Décimo séptimo domingo del tiempo ordinario. Ciclo B. 29 de julio de 2018

DIOS NECESITA COLABORADORES

Nuestro mundo tan globalizado, tan conectado entre sí por múltiples medios, es una cuestión que nos atañe a todos y que no podemos permanecer indiferentes, máxime ante el sufrimiento humano, ante el drama de muchos hermanos nuestros que tienen que salir de su país para tener algo con qué comer o para huir de la guerra o la persecución. Mi espacio vital no soy sólo yo y mis circunstancias, sino que también me siento implicado en muchas más realidades a las que tengo que atender.


San Pablo nos invita a “ser siempre humildes y amables, comprensivos… Un solo cuerpo y un solo Espíritu…” (Ef 4,1-6), como haciéndonos saber que todos somos necesarios y que lo que le pasa a mi hermano, también es cuestión mía, porque todos somos hijos de un mismo Padre que nos ha creado por amor y quiere que nosotros hagamos también lo mismo y que trabajemos por la justicia y la solidaridad,
Dice el salmo 144 que el Señor abre la mano y nos sacia, que no se desentiende de lo que ha creado, sino que más bien lo que Él ha creado es una preocupación permanente a la que tiene que dar respuesta en cada momento concreto (2Re 4,42-44; Jn 6,1-15) por lo que necesita colaboradores dispuestos a ello y que no le tengan miedo a nada ni a nadie porque el amor a cada persona concreta nos apremia y no se puede hacer esperar ¿estás tú dispuesto? ¿te sientes invitado a ello?
La comunión con Cristo, Pan de vida, ha de expresarse también en la solidaridad con el hermano. Esta es la enseñanza que nos muestra el Evangelio de San Juan hoy escuchado. Jesús se presenta como el profeta esperado con el que se hace realidad la promesa del banquete abundante, gratuito y salvador que Dios habría de preparar al final de los tiempos para todos los pueblos de la tierra (Is 25,6). Y, Jesús es ese pan que se entrega a sí mismo, se parte y se reparte hasta saciar a la gente. Por todo esto, lo peculiar del cristiano no es el ayuno, sino la comida compartida, principalmente con los pobres. Es la comida satisfacción de una necesidad existencial que se realiza en contexto de amistad, familiaridad, comunión, alegría y unidad. Es expresión del Reino futuro de Dios como plena comunión del hombre con Dios y con los hermanos, comunión que se realizará plenamente, pues el ser humano ha sido creado para amar y vivir en comunión.
“Es por ello que la Eucaristía es adelanto del banquete futuro y alimento para llegar a él, en el que los Doce apóstoles y sus sucesores reparten los “restos” del pan de Jesús. No es un lujo ni “premio” a los méritos de nadie, sino una necesidad existencial del discípulo. Es el alimento en que Cristo resucitado da fuerzas para vivir en el amor en la unidad y comunión y en la alegría como nos recuerda San Pablo. Es el alimento que capacita para vivir comunitariamente en la Iglesia y para que ésta siga trabajando realizando en este mundo el signo de los panes, dando de comer a los necesitados y trabajando por un mundo más humano. Es el signo que legitima a la Iglesia como cristiana o mesiánica. Si los antiguos beneficiarios del signo de Jesús lo malentendieron a la luz de sus criterios humanos, hoy también existe este peligro”. La ideología nacional-religiosa, inspirada en la prepotencia y el orgullo, no tiene nada que ver con la enseñanza de Jesús, que se presenta a sí mismo como el Siervo que viene a servir y dar la vida por los demás (Antonio R. Carmona).
Estamos llamados a evitar la tentación de regresar a los cuarteles de invierno y perder el miedo a vivir en el mundo plural, a rezar y trabajar junto a personas que profesan otras fe o ninguna. Hay que transformar el pesimismo en esperanza e ir todos a una para conseguir un mundo más humano, más fraterno, más lleno de paz. De todo esto ya nos habló el Concilio Vaticano II y ahora mucho más el Papa Francisco.
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán

PREGUNTAS:
1. ¿Cómo me animan las palabras de Jesús a poner lo “poco” que soy o que tengo al servicio de los demás?
2. ¿Cómo interpreto y vivo la Eucaristía?
3. ¿Unimos la Eucaristía a la justicia social? Razona tu respuesta.

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.