Las reliquias del beato Joaquín Gisbert llegan este sábado a La Calahorra, su pueblo natal

 

El pueblo de La Calahorra recibirá mañana, sábado 16 de diciembre, las reliquias de su beato, Joaquín Gisbert. La recepción se realizará con una procesión y una Misa de acción de gracias, que estarán presididas por el Obispo de Guadix, Mons. Ginés García. Después, los restos serán depositados en una urna plateada que quedará expuesta bajo el altar mayor del templo parroquial. Un recuerdo en la Pila del Bautismo -donde fue bautizado- y un pequeño museo anexo a la parroquia serán otros lugares que hablen del primer beato con que cuenta esta localidad.

La procesión comenzara en la ermita de San Gregorio. Allí se depositarán los restos en una urna que el pueblo de La Calahorra ha donado y que será llevada en procesión hasta la parroquia. Una vez en la iglesia, se celebrará una Misa de acción de gracias por el nuevo beato. Terminará todo con la colocación de la urna plateada bajo el altar y el descubrimiento de una placa en la capilla del Bautismo, indicando que en aquella Pila fue bautizado el beato calahorreño.

Los calahorreños han preparado la recepción de las reliquias con un ciclo de conferencias en torno al martirio, los mártires y el nuevo beato. La primera conferencia tuvo lugar el miércoles 13 de diciembre. El sacerdote Pedro Aranda habló sobre el valor del martirio en la Iglesia. Al día siguiente, el sacerdote Manuel Amezcua habló sobre los mártires en la diócesis de Guadix. Y cerrará el ciclo el sacerdote José Manuel Suárez, hijo de La Calahorra, que hablará en la tarde del viernes 15 de diciembre, a las 19:15 h, de la vida del beato Joaquín Gisbert.

Joaquín Gisbert fue proclamado beato el pasado 25 de marzo, en Aguadulce (Almería), junto a otros 114 mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España. Todos ellos fueron beatificados en Almería, pues es allí donde se les quitó la vida, en los primeros días de la Guerra Civil española. Sin embargo, de los 115 nuevos beatos, 13 son o están vinculados con la diócesis de Guadix. Uno de ellos es Joaquín Gisbert, sacerdote, hijo de La Calahorra.

Biografía

Nació en La Calahorra,  el 14 de abril de 1903, donde fue bautizado al día siguiente. El 24 de mayo de 1926 fue ordenado sacerdote en Guadix. Fue asesinado el 13 de septiembre de 1936 en el Pozo de Cantavieja, del municipio de Tahal, provincia de Almería.

La localidad de Doña María, aunque en la actualidad es provincia y Diócesis de Almería, en 1936 pertenecía a la Diócesis de Guadix, igual que la localidad de La Calahorra, donde nació el Siervo de Dios. Por ello hizo sus estudios eclesiásticos en el seminario de Guadix, donde recibió el presbiterado –con dispensa de edad- el 24 de mayo de 1926.

Su único cargo pastoral fue el de párroco de Doña María.

De su vida sacerdotal hablan cinco testigos que comparecen en el proceso de beatificación.

"Familia de cinco hijos, cristianos viejos y de condición social humilde". Por ello trabajaba en el campo ayudando a su padre en sus vacaciones de seminarista. Se conservan manuscritos de su época de seminario que muestran su preocupación por formarse sacerdote.

De él dice otro testigo, sacerdote también de Guadix, que "era un sacerdote con vida y fama de santo"... dechado de todas las virtudes cristianas y sacerdotales... los seminaristas lo veíamos y nos edificaba por su sencillez, humildad y afabilidad."

Prisión, martirio y fama de martirio

Cuando comienza la persecución religiosa "su padre le sirvió de tentación. Llevado del amor a su hijo y viendo el cariz que iban tomando las cosas le dijo: «Joaquín, quítate la sotana, sal a la plaza y diles: soy comunista como vosotros». Él bajando la cabeza respondió: «Padre, yo no puedo hacer eso»". Así lo manifiesta en autos una testigo, sobrina del Siervo de Dios.

De su estancia en la cárcel también hay referencias directas. Su prisión fue el 13 de agosto de 1936 en su propio domicilio. Al acabar de celebrar la misa; de allí lo llevaron a Almería, al convento-prisión de las Adoratrices donde confesó con el P. José Garín, sacerdote, que sobrevivió y contaba después el comportamiento del Siervo de Dios en la prisión.

Mientras estuvo en prisión su familia hizo gestiones para liberarlo: "Es indudable que en la cárcel se mostraba serio y pacífico. En una ocasión fue visitado por su familia y entre rejas les decía: « ¡Trabajad. No me abandonéis! Jesús en Getsemaní dijo que si era posible, que pasara de Él ese cáliz». Era humano, pero santo y confiado imitador del Señor. Una hermana y su cuñada fueron a hablar con un comisario republicano, o comunista, muy influyente, conocido de ellas porque su esposa tenía una peluquería de señoras. Le ofrecieron una cierta cantidad de dinero por la posible salvación de D. Joaquín. La negociación marchaba bien hasta que preguntó: «¿Qué clase de preso es?». Ellas dijeron la verdad. «Es sacerdote». Y en ese momento dejó la pluma sobre la mesa y dijo: «No hay nada que hacer. Si es cura, nada». Los sacerdotes no tenían salvación, sin distinguir si eran buenos o malos. Murió por ser sacerdote.

Recibió también tortura psicológica. Cuando lo subieron en el camión para trasladarlo a Almería le dijo uno: «Dame ese reloj porque a ti ya no te va a hacer falta». Y otras muchas cosas."

Esta motivación de su muerte, exclusivamente "por ser sacerdote", también la indican otros testigos: "Fue una muerte verdaderamente sufrida como discípulo de Cristo, que no podía ser de otra manera, porque era un hombre de Dios, sacerdote auténtico".

"En la prisión vestía un trajecillo pobre y humilde, andaba reservado, hablaba poco, se le veía rezar con frecuencia, se ocupaba de alentar y consolar a otros sacerdotes ancianos, principalmente a uno anciano que estaba casi impedido"; así escribe el Vicario General de Guadix, refiriéndose al Siervo de Dios.

Fue sacado del Cuartel de las Milicias para ser conducido a la muerte según dice el propio Pedro Molina Quesada que fue el que confeccionó la "saca".

Sus restos fueron extraídos del Pozo de Cantavieja en febrero de 1941 y fueron inhumados en la capilla del Cristo de las Penas de la iglesia parroquial de La Calahorra.

De la fama de martirio de este Siervo de Dios hablan todos los testigos: "La fama extendida en todo el pueblo era de que habían martirizado a un santo, haciéndose lenguas todo el pueblo de sus virtudes, de su martirio...". (Tomado del martirologio diocesano)