VERDADES GITANAS COMO TEMPLOS

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Pocas veces ejerce uno tan directamente de canónigo archivero, encargado de ir sobreabundando en la redacción del “Libro de crónica de la catedral”, sin embargo, esta es una de las ocasiones que se justifica por derecho propio. La beatificación de los mártires de Almería en total, ciento quince, el día 25 de marzo del año 2017, ha dado lugar a toda una serie de actos que manifiestan, expresan y testimonian la veneración por aquellos que entregaron su vida en testimonio de Cristo, a causa del odio a la Fe y fueron injustamente ajusticiados como el Señor. Además, murieron perdonando y ello los configura de manera particular como signos de reconciliación supremos: “nadie tiene más amor que el que da la vida por los amigos” (Jn 15,13).

            Al día siguiente de la solemne beatificación en Almería, aparecía por la Ermita Nueva de Guadix un joven obispo de Solsona, clásicamente ataviado, Monseñor Javier Novell Gomá. Venía con cientos de gitanos, en veneración a San Pedro Poveda, Apóstol de esta etnia en Guadix, y querían conocer de primera mano el lugar de la obra povedana, antes de participar en la misa de acción de gracias en nuestra catedral a las 12’30, por la subida a los altares de la primera gitana beatificada: Emilia Fernández Rodríguez.

            Tanto la presencia del numeroso grupo calé como la del obispo y su entusiasmo por San Pedro Poveda, están mucho más que justificados y establecieron todo un hermoso momento, singularmente pastoral, en la Cueva Santa de Gracia. Acompañaba al prelado un hombre grandote y bien entrado en años, cuya emoción le entrecortaba el habla y le manaba a raudales por los ojos. Este gitanón me recordaba a aquel otro tan entrañable en nuestras cuevas: si Juanico el gitano testimonió en un breve titular la obra entera de San Pedro en las cuevas: “ desde que el padre Poveda estuvo aquí, nosotros  somos más personas”… este otro gigantón gitano y emocionado, nos dijo al obispo y mí: “en esta cueva está Dios más a gusto que en todas las catedrales”. Evidentemente, las afirmaciones de ambos gitanos viejos son perfectamente matizables y requieren explicaciones: se es persona por haber nacido pero se es “más persona” por haber crecido a la sombra de San Pedro Poveda. Dios, también está a gusto en las catedrales, pero está “más a gusto” en la Cueva Santa de Gracia.  Ambos gitanos están proclamando el Evangelio en caló, diciendo, a su manera, cual es la preferencia evangélica de Cristo por los más humildes.

Era de razón que el buen obispo encargado de la pastoral gitana y sus peregrinos visitaran la sencillez radical de la obra de Poveda en el entorno de la Virgen de Gracia, pues no en balde querían agradecer la exaltación a los altares de Emilia Fernández Rodríguez, nacida en Tíjola y bautizada el 13 de abril de 1914. Se trata de una joven seglar, casada y embarazada, presa en la cárcel de “Gachas coloras”, de Almería, entre otras razones por haber intentado salvar de la mili a su marido afectándole los ojos con un sulfato. Allí aprende a rezar el Rosario junto a otras presas encarceladas a causa de la Fe Cristiana. Las prisioneras comparten sus escasos alimentos, sus mantas piojosas y su fervor religioso. La niña, pues apenas tiene veinte años, preñada y graciosamente gitana, es objeto de las atenciones de las demás encarceladas. Interrogada acerca de quién le enseña a rezar el Rosario, se niega a ser chivata de lo que era considerado por los captores como un delito mortal. Muere por no delatar a sus catequistas y es encerrada en una celda de castigo donde da a luz a su pequeña en medio de condiciones absolutamente infrahumanas. El mal trato y el abandono son su martirio, que culmina el 25 de enero de 1939: el frío de un parto solitario fue el contraste perfecto del fuego completo del amor a Jesucristo y a la Santísima Virgen María.

Es curioso que los dos primeros gitanos beatificados de la historia lo sean en relación con el Santo Rosario: Ceferino “El Pele” en Barbastro y Emilia “La Canastera” en Almería son martirizados porque enseñan y aprenden, respectivamente, a invocar a María Santísima con la corona de las rosas espirituales que se desgrana en cuentas de alabanza y amor. Me llama poderosamente la atención esta especie de predilección de la Virgen María por sus mártires gitanos.

Es cierto que el día 22 de abril nuestro obispo don Ginés celebrará en la catedral la acción de gracias por los 14 mártires de Guadix y de ello daremos cumplida cuenta en nuestra “Crónica de la Catedral”, pero no me resisto a significar la gratitud gitana en nuestro primer templo y en la Ermita Nueva de nuestras cuevas, pues ha sido ocasión perfecta de alabanza divina y amor fraterno.

¡ Gloria a Dios por sus mártires gitanos y a la Virgen María a la que aclamaron como Madre, desgranando rosas de Gracia !

Manuel Amezcua Morillas

Cura de las cuevas y Cronista de la catedral

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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