Copia de Quinto Domingo de Resurrección. Ciclo B. 29 de abril de 2018

 

QUIEN PERMANECE UNIDO A CRISTO, AMA DE VERDAD Y DA FRUTO

“Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos” (Jn 15,1-8). Así de claro y tajante concluye el Evangelio hoy. Podría decir que no hay más que hablar, sino sólo aplicar en el día a día lo ahora escuchado; y cuando pase un tiempo, nos volvemos a juntar y ponemos en común los frutos que hayamos dado. ¿No supone esto un itinerario pastoral para aquellos que deciden iniciarse en la fe o redefinir su fe? ¿No podría ser este el plan de nuestras catequesis con todas las edades? Me parece a mí que estamos lejos de ello y que nuestras catequesis, en su mayoría, se quedan sólo en la cabeza y no pasan al corazón y a la acción. Parece que sólo nos sirven para la preparación a un sacramento y, cuando éste acaba, -algunos dicen que cuanto antes mejor- da la impresión de que ya acaba mi discipulado, mis opciones, mis exigencias y todo lo que he aprendido y vivido durante el tiempo de catequesis.


Durante el año, vivimos multitud de experiencias y compromisos pero, en este tiempo de muchas primeras comuniones ya se nos anuncia el final de muchos en su proceso. ¡Qué paripé! Y nos quedamos tan tranquilos como si nada pasara. Eso de la “vid y los sarmientos” que dan mucho fruto si permanecen unidos, parece que no lo hemos aprendido muy bien. Permanecer en Cristo es condición indispensable para dar fruto. Por eso se nos repite hoy “no amamos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él…” (1Jn 3,18-24).
Creo que se nos impone un tiempo de “poda” y de “cortar”. Podar lo que nos estorba para dar fruto y cortar totalmente lo que no sirve. Nuestra fe, nuestras prácticas religiosas se han ido cargando de muchos artilugios que la oscurecen y la hacen improductiva, además de impedirnos llegar al fruto verdadero; pensemos, por ejemplo, en la parafernalia con la que adornamos cualquier acto religioso –procesiones, romerías, primeras comuniones, bodas, etc.-; pensemos en las miles de reflexiones que hacemos a la hora de ayudar a los que sufren, a los pobres; analicemos las no se qué excusas para participar en algún tipo de manifestación callejera que me exija estar presente; bueno, y así, un sin fin de cosas más que cada uno necesitará meditar y valorar si es necesario podar o cortar. ¿No nos ocurre todo esto porque nuestra comunión (permanencia, unión) con Jesús resucitado es escasa o nula?
Ya lo venimos repitiendo desde hace tiempo en estas reflexiones y comentarios: conocer y seguir a Jesús porque lo hemos experimentado personalmente es necesario para mantener la fe, y no nos sirve conocerlo sólo de oídas, por tradición o por costumbre. Dejarse conocer por Jesús es otra exigencia que nos compromete. Lo vemos en Pablo, que pasó de ser perseguidor a misionero perseguido. Lo vemos en los discípulos durante toda la Resurrección de Jesús, que pasaron del miedo a la acción y a vivir su fe con valentía. Los santos de todos los tiempos cambiaron su vida tras el conocimiento de Jesús y, nosotros, cristianos de hoy en día, pasamos de la esterilidad a la fecundidad permaneciendo en Jesús y dando frutos de amor si nos comprometemos con alguna Asociación, si dedicamos nuestro tiempo a quienes nos necesitan, si alimentamos nuestra vida de fe orando, celebrando y actuando, si amamos de verdad a los que no nos quieren, si cuidamos y amamos de verdad a los que tenemos cerca, si… En definitiva, si nos sentimos hermanos y respetamos la dignidad humana de cualquier persona sea de la condición que sea, sea del país que sea, o de la raza y sexo que sea, pues en esto consiste el ser cristiano, en que amamos como el Padre amó a Jesús y en amar como Jesús nos amó y nos ama a cada uno de nosotros.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán


PREGUNTAS:
1. ¿Qué haces tú para permanecer unido a la Vid que es Cristo? ¿Qué hace tu parroquia, tu comunidad?
2. ¿Qué hemos de “podar” en nosotros, en nuestra parroquia, etc. para dar mejor fruto?
3. ¿Qué hemos de “cortar” porque no da fruto?

 

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

 

 

Modificado por última vez enDomingo, 29 Abril 2018 07:26