Papa Francisco: Iglesia en salida, ¿de dónde y hacia dónde?

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Llevo bastante tiempo reflexionando sobre lo que el Papa Francisco llama la “Iglesia en salida” porque lo escucho y leo por todos lados, pero en pocas ocasiones se expresa lo que se quiere decir, sino que más bien se pone como una muletilla que, por otra parte, queda bien, pero me da la impresión que no se sabe muy bien hacia dónde nos lleva y cuál es la fuerza y el compromiso que conlleva vivir y poner en práctica tal expresión.

 

Es por ello que, indagando por varios sitios, he encontrado algo que me aclara bastante esta expresión y que cuadra muy bien con el nombre de este blog que voy completando poco a poco, pero que ya necesitaba una aclaración mayor en cuanto al título y al contenido de lo que aquí se expone y se quiere expresar y vivir.

Os dejo con varios textos de lo recopilado, pero si alguno quiere profundizar mucho más, puede leer el interesante artículo de este link:

 http://www.academia.edu/7148728/Una_Iglesia_en_salida._A_prop%C3%B3sito_de_Evangelii_Gaudium

«Quisiera proponerles, como horizonte de referencia para su futuro inmediato, un binomio que se podría formular así: ‘Iglesia en salida – laicado en salida’. Así pues, también ustedes levanten la mirada, miren ‘fuera’, a los muchos ‘lejanos’ de nuestro mundo, a las tantas familias en dificultad y necesitadas de misericordia, a los tantos campos de apostolado aún por explorar, a los numerosos laicos con corazón bueno y generosos, que con gusto pondrían al servicio del Evangelio, sus energías, su tiempo, sus capacidades, si se les implicara, valorizara y acompañara con afecto y dedición, de parte de los pastores y de las instituciones eclesiásticas. Tenemos necesidad de laicos bien formados, animados por una fe escueta y límpida, cuya vida ha sido tocada por el encuentro personal y misericordioso con el amor de Cristo Jesús».

«Es el momento en que los jóvenes tienen necesidad de los sueños de los ancianos: en esta cultura del descarte, no nos acostumbremos a descartar a los ancianos. Animémoslos para que sueñen, para que como dice el profeta Joel, tengan sueños, aquella capacidad de soñar que nos dé la fuerza de nuevas visiones apostólicas» (Papa Francisco).

“Se trata de una acogida, que adquiere sentido en el marco de una pastoral en clave de misión, ya que una Iglesia en salida es una Iglesia de puertas abiertas para acoger y recibir, escuchar y comprender, proponer y acompañar, y al mismo tiempo, para salir a buscar. Para conseguir este estado, se hace patente la necesaria conversión pastoral que, debe afectar a personas y estructuras, a las parroquias, a la Iglesia particular, y a los obispos sacerdotes, incluido el Papa Francisco, que empieza él mismo por exigirse este proceso y dice estar abierto a sugerencias… Conversión pastoral, que es la que lleva a procurar que todas las estructuras se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a todos los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca su amistad” (obispo Sebastià Taltavull).

“Celebrando todavía la extraordinaria encíclica sobre "el cuidado de la Casa Común", volvemos a reflexionar sobre una perspectiva importante del Papa Francisco, un verdadero logotipo de su comprensión de la Iglesia como “una Iglesia en salida”. Esta expresión encierra una velada crítica al modelo anterior de Iglesia que era una Iglesia “sin salida” debido a los diversos escándalos de orden moral y financiero, que forzaron a renunciar al Papa Benedicto XVI, una Iglesia que había perdido su mejor capital: la moralidad y la credibilidad de los cristianos y del mundo secular.

Pero el logotipo “Iglesia en salida” posee un significado más profundo, hecho posible porque viene de un Papa fuera de los cuadros institucionales de la vieja y cansada cristiandad europea. Esta había encerrado a la Iglesia dentro de una comprensión que la volvía prácticamente inaceptable para los modernos, rehén de tradiciones fosilizadas y con un mensaje que no mordía los problemas de los cristianos y del mundo actual. La “Iglesia en salida” quiere marcar una ruptura con aquel estado de cosas. Esta palabra “ruptura” irrita a los representantes del stablishment eclesiástico, pero no por eso deja de ser verdadera. Y entonces surge la pregunta: “salida” ¿de dónde y hacia dónde? Veamos algunos pasos:

-Salida de una Iglesia-fortaleza que protegía a los fieles de las libertades modernas hacia una Iglesia-hospital de campaña que atiende a toda persona que la busca, sin importar su estado moral o ideológico.

