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Carta Pastoral del obispo de Guadix en el Corpus Christi

PRACTICA LA JUSTICIA, DEJA TU HUELLA

En la solemnidad del Corpus Christi, Día de Caridad

Guadix, 25 de mayo de 2016

  La Eucaristía es el centro de la vida de un cristiano y el culmen hacia el que camina la Iglesia. Cada vez que celebramos la Eucaristía hacemos memoria de lo que ocurrió en el Calvario, nuestra salvación.

  La poca importancia que muchos creyentes dan a la Misa, o la falta de participación constante en ella, muestran un gran déficit de fe vivida. No basta decir: “Para ser cristiano no hace falta ir a Misa”. Entre otras cosas, porque no es verdad. Participar cada domingo en la Misa es hacer profesión de fe en lo que allí se celebra, al tiempo que es incorporación al sacrificio de Cristo, compartiendo sus mismos sentimientos, su misma vida y su mismo destino. La Eucaristía nos abre los ojos, como a los discípulos de Emaús, para ver al Señor en el camino de la vida: pero no sólo eso, también nos abre los ojos para ver al Señor Jesús en los hermanos, especialmente en los que sufren.

  La falta de participación en la Eucaristía debilitará la caridad, pues el misterio eucarístico es la fuente de donde mana la caridad cristiana. El amor que Jesús no pide es amar como él nos amó. Si no me lleno del amor de Cristo, ¿con qué amor amaré a los hermanos? Nadie da de lo que no tiene.

  En esta fiesta del Corpus Christi, Día de la Caridad, Cristo en la Eucaristía nos invita a mirar a los más pobres. Nuestra comunidad se abre al mundo para reconocer al Señor en los rostros de la pobreza. Los pobres son muchos, demasiados. Los rostros de la pobreza no son menos. No se trata de mirar la pobreza a través del muro de la pantalla del televisor o del ordenador. A los pobres hay que mirarlos a la cara, acercarse a ellos y extender la mano.

  Hay quien piensa que la caridad es algo del pasado, al menos que es un asunto confesional, es decir, propio de la religión. Lo importante, según esta visión, es la justicia. Más justicia y menos caridad sería el slogan de una sociedad secularizada. Pero creo, sinceramente, que la realidad es otra. La caridad antecede a la verdadera justicia. Sólo desde la caridad se accede a la justicia sin baño de otros intereses. La justicia sin caridad es fría, y muchas veces injusta. La caridad pone calor y ternura a la justicia, la hace cercana y se implica con lo que uno es, y no sólo con lo que tiene. La caridad es misericordia, es ponerse al lado del otro y caminar con él.

  El Día de la Caridad es una invitación a vivir y practicar la justicia, y a dejar nuestra huella en este empeño. La pobreza hay que tocarla para sentirla, sólo así se puede transformar la realidad. Este es el empeño constante de la Iglesia, del trabajo de nuestras Cáritas. Ponerse al lado del pobre, identificarse con él, tender la mano para ayudar a que salga de su realidad y vuelva a creer que es posible cambiar, salir de esa situación de postración.

  Cáritas tiene un modelo: la caridad de Cristo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a nosotros (cfr. 2Cor 8,9). La caridad está en la esencia del Evangelio, y, por tanto, es el motor de la vida cristiana. Los demás conocerán que somos discípulos de Cristo si nos amamos los unos a los otros (cfr. 13,35).

  Os invito, queridos hermanos, a renovar ante Jesús-Eucaristía, “nuestra unión con Él y nuestro seguimiento y lo hacemos manteniendo vivo su proyecto compasivo, como nos pide el papa Francisco: «En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos»” (Comisión Episcopal de Pastoral Social. Mensaje con motivo de la celebración de la festividad del Corpus Christi, Día de la Caridad).

  Pidamos a la Virgen María, Madre de los pobres, que nos ayude a tener un corazón como el suyo dispuesto a salir de nosotros mismos para ir al encuentro con los demás en la caridad, especialmente con los más pobres.

  Con mi afecto y bendición.

                        + Ginés, Obispo de Guadix