Adolescencia y Juventud

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Desde hace algún tiempo, años, diría yo, estas dos realidades están más cerca de mi vida de lo que podría imaginar y me gustaría decir algo al respecto de estas etapas de la vida tan sugerentes, tan difíciles de concretar en años y por las cuales toda persona hemos pasado, pero no nos acordamos de cómo éramos en esa época, porque se nos pierde en el tiempo, pero pasarla, seguro que la hemos pasado o estamos en ello ahora.

No es una reflexión de psicólogo, porque no lo soy, ni de un investigador de la materia, porque tampoco lo soy. Ni siquiera de un especialista en educación. Son sólo apuntes fruto de la observación, de un educador social acreditado y de un sacerdote preocupado por las etapas de la vida y por la dignidad de las personas que tiene cerca. Así, que todo es matizable y opinable y, se puede o no estar de acuerdo.

Suelo decir, cariñosamente, la Aborrescencia y la Jodentud, cuando me refiero a los adolescentes y a los jóvenes. No se muy bien, si esas palabras existen en los diccionarios, pero a mí me ayudan a definir, de un vistazo, lo que por esos momentos pasa en la vida de los que las viven y de los que acompañamos esos procesos o los tenemos cerca.

Se dice que, la adolescencia y la juventud, son conceptos socialmente construidos en virtud de los cambios y similitudes que acontecen en los ámbitos biológicos, psicológicos y culturales. Por consenso, se ha establecido que la adolescencia trascurre entre los 10 a 19 años. Para la juventud, se establece un tiempo que va de los 20 a 24 años, aunque la normativa internacional establece algunas superposiciones con la adolescencia, y el límite superior parece establecer que llega hasta los 28-29 años. Como vemos, una parte importante de la vida de todo ser humano, como para dejarla pasar así sin más.

Para mi entender, decir aborrescencia y jodentud, no es un término despectivo, sólo descriptivo, que ya te pone en situación. Voy a daros algunas pinceladas de ello que, como todo, son incompletas y vosotros podréis añadir o quitar o no estar de acuerdo, ¡no faltaba más!

¡No me digáis a mi, que la edad de la adolescencia no es un poquito aborrescencia, tanto para el que la vive como para los que estamos a su alrededor. No te aburras, sigue leyendo. Me explico:

El adolescente (aborrescente) parece que está peleado con todo el mundo, hasta consigo mismo. Da la impresión de que no le gusta nada de lo que acontece a su alrededor ni de lo que le acontece a él, por lo que quiere pasar rápidamente de una cosa a otra. A mí, que me gusta la música y el baile, me pasa con ellos algo gracioso. Les pides que te enseñen las canciones que ellos cantan (para ponerlos de acuerdo en cuál, ya es difícil) y que te enseñen a bailarla. Pues bien, cuando ya vas cogiendo el ritmillo y algo se te queda, ¡zas! “a otra cosa mariposa” y ahí te quedas tú con una cara de no saber qué hacer ni decir. Pero bien, vamos a intentarlo con otra… En fin, que todo trascurre muy rápido y a los que estamos entrados en años, no nos da tiempo de asimilar. Para eso es la adolescencia, para experimentar, crear, conocer… ¡Y esos cambios de voz y de cuerpo! ¡madre mía! ¡qué pasada! Y su mejor confidente, el señor “espejito, espejito” que no puede con ellos hasta muy entrada la juventud. Y… que parece que el mundo se los va a comer.

En esta etapa de la vida, llena de silencios o malas contestaciones, es importante estar ahí y que sientan que se les quiere como son y que se les acompaña de la mejor manera que se pueda. No será bueno, por parte de los mayores, claudicar o pasar de puntillas. ¡Claro! si en la etapa anterior de la vida, en la infancia y preadolescencia, se ha estado muy cerca de ellos y de ellas, ahora tendrá efecto, aunque no lo sepamos ver.

¡Y la juventud (jodentud)! llega cuando aún no te has recuperado de lo anterior; ni tu, ni los que viven esta etapa de la vida. Descubres que el mundo no se los ha comido, pero ellos ahora, ¡sí que se quieren comer el mundo!, por lo que será necesario ayudar a digerir para que no se atraganten en las nuevas experiencias intensas que se vivirán a todos los niveles. Antes experimentaban, pero ahora se van quedando en algunas vivencias y, no todas son satisfactorias, porque hay de todo: amplitud de conocimientos y de miras, relaciones sociales y sexuales, “fiesta, sexo y rock and roll” –como se nos decía hace tiempo-, final de bachiller y comienzo de universidad, primeros trabajos remunerados, tiempo de opositar, paro de larga duración, asentar la cabeza, definir proyectos y llevarlos a cabo, soltero, casado o vivir en pareja… ¡Bueno!, un totum revolutum, que se le viene encima al joven, que le “joden y nos joden” (perdón por la palabra, pero de ahí la jodentud a la que me refiero, siempre en positivo). Un momento de definirse, aunque duelan -jodan- las decisiones que se han de tomar; pero está claro que quien no decide, quien no “sufre” –en el mejor sentido de la palabra, no por gusto- no crece, no avanza, se queda estancado.

Así que, queridos adolescentes y jóvenes, es vuestro momento, también queremos estar ahí cerca, ¡dejadnos entrar un poquito! pues la vida compartida se hace más llevadera y podremos salir juntos (iglesia en salida), de estas “periferias vitales”.

Lo aquí dicho, también se podría aplicar pastoralmente a nuestros grupos y comunidades de iglesia, ya que ellas también pasan estas etapas; Pero esta tarea la dejo para que quien lo lea, le ponga creatividad.

Hoy me ha dado por esto y quería exponer públicamente estos términos de aborrescencia y jodentud que suelo utilizar con dolor, pero también y, esto es lo importante, con todo el cariño del mundo. Reírse de lo que nos pasa en la vida es una buena actitud y muy sana por cierto.

Para reír un poco os dejo este enlace que algo de verdad tiene: El Acabose. Efectos secundarios de tener un hijo. La gente no lee la letra pequeña y claro, pasa lo que pasa:

 http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-acabose/mota-contraindicaciones-hijos/4038102/

José Mª Tortosa

Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán. Delegado de Apostolado Seglar