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Discurso de Mons. Ginés García en la entrega de Premios ¡Bravo! de la CEE 2016

COMISIÓN EPISCOPAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

CEREMONIA DE ENTREGA DE LOS PREMIOS ¡BRAVO! 2015

25 DE ENERO DE 2016

Querido Sr. Presidente de la CEE, Cardenal Ricardo Blázquez, presidente de la CEE

Querido Sr. Nuncio de S. Santidad en España

Queridos hermanos en el episcopado

Querido Sr. Secretario de la CEE, D. José María Gil Tamayo

Queridos premiados

Señoras y señores,

Un año más, este Salón de la Plenaria de la Conferencia Episcopal es testigo de un acontecimiento que nos llena de alegría a los miembros de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación y a todos los que están vinculados con la comunicación de la Iglesia: La entrega de los premios ¡Bravo! en su edición 45 (cuadragésimo quinta).

Es un acontecimiento gozoso porque expresa y significa el encuentro con personas que en la Iglesia se dedican a la comunicación y en la comunicación se dedican a la Iglesia; con profesionales de la comunicación que han sido premiados en anteriores ediciones; y con profesionales que sienten la alegría de ver como compañeros de la profesión periodística son premiados por su buen hacer. Es aspiración de la Iglesia ser lugar de encuentro, hogar en el que se comparten buenas noticias, y se premian las buenas acciones. Con ese deseo nos acoge hoy esta Casa de la Iglesia.

Miguel de Cervantes dice, en El rufián dichoso, “que al bien hacer, jamás le falta el premio”. Él mismo fue testigo de que esta afirmación no siempre es cierta: nunca recibió un premio por su buen hacer literario. Pero nosotros desde la Iglesia no queremos que ocurra esto entre quienes trabajáis en los medios de comunicación. Son muchos los premios que honran la profesión periodística, en sus distintas categorías y formatos. Desde la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación, con los premios ¡Bravo!, queremos honrar una comunicación al servicio de los demás, que pone en alta voz a aquellos que no tienen voz; que busca llevar la alegría, el entretenimiento, la verdad y el descanso a las personas. Buscamos premiar a quienes realizan este servicio en la sociedad, a quienes ofrecen motivos para continuar en el camino, a quienes encienden luces para iluminar la oscuridad, a quienes ofrecen una chispa en donde abunda la tristeza, en definitiva, a quienes dan esperanza.

La definición clásica de los medios de comunicación señala que éstos tienen como objetivo formar, informar y entretener. En ustedes, que proceden de orígenes distintos y tienen formación diversa, estos premios Bravo han premiado, precisamente, estos tres objetivos.

 Mons. Celli, premio Bravo especial procede de la carrera diplomática en la Santa Sede, y desde 2007 preside el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, la institución de la Iglesia que impulsa la formación y la reflexión sobre el papel de la comunicación y su servicio al mundo. Mons. Celli nos ha honrado siempre con su cercanía y amistad. Todos somos testigos de su grandeza personal y de su buen hacer en el servicio de la Iglesia, en esta última etapa en los medios de comunicación. En el contacto directo con la actualidad informativa a pie de calle están D. Luis Manuel Fernández, como redactor en Radio Nacional de España, y D. Luis Ventoso, como corresponsal de ABC en Londres. Al servicio de la comunicación para el entretenimiento están también otros de nuestros premiados, el presentador Bertín Osborne, el P. Damián, cantante, la página web cineyfe.com y la película Francisco, el padre Jorge. Como cada año también miramos a las iglesias particulares, y cómo no detenernos este año en la diócesis de Ávila y reconocer el extraordinario trabajo que se ha realizado en la celebración del V Centenario teresiano, poniéndole rostro en su Obispo y en el de su delegada para los MCS, Auxi Rueda.

Ustedes se dedican a formar, informar y entretener. Muchas gracias. Permítanme que me atreva a ofrecerles un nuevo reto: además de cumplir esos fines tan importantes, les invito a poner su talento para alcanzar la comunión de las personas enfrentadas, la relación entre quienes piensan distinto, el encuentro con los alejados, la misericordia hacia los que sufren. En definitiva, conseguir que la comunicación sirva para la comunión entre las personas y los pueblos.

