Vigésimo noveno Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 22 de octubre de 2017

A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Si tenemos alguna duda sobre si Dios es el único Señor de la historia, las lecturas de este domingo nos lo ponen ante nuestros oídos desde distintos ángulos. Dios es el único Señor y a él hay que ofrecerle el culto, pues “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, sentencia el evangelio proclamado (Mt 22,21). El resto de las lecturas van afianzando esta idea: “yo soy el Señor, y no hay otro” (Is 45,1.4-6); “decid a los pueblos: El Señor es rey” (Salmo 95,10). “Ante Dios nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor” (1Tes 1,1-5b). Ahora, es a nosotros, a quien corresponde decidir para ser fieles a Cristo Jesús.


Pongámonos en contexto para poder entender mejor el Evangelio de hoy en su totalidad. Miremos el texto en sí para descubrir que a Jesús, el incómodo personaje para los dirigentes religiosos y políticos de su tiempo, se le han puesto las cosas difíciles y quieren acabar con él porque ha criticado duramente (ver lecturas de domingos anteriores) las acciones y comportamientos que ellos hacían en nombre de Dios, que reflejaban, claramente, su no comprensión, por los intereses que sean, del verdadero Dios que se ha revelado a lo largo de la historia.
Herodianos y fariseos, enemigos entre sí, se alían para provocar a Jesús e intentar pillarlo en un error que justifique el poder condenarlo y matarlo, pues su forma de actuar les molesta. Hacen causa común y buscan derrotar a Jesús para que no se interponga en sus caminos ni desenmascare su situación de privilegios.
Jesús con su respuesta deja las cosas en su sitio y nos lleva a comprender que el verdadero camino del seguidor de Cristo es reconocer a Dios como único Señor, traduciendo la fe en él en un compromiso concreto, encarnado en la vida, en devolver a Dios lo que es suyo, o sea la dignidad de las personas que han sido creadas por él y esa es la imagen que llevan grabada en su interior. La moneda –el denario- lleva grabada la imagen del César, del dominador del pueblo, por lo que hay que devolvérsela al César para que deje esa explotación. Para poder hacer eso con valentía, se necesitan las calificaciones que San Pablo añade a las virtudes teologales: “la actividad de la fe, el esfuerzo del amor y el tesón de la esperanza” (1Tes 1,3). La fe se traduce en hechos concretos, no bastan sólo las palabras, sino que es necesario actuar. El amor es esforzado, no se queda en la superficie de las cosas, sino que va a la raíz y busca las causas verdaderas de lo que está pasando aunque en ello se juegue la vida. Por último, el tesón de la esperanza, la constancia que vislumbra un futuro, un presente mejor pese a los obstáculos y dificultades. Quien espera no está cruzado de brazos, sino que es un auténtico activo dinamizador de buenas causas en beneficio de cada hombre y mujer.
Devolved a Dios lo que es de Dios, es ocuparse de sus cosas y preocuparse por ellas, es mantener la esperanza de que el Reino de Dios se nos ofrece a todos y a todas como un Reino de vida, de justicia, de defensa del pobre y oprimido; un Reino de humildad, de solidaridad y generosidad donde la primacía siempre la tiene la persona y lo que a ella le rodea. Devolved al César lo que es del César es ocuparse de lo suyo, a saber, el dominio y la explotación que él trajo, el miedo, la humillación, el engaño. Jesús, no hace una división de los poderes, uno civil y otro religioso, sino que quiere poner en claro qué representa cada uno de ellos (con la realidad de su tiempo) y darnos la opción de escoger el que consideremos mejor. Tampoco ha querido decirnos que los creyentes han de estar metidos en lo religioso y olvidar lo político, sino que en cada momento histórico es necesario discernir lo que se nos ofrece para dar a cada uno de ellos lo que le corresponde.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y Jérez del Marquesado

PREGUNTAS:
1. ¿Cómo es el Dios del que nos habla el Evangelio de hoy? ¿Cuál sería su principal exigencia?
2. ¿Qué me dice la Palabra de Dios de hoy para ser discípulo y para ser ciudadano?
3. ¿A qué me compromete oír “devolved a Dios lo que es de Dios?

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.