Domingo del Bautismo del Señor. 8 de enero. Ciclo A Destacado

Dibujo de Miguel Redondo, para acercarse al Evangelio del domingo, Día del Señor.
Comentario al Evangelio del sacerdote José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

VAMOS DE BAUTIZO


Yo creo que a muchos de los que hoy celebramos la fiesta del bautismo del Señor, nos gustaría que, al final de nuestra vida se nos recordara con estas sencillas, pero profundas palabras que el autor de los Hechos de los Apóstoles le aplica a Jesús: “pasó haciendo el bien” (Hch 10,38). Pues bien, para que ello ocurra, vámonos de bautizo y aprendamos de lo que hay detrás de este símbolo de iniciación cristiana y que tantos quebraderos de cabeza y ríos de tinta han supuesto siempre en la santa y pecadora historia de la Iglesia. Ha habido de todo y, no llegamos a ponernos de acuerdo, aunque sí estamos convencidos de que como ahora estamos, no nos va muy bien y es necesario hacer cambios importantes, pues desde el inicio nos estamos jugando la razón de ser y hacer de la querida Iglesia.
Como en todo lo referente a la fe, es muy esclarecedor adentrarnos en lo que la Palabra de Dios dice a ese respecto y, después, ver qué se ha hecho a lo largo de la historia de aquellos que lo han puesto en práctica, para concluir en lo que tenemos y qué podemos hacer. Está claro que en este breve espacio de comentario no pretendemos hacer un tratado minucioso y exhaustivo, pero sí ofrecer la posibilidad de vislumbrar pistas para que cada uno vaya haciendo sus comentarios, sus estudios y, por supuesto, sus aplicaciones y conclusiones.
Hay un primer rasgo que nos llama la atención y es el hecho de que con el bautismo Jesús deja la vida silenciosa de Nazaret y da comienzo a su misión mesiánica como el Hijo, como el amado, el predilecto de Dios (Mt 3,17), “que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. Como siervo de Dios es elegido para implantar el derecho en todas las naciones y para ayudar a los pobres y afligidos (Is 42,1-7). Al igual que todo el pueblo hebreo, que cambió su vida cuando pasó por el mar Rojo, y entró con Josué en la tierra que mana leche y miel al pasar el río Jordán, así Jesús como verdadero hijo de Abrahán, realiza un nuevo éxodo y cambió radicalmente de vida cuando se sumergió en el agua del río. Por lo tanto, al bautizarnos comienza una vida nueva, una vida pública lejos del anonimato, en la que el Espíritu de Dios es el que se hace presente en tu vida para emprender todo tipo de acciones al servicio de toda la humanidad, especialmente, para aquellos que más lo necesiten. En definitiva, ser bautizado es un cambio radical: pasamos del pecado a la gracia, de la muerte a la vida, del silencio a manifestar públicamente nuestra fe en Dios aún en medio de dificultades e incomprensiones. “No podemos colaborar con la cultura de muerte ni promover obras de injusticia, de violencia, de egoísmo, de odio, de envidia, ni ser portadores de guerras o divisiones”, sino más bien, todo lo contrario.
Ya me podrán decir a mí cómo un recién nacido puede ser protagonista y actor de todo esto. De aquí que, a los padres y padrinos, se nos exija un compromiso para educar, con el ejemplo, en esta fe a aquellos que presentamos en la Iglesia; pero dudo si somos conscientes de lo que hacemos y si lo vivimos con la exigencia y seriedad que el sacramento merece. No olvidemos que es un rito de iniciación, lo que nos quiere indicar que, desde el principio, los pilares han de estar bien seguros para que la casa no se derrumbe a la primera de cambio.
Sentirse amado y protegido por Dios es la experiencia que marcará toda la vida de Jesús y le impulsará a afrontar riesgos para cumplir la voluntad del que le ha enviado. Es el amor incondicional el que nos protege y nos hace crecer con la seguridad de que no somos seres abandonados, sino que Dios nos ama tal como somos y antes de que cambiemos. Si esto lo experimentamos y lo comunicamos será el testimonio mejor dado de lo que significa nuestro propio bautismo.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán

PREGUNTAS:
1. ¿Qué nos está exigiendo nuestro propio bautismo?
2. ¿Cómo podemos ayudar a los que piden el bautismo para sus hijos e hijas?
3. Te sugiero que para reafirmar tu propio bautismo, renueves tus promesas bautismales junto a la pila del agua bendita.

Modificado por última vez enSábado, 18 Febrero 2017 07:26