El ejercicio de buscar la verdad para ofrecerla al mundo es un ejercicio valioso y necesario para el bien común de una sociedad porque sólo en la verdad está el bien, pero en muchas ocasiones es un ejercicio arriesgado que cuesta la fama, el prestigio o la vida. A ustedes su profesión y profesionalidad les ha valido un premio, pero no podemos olvidar también en este día a aquellos compañeros suyos cuya profesión y profesionalidad les ha costado la vida. En 2015 fallecieron 63 periodistas en el ejercicio de esta profesión y por su condición de periodistas. Ellos también quisieron servir a la verdad y servir a la sociedad. Vaya para ellos y sus familias nuestro homenaje, recuerdo y oración.

El mundo de la comunicación sufre en muchos lugares persecución e incomprensión, no sólo en los lugares en guerra sino también en muchos otros sitios en los que la libertad de información está asediada por los intereses y las presiones, la corrupción o la crisis. Quienes soportan esta presión merecen también nuestro agradecimiento y homenaje. También la comunicación sufre con el engaño. La verdad es enemiga del artificio, de la mentira, de la inquina, de la difamación que en tantas ocasiones nos encontramos, también en el mundo de las comunicaciones sociales.

Gracias a Dios hay también otra cara en la moneda, a la que ustedes representan hoy: la de la comunicación que sirve a sus fines y que ayuda a alcanzar el conocimiento de lo verdadero, lo bueno y lo hermoso. Hoy pasan ustedes a engrosar la lista de los premiados en los ¡Bravo! Pertenecer a esta lista no les reportará ni fama, ni riqueza, ni prestigio social. Pero en esa imagen que les hemos entregado va la admiración y el reconocimiento de la Iglesia por su buen hacer: ustedes han sabido poner, en el cauce de la comunicación social que riega esta sociedad y la vivifica, el agua que refresca, limpia, sana y fecunda. Cauces que van de la radio, la prensa y la televisión, a la música, el cine, la publicidad y las nuevas tecnologías. En cada uno de ellos han sabido volcar talento y profesionalidad, muchas gracias.

Junto a nuestro agradecimiento, ser premio ¡Bravo! implica una cierta responsabilidad. Se convierten en parte activa de una misión que les supera y que al mismo tiempo les honra: ofrecer a sus públicos verdad, felicidad y bondad. Y quedan implicados a poner en alta voz a aquellos que no la tienen: aquellos que la han perdido, o se la han quitado, aquellos cuya voz se oculta porque es distinta o discordante. La misericordia nos hace humanos, y en este año en que la Iglesia nos lo recuerda con insistencia, les invitamos a experimentar ese abismo de humanidad que hay en un corazón misericordioso. El Papa Francisco nos ha señalado también a todos los que trabajamos en la comunicación un objetivo bien claro al servicio de la humanidad. Lo ha dicho en su mensaje para la L Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, titulado Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo, que fue publicado el pasado viernes: “Quisiera alentar a todos a pensar en la sociedad humana, no como un espacio en el que los extraños compiten y buscan prevalecer, sino más bien como una casa o una familia, donde la puerta está siempre abierta y en la que sus miembros se acogen mutuamente”.

La comunicación es el camino adecuado para establecer relaciones de afecto y cercanía y alejarse del odio y el desencuentro. Esta Iglesia de la que formamos parte  lleva 2.000 años comunicando la buena noticia. Nosotros, no somos los mejores comunicando, pero sí somos los que comunicamos lo Mejor. Y a esta misión les queremos invitar. A ustedes, que sí que comunican bien, les invitamos a comunicar lo mejor, aquello que engrandece el ser humano, lo enriquece y le permite alcanzar el fin al que está llamado: ser feliz haciendo felices a los demás. Nos unimos también a la oración del Papa Francisco: “Pido que el Año Jubilar vivido en la misericordia «nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae vultus, 23).

Para terminar, les reitero nuestra admiración por su trabajo bien hecho y nuestro agradecimiento por su servicio a la sociedad. Y a todos los presentes, el agradecimiento por haber querido compartir con nosotros este acto. Que los premios Bravo les sirvan de estímulo y acicate para perseverar en su empeño de construir un mundo comunicado por la verdad.

Muchas gracias.

+Ginés García Beltrán

  Obispo de Guadix y Presidente de la CEMCS