LAS CUEVAS DE GUADIX: EL ANTES, EL DURANTE Y EL AHORA

Escrito por  |

Estamos en el mayor conjunto de cuevas habitadas del planeta. Tan sólo lo superaría Capadocia en la actual Turquía, pero allí hace tiempo que la intolerancia religiosa islamista, despobló las ciudades y sus iglesias y monasterios. Esta singularidad accitana se debe a múltiples motivos: geológicos, históricos, sociales y culturales, con importantes referencias religiosas.

LA GEOLOGÍA

La arcilla es una roca caliza blanda pero compacta, que se endurece más a causa del contacto con el oxígeno. Ello ha determinado la facilidad para excavar cuevas artificiales a través de los siglos, desde la prehistoria hasta nuestros días. Si esta zona no fuera tan arcillosa, jamás habría podido excavarse una cantidad de cuevas tan numerosa: más de seis mil en todo el ámbito de los valles de Guadix. Así, cada cueva se compone de túneles y cubículos, sucesiva y simultáneamente dispuestos, al frente de la entrada, y a ambos lados de la misma, de mayor o menor amplitud y extensión, dependiendo del cerro de que se trate y de las lindes con otras cuevas vecinas. Toda cueva dispone de otros túneles verticales, redondos y más estrechos, a modo de respiradero para la chimenea que, exteriormente se manifiesta de manera muy característica en la configuración del paisaje. Por otra parte, la evacuación de los materiales de desecho de la excavación, termina formando una terraza de entrada, a modo de placeta, que se allana para acceder e inclina para la evacuación del agua de lluvia.

La orientación de las entradas de las cuevas, es tan múltiple como la rosa de los vientos, pues depende de los accesos y de la calidad y volúmenes del cerro, amén de las propiedades colindantes. Toda la segura y severa construcción subterránea se establece dentro de un alto grado de comunión con la naturaleza y respeto ecológico, propio de una ancestral cultura que, lejos de competir con el medio ambiente, lo respeta y transforma con gran veneración y sumo afecto. Toda la zona se organiza en cañadas y barrancos cuyas formas no podrían ser más variadamente caprichosas, tanto como las infinitas posibilidades de la erosión sobre las cárcavas de arcilla, aquí interrumpidas y decoradas por las fachadas de cal que enmarcan cada una de las entradas a las cuevas.

LA HISTORIA

Estamos situados en el paso natural desde el norte al sur y viceversa de la Sierra Nevada. El asentamiento humano de Guadix tiene cuatro mil años, nada menos, según los testimonios arqueológicos, por ser el paso de los ganados en sus migraciones estacionales y constituir un cruce de caminos desde hace milenios. Los vestigios de las culturas argáricas e ibéricas son abundantes. Serán Julio Cesar y Augusto quienes establezcan la “Colonia” y el “Municipio”, y con ello el paso de “oppidum” (población) a “Cívitas” (ciudad), perfectamente estructurada en sus instituciones. La ceca de Guadix fundió su propia moneda y su condición de ciudad romana de gran porte la certifica hoy e esplendor de las ruinas de nuestro soberbio teatro romano.

Conocemos cuevas excavadas en estos largos periodos, ya sea como cementerios o con usos agropecuarios, como graneros y establos o apriscos, compaginados con hábitat humano, si bien no generalizado todavía.

Será en la alta edad media cuando la eclosión monástica del periodo visigodo favorezca la aparición de eremitorios y cenobios en las cuevas. No es extraño que en periodos violentos, algunas cuevas hayan soportado usos militares, más defensivos que agresivos y más guerrilleros que oficialmente militarizados.

La invasión musulmana, tanto árabe en las clases dominantes como bereber en las populares y campesinas, determina la enorme ampliación de las vegas de los ríos, por la construcción de sendas acequias en ambas márgenes, a cincuenta y más metros de los cauces naturales. Esta paulatina transformación del secano en regadío provoca la aparición de multitud de cuevas para uso humano, agrícola y ganadero, conjugadas, donde es posible, con las terrazas, terraplenes y “paratas” en que se organizan los terrenos del cultivo huertano y de la vega toda.

