Sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 17 de febrero de 2019

UNA LLAMADA A INVERTIR LOS VALORES QUE DOMINDAN EN LA SOCIEDAD

Todas las lecturas de hoy nos hablan de contrastes, de que no es lo mismo la vida si se está y se confía en Dios que si no se está ni se confía en Él, tanto en la vida como en la muerte, en lo bueno y en lo malo. Todo cambia cuando se ha puesto la confianza en el Señor y se está plantado junto a Él. Y, esto hay que vivirlo y experimentarlo, por eso me da pena oír a mucha gente que abandona la Iglesia o que no se acercan a ella, o que sólo fueron bautizados y recibieron algún sacramento más, pues creo que no han tenido en sus vidas la experiencia de un Dios amigo, un Dios que se ha humanizado tanto para enseñarnos una nueva manera de vivir y de estar en la tierra, con los pies bien fijos en el suelo, mezclados entre la gente y sin sentirnos más que nadie.


En este tiempo litúrgico ordinario, poco a poco nos vamos adentrando en el mensaje central de Jesús y en lo que será su pasión y muerte porque trastocaron las valores que dominaban en la sociedad de su tiempo y también trastoca los valores que dominan hoy.
El Evangelio siempre nos lleva a más porque es una propuesta de felicidad para todo el que quiera acogerlo, pero preferentemente para los pobres y excluidos de todos los tiempos. Es la propuesta que vivió Jesús y que vivieron sus discípulos, por eso entienden y viven bien el mensaje del Reino que Jesús les propone; un mensaje que nos invita a mirar con los ojos de Dios y a colocarnos junto a los que él siempre ha preferido, porque Dios no ve las cosas como nosotros, sino que se compromete con los marginados de ayer y de hoy. A nosotros nos dice ve y haz tú lo mismo y serás feliz.
Para poder vivir de esta manera es necesario poner la confianza en el Señor (cfr. Sal 1) y dejarnos enseñar por él, por su palabra y por su vida. Él nos ha llamado a seguirle como hizo con sus primeros discípulos, que le siguieron porque vieron en él algo diferente a lo que estaban viviendo y que podía ser bueno para todos, no sólo para unos cuantos.
Sabemos que el hambre, la pobreza, o el sufrimiento no dan satisfacción humana y Dios no las quiere porque son algo escandaloso que van contra el querer de Dios, pero si se sufren por hacer presente el Reino de Dios, por vivir y tener actitudes de justicia, pueden llevar a la dicha porque se pasan para que el Reino de Dios sea lo que domine en el mundo. El cristiano las tiene que rechazar y combatir. Este es el mensaje de las bienaventuranzas (Lc 6,17-26). Son las bienaventuranzas de la llanura, pues su interés es situar a Jesús en la base, junto al pueblo, al lado del gentío. Así nos presenta quién y cómo es Dios, con quién está, dónde se tiene que colocar el cristiano, cómo encontrar gozo y paz y quiénes son verdaderamente felices.
Estoy convencido que con nuestras propias fuerzas no podemos hacer esto, sino que necesitamos de la ayuda de Dios, de su fuerza y de su Espíritu. Ya lo dice Jeremías (17,5-8): “Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia…”. Pero quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza, todo cambia, todo reverdece, todo toma color y no se le teme a nada, ni a la propia muerte.
Está claro que si quieres poner en práctica las bienaventuranzas, no cabe invitar a la resignación y que ya se sentirá recompensa después de la muerte, sino que más bien son una apuesta por construir un mundo mejor que, por consiguiente, pasa por “maldecir” todas aquella situaciones de injusticia que impiden la felicidad de muchas personas y que provocan tremendas situaciones de sufrimiento y dolor injusto y sin necesidad. Y… todo eso… ¡con persecuciones! como las que sufrió Jesús.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos

PREGUNTAS:
1. ¿Qué supone creer y actuar según el mensaje de las bienaventuranzas?
2. ¿Qué experiencia del Reino nos invita a vivir Jesús en este evangelio?
3. Te hago la invitación de que elabores las bienaventuranzas de hoy. A modo de ejemplo: Bienaventurados los refugiados, porque vuestra será la tierra. Bienaventurados…

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.