Octavo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 26 de febrero de 2017

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

DE AGOBIOS Y OTRAS COSAS. NO ANDÉIS PREOCUPADOS

Seguro que algo de lo que te cuento en este momento, te ha sucedido en alguna ocasión: pensando en lo que tengo que hacer dentro de unos momentos, no disfruto de lo que hago ahora; como estoy pensando en lo que me pasó ayer, no disfruto de lo que me está pasando en este momento y; como estoy preocupado en conseguir bienes materiales a toda costa, no disfruto de lo que tengo ni de las personas… de ahí vienen muchos agobios y mucho estrés, que nos hace estar todo el tiempo descontentos con lo que vivimos o tenemos, pues siempre queremos más y más a todos los niveles. “Tenemos de todo y carecemos de paz y alegría interior”.

Ante esto, siempre me viene a la memoria esa reunión familiar en la que falta alguno de los miembros y comienzan a lamentarse (principalmente la madre) por el que no ha venido, sin disfrutar de los que están en esa reunión. O esa actividad parroquial que se organiza y nos lamentamos de los pocos que hemos venido añorando a los otros que faltan. Es decir, que constantemente estamos agobiados, porque no disfrutamos de lo que tenemos en cada momento concreto y, así se pierde la calma y no se gana en calidad de vida, sino que más bien nos hundimos en el estrés y el agobio.

Y, precisamente, el evangelio de hoy nos invita a no vivir agobiados (Mt 6,24-34), sino confiados en un Dios Padre que sabe lo que nos conviene antes de que se lo pidamos, porque nos ama profundamente. “Los bienes son necesarios para vivir cada día, pero Dios los ha creado como medios y destinados a todos. Por lo tanto, el cristiano no puede vivir para tener y acumular como si los bienes salvaran, ha de ganarse honradamente el pan de cada día, viviendo austeramente sin crearse necesidades artificiales, y compartiendo con los necesitados lo que no es necesario”.

La propuesta que el evangelio nos hace hoy es que vivamos el día a día lejos de toda inquietud agobiante, encarnando la opción radical de sembrar y construir los valores del Reino (solidaridad y fraternidad) y depositando nuestro mañana en la providencia amorosa del Padre, ¡que ya sabe lo que necesitamos!

Por otra parte, la primera lectura (Is 49,14-15) y la segunda lectura (1Cor 4,1-5) también nos ofrecen imágenes de Dios interesantes para nuestra vivencia cristiana y para depositar la confianza en él como nos enseña el Evangelio. Isaías habla de Dios como de una madre que no puede olvidar a su Hijo. Confiar en Dios que nos ama como una madre, supone depositar nuestra vida en manos de su amor providente y quedar libres para estar a su servicio y al de los pobres; Pablo presenta al Dios de Jesucristo en su dimensión de juez justo que pone de manifiesto las intenciones del corazón. Y todo ello para que él sea lo primero que amemos como nos recuerda el primer mandamiento: “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con todo tu ser”, pero ¡ojo! “y, al prójimo como a ti mismo”.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán

 

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué significa para mí tener una confianza ilimitada en el Padre del cielo?
  2. ¿Cómo te ayuda el pasaje evangélico de hoy a situarte ante el futuro con esperanza y sin angustia?
  3. Lee despacio y medita el salmo 61,2-3.6-9.
Modificado por última vez enSábado, 25 Febrero 2017 08:07