GUADIX ES PATRIMONIO: SI LO ES...

Escrito por  |

 

Si se mira el trasero, o mejor la trasera parte por no dar lugar a confusiones fisiológicas, de nuestros autobuses urbanos, se acierta a contemplar una reproducción de la obra pictórica de José Antonio Amezcua, en la que a base de nogalinas, contempla la torre de la Catedral desde el Teatro Romano. La pintura es un completo acierto y la frase que la acompaña también: “Guadix es patrimonio”.

            Ciertamente, uno de los atractivos principales de nuestra ciudad es su patrimonio. La así llamada “reconversión cultural de 1936” acabó con gran parte del patrimonio pictórico y escultórico de la ciudad, por aquello de que los santos y la santidad no tenían cabida en semejante propuesta de “reconversión cultural”. No sufrió tanto el patrimonio arquitectónico, pues las iglesias fueron “reconvertidas” en centros de distribución de la miseria. En esto de repartir miseria, la izquierda radical es siempre especialista: véanse los casos recientes de Venezuela o los antiguos de Cuba. Por su parte, la derecha, se especifica por no repartir ni siquiera la miseria… así son tan felices…

            Lo cierto es que nuestro patrimonio es y puede ser todo un canal de atracción del turismo nacional e internacional, de cuyo aumento dependemos en gran medida para nuestro futuro. Así lo ha entendido la Iglesia con el museo de la Catedral y la restauración de las Iglesias de San Francisco y del Hospital, así como la ubicación del Archivo y Biblioteca Diocesanos en la Iglesia de la Magdalena. Es verdad que nos queda el callo de San Miguel viejo, a punto de convertirse en un auténtico juanete afectado por dolorosísima gota.

            En cuanto se refiere al patrimonio civil, hay que saludar con enorme gozo las consecuciones de colectivos ciudadanos y del propio Ayuntamiento, respecto de la actuación en la Alcazaba, lugar privilegiado de nuestra historia y de nuestro paisaje. Quedan por resolver la apertura regularizada del Palacio de la Fundación Visconti, así como la continuación de las excavaciones del teatro romano y la muestra, inexplicablemente retrasada hasta la náusea, del Torreón  del Ferro.

            Pero donde la incuria se eleva al grado de paradigmática ejemplaridad sobre sí misma, es en el Palacio de Peñaflor: aquí la ciencia engaña y la fe titubea: ¿cómo es posible que un inmueble de tanta solera, tan bellos espacios, tan magnífico porte exterior e interior y tan sólida historia, nunca vea acabada su obra y siempre retrasada su terminación? “Miré los muros de la patria mía / si un tiempo fuertes, hoy desmoronados…” Quevedo nos viene de perilla para llorar juntos bajo el balcón de Peñaflor...

            Ahora bien, si los monumentos accitanos, eclesiásticos y más aún los civiles, necesitan una serie pronta de grandes actuaciones, es en el casco histórico en su conjunto, en sus calles y callejas, en sus casas, casillas y casonas, donde nos jugamos el futuro turístico de nuestra ciudad: “Aquí toda incomodidad tiene su asiento”, permítasenos citar de nuevo al inmortal Francisco de Quevedo. Gran parte de las casas del casco histórico están sometidas a la misma ruina que Sarajevo después de los bombardeos, y no por efecto de las explosiones aéreas sino como resultado de esa otra forma de destrucción silenciosa, sin explosiones, tenue y suave pero llena de una eficacia completísima: la incuria, la dejadez, el abandono y todo aquello que colaborar pueda a una destrucción tan lenta como eficaz. Es en el conjunto de las calles y callejas donde nos jugamos la posibilidad de exhibir Guadix como una ciudad atractiva y llena de saberes y sabores. No quiero hablar ahora por no sobreabundar en mi propio dolor, sobre la tragedia ocurrida en el paisaje cuevero, tan repleto de construcciones anejas a las cuevas, para cocinas, baños, cocheras o cobertizos… la mayoría de ellos de mal gusto y pésimo estilo. No sería propio del cura de las cuevas negar el derecho de sus feligreses a dignificar sus viviendas, pero este proceso de acomodación a las necesidades, debería hacerse desde el respeto absoluto a la configuración paisajística del mayor conjunto de cuevas habitadas que hay en el planeta.

            Tanto el Ayuntamiento como el Obispado, tanto las instancias políticas como las sociales, de toda naturaleza: local, provincial, autonómica y nacional, pueden y deben “echar una mano”, “sacar su cuarto a espadas”, “poner su pica en Flandes” e incluso “colocar su grano de arena”. Desentenderse de la ruina del Guadix histórico, es ser cómplice de su desaparición. Eso, eso.

Manuel Amezcua Morillas.

 

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/