Quinto Domingo de Cuaresma. Ciclo A. 2 de abril de 2017

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

Quinto Domingo de Cuaresma. Ciclo A

VOLVER A LA VIDA

 

Creo que sólo se vuelve a la vida cuando se ha tenido la experiencia profunda de la vida, pues su pensar que se puede perder, hace trabajar más por mantenerla. Así que, cada día estoy más convencido de que si nos paramos un momento y analizamos nuestra vida y la de aquellos que nos rodean, podemos descubrir signos, gestos y acciones que nos descubren la importancia que la vida tiene en cada momento que pasa. Y, hablo de la vida en sentido muy amplio, la que abarca todo nuestro existir y todo nuestro actuar, la que se ve y la que no se ve.

Los domingos anteriores hemos centrado la reflexión en el agua y en la luz; y, cómo estos signos estaban acompañados de vida y eran vida en cada acontecimiento en el que se hacían presentes. Hoy, reflexionamos sobre la vida en sí y, como ésta se pierde y se recupera porque Dios nos ha creado para la vida abundante. Podemos decir que hoy celebramos el domingo de la vida, celebramos al Señor de la vida, a Jesús. Un señor cercano, amigo íntimo que llora la pérdida de aquellos a los que quiere. Un Jesús, Hijo, que con sus obras y su persona nos está revelando al Padre, a Dios, al que los seguidores han de responder con una fe cada vez más plena (Jn 11,15). “Yo soy la resurrección y la vida: el que tiene fe en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que está vivo y tiene fe en mí, no morirá nunca: ¿crees esto?” (Jn 11,25). Aquí está lo central del Evangelio de hoy, pero también lo central de nuestra fe que necesita una respuesta urgente por nuestra parte si queremos vivir la fe plena y conscientemente. El Jesús divino que se pronuncia como la Resurrección y la Vida, es también profundamente humano porque cree en las relaciones humanas, en la amistad y, es capaz de llorar ante la pérdida de un ser querido. Así, “el grupo de Jesús es una comunidad de hermanos y amigos en los que rigen relaciones de afecto y amor, y que está dispuesta a afrontar el máximo riesgo para ayudar a los que lo necesitan” como prueba del amor que Dios nos da constantemente y sin vacilar en ningún momento. “Él nos ha amado primero”.

¿De verdad crees esto? Y si lo crees ¿qué haces para que se note? El que cree en la vida, trabaja para que donde él esté haya vida, brote vida; el que cree en la vida, cualquier circunstancia, por muy dolorosa que sea, se transforma; el que cree en la vida, no duda en entregarla para que otros tengan vida; el que cree en la vida, se “muere” por la vida para que a todos llegue; el que cree en la vida, pone entusiasmo en todo lo que hace y, también, empatiza con todo el que se encuentra por el camino; el que cree en la vida trabaja por quitar las “vendas y sudarios” que esclavizan a las personas, -“desatadlo y dejadlo andar”-; el que cree en la vida, mantiene su esperanza en la resurrección definitiva que ya se empieza a saborear desde aquí; el que cree en la vida, no teme a la muerte, pues “la muerte es como pasar el umbral y salir al sol” (D. M. Turoldo). Pero, también creer en la vida es no perder la esperanza (Ez 37,12-14) porque el Espíritu de Dios aletea en medio de nosotros, -“os infundiré mi espíritu y viviréis”-, y nos escucha en las súplicas (Salmo 129), está dentro de nosotros (Rm 8,8-11) y nos hace morir a la carne para poder agradar a Dios en todo momento y circunstancias de la vida.

En este pasaje sobre la vida y la resurrección de Lázaro (Jn 11,1-45) hay, sin duda, una profunda catequesis sobre la vida y la fe en la resurrección, donde San Juan ha querido mostrarnos que Jesús es más fuerte que la muerte y que su vida termina dando vida. Por el contrario, las autoridades, al condenarlo, manifiestan claramente su verdadera condición de agentes de muerte, de opositores a todo lo que da vida. El discípulo, seguidor de Jesús, ha de optar entre uno y otro, ha de tomar una auténtica decisión si quiere seguir siendo fiel al evangelio anunciado por Jesús; un evangelio que se presenta como vida sobre la enfermedad, sobre la muerte y sobre cualquier temor que se quiera apoderar de la vida de cada persona.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán

 

PREGUNTAS:

  1. ¿En qué sentido el Evangelio de hoy te ayuda a madurar como creyente?
  2. ¿De qué “tumbas” hemos de salir para que la fe en Jesús sea fuente de vida?
  3. ¿Cómo trabajar y vivir por una cultura de la vida? ¿Qué signos concretos podemos hacer y vivir?