PROPUESTA TURÍSTICA IMPRESCINDIBLE, O CASI.

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Sabido es cómo los cuatro puntos cardinales sirven de mucho, incluso de rosa de los vientos, o si se quiere, de manecillas del reloj: colóquese el amable lector mirando al norte con su esfera horaria y haga coincidir las doce con el norte, las tres con el este, las seis con el sur y las nueve con el oeste. Dirá el lector que para qué ha de someterse a semejante argucia espaciotemporal. Pues bien, la respuesta no es ni más ni menos que la siguiente:

                Guadix es un lago seco que, hace millones de años vino en adquirir, sobre los depósitos de arcilla del antiguo fondo, los caracteres de un valle a modo de olla, regado por la abundancia de las aguas, que, tanto del cielo como de la tierra, configuraron sus cerros en una locura demencial de sombras y de luces, capaz de competir con la imaginación del más descerebrado de los escultores abstractos. En el centro de ese gran redondel se encuentra la torre de la Catedral; ciertamente no por casualidad, pues los restos fenicios, romanos, visigodos y musulmanes, dan fuerza a sus cimientos. Está visto que las divinidades, de cualquier cultura, nunca emigran.

                Situado que se haya el paciente lector en la torre catedralicia, podrá mirar al norte donde le espera el conjunto de los dólmenes de Gorafe; ya en el nordeste, el parque natural de la sierra de Baza y el conjunto Trópolis del Valle del Zalabí.

                A las tres de la tarde de nuestro imaginario reloj, las agujas que nacen al pie de la torre marcarán el este y nuestro visitante podrá, a muy pocos kilómetros, acercarse al Castillo de La Calahorra y a las Minas de Alquife, preludio certero de una posible visita familiar al puerto de la Ragua, o a los baños árabes de Dólar y Ferreira.

                Todavía al sureste, el retablo de Cogollos y los paisajes propios del altiplano a la falda del Picón de Jerez con su iglesia renacentista, nos dan la hora de un tiempo que en su caída, se acoge a la fuerza de unas montañas en las que siempre rejuvenece.

                Ya en el sur, a las seis de la tarde, del reloj que marca las horas y no se detiene como en el tango, nuestro visitante puede adentrarse por el Valle del río Alhama y dejarse sorprender por los baños de Graena, la iglesia de Cortes, las cárcavas del Marchal, los resecos acantilados de Beas… cuya iglesia parroquial en su capilla mayor se alza en una armadura prodigiosa de ensamblados listones multicolores, con salomónica sabiduría: aquí el artesonado no es sólo ciencia, sino poesía.

                Todavía más: el paisaje de Polícar y el bosque insólito del Camarate, pueden ofrecer y ofrecen una experiencia de memoria eterna.

                Desde la base de la flecha dirigida al cielo que es nuestra torre, el lector puede ahora proyectar su imaginación sobre el oeste y allí encontrarse con las pinturas de la iglesia de Purullena y el grato e inocente pintoresquismo de sus puestos de recuerdos infinitos: Cacharrolandia y Cacerolópolis están tan abiertas como un eterno servicio de urgencias de todos los “souvenirs” posibles. Aún nuestro reloj, antes de redondear su circular camino se puede encontrar con el Centro Paleontológico de Fonelas que ofrece las raíces telúricas de la vida en el “Río de la vida”.

                Por si todo ello fuera poco, aun enterradas en los siglos del olvido, las llamaradas de los fuegos, mitad sobrenaturales, mitad fatuos, de la Acci cristianizada por San Torcuato, nos convocan desde Face Retama a circular por los caminos de honduras ancestrales.

                Ahora bien, lector amigo, el reloj del tiempo que podría marcar todas esas horas de grandeza desde su eje en nuestra torre de la Catedral, está perfectamente parado: nadie ha visto en más decrepitud gloria más plena. El centro histórico de Guadix gotea su cera como la de un cirio extinguido en los muñones de los barrios de la Magdalena, Santa Ana, San Miguel o Santiago. Todo el casco antiguo es un cirio otrora ardiente y hoy derretido. En su inmensa mayor parte no hay dónde fijar la vista que no sea en la ruina. Nada queda en pie de la antigua grandeza que no sean algunas de las iglesias y escasos palacios afortunados. Lo demás yace en un cementerio de ilusiones perdidas, en un panteón de esperanzas difuntas y en un mausoleo de antiguas grandezas irredentas de resurrección. Es por todo ello que convoco al visitante a dar vueltas en torno a la ciudad de Guadix sin atreverse a adentrarse en el propio casco histórico: ¡no te salgas, oh héroe turístico, de la Catedral y de la Plaza de las Palomas…! Acaso, atrévete a subir a las cuevas, pero eso sí, alguno de los escasos días en los que los servicios de limpieza hayan  cumplido con su obligación, pues de otra manera, tu desagrado al contemplar la plaza sucia de la Ermita Nueva sólo tendrá parangón con nuestra vergüenza.

                Dicho todo lo cual: ¿cuándo se pondrán de acuerdo nuestros alcaldes de la comarca para establecer las posibilidades de la visita a tanto bien paisajístico y cultural como nos rodea?. ¿Por qué el Ayuntamiento de Guadix no percibe que una de nuestras posibilidades de desarrollo es ofrecer la ciudad como una suma interminable de hermosuras?. En cualquier lugar del mundo un teatro romano o una alcazaba como las nuestras no estarían tan alimentadas de mediocres decadencias.

                Respecto de la iniciativa privada y desde el aplauso al sistema de trenes de juguete que nos permiten jugar al tren de la vida, recuperando infantiles transportes, incluso para los más longevos, hay que reivindicar todo un sistema de tapeo y turismo gastronómico que la ciudad puede ofrecer con gran facilidad, pero cuidando infinitamente más la calidad, la presentación y el precio. He dicho infinitamente.

Sepan todos cuantos la presente vieren y entendieren, tanto aquellos que viven de los impuestos de todos, así llamados autoridades, como todos aquellos que los pagan, que a Guadix y su entorno comarcal o lo salvan los turistas, o no lo va a salvar ni el campo ni la industria, sencillamente porque ya no existen.

Dado en la Magdalena, a principios del año del Señor del 2017. Eso.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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