-Salida de una Iglesia-institución absolutista, centrada en sí misma hacia una Iglesia-movimiento, abierta al diálogo universal, con otras Iglesias, religiones e ideologías.

-Salida de una Iglesia-jerarquía, creadora de desigualdades hacia una Iglesia-pueblo de Dios, que hace de todos hermanos y hermanas: una inmensa comunidad fraternal (cf. Concilio Vaticano II).

-Salida de una Iglesia-autoridad eclesiástica, distanciada de los fieles o incluso de espaldas a ellos, hacia una Iglesia-pastor que anda en medio del pueblo, con olor a oveja y misericordiosa.

-Salida de una Iglesia-Papa de todos los cristianos y obispos que gobierna con el rígido derecho canónico hacia una Iglesia-obispo de Roma, que preside en la caridad y sólo a partir de ella se hace papa de la Iglesia universal.

-Salida de una Iglesia-maestra de doctrinas y normas hacia una Iglesia-de prácticas sorprendentes y de encuentro afectuoso con las personas más allá de su pertenencia religiosa, moral o ideológica. Las periferias existenciales ganan centralidad.

-Salida de una Iglesia-de poder sagrado, de pompa y circunstancia, de palacios pontificios y titulaciones de nobleza renacentista hacia una Iglesia-pobre y para los pobres, despojada de símbolos de honor, servidora y portavoz profética contra el sistema de acumulación de dinero, el ídolo que produce sufrimiento y miseria y mata a las personas.

-Salida de la Iglesia-que habla de los pobres hacia una Iglesia-que va a los pobres, conversa con ellos, los abraza y los defiende.

-Salida de una Iglesia-equidistante de los sistemas políticos y económicos hacia una Iglesia-que toma partido a favor de las víctimas y que llama por su nombre a los causantes de las injusticias e invita a Roma a representantes de los movimientos sociales mundiales para discutir con ellos cómo buscar alternativas.

-Salida de una Iglesia-automagnificadora y acrítica hacia una Iglesia-de verdad sobre sí misma y contra cardenales, obispos y teólogos celosos de su status pero con cara de “vinagre o de viernes santo”, “tristes como si fuesen a su propio entierro”, una Iglesia, en fin, hecha de personas humanas.

-Salida de una Iglesia-del orden y del rigorismo hacia una Iglesia-de la revolución de la ternura, de la misericordia y del cuidado.

-Salida de una Iglesia-de devotos, como esos que aparecen en los programas televisivos, con curas artistas del mercado religioso, hacia una Iglesia-compromiso con la justicia social y con la liberación de los oprimidos.

-Salida de una Iglesia-obediencia y de la reverencia hacia una Iglesia-alegría del evangelio y de esperanza todavía para este mundo.

-Salida de una Iglesia-sin el mundo que permitió que surgiese un mundo sin Iglesia hacia una Iglesia-mundo, sensible al problema de la ecología y del futuro de la Casa Común, la madre Tierra.

Estas y otras salidas muestran que la Iglesia no se reduce solamente a una misión religiosa, acantonada en una parte privada de la realidad. Ella posee además una misión político-social en el mejor sentido de la palabra, como fuente de inspiración para las trasformaciones necesarias que rescaten a la humanidad para una civilización del amor y de la compasión, que sea menos individualista, materialista, cínica y desprovista de solidaridad.

Esta Iglesia-en-salida ha devuelto alegría y esperanza a los cristianos y reconquistado el sentimiento de ser un hogar espiritual. Por su sencillez, despojamiento y acogida con amor y ternura se ha granjeado la estima de muchas personas de otras confesiones, de simples ciudadanos del mundo e incluso de jefes de Estado que admiran la figura y las prácticas sorprendentes del Papa Francisco en favor de la paz, del diálogo entre los pueblos, de la renuncia a toda violencia y a la guerra.

Más que doctrinas y dogmas es la Tradición de Jesús, hecha de amor incondicional, de misericordia y de compasión que por él se actualiza y revela su inagotable energía humanizadora. Pues, entre otras cosas, este es el mensaje central de Jesús, aceptable por todas las personas de todos los rincones” (Leonardo Boff).

José Mª Tortosa

Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán. Delegado de Apostolado Seglar