Sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 12 de febrero de 2017 Destacado

Dibujo de Miguel Redondo, para acercarse al Evangelio del domingo, Día del Señor.
Comentario al Evangelio del sacerdote José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

 

“OS HAN ENSEÑADO… PUES YO OS DIGO”

¡Uf, cómo me gusta este Jesús en el evangelio de Mateo! (5,17-23) ¡Qué tío! ¡Cuánta razón y vitalidad! Es que para hacer valer la predilección de su Padre Dios, Jesús, no escatima esfuerzos ni enfrentamientos, ni na de na. No tiene miedo, se siente en manos de un Padre que lo mantiene con su Espíritu para que no decaiga en su misión. Por eso, nos dice que se nos ha enseñado, pero él es quien nos dice la Palabra definitiva del Padre, que habla a través de él, el único que nos lo ha dado a conocer (cf. Hb 1,1-4; 1Cor 2,6-10).

Así que para conocer lo que es Dios y qué quiere de nosotros, no podemos dejar de mirar y escuchar a Jesús de Nazaret, muerto y resucitado. Y, ante ello, cada uno ha de tomar opción personal y libre (Eclo 15,16-21); así nos ha creado Dios y Jesús quiere que podamos elegir el camino de cooperación con el don de Dios, que se reduce a amar a Dios y al prójimo; y el amor exige libertad. “Si amas a alguien déjalo en libertad. Si vuelve es tuyo, si no vuelve, nunca lo fue” dice el proverbio oriental.

El papa Francisco, en su exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, 43 (el anuncio del Evangelio en el mundo actual), también es muy atrevido y dice lo siguiente: “En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas. Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida. Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios «son poquísimos». Citando a san Agustín, advertía que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles» y convertir nuestra religión en una esclavitud, cuando «la misericordia de Dios quiso que fuera libre». Esta advertencia, hecha varios siglos atrás, tiene una tremenda actualidad. Debería ser uno de los criterios a considerar a la hora de pensar una reforma de la Iglesia y de su predicación que permita realmente llegar a todos”.

O sea que, continuamente, estamos aprendiendo y nos dejamos en manos del Espíritu que es el que nos irá conduciendo hacia la verdad plena en cada circunstancia de la vida (cf. Jn 16,12-15). Ello quiere decir que, el cristiano es una persona en continuo camino, en continua búsqueda y no puede dar nada por sabido y cruzarse de brazos. El cómodo discurso y criterio pastoral de que “siempre se ha hecho así”, tampoco nos vale, ni es un criterio para el mundo de hoy.

Por eso, Jesús, no pretende abolir la ley, sino llevarla a su plenitud, hasta sus últimas consecuencias. Su propuesta es una propuesta de máximos y no de mínimos, pero entendiendo que todo no se consigue de una vez por todas, sino que la fragilidad humana nos acompaña siempre y por eso necesitamos la continua misericordia del Padre y la humildad suficiente para ir corrigiendo y cambiando lo que no está en consonancia con la propuesta del Evangelio de Jesús.

Hay que pedir continuamente lo que el salmista nos recuerda “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente” (Sal 118), para que sepamos mantener el valor de la fidelidad en cualquier momento y circunstancia.

Así, en la eucaristía, damos gracias al Padre por Jesús porque nos ha hecho miembros de la nueva alianza y nos unimos a Jesús con una vida conforme a la interpretación dada por él, pues lo “políticamente correcto” no siempre pertenece a la sabiduría divina.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán

PREGUNTAS:

  1. Vuelve a leer, atentamente, el evangelio de hoy (Mt 5,17-23) y déjate interpelar acogiendo su novedad, exponiéndonos su verdad.
  2. ¿Tus palabras y tus gestos tienen valor, son palabras y gestos coherentes? ¿Por qué?
  3. Medita estas palabras: “¡Deja ya de soñar en rebajas, y no intentes comprar el Reino! El cristiano no se arrastra bajo el peso de la ley; corre libremente impulsado por el amor”.
Modificado por última vez enSábado, 18 Febrero 2017 07:28