Tercer Domingo de Cuaresma. Ciclo C. 24 de marzo de 2019

VER, OÍR Y ACTUAR

“He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas… me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a liberarlos… El clamor de los israelitas ha llegado a mí”. (Ex 3,1-8a.13-15). Dios contempla la explotación de su pueblo y no la tolera ya por más tiempo. Oye, ve y actúa, inmediatamente, porque no puede soportar la situación, porque es compasivo y misericordioso (Salmo 102).


¡Se acabó! Ya está bien de quedarse uno pensando en quiénes y dónde están los pobres, los que sufren, los marginados, etc., porque están cerca de nosotros. Lo que nos pasa es que no queremos ver ni oír para no complicarnos la vida, no vaya ser que tengamos que dejar nuestras seguridades y comodidades para dar un giro (conversión) tremendo a nuestro estilo de vida. Es la conversión una actitud necesaria para vivir la Pascua. Ante el Reino de Dios hay que decidirse, hay que optar; ¡y cuanto antes muchísimo mejor! porque no puede esperar.
Está bien eso de discernir los signos de los tiempos, como nos invitaba el Concilio Vaticano II, pero no hay que quedarse en ello mucho más tiempo que el necesario para actuar con coherencia, porque la paciencia de Dios también puede acabarse y solicitar que se corte el árbol que no da fruto (Lc 13,1-9); ese árbol que sólo presenta un color verde llamativo para “aparentar”, pero sólo eso.
Ver, oír, y actuar (ver, juzgar, actuar) es una actitud permanente que me ayuda a revisar mi vida para ponerla acorde con el estilo de vida que Jesús nos viene proponiendo a lo largo de esta cuaresma: atender a las tentaciones que nos rodean para no caer en ellas; orar en los momentos decisivos en los que se nos pide una acción y un compromiso concreto que puede acarrear serios riesgos para nuestra vida; y convertirnos a Dios, plenamente, porque sentimos profundamente el clamor de los que sufren a nuestro alrededor. Sentimos que nuestra vida cristiana se juega en el día a día, en la cercanía con el sufrimiento humano, en la lucha por los derechos humanos de aquellos que más amenazados los tienen –presos, drogadictos, inmigrantes, refugiados, desahuciados, niños, mujeres violentadas…-, en la búsqueda de soluciones ante situaciones de conflictos, violencia e incomprensiones. Se juega en el seguir a Jesús en todo momento, sin desfallecer y sin mirar atrás, a lo que dejamos. “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios” (Lc 9,62).
También vemos, oímos y actuamos al interior de nuestra propia Iglesia, cuando descubrimos situaciones que se apartan del Reino de Dios haciéndonos vivir un cristianismo sensiblero, lleno de rituales vacíos o de mero folklore y espectáculo callejero; cuando descubrimos actitudes y acciones que poco tienen en cuenta el sentir de los fieles o que se hacen insensibles a los que piensan distinto; o provocan sufrimiento (pederastas); actuamos cuando vemos un clericalismo y autoritarismo que no es evangelio porque no se corresponde con el comportamiento de Jesús de Nazaret.
Vemos, oímos y actuamos en medio de nuestros equipos y grupos, cuando estos no son un modelo de vida cristiana, porque viven sólo pendientes de ellos mismos sin importarles lo que ocurra alrededor. Actuamos si, encerrados en sí mismos, se creen en posesión de la verdad o se apartan de los demás porque ponen en cuestión su estilo de vivir la fe. Y qué decir de los que seguros en sí mismos no permiten que se les hable y ofrezca otro punto de vista. Pues ante todo ello, también actuamos y no permanecemos indiferentes y ajenos sino, que más bien, trabajamos para buscar mejoras y soluciones, para reorientar el camino, para seguir siendo fermento en medio de la masa, para mantener la vista puesta en el Jesús que muere y resucita, en el Jesús que “lento a la cólera y rico en piedad”, sabe de nuestras fragilidades y mantiene la esperanza en el hombre y la mujer concretos de cada momento de la historia, en los cuales ha depositado su espíritu.
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos


PREGUNTAS:
1. ¿Qué frutos espera Dios de mí en esta Cuaresma? Los anoto en el camino personal que empezamos hace dos domingos.
2. ¿Qué o quiénes están pidiéndome que los vea, oiga y actúe?

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.