PEDRO POVEDA EN SONETOS

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PEDRO POVEDA EN SONETOS

(con perdón)

 

 

 

De cómo vio San Pedro Poveda las cuevas desde la alcazaba

y escribió en su alma el Evangelio eterno, devolviendo bien por mal.

 

El castillo moruno y arruinado,

otero del panorama de las cuevas,

me dio para volar las alas nuevas

de la entrega a un nuevo apostolado.

Y tuve mi Belén de barro diario

y  aquí viví mi Nazaret callado,

y conocí el Sermón del Monte proclamado,

y padecí injusticia de Calvario.

De honra y fama más que muerto

reviví a un amor resucitado,

tras duras soledades de desierto.

Amar, incluso si eres rechazado:

devolver bien por mal es gran acierto

para ser evangelio renovado.

                             De cómo San Pedro Poveda comenzó en la Ermita Nueva, colocando el Sagrario de la Divina Eucaristía en la Cueva Santa

Primero fue el Sagrario de la Cueva

y la luz tenue, humilde y parpadeante

de un sencillo candil, puesto delante

de Dios en su presencia siempre nueva.

Es primero el amor que la cultura

pues esta, sin amor, no vale nada,

que es cima de mi escuela deseada

enseñar el amor de más altura.

Tu Madre te muestra aquí sonriente

y pues cuevero fue tu nacimiento

aquí te sientes, Dios, como en tu ambiente.

Jesucristo, tú eres el fundamento

de todo hombre y sociedad completa:

¡sin ti la obra estaría sin cimiento!.

 

 

 

 

 

 

De cómo San Pedro encontró en la escuela la vocación más clara para unir lo que la injusticia separa.

 

Esta ciudad está en dos partida;

aquí “los de arriba” son cueveros

y “los de abajo” los dueños señeros

del poder, las ideas y la vida.

Las cuevas son como el gran abanico

que airea la pobreza e incultura,

el dolor, la miseria pura y dura

que nunca quiere ver el Guadix rico.

Un tierno alevín de joven cura:

¿Qué puede contra el muro que separa,

siembra clasismo y división procura?

El derribo es la escuela que prepara

y forma a la persona en la cultura,

la verdad y justicia que repara.

 

De cómo la Gracia de la Virgen lo condujo a Covadonga, de cueva a cueva, en Rosario de gloria, dolor y gozo.

Me arrancó de Guadix la gran calumnia,

entretejida de maledicencia,

que entrelaza la urdimbre de la ciencia

del telar de soberbia e hilo de alcurnia.

Los humildes de escaso poderío,

rompieron en Palacio los cristales

y bajaron en oleada de arrabales,

llena de rabia, de coraje y de brío.

Yo silabé en silbo bien silente,

la oración mariana del Rosario,

musitada con alma de doliente:

María me cambió, cueva por cueva,

de Guadix hasta Asturias, muy pendiente

de entretejerme dentro un alma nueva.

Otro día habrá más…  Manuel Amezcua Morillas

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/

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