Vigésimo cuarto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 17 de septiembre de 2017

EL PERDÓN ENTRE LOS HERMANOS

¡Mira que nos gusta preguntar! ¡Mira que nos gusta echar balones fuera! sobre todo, cuando los temas no son nada fáciles y creemos que nos pueden complicar la vida: ¿quiénes son los pobres? ¿quién es mi prójimo? ¿cuánto tengo que dar?...
“Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?” (Mt 18,21-35). ¡Mira tú qué bien! ¿No podría ser al revés? es decir, si yo ofendo a mi hermano,... ¡Vamos digo yo! porque la ofensa puede ser en las dos direcciones, como también el perdón pensamos que ha de ser en las dos direcciones: dar perdón y pedir perdón.


Hoy, la palabra de Dios, toca el tema del perdón en todas sus lecturas. Un tema de muchísima importancia y de actualidad siempre. Nos jugamos mucho en nuestra vida si somos capaces de vivir y de entender bien esta temática. Estoy convencido que muchos quebraderos de cabeza y muchos dolores musculares desaparecen si el valor del perdón lo tenemos bien resuelto en nuestra vida. Pienso que se han de admirar a las personas que viven dando perdón y pidiendo perdón, pues crecen y nos hacen crecer, son grandes y nos engrandecen, pero, mucho me temo, que esta no es la norma general en nuestra sociedad, sino todo lo contrario, se nos invita a admirar a otro tipo de personas con otras actitudes bien diferentes, ¡qué pena lo que nos estamos perdiendo!
El libro del Eclesiástico (27,30-29,9) propone: “perdona a tu prójimo la ofensa y serán perdonados tus pecados”. El salmo 102 aclara que “Él perdona tus culpas”; y, el evangelio, en esta misma línea afirma que “El señor tuvo compasión de aquel siervo”. O sea, toda una amplia reflexión para dejarnos claro la importancia del perdón. La oración del Padre nuestro también va en esta línea cuando al final dice: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Lc 11,4). Y toda la Biblia está llena de pasajes en los que el perdón que Dios da es constante, “porque su misericordia es eterna y no lleva cuenta del mal”...
Ya hemos dicho en otra ocasión, que los números en la biblia tienen un valor simbólico, es lo que le ocurre al número 7 y a los múltiplos de éste. Con ello se quiere expresar la totalidad y la perfección, por eso el perdón ha de ser perfectamente perfecto, infinitamente infinito (“setenta veces siete”). Jesús realiza un cambio radical en las relaciones entre las personas: de la venganza sin límites reflejada en el libro del Génesis (4,15.24), se pasa al perdón sin límites. Cristo perdona y exige el perdón. Sin perdón fraterno no hay comunidad cristiana. “El perdón al hermano no es algo accesorio, se sitúa en el centro de la relación del creyente con Dios y le capacita para acoger su misericordia. Desde el nuevo orden de la misericordia en el que Dios nos coloca, podemos ver un horizonte de esperanza en medio del odio y la venganza que aparecen sembrados en nuestra historia cotidiana”. ¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón y perdonar?
En la parábola del Evangelio de hoy, todo es enorme y desproporcionado, para hacernos caer en la cuenta de la magnitud que tiene el perdón. Además, nos desvela el verdadero rostro de Dios, que sabe perdonar y amar, y entroniza el perdón como base de la comunidad y de cualquier convivencia, junto con el apoyo al débil, la misericordia y la acogida. El perdón cristiano nace de la experiencia de haber sido perdonados por Dios. “Tanto si vivimos como si morimos, somos del Señor” (Rm 14,7-9). Quien haya experimentado la misericordia del Padre, la ternura inmensa con la que nos envuelve día a día, no puede andar calculando las fronteras del perdón y de la acogida al hermano.
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y Jérez del Marquesado

PREGUNTAS:
1. ¿Cómo he experimentado en mi vida la misericordia y el perdón de Dios?
2. ¿Qué dificultades encuentro para perdonar de la misma manera que Dios perdona? ¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón y perdonar?
3. ¿Qué pistas sugiere el evangelio de hoy para la transformación del mundo según el proyecto de Dios?

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.