Tras la reconquista de los Reyes Católicos, Guadix vuelve a manos cristianas después de más de siete siglos. Durante el reinado de Carlos I y la primera mitad del de Felipe II, aún se conserva la esperanza de la importancia de la ciudad, pero a partir de la guerra de 1570, y el aplastamiento y exilio multitudinario de la población morisca, se pierde la riqueza secular del cultivo de la seda y se repuebla el valle con gentes de aluvión, sin apenas preparación para poder llevar a cabo una revitalización económica, que es esperada hasta hoy.

Pero muchos exiliados moriscos vuelven clandestinamente de los puntos castellanos y extremeños de la deportación e incluso desde el norte de África. Será ahora cuando la excavación de nuevas cuevas alcance, extramuros de la ciudad, su gran impulso histórico, multiplicándose de manera extraordinaria y creciendo en intensidad y extensión, aunque hay otros historiadores que dan como razón la eclosión demográfica de los siglos XVI y XVII, a pesar de algunas epidemias.

LA SOCIEDAD

La sociedad accitana miró hacia otro lado ante el fenómeno cuevero, entre otras razones porque le venía bien la presencia de braceros para las faenas agrícolas y no disponía de medios para atajar el “secreto” retorno. Un proletariado ilegal al que se podía contentar con las migajas de remuneraciones muy pequeñas, fue bien aceptado con una mezcla de injusticia social y paternalismo.

Junto al Guadix amurallado y “ciudadano”, creció otro en situación irregular, más apartado y clandestino, cuyos habitantes, haciendo de la necesidad virtud, supieron fabricar viviendas sólidas, bien distribuidas y climatizadas, toda vez que la temperatura interior de la cueva es inalterable en sus 20 a 22 º, tanto en invierno como en verano.

Esta situación de un cierto apartamiento no ha de confundirse con la de suburbio, pues se trata más bien de una suerte de “situación especial”, en virtud de la cual las cuevas han mantenido costumbres propias en ámbitos tan importantes como el matrimonio mediante el “rapto” de la novia, o sea, la huída pactada como un hecho por parte de la pareja. Es destacable como ni la milicia ni la religión, institucionalmente tan sólidas, han calado en plenitud hasta permeabilizar totalmente el mundo de las cuevas. Una especie de complicidad social, mucho más profunda y ancestral que la conciencia de clase, ha hecho pervivir usos y costumbres peculiares, que van desde la familia al sepelio y desde la vecindad a la gastronomía, pasando por la”mili” o la escolaridad.

LA CULTURA

La cultura cuevera es esencialmente agropecuaria y se inscribe dentro de la general condición de las familias de braceros de Andalucía, con pequeñas explotaciones de auto subsistencia y alquiler del trabajo a bajo coste durante las temporadas de recolección. Las propiedades, por lo común, estaban en manos de los habitantes de Guadix. Expresiones todavía en uso, como “bajar a Guadix” o “subir a las cuevas”, marcan una diferencia más que notable.

Hasta hace poco tiempo se conservaron vestidos, sobre todo femeninos, vocablos y modos de cortesía, verdaderamente originales y arcaizantes: por ejemplo, la mujer vestía de negro, incluso en el pañuelo, durante todo el año, verano inclusive como forma de luto o de respetabilidad.

Las cuevas de Guadix se asoman a la gran cultura a través de la genialidad literaria de Pedro Antonio de Alarcón, cumbre de las letras accitanas, cuya novela “El Niño de la bola”, retrata idealizadamente, aunque con realismo descriptivo y no poco romanticismo, como es propio del autor puente hacia el 98, la vida de esta zona de Guadix: Manuel Venegas, el protagonista, niño rico venido a pobre por la ruina de su familia en la guerra de la Independencia – tema querido y autobiográfico de Alarcón – se enamora desde la infancia de Soledad, la hija del acreedor y prestamista de su padre, muerto en el incendio del palacio familiar (concretamente el construido para el matrimonio de los Fernández de Córdoba y los Amescua, hoy conocido como Villalegre). El rezo constante del joven ante la imagen del Niño Jesús de la Bola, preciosa pieza del siglo XVII que se conserva en la parroquia de las cuevas, hará que Manuel sea conocido por ese apodo: “el niño de la bola”, mientras es criado por un pobre y solícito cura, curiosamente llamado por Alarcón “don Trinidad Muley”, curiosa fórmula en la que se armoniza la síntesis cuevera de lo cristiano, la Trinidad,  y lo musulmán, el apellido Muley. Vuelto rico de hacer las Américas, Manuel encuentra su oportunidad de bailar con Soledad durante el llamado “baile de Rifa”; se trata de una costumbre vigente hasta la mitad del siglo XX, mediante la cual el “Cascamorras”, figura ancestral de Guadix, recibe las pujas de los que desean danzar con las mozas o impedir tal danza, a base de limosnas en las fiestas navideñas en honor del Niño Jesús de la Bola, así llamado por la del mundo que sostiene en su mano. El mortal abrazo del baile pone trágico final a la epopeya. Alarcón retrata, con realismo idealizado y simbólico, el ambiente cuevero del Guadix decimonónico.

