Décimo séptimo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 30 de julio de 2017

NECESITAMOS UN CAMBIO DE VALORES

Podríamos resumir todo el comentario de hoy con las palabras de San Agustín, patrón de mi pueblo natal, Cúllar (Granada): “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Es decir, encontrar la fe es encontrar el tesoro. Para eso tiene que haber descubrimiento, hallazgo, sorpresa. Entonces tenemos dentro una alegría, y renunciamos a todo, y cantamos. Y no nos entienden…

 

Es duro cuando no hay descubrimiento ni sorpresa. Entonces la fe cuesta. Sobre todo cuando exige renuncias. Y si es verdadera fe, las exigirá siempre. Es duro cuando no hemos hallado ningún tesoro, sino que nos han impuesto un deber. Cuando no es un valor. Cuando no es una liberación. Cuando no es vida.

También, las palabras del Papa Francisco en la exhortación apostólica,  “La alegría del evangelio” (33-35), nos ayudan a entender la Palabra de Dios: “La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades… Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos. Lo importante es no caminar solos, contar siempre con los hermanos… Si pretendemos poner todo en clave misionera, esto también vale para el modo de comunicar el mensaje. En el mundo de hoy, con la velocidad de las comunicaciones y la selección interesada de contenidos que realizan los medios, el mensaje que anunciamos corre más que nunca el riesgo de aparecer mutilado y reducido a algunos de sus aspectos secundarios… El problema mayor se produce cuando el mensaje que anunciamos aparece entonces identificado con esos aspectos secundarios que, sin dejar de ser importantes, por sí solos no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo. Entonces conviene ser realistas y no dar por supuesto que nuestros interlocutores conocen el trasfondo completo de lo que decimos o que pueden conectar nuestro discurso con el núcleo esencial del Evangelio que le otorga sentido, hermosura y atractivo. Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia… El anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario”.

Con todo ello quiero decir, al hilo de la Palabra de Dios hoy escuchada, que nuestra Iglesia, la vivencia de la fe e, incluso, nuestra propia vida, necesita un cambio de valores, un cambio importante que transmita alegría de vivir, alegría de ser creyente, alegría de entregar tu vida por las personas, por algo que te genere sentido y orientación en tu vida. Y esta es la propuesta del evangelio de hoy (Mt 13,44-52). Jesús nos dice que la verdadera sabiduría es la del que sabe despojarse para adquirir el nuevo modo de ver la realidad que trae el Reino por Él inaugurado. Ese tesoro del Reino está dentro de nosotros mismos, pues llevamos marcada la impronta de Dios y estamos destinados, como dice San Pablo (Rom 8,28-30), a reproducir la imagen de su Hijo, despojándonos del hombre viejo. Tal es el valor del tesoro encontrado que se produce una inmensa alegría y se da uno cuenta de que vale la pena venderlo todo, enamorarse e invertir todo por seguir en esa nueva dirección encontrada. Es tomar una decisión seria en la vida, pero con mucha alegría. Y el que así actúa es el verdadero discípulo del Señor, el que comprende la novedad que Jesús aporta en su vida y el valor del Reino que anuncia.

El rey Salomón, el rey sabio (1Re 3,5.7-12) en el inicio de su reinado, antes de bienes y gloria, pide a Dios sabiduría para gobernar con justicia. La misma experiencia que refleja el salmista al decir que ama los mandatos del Señor porque le ayudan a vivir más que cualquier otro bien (Salmo 118).

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y Jérez del Marquesado

 

PREGUNTAS:

  1. ¿Es la fe para mi un tesoro escondido o una perla de gran valor? ¿Por qué?
  2. ¿Qué me pide vender hoy el gozoso descubrimiento de la fe?
  3. ¿Cómo puedo hacer novedoso el mensaje del evangelio en mi entorno?

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

Modificado por última vez enSábado, 29 Julio 2017 17:22