Vigésimo segundo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 3 de septiembre de 2017

IR DETRÁS, NO DELANTE

Las lecturas de este domingo nos sitúan ante un tema importante en la vivencia de la fe. Lo fue para los primeros discípulos y también lo es para nosotros en estos momentos y siempre, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha sido así.
Hablamos de seguir a Jesús, no de imitarlo, porque eso es casi imposible. Jesús no tiene quien lo imite, ni Él lo pide. Lo que sí pide Jesús y pidió a sus discípulos es que le siguieran: “¡Tú, sígueme!”; “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,21-27).

Porque la relación del discípulo con el Señor no consiste en el aprendizaje de una doctrina o el cumplimiento de determinadas normas, sino que es hablar de seducción como Jeremías (Jer 20,7-9) que cae vencido por la Palabra de Dios que habita en lo más íntimo de su ser; o de renovarse por dentro para comprender el querer de Dios (Rm 12,1-2); o, como nos dice el salmo 62, “mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío... como tierra reseca, agostada, sin agua”.
En definitiva, de lo que hablamos es de una opción de vida que implica toda tu persona, todo tu ser en cualquier momento y circunstancia. No es algo puntual y sólo porque nos apetece o no hay algo mejor, sino que es una actitud, una manera de estar y de vivir en el mundo, en el lugar donde estemos. Es una forma de vivir que condiciona muchas cosas y que trae unas consecuencias a las que hay que estar dispuesto a asumir.
“El profeta Jeremías, seducido por Dios, se lamenta amargamente y se desahoga con Dios porque su vocación le ha traído disgustos y persecuciones. Sus palabras le hacen odioso al pueblo. Pero el fuego ardiente de la palabra divina le obliga a ser mensajero de Dios. No puede callar a pesar de las persecuciones.
Pablo exhorta a los romanos a que se ofrezca como holocausto vivo y agradable al Padre. El culto en espíritu y en verdad consiste en ofrecer al Señor cada instante de la vida y a vivir según la voluntad divina”, aunque sea incómoda.
Y, Jesús, les anuncia a sus discípulos el sentido profundo de su ser mesías en la línea del Siervo sufriente. Pedro, que asume la tarea de portavoz de los discípulos, no encaja bien el anuncio de Jesús: “Dios no lo quiera, no te ocurrirá eso”. ¡No, a ti no, así no! porque no puede entender que el Mesías, el Hijo de Dios vivo que la semana pasada había confesado, ahora le estuviera diciendo que tenía que padecer mucho, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro quiere al Mesías y su resurrección, pero sin pasar por el sufrimiento, por la cruz porque eso no es entendible. Ya, Santa Teresa de Jesús, cuando el Señor le decía que tendría que sufrir y que llevar la cruz, le contestaba al Señor, que por eso tenía Él tan pocos amigos. Con esas exigencias y esas credenciales son pocos los que se arriesgan. Y, ¡mira tú por dónde! El que así vive y se arriesga tiene la vida eterna y la felicidad en este mundo, será dichoso (cf. Mt 5,1-12).
“Jesús no ama ni busca arbitrariamente el sufrimiento, ni para él ni para los demás, como si éste encerrara algo especialmente grato a Dios. Es una equivocación creer que uno sigue más de cerca a Jesús si busca sufrir sin necesidad alguna. Lo que agrada a Dios no es el sufrimiento, sino la actitud con que una persona asume las cruces que nacen del seguimiento fiel a Cristo... Hay sufrimientos, rechazos, conflictos, cruces que el cristiano ha de asumir siempre. Son los que sólo podríamos hacer desaparecer de nuestra vida dejando de seguir a Jesús. Ahí está para cada uno de nosotros la cruz que hemos de llevar detrás de él”. Pero, nuestra sociedad del confort y la comodidad, no está preparada para ello, está incapacitada para el sufrimiento y la renuncia, por eso hay tan pocos seguidores de Cristo. Tú, ¿dónde te encuentras?

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y Jérez del Marquesado
PREGUNTAS:
1. Recuerda algún momento de crisis de fe en tu vida cristiana y cómo has sentido de nuevo la llamada del Señor a ser su discípulo.
2. ¿Sabemos asumir las consecuencias que tiene para nosotros seguir a Jesús, aunque sean dolorosas?
3. ¿Cómo entendemos hoy el cargar con la cruz y seguir al Señor?

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

Modificado por última vez enDomingo, 03 Septiembre 2017 07:03