Hoy los referentes culturales esenciales de la zona son bastante típicos y por tanto sumamente tópicos: La fabricación de sillas de enea, la alfarería y la cerámica o el oficio de picador de cuevas. No parece posible la referencia a la cultura de esta zona sin asomarse antropológicamente o desde la psicología social a la contundencia y protagonismo de la sociología religiosa. Como en tantos otros ámbitos de España, la religión marca definitivamente las costumbres y la práctica totalidad de la antropología.

LA RELIGIÓN

Pero si las cuevas se asoman a la cultura a través de la obra de Alarcón, la cultura se asoma a las cuevas mediante la obra de San Pedro Poveda, en los albores del siglo XX. La fundación de escuelas por parte del entonces joven sacerdote, repletas de los principios de la pedagogía activa y participativa, tanto masculina como femenina, prefigura y anuncia la gran obra de la Institución Teresiana y su repercusión internacional en la evangelización mediante la educación y la cultura.

La presencia de un magnífico lienzo de la Virgen de Gracia, datable a finales del siglo XVII, albergado en un hipogeo, o cueva Santa, excavada con fines litúrgicos y dotada de altar, presbiterio y púlpito, conocida como “ermita nueva”, constituye hasta el siglo XX el más sobresaliente esfuerzo evangelizador, que alcanzará con la acción de Poveda sus cotas de mayor incidencia humanizadora y evangelizadora. La Cueva Santa es un legado de don José Pérez Chico Espínola y Montes, Deán de la Catedral que quiso construir y legar este santuario habida cuenta de la necesidad de evangelización de la zona, en 1838.

Posteriormente, San Pedro Poveda, impactado por la realidad del analfabetismo y la pobreza, construye escuelas como medio evangelizador y cauce de regeneración personal: “desde que estuvo aquí el Padre Poveda, yo soy más persona”, diría “Juanico el gitano”, personaje popular en Guadix y uno de sus más longevos alumnos, que hoy aparece en fotos de la época y monumentos de inmortal bronce, acurrucado junto al Santo Apóstol de las cuevas.

Tanto la Virgen de Gracia como San Pedro Poveda, anuncian, simbolizan y expresan lo mejor de la historia y de la vivencia de la fe en esta zona. Las parroquias y el colegio, han sido las referencias formativas y educacionales de las Cuevas de Guadix durante toda la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. Tanto la Parroquia de Gracia como la de Fátima, la presencia durante cerca de cuarenta años de las Religiosas de Santa Dorotea, y, sobre todo, la labor de la Institución Teresiana con sus colegios y comedores, además de los múltiples talleres y actividades del Centro Sociocultural Pedro Poveda, han realizado toda una labor promocional que se manifiesta y expresa en la corrección de seculares carencias y en la promoción religiosa, social y humana de las familias. Hay que tener en cuenta también la ingente y extensísima labor de Caritas parroquial, la más antigua de Guadix, con sus talleres y múltiples iniciativas a favor de las personas menos afortunadas. Un comedor con cien niños diarios, doce talleres de actividades, la guardería infantil, el colegio en sus dos sedes, todo ello actuando en red con las dos parroquias y, a veces, con sus hermandades y cofradías son la expresión más completa de la vida religiosa de las cuevas.

Guadix es inexplicable sin sus cuevas y estas son ininteligibles sin su entorno: aquí el hombre ha usado del valle, y éste, en su rigor climático y arcilloso, ha construido al ser humano.

Manuel Amezcua Morillas

Cura de las Cuevas.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/