Tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 22 de enero de 2017 Destacado

Dibujo de Miguel Redondo, para acercarse al Evangelio del domingo, Día del Señor.
Comentario al Evangelio del sacerdote José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.


LLAMADOS A LA LUZ

Me he permitido titular esta reflexión con una expresión gozosa y entusiasmante, “llamados a la luz”, porque entiendo que Jesús nos llama y pide nuestra conversión, nuestro cambio radical de vida, para algo que merezca la pena trabajar y que, por encima de otras cosas, llene y dé sentido a nuestra vida.


Si la semana pasada insistíamos en que la llamada de Dios nos introducía a una misión, hoy la concretamos en afirmar que se nos llama para ver, para hacer ver y para ser luz que ilumina en las tinieblas: “El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una luz grande” (Is 8,23b-9,3. y Mt 4,12-23), el pueblo desterrado que vivía momentos muy difíciles, es animado por el profeta Isaías para que no caiga en la desesperanza, sino que más bien se mantenga firme en el Dios que los sacó de la esclavitud de Egipto para ofrecerles algo mucho mejor, pero que exige la colaboración total de cada persona si se quiere que sea real y eficaz. En definitiva, cada uno y cada una, estamos llamados a cambiar de vida para poder ver al Señor que está en medio de nosotros y exige disponibilidad: “Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y le siguieron” (Mt 4,20-22), y nos llama a la unidad y a la concordia: “Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir” (1Cor 1,10-11). Los que así se comportan, encuentran la luz y la salvación en el Señor (Salmo 26) y no quieren estar lejos de él por nada del mundo.
Ahora bien, esta luz a la que somos llamados, aparece en donde nadie se la espera, en las afueras de las ciudades, entre los gentiles, en los pequeños, en los que no cuentan ni pintan nada, en los pobres, en los marginados, en las periferias, en el sur, etc. Para poderla ver y entender, necesitamos sentir la llamada de Jesús que nos dice: “Convertíos, porque ya llega el Reino de los Cielos” (Mt 4,17). Ya llega y nos dejamos encontrar por ese Dios que nos quiere. Nos quiere a todos y, por eso, no puede consentir que unos dominen a otros o que tengan más privilegios; no puede permitir que unos tengan de todo y a otros les falte hasta lo esencial para vivir con dignidad; no acepta las divisiones sociales ni de otro tipo, porque ello desfigura su imagen y su deseo de que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Y, por supuesto, no puede tolerar la división o los protagonismos personalistas (“yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro”, yo soy de éste o de aquél cura...) porque descentran la mirada del único Señor, de Jesucristo el Hijo único de Dios de quien procede toda luz y a la que estamos llamados a seguir en todo momento y circunstancias.
Entendemos que todo lo que proponemos, no es tarea fácil, pero no imposible, como tampoco lo fue la misión de Jesús o la misión de la Virgen María y de San José.
Según el Evangelio de Mateo, Jesús, comienza su actividad “al enterarse que habían detenido a Juan, Jesús se retiró a Galilea”, es decir, su comienzo viene después de un hecho conflictivo y difícil, pero que a él le sirve para ponerse en camino y llevar a cabo su misión. Es más, se retira a una región pagana, lejos del judaísmo oficial (“se estableció en Cafarnaún”) para hacer entender que su predicación ha de llegar a todos lados y a todos los márgenes y marginados de la tierra. Con ello, el Evangelista Mateo, nos ha terminado de presentar a Jesús haciéndonos caer en la cuenta de que “quien habla y actúa es el Mesías prometido, anunciado por los profetas, que viene a convocar al nuevo pueblo, como Hijo de Dios”. Es el nuevo Mesías que viene con unas opciones muy concretas y que nos desconciertan, nos desestabilizan, nos cuestionan en todos los planes pastorales que tenemos entre manos y nos animan a planear de otra manera si queremos ser fieles al Dios que llega y pide con insistencia que optemos por él con radicalidad y sin miedos.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán


PREGUNTAS:
1. ¿Cómo puedes explicar la llamada de Dios en tu vida?
2. ¿Qué esperanza y qué luz aporta el Reino de los Cielos?
3. ¿Qué hemos de fomentar en nuestras parroquias, grupos o comunidades para evitar divisiones?

Modificado por última vez enSábado, 18 Febrero 2017 07:26