Vigésimo quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 24 de septiembre de 2017

MIS CAMINOS NO SON TUS CAMINOS

Seguro que más de una vez hemos dicho a alguien eso de que mis caminos no son tus caminos para dejarle bien claro que eso que el dice o hace, no nos identifica ni va con nosotros; es decir, hemos querido dejar en claro que no compartimos su opción ni nos va la vida en ello, sólo que la respetamos, pero nada más. La verdad que actuando de esta manera cada uno quedamos en nuestro sitio y así, si alguien ha estado presente o ha de tomar una opción por uno o por otro, sabe dónde y cómo actuar porque sabe de qué lado está y de qué lado ponerse.


Y qué bien se expresa la Palabra de Dios de este domingo en esta dirección antes reflejada. Nos encontramos en ella con un rostro, una imagen de Dios que rompe y tira por tierra bastantes imágenes nuestras de Dios que aún nos empeñamos en ofrecer pese a que la Palabra de Dios vaya en otra dirección. Nos quebramos la cabeza en hacer ver a un Dios a nuestra medida y que justifique nuestros actos, nuestra justicia, nuestro obrar, pero nos cuesta trabajo el dejarnos sorprender por un Dios que es pura misericordia, que es grande e “Incalculable su grandeza,... lento a la cólera y rico en piedad,... bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas,... justo en todos sus caminos... y bondadoso en todas sus acciones. Está cerca de los que lo invocan sinceramente” (cfr. Salmo 144). Y nos cuesta reconocer a este Dios porque nos resulta difícil actuar así y porque no vemos más allá de nuestras ideas y prejuicios. No somos capaces de ver que el Dios de Jesús establece que “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” (Mt 20, 16), que es justo a su manera y que llama a cada persona a rectificar sus actitudes y a caminar por la senda de la justicia, del amor y de la fraternidad.
Dios no cuelga “san benitos” a la gente, sino que siempre espera un cambio y lo mejor de cada persona. ¡Ay! de cuántos san benitos hemos de desprendernos para poder ver el auténtico hombre y mujer que cada uno llevamos dentro. Al igual que un padre no ama a sus hijos en base a sus méritos, así la relación con Dios no se establece desde nuestros méritos, sino en base a su amor infinito que nos tiene y que nos hace crecer. La relación de Dios con cada persona no es una relación de patrón/obrero como nosotros la conocemos, sino que más bien es una relación de puro don, amor gratuito, desconcertante y escandaloso, como nos lo muestra Jesús en toda su vida al establecer relaciones con aquellos que la sociedad y la religión de su tiempo despreciaban porque no eran ni se comportaban como ellos decían.
La parábola de los trabajadores de la viña rompe toda lógica humana, así como nuestros criterios de justicia. Si con ella, San Mateo, quiere hacernos ver que en las primeras comunidades cristianas ya se daban situaciones de “privilegios” ante los nuevos creyentes que se incorporaban, es decir, algunos cristianos de origen judío no podían entender que los paganos que ahora se convierten, tuvieran en la Iglesia la misma situación que ellos, también nos deja claro que la llegada del Reino de Dios cambia toda situación. Ella nos quiere decir que con un corazón envidioso no se puede entender al Dios bueno que anuncia y vive Jesús. No lo entendieron los primeros trabajadores contratados a la viña, pues se mostraron envidiosos e insolidarios con los últimos; no lo entendieron los primeros discípulos de Jesús que se disputaban el puesto a la derecha o izquierda de Dios; no lo entendió la Iglesia en muchos momentos de su historia al buscar el Reino en los bienes terrenos y temporales pero, y tú, ¿cómo lo entiendes en este momento?
Quizás tengamos que decir como San Pablo que “Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir” (Rom 14,7-9).
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y Jérez del Marquesado

PREGUNTAS:
1. ¿A qué me llama Dios en este momento de mi vida?
2. ¿Qué estoy haciendo para que los últimos en nuestra sociedad, familia o Iglesia sean los primeros en mi vida?
3. ¿Qué es lo que más me desconcierta de Dios, de su actuar? ¿Por qué?

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

Modificado por última vez enDomingo, 24 Septiembre 2017 07:16