marginados, en nuestra sociedad? ¿Cómo podemos llevarles vida, dignidad, integración?
3. ¿Cómo vivo la virtud de la esperanza en tiempos de crisis?

 

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

 

Modificado por última vez enDomingo, 01 Julio 2018 07:29