Domingo Primero de Adviento. 27 de octubre de 2016 Destacado

 

Dibujo de Miguel Redondo, para acercarse al Evangelio del domingo, Día del Señor.
Comentario al Evangelio del sacerdote José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.


“EN ESPERA DE LA SALVACIÓN”
Primer Domingo de Adviento. Ciclo A

Así, sin más, el tiempo se nos ha ido pasando y nos encontramos en el inicio de un nuevo año litúrgico, en el tiempo de Adviento, en el que de la mano del Evangelista San Mateo iremos descubriendo a un Jesús compasivo, misericordioso y majestuoso, dispuesto a socorrer y a exigir, amable con los gentiles y los judíos. Pero, por encima de todo, el Jesús que nos presenta Mateo es “Emmanuel”, el Dios con nosotros, el creador que nos redime, por lo que, desde el inicio del Adviento sentimos y vivimos que “vamos alegres a la casa del Señor” (Sal 21) porque allí nos vamos a encontrar a un Dios “árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos” (Is 2,1-5) que “nos instruirá en sus caminos”, unos caminos que nos quieren conducir hacia la paz verdadera y real, donde “de las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas”. Y, para estos momentos, nada de desenfrenos, no hacer gastos superfluos, ni comilonas, ni borracheras, nada de insolidaridades o desentendernos del pobre y el excluido o marginado, sino más bien como nos recuerda San Pablo, (Rom 13,11-14ª), revestirse con las armas de la luz necesarias para el momento concreto que cada uno vivimos y, alegres esperando al Señor que ya llega.
Desde este primer domingo de Adviento se nos deja muy claro en la Palabra de Dios que, lo importante es ocuparse del momento actual, sin añoranzas de otros tiempos y sin sueños imposibles de un futuro que nunca llega. Lo importante es estar en vela “porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor” (Mt 24,37-44). Una vigilancia que nos compromete con nuestro mundo actual, con sus tristezas y con sus alegrías, pendientes de lo que pasa a nuestro alrededor y pendientes del Señor que actúa continuamente aunque no lo sintamos. Dios no se ha desentendido de su proyecto de salvación para el mundo y sus habitantes, “no somos seres abandonados por Dios” (beato Antoine Chevrier) porque nos ha creado por amor; y aquel que ama algo, lo cuida, lo mima, lo valora y lo protege con todas sus fuerzas. Así hace Dios con todos nosotros y quiere que también hagamos nosotros lo mismo con aquello y aquellos que amamos o tendríamos que querer mucho más.
“Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo” (Rm 13,13-14), en definitiva, por encima de todo, hacer el bien, todo el bien que esté a nuestro alcance hasta conseguir la paz deseada. La Iglesia, no siempre fiel a este compromiso, lo repite y lo exige a todos sus miembros porque es consciente de que en ello nos jugamos la credibilidad del mensaje que proclamamos y el que otros muchos puedan sentirse atraídos por él.
Por lo tanto, esperar al Señor que viene, nos exige y nos interpela para “no dormirnos en los laureles”, puesto que hay mucho por hacer y nuestra Iglesia nos necesita bien dispuestos y exigentes en nuestras opciones personales y pastorales. Vivir en la Iglesia el Adviento nos compromete, tan radicalmente, que no podemos dejar de hacer nuestro trabajo ni esperar la venida del Señor con los brazos cruzados. Vivimos alegres nuestra fe cristiana porque el Dios con nosotros –el Emmanuel- así lo quiere. Lo que cuenta es cómo vivimos nuestra fe aquí y ahora, pues Jesús viene y hay que estar preparados, atentos, vigilantes y viviendo con lucidez. Atentos a los signos de los tiempos; a no dejarnos llevar por el activismo, la superficialidad y la incoherencia; a despertarnos a la fe con responsabilidad personal, eclesial y social. He aquí todo un programa de vida, un reto, una urgente llamada y una tarea personal, grupal y eclesial desde el inicio del año litúrgico.
Estamos seguros de que Dios cumple sus promesas, pero quiere que, con nuestra libertad y según nuestras posibilidades, colaboremos en la llegada de su Reino, a pesar de las muchas dudas y resistencias que se nos puedan presentar.

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote en la Diócesis de Guadix


PREGUNTAS:
1. ¿Qué objetivos tengo en mi vida de fe para este año que empieza con el Adviento?
2. ¿Cómo mantengo la esperanza de que la venida del Señor es fuente de alegría?
3. ¿Qué puedo hacer para vivir con más alegría y plenitud?

Modificado por última vez enSábado, 18 Febrero 2017 07:09